Silvia Pérez Cruz

domingo, 28 de octubre de 2007

Fragmento de East Coker - T. S. Eliot - Inglés nacido en Estados Unidos

East Coker - Philip Guston
I

En mi principio está mi fin. Una tras otra,
las casas se levantan y caen, se derrumban, se amplían,
son repuestas, derruídas, restauradas, o en su lugar
se extiende un descampado, o una fábrica, o una circunvalación.
Viejas piedras en nuevos edificios, vieja leña en nuevas hogueras,
nuevas hogueras en ceniza, y ceniza en la tierra
que ya es carne, pellejos y heces,
huesos humanos y animales, tallos de trigo y hojas.
Las casas viven, mueren: existe un tiempo para edificar
y otro para la vida y la generación,
y otro para que el aire rompa el vidrio desportillado
y sacuda las tablas donde corretea el ratón de campo
y el raído tapiz que exhibe su callado lema.

En mi principio está mi fin. Ahora cae la luz
a lo largo del descampado, desertando la senda
atechada de ramas, en la penumbra de la tarde,
donde el talud te acoge al paso de la furgoneta,
y la senda persiste en dirección
al pueblo, hipnotizada en el calor
vibrante. En la calina, la piedra gris absorbe,
no refracta, la luz encandencida.
Duermen las dalias en la quietud vacía.
Esperan al búho madrugador.
En ese descampado,
si no te acercas mucho, si no te acercas mucho,
en una medianoche de verano, podrás oír el son
del tamboril y la dulzaina,
y ver danzar en torno de la hoguera
la sociedad del hombre y la mujer
en un baile señal de matrimonio
honroso y conveniente sacramento
dos y dos, necesaria conjunción,
enlazados del brazo o de la mano
en muestra de concordia. Alrededor del fuego,
brincando entre las llamas, o reunidos en corros,
rústicamente graves o festivos,
alzan sus fuertes pies en zapatos groseros,
pies de tierra y arcilla con júbilo campestre,
el de quienes descansan bajo tierra
alimentando el trigo. Manteniendo el compás,
manteniendo ese ritmo mientras bailan
como viven al ritmo de los ciclos vivientes,
el tiempo de las estaciones y las constelaciones
el tiempo del ordeño y el tiempo de la siega
el tiempo del acoplamiento del hombre y la mujer
y el de los animales. Pies que suben y bajan.
Comida y bebida. Estiércol y muerte.

Despunta el alba, y otro día
se dispone al calor y la quietud. Mar adentro, la brisa de la aurora
se desliza y encrespa. Estoy aquí
o allí, o en otra parte. En mi principio.

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