Madeleine Peyroux - Secular Hymns (2016)

viernes, 7 de octubre de 2016

Cuentos de la mil y una noches/ 2 - Noche 272 - Anónimo - Asia


Historia de una ciudad de al-Andalus,
conquistada por Tarik b. Ziyad

Me he enterado, ¡oh rey feliz!, de que había una ciudad llamada Toledo, capital del reino de los francos1. Tenía un castillo que siempre estaba cerrado. Cada vez que moría un rey de los rum2 y le sucedía otro, ponían un buen candado más, con lo que llegó a haber en la puerta veinticuatro candados, pertenecientes a otros tantos reyes. En esto subió al poder un hombre que no pertenecía a la casa real, y quiso abrir los candados para ver qué contenía aquel alcázar. Los grandes del reino trataron de evitarlo, se le opusieron y se resistieron. Pero el rey los rechazó y dijo:
- He de ver qué es lo que contiene este castillo.
Le ofrecieron todas las cosas preciosas, bienes y tesoros que poseían con tal de que no lo abriese, pero él no quiso renunciar a su propósito.

Sharazad se dió cuenta de que amanecía e interrumpió el relato para el cual le habían dado permiso.
Cuando llegó la noche doscientas setenta y dos, refirió:

Me he enterado, ¡oh rey feliz!, de que quitó los candados, abrió la puerta y encontró dentro dibujos que representaban a los árabes con sus caballos y camellos, con sus turbantes semicaídos, con las espadas al cinto y las largas lanzas en la mano. También había un pliego, que cogió y leyó. Decía: "Los árabes ocuparán este país cuando se abra esta puerta. Tienen un aspecto semejante al de estos dibujos. ¡Cuidado! ¡Mucho cuidado con abrir la puerta!".
Aquella ciudad se encontraba en al-Andalus, y la conquistó Tarik b. Ziyad aquel mismo año, bajo el califato de al-Walid b. Abd al-Malik, uno de los omeyas. Mató a aquel rey de mala manera, saqueó su país, hizo cautivas a las mujeres y a los jóvenes que lo ocupaban y se apoderó de sus bienes como botín.
Encontró grandes tesoros en la ciudad: más de ciento setenta diademas de perlas y jacintos, piedras preciosas y una sala de audiencias tan grande que los hombres a caballo habrían podido celebrar fiestas. También halló vasos de oro y de plata, imposibles de describir, y la mesa que había pertenecido al profeta Salomón hijo de David3, ¡sobre ambos sea la paz! Según cuentan, la mesa era de esmeralda, y aún se conserva en la ciudad de Roma. Su vajilla era de oro, y sus platos, de crisolito4 y de gemas. Encontró asímismo el Libro de los Salmos, escrito con letras griegas en hojas de oro incrustadas de pedrería. Halló también un libro en el que se describían las virtudes de las piedras y de las plantas, y en el que se trataba de las ciudades, de las alquerías, de los talismanes y de la alquimia: todo ello escrito sobre oro y plata. Un tercer libro describía el arte de tallar los rubíes y las piedras preciosas, la fabricación de venenos y de la teriaca5, la figura de la tierra, de los mares, países y minas. Vio asímismo una gran sala llena de elixires -una sóla dracma de estos transformaba mil dirhemes de plata en oro puro-, y un gran espejo redondo, maravilloso, fabricado con una aleación de metales por el profeta Salomón hijo de David, ¡sobre ambos sea la paz! Cuando alguien miraba en él, veía perfectamente los siete climas del ecúmene6. Hallaron una sala llena de jacintos bahramíes, que no pueden ni describirse. Todo esto fue llevado a al-Walid b. Abd al-Malik. Los árabes se esparcieron por todas las ciudades de al-Andalus, que constituye un magnífico país.
Traducción de Juan Vernet
Las mil y una noches

1 Los visigodos.
2 Rumí. Nombre dado por los moros a los cristianos.
4 Piedra semipreciosa transparente o translúcida, de color amarillo o verde, compuesta de silicatos de magnesio y de hierro. Su nombre procede de los vocablos griegos khrysos (oro) y litos (piedra), con lo que significaría piedra dorada.
5 En el mundo clásico la teriaca era el fármaco por excelencia. Tenía más de setenta ingredientes, incluido el opio, que originalmente era antídoto universal para los venenos y las enfermedades.
6 Los geógrafos dividían las regiones por zonas o climas. El ecúmene lo constituían las zonas de la Tierra conocida habitadas permanentemente, por contraposición al anécumene, conjunto de zonas deshabitadas o sólo habitadas temporalmente.

2 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Leo por ahí que el académico mexicano Adolfo Castañón recomienda la lectura de Las mil y una noches, "un libro vertiginoso como pocos, un libro de muñecas rusas" y con una frase muy borgeana concluye que "como no tiene final, su final es feliz".

Ojalá su recomendación me abra la cabeza (como la puerta del castillo de Toledo) y logre completar la lectura del libro que nunca se termina de leer. Cuando eso ocurra, tal vez, ojalá...

Juan Nadie dijo...

Genial y certero adolfo Castañón.
Nunca se termina de leer, tú lo has dicho, es libro infinito; o indefinido, que no es lo mismo, aunque los dos adjetivos le cuadran. Libro para leer tranquilamente y por cualquier parte, siempre encontraremos maravillas.
Libro de cabecera.