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lunes, 3 de noviembre de 2014

Novela de aventuras/ 3 - Fragmentos de Aventuras de Arthur Gordon Pym - Edgar Allan Poe - Estados Unidos


10. El buque fantasma

Poco tiempo después ocurrió un incidente que, motivo al principio de extremada alegría y enseguida de extremado horror, me parece, por esto mismo, más conmovedor, más terrible que ninguno de los azares que he corrido posteriormente en el transcurso de más de nueve años llenos de sucesos tan sorprendentes como inauditos e incomprensibles.
Estábamos tendidos en el puente junto a la escala y discutíamos aún la posibilidad de penetrar hasta la despensa, cuando volviendo los ojos hacia Augustus, eché de ver que de repente se ponía mortalmente pálido y que sus labios temblaban de una manera extraña e incomprensible. Alarmado por ello, le dirigí la palabra, pero como no me contestara, empecé a creer que le había atacado un mal repentino, mayormente cuando fijé la atención en sus ojos extraordinariamente brillantes y clavados en algún objeto que estaba delante de mí. Volví la cabeza, y nunca olvidaré la alegría extática que penetró todo mi ser viendo un gran bergantín que se dirigía a nosotros y que estaba a dos millas de distancia. Di un salto como si una bala de fusil me hubiera herido de repente en el corazón, y tendiendo los brazos hacia el buque, permanecí de pie, inmóvil, y sin poder pronunciar una palabra. [...]

Como la brisa era muy floja, nos sorprendió que el buque no llevara más velas que la mesana y la mayor con un foque, de modo que navegaba muy lentamente y nuestra impaciencia rayaba en frenesí. La manera torpe con que gobernaba fue notada por todos, a pesar de nuestra prodigiosa emoción.
Declinaba tanto el rumbo, que una o dos veces creíamos que no nos había visto, o que no habiendo descubierto a nadie en nuestro buque, iba a virar en redondo y emprender otro derrotero. 
A cada momento lanzábamos gritos con toda la fuerza de nuestros pulmones, y el buque desconocido parecía cambiar por un momento de intención, y volvía a poner la proa hacia nosotros. Esta singular maniobra se repitió dos o tres veces y no pudimos explicárnosla, sino suponiendo que el timonel estaba borracho. A nadie distinguimos a bordo hasta que estuvo el buque a un cuarto de milla de nosotros. Entonces vimos tres hombres que por su traje nos parecieron holandeses. Dos estaban tendidos sobre unas velas viejas cerca del castillo de proa, y el otro, que al parecer nos miraba con curiosidad, se hallaba en la proa a estribor junto al bauprés. Este hombre era alto, vigoroso y muy atezado. Parecía que con sus gestos nos alentaba a tener paciencia saludándonos alegremente con la cabeza, pero de una manera que no dejaba de ser extraña, y sonriéndose incesantemente como para dejar ver una hilera de dientes blancos muy brillantes. Al acercarse el buque, vimos que el gorro encarnado de este hombre se cayó al mar; pero no se cuidó de ello, siguiendo con sus sonrisas y gestos extravagantes. Refiero minuciosamente estas cosas y circunstancias, y las refiero, entiéndase bien, precisamente tales "como se nos presentaron". [...]

De pronto, del misterioso buque que estaba ya muy próximo a nosotros, nos llegó un olor tan hediondo que no hay palabras en el mundo para explicarlo; infernal, sofocante, intolerable, inconcebible. Abrí la boca para respirar volviéndome hacia mis compañeros y observé que estaban más pálidos que el mármol; pero no era tiempo de discutir, el bergantín estaba a cincuenta pies de nosotros, al parecer con intención de acercársenos hasta tocarnos, para que pudiéramos pasar a él sin necesidad de echar un bote al agua. Corrimos a la popa, cuando de repente el viento lo echó cinco o seis puntos fuera del rumbo que llevaba, y al pasar a una distancia de veinte pies de nuestra popa, pudimos ver toda su cubierta.
¿Olvidaré nunca el triple horror de aquel espectáculo? Veinticinco o treinta cuerpos humanos, entre los cuales había algunos de mujeres, yacían diseminados acá y allá entre la popa y la cocina en el último y más repugnante estado de putrefacción. Vimos que no había alma viviente en aquel barco maldito, y sin embargo, no dejamos de llamar a aquellos muertos en nuestro auxilio. ¡Sí, en la agonía del momento, rogamos mucho tiempo y con fervor a aquellas silenciosas y repugnantes imágenes que se detuvieran por nosotros, para que no nos dejaran convertir en semejantes a ellas y se dignaran recibirnos en su ingrata compañía! [...]
Traducción de José M. Vázquez
Aventuras de Arthur Gordon Pym

18 comentarios:

Gatopardo dijo...

Me gusta tanto el cuadro como el escrito. Y van...

Gatopardo dijo...

De pronto, del misterioso buque que estaba ya muy próximo a nosotros, nos llegó un olor tan hediondo que no hay palabras en el mundo para explicarlo; infernal, sofocante, intolerable, inconcebible.
Joér, parece un cronista del parlamento...

marian dijo...

Se te ocurren unas cosas... terroríficas.

Juan Nadie dijo...

Tal cual.
Quien no lo haya leído, léame por favor Las aventuras de Arthur Gordon Pym. Disfrutará.

marian dijo...

Tengo una edición, no sé de qué año, pero parece de finales de los cincuenta o principios de los sesenta, de una colección llamada "Tesoro Viejo". Para leer con lupa, es de esos libros con la letra pequeñísima con doble columnna en cada página. No lo he leído.

marian dijo...

Vale, buscaré la lupa.

Juan Nadie dijo...

Bueno, tampoco es cuestión de machacarse, seguro que lo encuentras en Internet y lo puedes bajar.

carlos perrotti dijo...

Poe inmortal.

Juan Nadie dijo...

Y fíjate que habló de la muerte, Poe. La época, claro: Romanticismo o Postromanticismo. Poe o Baudelaire, hermanos del alma.
Cortázar tuvo mucho que decir, y lo dijo, sobre Edgar Allan Poe, al que consideraba uno de sus maestros.

marian dijo...

Poe inmortal... y seguramente en su época hasta inmoral, por resaltar miserias humanas que nos empeñamos en esconder.

marian dijo...

He leído el capítulo X (sin lupa:) y cómo cambia dependiendo el traductor.

carlos perrotti dijo...

"Hermanos del alma"... Tan bien dicho.

Poe sufrió mucho, pero eso no lo detuvo, todo lo contrario, se valió de su sufrimiento para crear. Los que saben (de Cortázar y Mallarmé a Borges y Lou Reed) dijeron que la influencia de Poe no se puede dimensionar. Y les creo.

Juan Nadie dijo...

Estoy de acuerdo en lo que decís, Carlos, Marian.

En cuanto a los traductores, sin duda la mejor tradución de los cuentos de Poe es la de Julio Cortázar para Círculo de Lectores, lástima que en la edición no figure este relato.

Juan Nadie dijo...

No figura en la edición de Círculo, pero sí la tiene editada Alianza Editorial.

De todas formas si a alguien le interesa en formato "epub", aunque la traducción no sea de Cortázar, la puede bajar desde aquí:

https://dl.dropboxusercontent.com/u/983292/Las%20aventuras%20de%20Arthur%20Gordon%20Pym.epub

Gatopardo dijo...

Agradecido.

Juan Nadie dijo...

Es un placer.

marian dijo...

Lo mismo. En el que tengo no aparece por ningún lado el traductor, solamente el título de la colección y la editorial: Ediciones Rodegar de Barcelona - Baguña Hnos. S.L.

marian dijo...

Lo mismo. En el que tengo no aparece por ningún lado el traductor, solamente el título de la colección y la editorial: Ediciones Rodegar de Barcelona - Baguña Hnos. S.L.