Alma - Oeo (2017)

lunes, 14 de julio de 2014

Fragmento de La Odisea - Homero - Grecia


CANTO XVII

   [...] Tal hablaban los dos entre sí cuando vieron un perro
que se hallaba allí echado e irguió su cabeza y orejas:
era Argos, aquel perro de Ulises paciente que él mismo
allá en tiempos crió sin lograr disfrutarlo, pues tuvo
que partir para Troya sagrada. Los jóvenes luego
lo llevaban a caza de cabras, cervatos y liebres,
mas ya entonces, ausente su dueño, yacía despreciado
sobre un cerro de estiércol de mulas y bueyes que habían
derramado ante el porche hasta tanto viniesen los siervos
y abonasen con ello el extenso jardín. En tal guisa
de miseria cuajado se hallaba el can Argos; con todo,
bien a Ulises notó que hacia él se acercaba y, al punto,
coleando dejó las orejas caer, mas no tuvo
fuerzas ya para alzarse y llegar a su amo. Éste al verlo
desvió su mirada, enjugóse una lágrima, hurtando
prestamente su rostro al porquero, y al cabo le dijo:
    "Cosa extraña es, Eumeo, que yazga tal perro en estiércol:
tiene hermosa figura en verdad, aunque no se me alcanza
si con ella también fue ligero en correr o tan sólo
de esa clase de canes de mesa que tienen los hombres
y los príncipes cuidan, pues suelen servirles de ornato."

    Respondístele tú, mayoral de los cerdos, Eumeo:
    "Ciertamente ese perro es del hombre que ha muerto allá lejos
y si en cuerpo y en obras hoy fuese lo mismo que era,
cuando Ulises aquí lo dejaba al partirse hacia Troya,
pronto echaras tú  mismo de ver su vigor y presteza.
Animal que él siguiese a través de los fondos umbríos
de la selva jamás se le fue, e igual era en rastreo.
Mas ahora su mal le ha vencido: su dueño halló muerte
por extraño país; las mujeres no se acuerdan de él
ni le cuidan; los siervos, si falta el poder de sus amos,
nada quieren hacer ni cumplir con lo justo, que Zeus
el tonante arrebata al varón la mitad de su fuerza
desde el día que hace presa en él la vil servidumbre."

    Tal habló, penetró en el palacio de buena vivienda
y derecho se fue al gran salón donde estaban los nobles
pretendientes; y a Argos sumióle la muerte en sus sombras
no más ver a su dueño de vuelta al vigésimo año. [...]

Traducción de José Manuel Pabón
Homero

Argos aparece al final del poema, cuando Odiseo (Ulises) regresa a Ítaca luego de luchar en la Guerra de Troya y deambular por el mar, tras veinte años de ausencia. Odiseo, para mejor enfrentar a sus enemigos, aparece con sus facciones disimuladas por Atenea y disfrazado de mendigo, de manera que nadie lo reconozca. Pero Argos, enfermo y descuidado, sí lo conoce y lo saluda trabajosamente con la cola. Odiseo, enterado de la fidelidad de su perro y de su estado actual, pero imposibilitado de responder el saludo, derrama una lágrima y sigue su camino. El perro, cumplida su misión de esperar veinte años a su amo, muere. (Wikipedia)

7 comentarios:

Gatopardo dijo...

Descubrí La Odisea en un cine alemán a la edad de 9 ó 10 años. Kirk Douglas interpretaba a Ulises. Qué experiencia...

Juan Nadie dijo...

Pues mira, esa película no la he visto, pero la Odisea es una de las maravillas de la literatura. Ahora la estoy releyendo.

Gatopardo dijo...

Yo no he vuelto a verla, ni siquiera por referencias.

carlos perrotti dijo...

Me la debo en profundidad, como varios clásicos, pero se advierte el grandísimo escritor...

Juan Nadie dijo...

Es impresionante. Todo está ahí.

carlos perrotti dijo...

Sí, incluso advierto la influencia que ha tenido en algunos textos, escenas y en ciertas labores actorales de la cinematografía, en el espíritu de esos policiales y road movies que me fascinan... O me volví loco?

Juan Nadie dijo...

De loco nada. Estoy de acuerdo.