Diana Krall - Glad Rag Doll (2012)

sábado, 25 de marzo de 2017

Augurios de Inocencia - William Blake - Inglaterra


A Dios

Si eres tú quien trazó un Círculo a la entrada,
entra tú mismo, a ver cómo te las arreglas.


Augurios de Inocencia

Ver un Mundo en un Grano de Arena
y un Cielo en una Flor Silvestre;
tener el Infinito en la palma de tu mano
y la Eternidad en una hora.

Un Petirrojo en una Jaula
pone furioso a todo el Cielo
Un palomar repleto de Palomas
estremece las regiones del Infierno.

Un perro hambriento a la Puerta de su Amo
predice la ruina de la Hacienda.
Un Caballo maltratado en el Camino
calma al Cielo pidiendo sangre Humana.

Cada grito de la Liebre cazada
rasga una fibra del Cerebro.
Una calandria herida en el ala
y un Querubín depone su canto.

El Gallo entrenado para la Lucha
al Sol Naciente atemoriza.
El aullido de cada Lobo y cada León
Recluta en el infierno un Alma Humana.

Los ciervos que vagan de un lado a otro
mantienen libre de inquietud el Alma Humana.
La oveja maltrata engendra Lucha pública
y perdona no obstante al Cuchillo del Carnicero.

El Murciélago que revuela al Atardecer
ha dejado el Cerebro que no quiere Creer.
El Búho que ulula en la Noche
pronuncia el temor del no Creyente.

Quien haga daño al Reyezuelo
jamás tendrá el afecto de los Hombres.
Quien despierte la cólera del Buey
jamás tendrá el amor de una Mujer.

El Muchacho travieso que a la Mosca derriba
sentirá que la Araña le es hostil.
Quien atormente al duende del Abejorro
un Emparrado teje en la infinita Noche.

La Oruga en la Hoja
repite para ti la pena de tu Madre.
No mates Mariposas ni Polillas,
pues el Juicio Final ya se aproxima.

Quien entrene al Caballo para la Guerra
jamás ha de cruzar la Puerta del Norte.
El Perro del Mendigo y el Gato de la Viuda:
aliméntalos y engordarás.

El Mosquito que canta su canción Estival
consigue su Veneno en la lengua de la Calumnia.
El veneno del Tritón y la Serpiente
es el sudor en el Pie de la Envidia.

El Veneno de la Abeja melífera
son los Celos del Artista.
Los Ropajes del Príncipe y los Andrajos del Mendigo
son Hongos en la Bolsa del Avaro.

Una verdad contada con mala intención
puede con todas las Mentiras que puedas inventar.
Es justo que así sea:
El Hombre fue hecho para la Alegría y la Tristeza,

y cuando esto bien aprendemos
por el Mundo seguro caminamos.
Alegría y Tristeza enlazadas están,
un Ropaje para el Alma divina;

debajo de cada pena y cada anhelo
discurre una alegría con hilo de seda.
El niño es más que mantas y Pañales;
a través de las Tierras de los Hombres.

Las herramientas se hicieron, y las manos nacieron,
es algo que todo granjero comprende.
Cada Lágrima de Cada Ojo
se convierte en un Niño en la Eternidad;

y radiantes Mujeres o recogen
y su propio deleite lo devuelven.
El Balido, el Ladrido, el Grito y el Rugido,
son Olas que Golpean en la Orilla del Cielo.

El Niño que solloza bajo la firme Vara
Venganza escribe en los dominios de la muerte.
Los andrajos del Mendigo, ondeando en el Aire,
a Andrajos reducen el Cielo.

El Soldado, de Espada y Rifle armado,
golpea impotente el Sol de Verano.
El Penique del Pobre vale más
que todo el oro en las costas de África.

Una moneda arrancada de las manos del Labrador
comprará y venderá las Tierras del Avaro,
o si lo protegen desde lo alto
compra y vende la Nación entera.

Quien se burle de la Fe de un Niño
de burlas será objeto en su Vejez y Muerte.
Quien enseñe a un Niño a Dudar
jamás saldrá de su tumba corrupta.

Quien respeta la fe de un Niño
triunfa sobre el Infierno y la Muerte.
Los Juguetes del Niño y las Razones del Viejo
son los frutos de las Dos estaciones.

El interrogador que con astucia siéntase
jamás sabrá cómo responder;
quien responde a palabras de Duda
apaga la Luz del Conocimiento.

El Veneno más Fuerte conocido
vino de la Corona del Laurel del César.
Nada puede deformar la Raza Humana
como la abrazadera de hierro de la Armadura.

Cuando el oro y las Gemas adornen el Arado
la envidia se inclinará ante las Artes pacíficas.
Un Enigma o el Canto del Grillo
es buena Respuesta a la Duda.

La pulgada de la hormiga y la milla del Águila
hacen sonreír a la coja filosofía.
Quien duda de lo que ve
jamás ha de creer, no importa lo que hagas.

Si el Sol y la Luna dudaran,
de inmediato se extinguirían.
Para sentir Pasión el Bien puedes hacer,
mas el bien no harás si la Pasión te habita.

La Puta y el Jugador, por el Estado
autorizados, construyen el Destino de la Nación.
El grito de la Ramera, de Calle a Calle,
ha de tejer el Sudario de la Vieja Inglaterra.

El Grito del Vencedor, la Maldición del Perdedor,
bailan ante la Carroza Fúnebre de la muerta Inglaterra.
Cada Noche y cada Mañana
algunos Nacen a la Miseria.

Cada Mañana y cada Noche
algunos Nacen al dulce deleite.
Algunos Nacen al dulce deleite
algunos Nacen a la Noche sin Fin.

Se nos conduce a Creer una Mentira
cuando no vemos a Través del Ojo,
que Nació en una Noche para morir en una Noche,
cuando el Alma Dormía entre Rayos de Luz.

Dios Aparece y Dios es Luz
a aquellas pobres Almas que habitan en la Noche,
pero Despliega Forma Humana
a aquellos que Habitan los Dominios del día.
Poemas del Manuscrito de Pickering, 1803
Versión de Jordi Doce

jueves, 23 de marzo de 2017

Canción rota de despedida / Sencillo / Con los días contados / El pasado - Karmelo C. Iribarren - España


Canción rota de despedida

Llovía a cántaros
y no había un alma en la calle,
sólo la noche acercándose
por encima de los tejados,
sólo la noche y tu ausencia
tan enorme
que ni cabía en el aire.

Y no llegabas. Y no llegaste.

Y yo no tenía paraguas.
Y no había un puto taxi.
La madre que te parió.
De Haciendo planes, 2016


Sencillo

Verás
es muy sencillo:

los lunes
martes
miércoles
jueves
viernes,
son la vida.

Los sábados
no son más
que una efímera
ilusión.

Y los domingos
nos sirven
para encajar
bien
todo esto
De Desde el fondo de la barra, 1999


Con los días contados

Con los días contados,
chaval, así vivimos
todos. Esperando
a que nos tachen
de la lista. Distrayendo
la espera con tragos
y canciones. No hay más.
Puedes llorar o morirte
de risa. Como prefieras.



El pasado

Ahora
que he dejado
el alcohol,

no veas
el cuidado
que tengo que tener
con los camareros
de mi barrio,

en cuanto se toman
dos tragos,
me cuentan mi vida.

Reseña de Haciendo planes:
Karmelo C. Iribarren es un poeta que no condesciende con la vacuidad ni la palabrería, quizás porque ha aprendido a creer en la poesía con minúscula y a descreer de las poéticas con mayúscula. De ahí esa mirada suya tan desapegada y tan cercana, tan antisentimental y tan sentimental a un tiempo. Sus poemas, hablen de lo que hablen –y hablan de muchas cosas– hablan siempre de él mismo, es decir, de todos nosotros, sus lectores; "quien los lea tocará, como quería Whitman, no un libro sino un hombre." - Abelardo Linares

Reseña de El amor, ese viejo neón:
La poesía de Karmelo C. Iribarren está teñida de calle y de bar, de amor y soledad, pero sobre todo de noche. Karmelo y su poesía crecieron detrás de una barra, en medio de sus horas de trabajo como camarero, y esa experiencia ha teñido todas sus letras de un aroma a ginebra de garrafa y a madrugada triste. Su poesía traspasa la experiencia para adentrarse en la poesía de lo anodino, de lo descarnado e incluso de la "desexperiencia", de lo que no fue, no se vivió o no se amó.

martes, 21 de marzo de 2017

Silabario escolar - Derek Walcott - Santa Lucía (Pequeñas Antillas)


El poeta y dramaturgo antillano Derek Walcott, Premio Nobel de Literatura 1992, murió el pasado viernes en la isla de Santa Lucía (una de las islas de Barlovento de las Pequeñas Antillas), donde había nacido en 1930. Descanse.


Silabario escolar
In memoriam: H. D. Boxill
No tenía dónde registrar
el avance de mi trabajo
salvo el horizonte, ningún lenguaje
salvo los bajíos en mi largo paseo

hasta casa, por lo que extraje toda la ayuda
que mi mano derecha pudiera aprovechar
de las algas cubiertas de arena
de lejanas literaturas.

El rabihorcado era mi fénix,
yo estaba embriagado de yodo,
una gota de la púrpura del sol
teñía de vino el tejido de la espuma;

mientras araba blancos campos de olas
con mis canillas de muchacho, me
tambaleaba al deslizarse el banco
de arena bajo mis pies,

entonces encontré mi más profundo deseo
en las oscilantes palabras del mar,
y el esquelético pez
que era aquel muchacho tomó cuerpo en mí;

pero vi como el broncíneo
atardecer de las palmeras imperiales
curvaba sus frondas convirtiéndolas en preguntas
sobre los exámenes de latín.

Yo odiaba los signos de escansión.
Aquellos trazos a través de las líneas
llovían sobre el horizonte
y ensombrecían la asignatura.

Eran como las matemáticas
que convertían el deleite en designio,
clasificando los palillos lanzados al aire
de las estrellas en seno y coseno.

Enfurecido, hacía rebotar una piedra
sobre la página del mar; seguía
barriendo su propia sílaba:
troqueo, anapesto, dáctilo.

Miles, un soldado de infantería. Fossa,
una trinchera o tumba. Mi mano
sopesa una última bomba de arena para lanzarla
hacia la playa que se desvanece lentamente.

No obtuve matrícula
en matemáticas; aprobé; después,
enseñé el latín básico del amor:
Amo, amas, amat.

Vestido con una chaqueta de tweed y corbata,
maestro de mi escuela,
vi como las viejas palabras se secaban
como algas en la página.

Meditaba desde el acogedor puerto
de mi mesa, las cabezas
de los muchachos se hundían suavemente
en el papel, como delfines.

La disciplina que predicaba
me convertía en un hipócrita;
sus esbeltos cuerpos negros, varados en la playa,
morirían en el dialecto;

Hacía girar el meridiano del globo,
mostraba sus sellados hemisferios,
pero ¿adónde podían dirigirse aquellos entrecejos
si ninguno de los dos mundos era suyo?

El silencio taponó mis oídos
con algodón, el ruido de una nube;
escalé blancas arenas apiladas
intentando encontrar mi voz,

y recuerdo: fue
un sábado casi a mediodía, en Vigie,
cuando mi corazón, al volver la esquina
de Half-Moon Battery,

se detuvo a mírar cómo el sol
de mediodía fundía en bronce
el tronco de un gomero
sobre un mar sin estaciones,

mientras la ocre Isla de la Rata
roía el encaje del mar,
un rabihorcado llegó volando
a través del entramado de un árbol para izar

su emblema en los cirros,
con su nombre, fruto del sentido común
de los pescadores: tijera de mar,
Fragata magnificens,

ciseau-la-mer, en patois,
por su vuelo, que corta las nubes;
y esa metáfora indígena
formada por el batir de los remos,

con un golpe de ala por escansión,
esa V que se abría lentamente
se fundió con mi horizonte
mientras volaba sin cesar

más allá de las columnas, mordisqueadas por las ovejas,
de árboles de mármol caídos,
o de los pilares sin techo que fueron en tiempos
sagrados para Hércules.
De El testamento de Arkansas, 1987
Traducción de Antonio Resines

      En ocasiones (Neruda, Sartre, Hemingway, García Márquez), la concesión del Premio Nobel no es otra cosa que la corroboración de una evidencia: autores de prestigio universal ven confirmado con él un reconocimiento que público y crítica venían otorgándoles sin vacilaciones. En otras -no pocas-, la academia sueca yerra al magnificar una obra que en breve tiempo se tragará el olvido, o -lo que sin duda es peor- deja morir sin el supremo galardón literario (Proust, Kafka, Nabokov, Joyce, Borges...) autores sin los cuales es inconcebible la literatura contemporánea.
    No obstante, en escasas y celebrables oportunidades, el premio máximo de las letras no incurre en la obviedad, el exceso o la melancolía, sino que colabora a descubrir una obra esencial que hubiese seguido siendo patrimonio de unos pocos sin la iluminación internacional que el prestigio de su concesión otorga. Es el caso del extraordinario poeta y dramaturgo antillano Derek Walcott, autor de culto de una minoría de iniciados y una de las grandes voces de la lírica en lengua inglesa del siglo XX, al que el Nobel puso en circulación ante audiencias mucho más amplias y merecidas. [...] ALBERTO COUSTÉ

domingo, 19 de marzo de 2017

Beatus Ille/ 15 - Oda a la soledad - Alexander Pope - Inglaterra


Alexander Pope, unos de los poetas anglosajones más citados junto con Shakespeare y Tennyson, es conocido sobre todo por su poesía satírica y burlesca, pero con 12 años compuso el extraordinario poema que van a leer. ¿Cómo se puede escribir semejante poema a esa edad?

Ode on Solitude

Happy the man, whose wish and care
A few paternal acres bound,
Content to breathe his native air,
In his own ground.

Whose herds with milk, whose fields with bread,
Whose flocks supply him with attire,
Whose trees in summer yield him shade,
In winter fire.

Blest! who can unconcern'dly find
Hours, days, and years slide soft away,
In health of body, peace of mind,
Quiet by day,

Sound sleep by night; study and ease
Together mix'd; sweet recreation,
And innocence, which most does please,
With meditation.

Thus let me live, unseen, unknown;
Thus unlamented let me die;
Steal from the world, and not a stone
Tell where I lye.


Oda a la soledad

Feliz el hombre cuyos deseo y cuidado,
atados a unos pocos acres de suelo paterno,
es dichoso de respirar el aire natal,
en su propio suelo.

Y que se nutre con leche de sus rebaños y pan de sus campos,
y que se viste con lana de su grey,
y que en verano obtiene sombra de sus árboles
y en invierno, fuego.

Bendito aquél que ve sin aflicción
deslizarse las horas, los días y los años, suavemente,
con salud en el cuerpo y paz en la mente;
la quietud diurna.

El profundo sueño nocturno, lo complejo y lo simple,
todos mezclados; y el dulce recreo,
y la inocencia, que son más placenteros
con la meditación.

Dejadme así vivir, oculto, desconocido,
dejadme así morir, sin ser llorado,
substraído del mundo, sin siquiera una lápida
que anuncie que yazgo ahí.

viernes, 17 de marzo de 2017

Soneto CXXIII - William Shakespeare - Reino Unido


No, Time, thout shalt not boast that I do change:
Thy pyramids built up with newer might
To me are nothing novel, nothing strange;
They are but dressings if a former sight.

Our dates are brief, and therefore we admire
What thou dost foist upon us that is old,
And rather make them born to our desire
Than think that we before have heard them told.

Thy registers and thee I both defy,
Not wondering at the present nor the past,
For thy records and what we see doth lie,
Made more or less by thy continual haste.

This I do vow, and this shall ever be,
I will be true, despite thy scythe and thee.


Tiempo, no has de jactarte de mis cambios:
alzas con nuevo brío tus pirámides
y no son para mí nuevas ni extrañas
sino aspectos de formas anteriores.

Por ser corta la vida, nos sorprende
lo antiguo que reiteras y que impones,
cual si fuera lo nuevo que deseamos
y si no conociéramos su historia.

Os desafío a ti y a tus anales;
no me asombran pasado ni presente,
pues tus anales y lo visto engañan
al transformarse mientras te apresuras.

Por mí, te juro que he de ser constante
a pesar de tu hoz y de ti mismo.
Traducción de Manuel Mujica Láinez

miércoles, 15 de marzo de 2017

Quijotescas/ 30 - Un jinete - Bel Atreides - España


Tejida su mente de épicas y el fracaso de los siglos
-batallas soñadas no compraron un mundo-
Contempla el jinete un llano que engendra espacio absurdo.
Más allá del polvo bravo -metafísica póstuma de las eras-,
Sobre lomas viejas, tórridos molinos en ogros azules travestidos
Acechan en el aire cocido por el sol.
El ojo del hombre ensueño de gigantes alucina
Y su demencia desafía la cordura del yeso y de la piedra.
Y el jaco embiste...

Y aunque las torres aspadas al caballero triste
Derriban, magnánimo desdeña don Quijote la derrota.
Ésta llegará más tarde, lo cazará en el lecho,
Se llamará cordura, la traerá el hogar, el tino, la vigilia, la renuncia
A los sueños druidas...

De ogros zafiro y oro-epopeya.
Cordura... así los hombres la muerte terca titulan.
Pues de las nieblas de aquella alma demente había salvación,
Pero no en la razón, sino en mayor locura.

lunes, 13 de marzo de 2017

Literatura y ciencia/ 23 - La Vía Láctea - Justo Jorge Padrón - España


Busquemos, elijamos el centro de la vida
entre trillones de galaxias mudas,
una, quizás la más extraviada.
Crucemos por la noche inquebrantable
a través de la lumbre del misterio
hasta llegar sin pausa al hogar encendido.
Allí, en un rincón apartado del orbe,
girando en la hermosura de sí misma,
iluminada por difusos nimbos
de rotundas estrellas transparentes,
se yergue en los jardines siderales,
esta casa común: la Vía Láctea.

Tras el filo avizor de distancias remotas,
cerrados laberintos, espirales de nieblas,
esbozan los perfiles de globulares cúmulos,
astros insolidarios, altivas supernovas
brillando incandescentes como un millón de soles;
los agujeros negros, donde todo se olvida
en su voracidad de fauces pantanosas;
planetas sojuzgados por el frío,
esparsiles silentes con lunas clausuradas,
cárdenos asteroides vagabundos,
hostiles como el odio o la traición;
traslúcidos luceros tan cálidos y jóvenes
con el brillo candeal de su semilla
para poner erguido el aura de los sueños.

Cada solar sistema es una red,
un ámbito fluyente de apariciones súbitas
y desapariciones, creación, destrucción,
en incesante y lento transcurrir.
Al entrar en el nuestro, hay enjambres,
moléculas orgánicas que rodean a Helios
exhalación lumínica de indómitos cometas.
Son heraldos del sol que atraviesan sus lindes
descubriendo a los astros apagados
y a fugitivos cuásares que alumbran
un pujante universo desbordándose.

Plutón, el más distante de los mundos fraternos,
cubierto por su capa de metano glacial,
acompaña a su luna solitaria, Caronte.
Giran planetas turbios, monarcas del silencio,
proscritos por secretas lejanías.
Neptuno, en la luz verde de su cetro invisible,
vigía de las cósmicas honduras,
con Tritón y Nereida como amantes.

Urano, el enigmático, envuelto por su atmósfera
de ponzoñosas densidades frías.
y luego el rey de reyes, Saturno, el coronado
por cuatro aros concéntricos, rodeado de gemas
de todos los relumbres galaxiales.
Su séquito, de quince efebos mitológicos,
le despliegan la música imantada
de sus tenues esferas misteriosas.

Despierta, ciego, Júpiter tonante
en llanuras de hidrógeno y fáusticos relámpagos,
viento derrochador con titanes candentes.
Una esfera vislumbro ardiendo entre sus dunas.
Sus cárdenos volcanes amenazan.
Huracanes de arenas fugitivas
recorren el paisaje pedregoso de: Marte, rojo como la sangre
turbulenta.

El calor de dos lumbres en la distancia hermosa,
detiene la mirada. Son Venus y Mercurio.
Sus fuegos dialogantes nos contemplan.
Una luz acerada de acetileno astral,
atraviesa, nos fija desde dentro
para darnos la fe resplandeciente
de los sueños invictos, la espada luminosa
que hiende los temores más tenaces.

Y de súbito algo nuevo nos estremece.
Brisas, nubes, vergeles de la Tierra
colman nuestros sentidos de reconocimiento.
Frágil planeta azul, inmenso y cálido
que atraviesa los aires, los milenios,
llevando nuestros ojos, durmiendo nuestras almas,
haciéndonos ceniza, frondosidad de bosques,
latidos o recuerdos de las vidas que fuimos.
Los Planetas - Gustav Holst
Coro del Conservatorio de Nueva Inglaterra
Orquesta Sinfónica de Boston
Director: William Steinberg

sábado, 11 de marzo de 2017

La vida es incompleta / Mujer bonita / Viejo chiflado / Cognoscenti / Servicios financieros - A. R. Ammons - Estados Unidos


La vida es incompleta

En el punto
extremo del
futuro está

la muerte, por supuesto,
y a poca distancia
de eso algo no

muy parecido a la vida,
una inquietud despreocupada
y dolor tal vez

el cesar de uno
cesa: una
experiencia cuya

experiencia cierre
la experiencia:

en el
momento que uno tiene
toda la manera del mundo de
decir que uno
está más allá de las palabras,
sólo palabras,
sólo más allá de las palabras.


Mujer bonita

La primavera
a

su paso
se ha

convertido en
otoño.


Viejo chiflado

La forma más rápida
de
cambiar

al
mundo es

gustarle
a uno
tal
como
está.


Cognoscenti

Un poco
de dinero, tú

sabes lo que
el dinero puede

comprar; un
montón de

dinero, tú
sabes lo que

el dinero no puede
comprar.


Servicios financieros

Un hombre
de tal

avaricia que
si

le dieras
un

universo él
pediría

agujeros
negros.
De Brink Road, 1997
Traducción de Oscar E. Aguilera F.

jueves, 9 de marzo de 2017

La dama de Shalott - Alfred Tennyson - Inglaterra


[...] En la Edad Media, los relatos se transmitían oralmente. Hubo que esperar a 1470 para que apareciese la obra de Thomas Malory sobre el Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda. Él compendió todas las historias que giraban alrededor de este tema. En época más reciente, el gran poeta inglés Tennyson, inspirándose en este mismo tema, escribió la obra El idilio del rey. Hace alrededor de cien años, Tennyson compuso un poema lleno de imaginación: La Dama de Shalott.

LA ISLA DE SHALOTT

La isla de Shalott se encuentra en el centro del río que fluye hacia el castillo de Camelot, morada del Rey Arturo. En esta isla se eleva una casa rodeada de cuatro muros grises, y cuatro torres grises se alzan en ellos. Ahí vive la Dama de Shalott. Nadie ha podido verla jamás. Tan sólo los que navegan sobre el río oyen su canto. Prisionera de un encantamiento, de una maldición, está condenada a tejer sin cesar, no pudiendo por ello dirigir su mirada hacia el castillo de Camelot. Ella no está capacitada para comprender el sentido de esta maldición, y así día y noche teje ininterrumpidamente su vestido. Ante ella, un espejo le devuelve la imagen del mundo y sus acontecimientos.

En el espejo ve desfilar gente endomingada que alegremente se encamina al mercado, ve el entierro al anochecer, a las damas engalanadas, a los caballeros sobre sus caballos, a las parejas de enamorados..., y la Dama de Shalott inscribe incansablemente todos estos cuadros vivientes en la trama de su tejido.

Un día ve acercarse a un caballero sobre su caballo a lo largo del río, dirección a Camelot. Su nombre es Lancelot. Su silla de montar está insertada de piedras preciosas y un cuerno de plata pende de su cintura. Su casco empenachado brilla bajo el sol. 

La Dama de Shalott lo contempla en el espejo y, no pudiendo resistir la atracción, abandona su oficio de tejedora, da tres pasos en la habitación, contempla al caballero de brillante casco y su mirada se dirige a Camelot. De pronto el vestido se rompe de arriba abajo y la Dama de Shalott sabe que su fin está cerca.

Revestida de una túnica blanca como la nieve, encuentra una barca a la orilla del río. Desata la cadena con la que está atada a la orilla y se tiende en el fondo del esquife. La corriente la arrastra hacia Camelot, la ciudad del Rey Arturo. Y allí, agonizante, entona su último canto. La barca se desliza suavemente hacia la fortaleza del castillo, en donde la muchedumbre la espera. [...]
Extraído de la revista La piedra angular nº 2, 1984

The Lady of Shalott

I

On either side the river lie
Long fields of barley and of rye,
That clothe the wold and meet the sky;
And thro' the field the road runs by
To many-tower'd Camelot;
And up and down the people go,
Gazing where the lilies blow
Round an island there below,
The island of Shalott.

Willows whiten, aspens quiver,
Little breezes dusk and shiver
Thro' the wave that runs for ever
By the island in the river
Flowing down to Camelot.
Four gray walls, and four gray towers,
Overlook a space of flowers,
And the silent isle imbowers
The Lady of Shalott.

By the margin, willow veil'd,
Slide the heavy barges trail'd
By slow horses; and unhail'd
The shallop flitteth silken-sail'd
Skimming down to Camelot:
But who hath seen her wave her hand?
Or at the casement seen her stand?
Or is she known in all the land,
The Lady of Shalott?

Only reapers, reaping early
In among the bearded barley,
Hear a song that echoes cheerly
From the river winding clearly,
Down to tower'd Camelot:
And by the moon the reaper weary,
Piling sheaves in uplands airy,
Listening, whispers " 'Tis the fairy
Lady of Shalott."

II

There she weaves by night and day
A magic web with colours gay.
She has heard a whisper say,
A curse is on her if she stay
To look down to Camelot.
She knows not what the curse may be,
And so she weaveth steadily,
And little other care hath she,
The Lady of Shalott.

And moving thro' a mirror clear
That hangs before her all the year,
Shadows of the world appear.
There she sees the highway near
Winding down to Camelot:
There the river eddy whirls,
And there the surly village-churls,
And the red cloaks of market girls,
Pass onward from Shalott.

Sometimes a troop of damsels glad,
An abbot on an ambling pad,
Sometimes a curly shepherd-lad,
Or long-hair'd page in crimson clad,
Goes by to tower'd Camelot;
And sometimes thro' the mirror blue
The knights come riding two and two:
She hath no loyal knight and true,
The Lady of Shalott.

But in her web she still delights
To weave the mirror's magic sights,
For often thro' the silent nights
A funeral, with plumes and lights
And music, went to Camelot:
Or when the moon was overhead,
Came two young lovers lately wed:
"I am half sick of shadows," said
The Lady of Shalott.

III

A bow-shot from her bower-eaves,
He rode between the barley-sheaves,
The sun came dazzling thro' the leaves,
And flamed upon the brazen greaves
Of bold Sir Lancelot.
A red-cross knight for ever kneel'd
To a lady in his shield,
That sparkled on the yellow field,
Beside remote Shalott.

The gemmy bridle glitter'd free,
Like to some branch of stars we see
Hung in the golden Galaxy.
The bridle bells rang merrily
As he rode down to Camelot:
And from his blazon'd baldric slung
A mighty silver bugle hung,
And as he rode his armour rung,
Beside remote Shalott.

All in the blue unclouded weather
Thick-jewell'd shone the saddle-leather,
The helmet and the helmet-feather
Burn'd like one burning flame together,
As he rode down to Camelot.
As often thro' the purple night,
Below the starry clusters bright,
Some bearded meteor, trailing light,
Moves over still Shalott.

His broad clear brow in sunlight glow'd;
On burnish'd hooves his war-horse trode;
From underneath his helmet flow'd
His coal-black curls as on he rode,
As he rode down to Camelot.
From the bank and from the river
He flash'd into the crystal mirror,
"Tirra lirra," by the river
Sang Sir Lancelot.

She left the web, she left the loom,
She made three paces thro' the room,
She saw the water-lily bloom,
She saw the helmet and the plume,
She look'd down to Camelot.
Out flew the web and floated wide;
The mirror crack'd from side to side;
"The curse is come upon me," cried
The Lady of Shalott.

IV

In the stormy east-wind straining,
The pale yellow woods were waning,
The broad stream in his banks complaining,
Heavily the low sky raining
Over tower'd Camelot;
Down she came and found a boat
Beneath a willow left afloat,
And round about the prow she wrote
The Lady of Shalott.

And down the river's dim expanse
Like some bold seër in a trance,
Seeing all his own mischance—
With a glassy countenance
Did she look to Camelot.
And at the closing of the day
She loosed the chain, and down she lay;
The broad stream bore her far away,
The Lady of Shalott.

Lying, robed in snowy white
That loosely flew to left and right—
The leaves upon her falling light—
Thro' the noises of the night
She floated down to Camelot:
And as the boat-head wound along
The willowy hills and fields among,
They heard her singing her last song,
The Lady of Shalott.

Heard a carol, mournful, holy,
Chanted loudly, chanted lowly,
Till her blood was frozen slowly,
And her eyes were darken'd wholly,
Turn'd to tower'd Camelot.
For ere she reach'd upon the tide
The first house by the water-side,
Singing in her song she died,
The Lady of Shalott.

Under tower and balcony,
By garden-wall and gallery,
A gleaming shape she floated by,
Dead-pale between the houses high,
Silent into Camelot.
Out upon the wharfs they came,
Knight and burgher, lord and dame,
And round the prow they read her name,
The Lady of Shalott.

Who is this? and what is here?
And in the lighted palace near
Died the sound of royal cheer;
And they cross'd themselves for fear,
All the knights at Camelot:
But Lancelot mused a little space;
He said, "She has a lovely face;
God in his mercy lend her grace,
The Lady of Shalott."



La Dama de Shalott

I

A ambos lados del rio se despliegan
sembrados de cebada y de centeno
que visten la meseta y el cielo tocan;
y corre junto al campo la calzada
que va hasta Camelot la de las torres;
y va la gente en idas y venidas,
donde los lirios crecen contemplando,
en torno de la isla de allí abajo,
la isla de Shalott.

El sauce palidece, tiembla el álamo,
cae en sombras la brisa, y se estremece
en esa ola que corre sin cesar
a orillas de la isla por el rio
que fluye descendiendo a Camelot.
Cuatro muros y cuatro torres grises
dominan un lugar lleno de flores,
y en la isla silenciosa vive oculta
la Dama de Shalott.

Junto al margen velado por los sauces
deslízanse tiradas las gabarras
por morosos caballos. Sin saludos,
pasa como volando la falúa.
con su vela de seda a Camelot:
mas, ¿quién la ha visto hacer un ademán
o la ha visto asomada a la ventana?
¿O es que es conocida en todo el reino,
La Dama de Shalott?

Sólo al amanecer, los segadores
que siegan las espigas de cebada
escuchan la canción que trae el eco
del río que serpea, transparente,
y que va a Camelot la de las torres.
Y con la luna, el segador cansado,
que apila las gavillas en la tierra,
susurra al escucharla: "Ésa es el hada,
La Dama de Shalott".

II

Allí está ella, que teje noche y día
una mágica tela de colores.
Ha escuchado un susurro que le anuncia
que alguna horrible maldición le aguarda
si mira en dirección a Camelot.
No sabe qué será el encantamiento,
y así sigue tejiendo sin parar,
y ya sólo de eso se preocupa
la Dama de Shalott.

Y moviéndose en un límpido espejo
que está delante de ella todo el año,
se aparecen del mundo de las tinieblas.
Allí ve la cercana carretera
que abajo serpea hasta camelot:
allí gira del río el remolino,
y allí los más cerriles aldeanos
y las capas encarnadas de las mozas
Pasan junto a Shalott.

A veces, un tropel de damiselas,
un abad tendido en almohadones,
un zagal con el pelo ensortijado,
o un paje con vestido carmesí
van hacia Camelot la de las torres.
Y alguna vez, en el azul espejo,
cabalgan dos a dos los caballeros:
no tiene caballero que la sirva
la Dama de Shalott.

Pero aún ella goza cuando teje
las mágicas visiones del espejo:
a menudo en las noches silenciosas
un funeral con velas y penachos
con su música iba a Camelot;
o cuando estaba la luna en el cielo
venian dos amantes ya casados.
"harta estoy de tinieblas", se decía
la Dama de Shalott.

III

A un tiro de flecha de su alero
cabalgaba él en medio de las mieses:
venía el sol brillando entre las hojas,
llameando en las broncíneas grebas
del audaz y valiente Lanzarote.
Un cruzado por siempre de rodillas
ante una dama fulgía en su escudo
por los remotos campos amarillos
cercanos a Shalott.

Lucía libre la enjoyada brida
como un ramal de estrellas que se vé
prendido de la áurea galaxia.
Sonaban los alegres cascabeles
mientras él cabalgaba a Camelot:
y de su heráldica trena colgaba
un potente clarín todo de plata;
tintineaba, al trote, su armadura
muy cerca de Shalott.

Bajo el azul del cielo despejado
su silla tan lujosa refulgía
el yelmo y la alta pluma sobre el yelmo
como una sola llama ardían juntos
mientras él cabalgaba a Camelot.
Tal sucede en la noche purpúrea
bajo constelaciones luminosas,
un barbado meteoro se aproxima
a la quieta Shalott.

Su clara frente al sol resplandecía,
montado en su corcel de hermosos cascos;
pendían de debajo de su yelmo
sus bucles que eran negros cual tizones
mientras él cabalgaba a Camelot.
Al pasar por la orilla y junto al rio
brillaba en el espejo de cristal.
"tiroliro", por la margen del rio
cantaba Lanzarote.

Ella dejó el paño, dejó el telar,
a través de la estancia dio tres pasos,
vio que su lirio de agua florecía,
contempló el yelmo y contempló la pluma,
dirigió su mirada a Camelot.
Salió volando el hilo por los aires,
de lado a lado se quebró el espejo.
"Es ésta ya la maldición", gritó
la Dama de Shalott.

IV

Al soplo huracanado del levante,
los bosques sin color languidecían;
las aguas lamentábanse en la orilla;
con un cielo plomizo y bajo, estaba
lloviendo en Camelot la de las torres.
Ella descendió y encontró una barca
bajo un sauce flotando entre las aguas,
y en torno de la proa dejó escrito
La Dama de Shalott.

Y a través de la niebla, río abajo,
cual temerario vidente en un trance
que ve todos sus propios infortunios,
vidriada la expresión de su semblante,
dirigió su mirada a Camelot.
Y luego, a la caída de la tarde,
retiró la cadena y se tendió;
muy lejos la arrastró el ancho caudal,
la Dama de Shalott.

Echada, toda de un níveo blanco
que flotaba a los lados libremente
-leves hojas cayendo sobre ella-,
a través de los ruidos de la noche
fue deslizándose hasta Camelot.
Y en tanto que la barca serpeaba
entre cerros de sauces y sembrados,
cantar la oyeron su canción postrera,
la Dama de Shalott.

Oyeron un himno doliente y sacro
cantado en alto, cantado quedamente,
hasta que se heló su sangre despacio
y sus ojos se nublaron del todo
vueltos a Camelot la de las torres.
Cuando llegaba ya con la corriente
a la primera casa junto al agua,
cantando su canción, ella murió,
la Dama de Shalott.

Por debajo de torres y balcones,
junto a muros de calles y jardines,
su forma resplandeciente flotaba,
su mortal palidez entre las casas,
ya silenciosamente en Camelot.
Viniendo de los muelles se acercaron
caballero y burgués, señor y dama,
y su nombre leyeron en la proa,
la Dama de Shalott.

¿Quién es ésta?¿Y qué es lo que hace aquí?
Y en el cercano palacio encendido
se extinguió la alegría cortesana,
y llenos de temor se santiguaron
en Camelot los caballeros todos.
Pero quedó pensativo Lanzarote;
luego dijo: "tiene un hermoso rostro;
que Dios se apiade de ella, en su clemencia,
la Dama de Shalott".

The Lady of Shalott - Loreena McKennitt

martes, 7 de marzo de 2017

Litertura azteca/ 6 - Canto de primavera - Nezahualcóyotl - México


En la casa de las pinturas
comienza a cantar,
ensaya el canto,
derrama flores,
alegra el canto.

Resuena el canto,
los cascabeles se hacen oír,
a ellos responden
nuestras sonajas floridas.
Derrama flores,
alegra el canto.

Sobre las flores canta
el hermoso faisán,
su canto despliega
en el interior de las aguas.
A él responden
varios pájaros rojos,
el hermoso pájaro rojo
bellamente canta.

Libro de pinturas es tu corazón,
has venido a cantar,
haces resonar tus tambores,
tú eres el cantor.
En el interior de la casa de la primavera,
alegras a las gentes.

Tú sólo repartes
flores que embriagan,
flores preciosas.

Tú eres el cantor.
En el interior de la casa de la primavera,
alegras a las gentes.

domingo, 5 de marzo de 2017

Prefacio para una nota de suicidio en veinte volúmenes - Amiri Baraka (LeRoi Jones) - Estados Unidos


For Kellie Jones, Born 16 May 1959
 Lately, I've become accustomed to the way
 The ground opens up and envelopes me
 Each time I go out to walk the dog.
 Or the broad edged silly music the wind
 Makes when I run for a bus...

 Things have come to that.

 And now, each night I count the stars.
 And each night I get the same number.
 And when they will not come to be counted,
 I count the holes they leave.

 Nobody sings anymore.

 And then last night I tiptoed upTo my daughter's room and heard her
 Talking to someone, and when I opened
 The door, there was no one there...
 Only she on her knees, peeking into

 Her own clasped hands
_________________________________

Para Kelly Jones, nacida el 16 de mayo de 1959
Últimamente me he acostumbrado a la manera
en que el suelo se abre y me envuelve
cada vez que salgo para pasear al perro.
O a la música inconfundible, afilada y tonta que hace
el viento cuando corro para alcanzar el bus...

Las cosas han llegado a este punto.

Y ahora, cada noche cuento las estrellas.
Y cada noche obtengo el mismo número.
Y cuando ellas no vienen para que las cuente,
cuento los agujeros que dejan.

Ya nadie canta.

Y entonces, anoche subí en puntas de pies
hasta la habitación de mi hija y oí
que le hablaba a alguien, y cuando abrí
la puerta no había nadie más allí...
sólo ella, arrodillada, espiando dentro

de sus propias manos cerradas
Versión de Jonio González

viernes, 3 de marzo de 2017

Tempus fugit/ 27 - Huye del sol el sol... - Gabriel Bocángel - España


Huye del sol el sol, y se deshace
la vida a manos de la propia vida,
del tiempo, que a sus partos homicida1,
en mies de siglos las edades pace2.

Nace la vida, y con la vida nace
del cadáver la fábrica temida.
¿Qué teme, pues, el hombre en la partida,
si vivo estriba en lo que muerto yace?

Lo que pasó ya falta; lo futuro
aún no se vive; lo que está presente,
no está, porque es su esencia el movimiento.

Lo que se ignora es sólo lo seguro;
este mundo, república de viento,
que tiene por monarca un accidente.
Notas de David López del Castillo
1 Alusión a Saturno, personificación mitológica del tiempo, que devoraba a sus hijos recién nacidos. 
2 El tiempo, convertido en pastor, apacienta las edades como si fueran ganados en el pasto de los años (mies de siglos).

miércoles, 1 de marzo de 2017

Beatus ille/ 14 - Ándeme yo caliente y ríase la gente - Luis de Góngora - España


    A partir de este refrán popular Góngora desarrolla una letrilla en la que reformula el beatus ille. Frente al idealismo de la versión de Fray Luis, aquí destaca la enumeración elogiosa de los sencillos placeres materiales de la vida de aldea, casi todos vinculados al buen comer (mantequillas y pan tierno; naranjada y aguardiente; morcilla; bellotas y castañas, etc.). 

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno,
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
y ríase la gente.

Coma en dorada vajilla
el príncipe mil cuidados
como píldoras dorados,
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente,
y ríase la gente.

Cuando cubra las montañas
de plata y nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió1 me cuente,
y ríase la gente.

Busque muy en hora buena
el mercader nuevos soles;
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena2
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente.

Pase a media noche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama3;
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar
la blanca o roja corriente4,
y ríase la gente.

Pues Amor es tan cruel,
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada,
do se junten ella y él5,
sea mi Tisbe un pastel,
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente.
Introducción y notas de David López del Castillo

1 Personaje de la tradición oral.
2 El ruiseñor.
3 Leandro cruzaba el mar todas las noches para encontrarse con su amada Hero; sobre su trágica historia de amor (uno se ahogó y la otra se arrojó de un monte al saberlo) escribieron Boscán, Garcilaso y el mismo Góngora, entre otros.
4 El vino tinto o blanco, que prefiere pasar, es decir, tragar.
5 La historia de Píramo y Tisbe inaugura la tradición de los amantes desdichados, sólo unidos por la muerte, que ejerce de lecho nupcial (tálamo); Píramo se mató cuando creyó muerta a Tisbe y ésta hizo lo propio ante el cadáver de su amado.