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jueves, 11 de abril de 2013

El Romancero/ 2 - Romance de Abenámar - Anónimo - España


ROMANCE DE ABENÁMAR
(ROMANCES FRONTERIZOS)

    ¡Abenámar, Abenámar,      moro de la morería,
el día que tú naciste      grandes señales había!
Estaba la mar en calma,      la luna estaba crecida:
moro que en tal signo nace,      no debe decir mentira.
Allí respondiera el moro,      bien oiréis lo que decía:
-No te la diré, señor,      aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro      y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho      mi madre me lo decía:
que mentira no dijese,      que era grande villanía;
por tanto pregunta, rey,      que la verdad te diría.
-Yo te agradezco, Abenámar,      aquesta tu cortesía.
¿Qué castillos son aquellos?      ¡Altos son y relucían!
-El Alhambra era, señor,      y la otra la mezquita;
los otros los Alixares,      labrados a maravilla.
El moro que los labraba      cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra      otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,      huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,      castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,      bien oiréis lo que decía:
-Si tú quisieses, Granada,      contigo me casaría;
daréte en arras y dote      a Córdoba y a Sevilla.
-Casada soy, rey don Juan,      casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene      muy grande bien me quería.

    Uno de los romances fronterizos más conocidos y celebrados es éste dedicado a Abenámar, personaje identificado por algunos con Yusuf ibn al-Mawl, que intervino en uno de los tres destronamientos de Abú-Allah Muhammad VIII, el Izquierdo, uniendo sus fuerzas con el monarca castellano Juan II, con quien obtuvo el triunfo en la batalla de Higueruela. Reinó durante seis meses, falleciendo después. Otros piensan que Abenámar fue el capitán Abenalamit, quien, después de una temporada de paz en la que estuvo a sueldo de Juan II, pidió a éste licencia para dirigirse a Túnez, licencia que el rey le concedió, como atestiguan varias crónicas: la Crónica de Juan II, de Pérez de Guzmán, la Crónica del Halconero de Carrillo de Huete, y la refundición que de ésta hizo Lope de Barrientos.
    En el romance se aprecia la confrontación de culturas en el siglo XV. (Datos extraídos de una edición del Romancero a cargo de Francisco Rico)

6 comentarios:

Gatopardo dijo...

Hermoso y conocido.

Juan Nadie dijo...

Gran parte de los romances que iré poniendo son muy conocidos, pero forman parte de nuestra historia literaria.

marian dijo...

Uno de los clásicos; como "Abril florecía frente a mi ventana..." o "Nuestras vidas son los ríos que..."
Que casi todo el mundo sabe los primeros versos y ahí se quedan:)

marian dijo...

Me llevo el cuadro de Sorolla. Si no conocéis La Alhambra de Granada no me lo creeré. Decir que es una maravilla es quedarse corto.

Juan Nadie dijo...

Pues créelo, porque yo no la conozco "in situ". Me avergüenzo.

marian dijo...

Pues eso no puede ser, antes de ir para la Argentina hay que pasar por Granada:)

Pasear por La Alhambra es como entrar en el túnel del tiempo. Y al salir de allí, no sabe uno dónde está.