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martes, 12 de marzo de 2013

Los pícaros/ 8 - Vida del escudero Marcos de Obregón (fragmento) - Epístola al marqués de Peñafiel (fragmento) - Vicente Espinel - España


LIBRO PRIMERO
RELACIÓN PRIMERA DE LA VIDA DEL ESCUDERO MARCOS DE OBREGÓN

Descanso X
    Fuimos caminando con el arriero, la mitad del camino al pie de la letra, y la otra como tercios de pescado cuando al arriero se le antojaba, que era mozo tesezuelo* de condición, desapacible, enseñado a perder el respeto a los estudiantes novatos. Y así nos quiso hacer una burla en un pueblo pequeño, y en parte la hizo, lo uno por llevar sus mulos descansados y lo otro porque pensó, quedándose solo, derribar la fortaleza de una mujercita de buena gracia que iba en nuestra compañía, destituyéndola del arrimo y apoyo que llevaba con cierto oficial que se había de casar con ella.  
    Fingió que le habían hurtado un zurrón de dineros, y que la justicia venía a prendernos a todos para darnos tormento hasta averiguar quién lo tenía. Y junto con esto juró que nos había de dejar en la cárcel y caminar con los mulos lo más que pudiese, que para muchachos sin experiencia, cualquiera temor de estos bastaba. Creímoslo como si fuera verdad averiguada, y encareciólo de manera que nos hizo andar toda aquella noche -tras lo que habíamos caminado el día antes- cinco o seis leguas, y no caminando, sino huyendo por dehesas y montañas, fuera de camino, sin guía que nos pudiese alumbrar por donde íbamos, y él se quedó riendo, importunando con requiebros y mal lenguaje a la pobre mujer, sola y sin defensa. Pero no le sucedió como pensaba, porque el ruido que él había hecho había sido por medio de un alguacilejo amigo suyo; y la mujer, como valerosa, después de haberse defendido de la violencia que con ella quiso usar, tuvo modo cómo escabullirse de él, y yéndose al alcalde, le dijo con grandísima acción de palabra y sentimiento que aquel arriero había hecho una estratagema y maraña muy perniciosa, por aprovecharse de ella y quitarle el remedio que consigo traía. Creyólo el buen hombre, así por conocer la desvergüenza y mal trato del arriero como por atajar el daño que a la pobre mujer le podía suceder; y afeándole este caso y la inhumanidad que había usado con los estudiantes, le mandó que diese fianzas que llevaría muy regalada a la mujer sin hacerle agravio ni ofensa, y que no le castigaba muy gravemente por no desviar la jornada a los estudiantes; y amonestóle que mirase cómo procedía, porque le castigaría con todo rigor, sin tener respeto a cosa alguna, si por el camino iba haciendo insolencias; y mandóle con esto que se aviase muy de mañana para recoger a los cansados y hambrientos estudiantes. 
    ¡Oh arrieros, impía gente y sin caridad! ¡Crueles contra su misma naturaleza! No conocen a nadie más de en cuanto le están quitando el dinero. Y así los castiga Dios, porque tienen muchas posadas y pocos amigos. Todos los géneros de gente aman la piedad, si no son estos. El día que no hacen alguna burla a los caminantes, no están en sí. Tratan con bestias, y así se van convirtiendo en su naturaleza. No se ha visto que llevando bestias vacías aliviasen del trabajo y cansancio del camino a algún miserable; parece que les falta el uso de la razón natural como a éste, que no pudiera uno de ley contraria usar con nosotros más exorbitante bellaquería que hacernos huir de noche, cansados de haber caminado el día antes, sin más ocasión de cometer dos enormes maldades. 
    Íbamos huyendo y por no ser sentidos, yendo en tropa, dividimos cada cual por donde mejor le pareció. Yo seguí una media vereda, que estaba bien cubierta de árboles; hice cuanto pude de mi parte por no quedarme más atrás de los otros, pero mi cansancio era de modo que en poco espacio a ninguno de todos sentía. Puse el oído en la tierra, que de este modo se oyen mejor los pasos aunque estén algo lejos: no sentía cosa que me hiciese compañía. Traspúseme un poco y luego dime prisa a andar, volviéndome hacia atrás, pensando que iba adelante; y así cuanto más andaba y me apresuraba, menos esperanza tenía de alcanzar los compañeros. Hacia las espaldas me parecía que oía perros ladrar algo lejos, que como los compañeros iban aprisa alteraban estos animalejos. Como no estaba ejercitado en caminos, y el día antes se había trabajado en eso, el sueño -como descanso general de todos los miembros- solicitaba sus horas diputadas, y no pudiendo ya más conmigo, rendíme al cansancio y al sueño.
[...]
Vicente Espinel
* Tesezuelo: resuelto.

    Vicente Espinel nació en Ronda (Málaga) en 1550. Fue un excelente músico, poeta y prosista, amigo de los Argensola, Luis de Góngora, Cervantes, Lope de Vega..., que le admiraban. Cervantes le alabó con entusiasmo varias veces, una de ellas en el Canto a Calipso del Viaje del Parnaso (1614). Lope de Vega -en su Laurel de Apolo- le califica de "único poeta latino y castellano de estos tiempos"; y en su dedicatoria de El caballero de Illescas, dice a Espinel que el bello arte "no olvidará jamás en los instrumentos el arte y la dulzura de vuesa merced"; y en la dedicatoria a Marta de Nevares de La viuda valenciana, al ponderar la voz y la destreza musical de su amante, dice que, oyéndola, "el padre de la música, Vicente Espinel, se suspendería atónito".
    En efecto, Espinel ha quedado en el mundo de la música como el introductor de la quinta cuerda en la vihuela (el mi agudo, o prima), que transformó el instrumento y desde entonces tomó el nombre de guitarra española. La sexta cuerda se añadiría más tarde.

    En poesía, es el inventor de la décima llamada espinela en su honor. Antes de él la décima se componía de dos quintillas diferentes entre sí; la espinela consta de dos estrofas de cuatro versos octosílabos -consonantes primero y cuarto, y segundo y tercero-, entre los que se introducen dos versos octosílabos, auxiliares del pensamiento, para ligar entre sí la tesis y la conclusión; estos dos versos riman el primero con el cuarto y el segundo con el séptimo.
    Pero su máxima gloria literaria la debe Espinel a su libro novelesco Vida del escudero Marcos de Obregón (Madrid, 1618), del género picaresco. [...] Marcos de Obregón tiene no poco de autobiografía de Espinel. Y es una novela extraordinaria pletórica de lances curiosos, de anécdotas deliciosas, de felices rasgos de ingenio, tan realista, natural y amena -y bien distinta de ellas- como lo son el Lazarillo de Tormes, Guzmán de Alfarache, El buscón. Algunos caracteres del Marcos de Obregón, como los del doctor Sagredo y la parlanchina y malhumorada doña Mergelina, compiten con los más geniales de Molière. (FEDERICO CARLOS SAINZ DE ROBLES)

Fragmento de la epístola que Espinel escribió a su amigo Juan Téllez Girón, marqués de Peñafiel:

      La destemplanza de este invierno frío,
y entre riscos el levante y cierzo,
encogerán al más lozano brío.
      Estoy cual sapo o soterrado escuerzo,
cual el lagarto o rígida culebra,
la cerviz corva, sin valor, ni esfuerzo.
      Voy a escribir y el brazo se me quiebra:
si quiero asir el hilo antiguo roto,
tiembla la mano al enhilar la hebra.
      Ya, gallardo marqués, estoy remoto
de mí: que la inclemencia de este cielo
tiene el ingenio remontado y boto.
      Dicen algunos que antes este suelo,
por la extrañeza de estos altos riscos,
dará ocasión bastante al dios de Delo.
      ¡Mirad qué gusto ofrecerán lentiscos,
chaparros y torcidas cornicabras
entre enconosos, fieros basiliscos!
      Que aquí todo el lenguaje y las palabras
es cochinos, bellota, ovejas, roña;
cultivar huertas y ordeñar las cabras;
      si crece el pan; si el alcacel retoña;
si Abbu-Hassen promete viento o lluvia
y todo el resto es vértigo y ponzoña...

16 comentarios:

Gatopardo dijo...

Tesezuelo,......me quedo con ello.

Juan Nadie dijo...

Bonita palabra, como las que se empleaban entonces y el idioma castellano ha olvidado. Una pena.

marian dijo...

Es cierto, la de palabras que hemos perdido, un idioma tan rico como el nuestro.
Lo leeré despacio y con tiempo.
(Vuestras mercedes me disculparán)

Juan Nadie dijo...

Está vuesa merced disculpada.

El idioma español no pierde palabras en realidad, simplemente entran en desuso; gana otras que se van incorporando de forma natural y con el uso, no forzándolas, por favor, que el tiempo es sabio: no me sirve "miembras", por poner un ejemplo estúpido.

Juan Nadie dijo...

Sí, y suelen utilizar el idioma con mayor propiedad.

marian dijo...

Ya, si estar, están...en el diccionaro. Ay esas ministras zapateriles, cómo les gustaban los golpes de efecto, para nada además, más que para ir de listillas.
(Ya lo he leído, por fin)

jose dijo...

Es que no tengo tiempo de leeros, paso de puntillas todo el rato.
Pero s´i, Espinel le puuso la 5ª cuerda a la guitarra, que por entones solo ten´ia cuatro.
porque hay que decir que aparte de poeta era m´usico.

Juan Nadie dijo...

Eso quería yo que leyeras.

jose dijo...

pues no lo habia leido, es que me lo sabia.

Juan Nadie dijo...

No tenía la menor duda.

Juan Nadie dijo...

Pero, a ver, sácame de una duda, ¿quién añadió la sexta cuerda? En serio, no lo sé.

Gatopardo dijo...

Keith Richards.

marian dijo...

Más quisiera, con subir a los cocoteros ya no dio más de sí:)

marian dijo...

Fue el Padre Basilio, parece mentira...

Juan Nadie dijo...

Pues yo he leído que en España fue el padre Feijóo, se los juro (¿?).

finchu dijo...

Bueno, yo inventé la nota Re mayor, y nadie habla de mi.
Claro... que, tiempo después me enteré que ya había sido inventada. Pero eso no me resta méritos.