¿Y qué decir de nuestra madre España, este país de todos los demonios en donde el mal gobierno, la pobreza no son, sin más, pobreza y mal gobierno sino un estado místico del hombre, la absolución final de nuestra historia?
De todas las historias de la Historia sin duda la más triste es la de España, porque termina mal. Como si el hombre, harto ya de luchar con sus demonios, decidiese encargarles el gobierno y la administración de su pobreza.
Nuestra famosa inmemorial pobreza, cuyo origen se pierde en las historias que dicen que no es culpa del gobierno sino terrible maldición de España, triste precio pagado a los demonios con hambre y con trabajo de sus hombres.
A menudo he pensado en esos hombres, a menudo he pensado en la pobreza de este país de todos los demonios. Y a menudo he pensado en otra historia distinta y menos simple, en otra España en donde sí que importa un mal gobierno.
Quiero creer que nuestro mal gobierno es un vulgar negocio de los hombres y no una metafísica, que España debe y puede salir de la pobreza, que es tiempo aún para cambiar su historia antes que se la lleven los demonios.
Porque quiero creer que no hay demonios. Son hombres los que pagan al gobierno, los empresarios de la falsa historia, son hombres quienes han vendido al hombre, los que le han convertido a la pobreza y secuestrado la salud de España.
Pido que España expulse a esos demonios. Que la pobreza suba hasta el gobierno. Que sea el hombre el dueño de su historia.
Las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora, cuando por el monte oscuro baja Soledad Montoya. Cobre amarillo, su carne, huele a caballo y a sombra. Yunques ahumados sus pechos, gimen canciones redondas. Soledad, ¿por quién preguntas sin compaña y a estas horas? Pregunte por quien pregunte, dime: ¿a ti qué se te importa? Vengo a buscar lo que busco, mi alegría y mi persona. Soledad de mis pesares, caballo que se desboca, al fin encuentra la mar y se lo tragan las olas. No me recuerdes el mar, que la pena negra, brota en las tierras de aceituna bajo el rumor de las hojas. ¡Soledad, qué pena tienes! ¡Qué pena tan lastimosa! Lloras zumo de limón agrio de espera y de boca. ¡Qué pena tan grande! Corro mi casa como una loca, mis dos trenzas por el suelo, de la cocina a la alcoba. ¡Qué pena! Me estoy poniendo de azabache, carne y ropa. ¡Ay mis camisas de hilo! ¡Ay mis muslos de amapola! Soledad: lava tu cuerpo con agua de las alondras, y deja tu corazón en paz, Soledad Montoya.
Por abajo canta el río: volante de cielo y hojas. Con flores de calabaza, la nueva luz se corona. ¡Oh pena de los gitanos! Pena limpia y siempre sola. ¡Oh pena de cauce oculto y madrugada remota!
Los dibujos de Lorca tienen el defecto, cada día más irresistible, de una extrema exquisitez. Salvador Dalí.
Lorca, cuando cogía unos lapicillos de colores o la misma pluma con la que escribía sus poemas, seguía teniendo una frescura de fontana, una gracia como de juego en la calle, de sonrisa de patio, de gallo de veleta, de todo aquello que había visto u oído, no sabía cuándo, con los ojos de su niñez granadina. Rafael Alberti.
En este poeta, la poesía es su compañera oficial, inseparable y fiel. Pero la pintura es la secreta amante, por la que fatalmente se siente atraído. Arriesgando su reputación de poeta puro, se revela en sus versos como excelente pintor. Gregorio Prieto.
Fito Páez musicó Romance de la pena negra en 2005, pero corramos sobre este punto un piadoso y caritativo velo.
Capítulo III Cómo Guzmán salió de su casa un viernes por la tarde y lo que le sucedió en una venta
Era yo muchacho vicioso y regalado, criado en Sevilla sin castigo de padre, la madre viuda –como lo has oído–, cebado a torreznos, molletes y mantequillas y sopas de miel rosada, mirado y adorado, más que hijo de mercader de Toledo o tanto. Hacíaseme de mal dejar mi casa, deudos y amigos; demás que es dulce amor el de la patria. Siéndome forzoso, no pude escusallo. Alentábame mucho el deseo de ver mundo, ir a reconocer en Italia mi noble parentela.
Salí, que no debiera, bien pude decir, tarde y con mal. Creyendo hallar copioso remedio, perdí el poco que tenía. Sucedióme lo que al perro con la sombra de la carne. Apenas había salido de la puerta, cuando sin poderlo resistir, dos Nilos reventaron de mis ojos, que regándome el rostro en abundancia, quedó todo de lágrimas bañado. Esto y querer anochecer no me dejaban ver cielo ni palmo de tierra por donde iba. Cuando llegué a San Lázaro, que está de la ciudad poca distancia, sentéme en la escalera o gradas por donde suben a aquella devota ermita.
Allí hice de nuevo alarde de mi vida y discursos della. Quisiera volverme, por haber salido mal apercibido, con poco acuerdo y poco dinero para viaje tan largo; que aun para corto no llevaba. Y sobre tantas desdichas –que, cuando comienzan, vienen siempre muchas y enzarzadas unas de otras como cerezas– era viernes en la noche y algo oscura; no había cenado ni merendado. Si fuera día de carne, que a la salida de la ciudad aunque fuera naturalmente ciego, el olor me llevara en alguna pastelería, comprara un pastel1 con que me entretuviera y enjugara el llanto, el mal fuera menos.
Entonces eché de ver cuánto se siente más el bien perdido y la diferencia que hace del hambriento el harto. Los trabajos todos comiendo se pasan; donde la comida falta, no hay bien que llegue ni mal que no sobre, gusto que dure ni contento que asista: todos riñen sin saber por qué; ninguno tiene culpa, unos a otros se la ponen, todos trazan y son quimeristas, todo es entonces gobierno y filosofía.
Vime con ganas de cenar y sin qué poder llegar a la boca, salvo agua fresca de una fuente que allí estaba. No supe qué hacer ni a qué puerto echar. Lo que por una parte me daba osadía, por otra me acobardaba. Hallábame entre miedos y esperanzas, el despeñadero a los ojos y lobos a las espaldas. Anduve vacilando; quise ponello en las manos de Dios: entré en una iglesia, hice mi oración breve, pero no sé sí devota: no me dieron lugar para más por ser hora de cerrar y recogerse. Cerróse la noche y con ella mis imaginaciones; mas no los manantiales y llanto. Quedéme con él durmiendo sobre un poyo del portal, acá fuera.
No sé qué lo hizo, si es que por ventura las melancolías quiebran en sueño, como lo dio a entender el montañés que llevando a enterrar a su mujer, iba en piernas, descalzo y el sayo al revés, lo de dentro afuera. En aquella tierra están las casas apartadas, y algunas muy lejos de la iglesia, y, pasando por la taberna, vio que vendían vino blanco. Fingió quererse quedar a otra cosa y dijo: "Anden, señores, con la malograda, que en un trote los alcanzo..."
Así, se entró en la taberna y de un sorbito en otro emborrachóse y quedóse dormido. Cuando los del acompañamiento volvieron del entierro y lo hallaron tendido en el suelo, lo llamaron. Él, recordando2, les dijo: "¡Malhora!, señores, perdonen sus mercedes, que ¡ma Dios!, non hay así cosa que tanta sed y sueño poña como sinsaborias".
Así yo, que ya era del sábado el sol salido casi con dos horas, cuando vine a saber de mí. No sé si despertara tan presto si los panderos y bailes de unas mujeres que venían a velar aquel día, con el tañer y cantar no me recordaran. Levantéme, aunque tarde, hambriento y soñoliento, sin saber dónde estaba, que aun me parecía cosa de sueño. Cuando vi que eran veras, dije entre mí: "Echada está la suerte, ¡vaya Dios comigo!" Y con resolución comencé mi camino; pero no sabía para dónde iba ni en ello había reparado.
Tomé por el uno que me pareció más hermoso, fuera donde fuera. Por lo de entonces me acuerdo de las casas y repúblicas mal gobernadas, que hacen los pies el oficio de la cabeza. Donde la razón y entendimiento no despachan, es fundir el oro, salga lo que saliere, y adorar después un becerro. Los pies me llevaban. Yo los iba siguiendo, saliera bien o mal, a monte o a poblado.
Quísome parecer a lo que aconteció en la Mancha con un médico falso. No sabía letra ni había nunca estudiado. Traía consigo gran cantidad de receptas, a una parte de jarabes y a otra de purgas. Y cuando visitaba algún enfermo, conforme al beneficio que le había de hacer, metía la mano y sacaba una, diciendo primero entre sí: "¡Dios te la depare buena!", y así le daba la con que primero encontraba. En sangrías no había cuenta con vena ni cantidad, mas de a poco más o menos, como le salía de la boca. Tal se arrojaba por medio de los trigos.
Pudiera entonces decir a mí mismo: "¡Dios te la depare buena!", pues no sabía la derrota que llevaba ni a la parte que caminaba. Mas, como su divina Majestad envía los trabajos según se sirve y para los fines que sabe, todos enderezados a nuestro mayor bien si queremos aprovecharnos dellos, por todos le debemos dar gracias, pues son señales que no se olvida de nosotros. A mí me comenzaron a venir y me siguieron, sin dar un momento de espacio desde que comencé a caminar, y así en todas partes nunca me faltaron. Mas no eran éstos de los que Dios envía, sino de los que yo me buscaba.
La diferencia que hay de unos a otros es que los venidos de la mano de Dios él sabe sacarme dellos, y son los tales minas de oro finísimo, joyas preciosísimas cubiertas con una ligera capa de tierra, que con poco trabajo se pueden descubrir y hallar. Mas los que los hombres toman por sus vicios y deleites son píldoras doradas que, engañando la vista con aparencia falsa de sabroso gusto, dejan el cuerpo descompuesto y desbaratado. Son verdes prados llenos de ponzoñosas víboras; piedras al parecer de mucha estima, y debajo están llenas de alacranes, eterna muerte que con breve vida engaña.
Este día, cansado de andar solas dos leguas pequeñas –que para mí eran las primeras que había caminado–, ya me pareció haber llegado a los antípodas y, como el famoso Colón, descubierto un mundo nuevo. Llegué a una venta sudado, polvoroso, despeado, triste y, sobre todo, el molino picado, el diente agudo y el estómago débil. Sería mediodía. Pedí de comer; dijeron que no había sino sólo huevos. No tan malo si lo fueran; que a la bellaca de la ventera, con el mucho calor o que la zorra le matase la gallina, se quedaron empollados, y por no perderlo todo los iba encajando con otros buenos. No lo hizo así comigo, que cuales ella me los dio, le pague Dios la buena obra. Viome muchacho, boquirrubio, cariampollado, chapetón3. Parecíle un Juan de buen alma y que para mí bastara quequiera4.
Preguntóme: –¿De dónde sois, hijo?
Díjele que de Sevilla. Llegóseme más y, dándome con su mano unos golpecitos debajo de la barba, me dijo:
–¿Y adónde va el bobito?
¡Oh, poderoso Señor, y cómo con aquel su mal resuello me pareció que contraje vejez y con ella todos los males! Y si tuviera entonces ocupado el estómago con algo, lo trocara en aquel punto, pues me hallé con las tripas junto a los labios.
Díjele que iba a la corte, que me diese de comer. Hízome sentar en un banquillo cojo y encima de un poyo me puso un barredero de horno, con un salero hecho de un suelo de cántaro, un tiesto de gallinas lleno de agua y una media hogaza más negra que los manteles. Luego me sacó en un plato una tortilla de huevos, que pudiera llamarse mejor emplasto de huevos. Ellos, el pan, jarro, agua, salero, sal, manteles y la huéspeda, todo era de lo mismo.
Halléme bozal, el estómago apurado, las tripas de posta, que se daban unas con otras de vacías. Comí, como el puerco la bellota, todo a hecho; aunque verdaderamente sentía crujir entre los dientes los tiernecitos huesos de los sin ventura pollos, que era como hacerme cosquillas en las encías. Bien es verdad que se me hizo novedad, y aun en el gusto, que no era como el de los otros huevos que solía comer en casa de mi madre; mas dejé pasar aquel pensamiento con la hambre y cansancio, pareciéndome que la distancia de la tierra lo causaba y que no eran todos de un sabor ni calidad. Yo estaba de manera que aquello tuve por buena suerte.
Tan propio es al hambriento no reparar en salsas, como al necesitado salir a cualquier partido. Era poco, pasélo presto con las buenas ganas. En el pan me detuve algo más. Comílo a pausas, porque siendo muy malo, fue forzoso llevarlo de espacio, dando lugar unos bocados a otros que bajasen al estómago por su orden. Comencélo por las cortezas y acabélo en el migajón, que estaba hecho engrudo; mas tal cual, no le perdoné letra ni les hice a las hormigas migaja de cortesía más que si fuera poco y bueno. Así acontece si se juntan buenos comedores en un plato de fruta, que picando primero en la más madura, se comen después la verde, sin dejar memoria de lo que allí estuvo. Entonces comí, como dicen, a rempujones media hogaza y, si fuera razonable y hubiera de hartar a mis ojos, no hiciera mi agosto con una entera de tres libras.
...
1Pastel: Era lo que hoy llamamos empanada. Los pasteleros, en tiempos del Barroco, tenían una fama nefasta, no hay más que leer a Quevedo; hasta se decía que hacían los pasteles con carne de ahorcado. 2Recordando: Despertando. 3Boquirrubio, chapetón: Inexperto, novato. 4Quequiera: Cualquier cosa. (N. de J. N.)
6 de junio - [...] Delante del mar, uno se queda siempre con un palmo de narices. El mar es impintable, indescriptible, inaferrable, incomprensible y de una indiferencia total. [...] Por Palafrugell pasa, intermitentemente, un pobre que, al hecho de pedir limosna, lo llama ir a cobrar la contribución. [...]
15 de agosto - [...] A la una se oye, en cada casa, un ruidito de platos, de tenedores, cucharas, copas y cuchillos. Preparan la mesa. A la una y cinco la playa queda vacía y todo el mundo se sienta en su sitio con aquella cara de frío y de hambre que da el baño: la cara chupada, la nariz vibrátil, los ojos brillantes. Comida de Santa María: arroz de pescado, sobre un suntuoso sofrito; langosta guisada; pollo asado. Después de quince o veinte días de comer pescado, el pollo es una novedad exquisita. Dulces, melón, café. La repostería de Palafrugell -en general de todo este país- es de gran calidad. El agua de Calella da un café excelente. Mi padre enciende un farias de 0,25, de humo delicioso, absolutamente acorde con el perfume del café. Digestión ligera a la sombra de las barcas. Ninguna molestia excesiva. La felicidad debe ser esto. ¿Quizás es algo más? El señor Narcís, el relojero, pesca con caña, vestido de amarillo canario, bajo un sombrero de paja, en la roca de Barret. Por la tarde invaden la playa algunos grupos de payeses. Vienen a lavarse los pies. El agua les da grima. Un payés con aspecto de rústico, la gorra hundida, da un chillido al sentir el agua hasta el tobillo. Bañan los animales. Poco. Los dejan un rato a ras de playa, con el agua bajo el vientre. Los caballos, las yeguas peludas, fatigadas de trillar, inmóviles, miran una hora seguida el horizonte con ojos de estupidez y de añoranza. Por la tarde, baile de organillo, bajo las lámparas de acetileno. El viento sopla de una manera triste y corta. El cielo está borroso y de una opacidad blanca. Se oye, lejano, el ruido sordo de la resaca en la costa. Todo parece llegar a un punto de caída en la fatiga. En la cama, las sábanas, ligeramente húmedas, parecen unirse al propio resudor. Una mejilla fría y otra caliente.
2 de febrero - [...] A través de este engranaje me viene a la memoria que, hace ahora un año, oí por primera vez la Sexta Sinfonía de Beethoven, La Pastoral. La descripción de un paisaje y la fusión del hombre en la naturaleza no ha llegado, quizá nunca, a manifestarse con una intención más clara. El diluyente y la delicuescencia de esa página han sido comparados, por escoliastas indoctos, con la Santa Teresa de Bernini. (Conozco reproducciones de este dechado de segregación sentimental). Beethoven es infinitamente superior: es viril, noble, limpio, claro. El barroco me exaspera, me empalaga. El verismo del barroco es literalmente pornográfico.
26 de abril - Hay personas que, cuanto más compleja es una situación, cuanto más difícil es, por ejemplo, la situación económica familiar, con más fuerza reaccionan y con más frontal resolución la encaran; otros, en cambio, quedan alicaídos, dubitativos y abandonan la partida con una gran facilidad. Independientemente del éxito o del fracaso, hay personas que tienden, instintivamente, a caminar hacia adelante; otras tienden a la huida, a la retirada.
-A veces tu timidez es tan visible -me decía hoy Alexandre Plana- que das la impresión de creer que utilizar las piernas para caminar es una especie de privilegio excepcional... Esto está muy bien observado. Se debería añadir que, como todos los tímidos, yo soy capaz de momentos de audacia. Estos mometos de audacia se me producen, generalmente, cuando tengo una pluma en la mano. ...
La prosa de Pla -dibujada siempre a pluma, con una letra prodigiosamente menuda y ahorradora- alcanza mayor grandeza cuanto más se ciñe a lo pequeño, a las sensaciones de un paisaje cercano, a los hábitos de vida que transcurren tras los ventanales de un café o a la textura de una escudella cocinada por las mujeres de la familia. Lo pequeño se hace pues grande merced a una finísima manera de escribir, ajustándose siempre a los adjetivos precisos. CARMEN RIGALT
May God bless and keep you always
May your wishes all come true
May you always do for others
And let others do for you
May you build a ladder to the stars
And climb on every rung
May you stay forever young
Forever young, forever young
May you stay forever young.
May you grow up to be righteous
May you grow up to be true
May you always know the truth
And see the lights surrounding you
May you always be courageous
Stand upright and be strong
May you stay forever young
Forever young, forever young
May you stay forever young.
May your hands always be busy
May your feet always be swift
May you have a strong foundation
When the winds of changes shift
May your heart always be joyful
And may your song always be sung
May you stay forever young
Forever young, forever young
May you stay forever young.
***
Que Dios te bendiga y te proteja siempre, Que tus deseos se hagan realidad, Que ayudes siempre a los demás y dejes que los demás te ayuden. Que construyas una escalera hasta las estrellas Y subas cada peldaño, Que permanezcas por siempre joven. Por siempre joven, por siempre joven. Que permanezcas por siempre joven.
Que crezcas para ser justa, Que crezcas para ser leal, Que reconozcas siempre la verdad y veas la luz rodeándote. Que seas siempre valiente, Te mantengas recta y seas fuerte, Que permanezcas por siempre joven. Por siempre joven, por siempre joven. Que permanezcas por siempre joven.
Que tus manos estén siempre ocupadas, Que tus pies estén siempre dispuestos, Que tengas firme asiento cuando muden los vientos del cambio. Que tu corazón esté siempre alegre, Que tu canción sea siempre cantada, Que permanezcas por siempre joven. Por siempre joven, por siempre joven. Que permanezcas por siempre joven.
Early one mornin' the sun was shinin'
I was layin' in bed
Wond'rin' if she'd changed it all
If her hair was still red
Her folks they said our lives together
Sure was gonna be rough
They never did like Mama's home-made dress
Papa's bank book wasn't big enough
And I was standin' on the side of the road
Rain fallin' on my shoes
Heading out for the east coast
Lord knows I've paid some dues
Gettin' through
Tangled up in blue.
She was married when we first meet
Soon to be divorced
I helped her out of a jam, I guess
But I used a little too much force
We drove that car as far as we could
Abandoned it out west
Split up on a dark sad night
Both agreeing it was best
She turned around to look at me
As I was walkin' away
I heard her say over my shoulder
"We'll meet again some day
On the avenue"
Tangled up in blue.
I had a job in the great north woods
Working as a cook for a spell
But I never did like it all that much
And one day the axe just fell
So I drifted down to New Orleans
Where I happened to be employed
Workin' for a while on a fishin' boat
Right outside of Delacroix
But all the while I was alone
The past was close behind
I seen a lot of women
But she never escaped my mind
And I just grew
Tangled up in blue.
She was working in a topless place
And I stopped in for a beer
I just kept lookin' at the side of her face
In the spotlight so clear
And later on as the crowd thinned out
I's just about to do the same
She was standing there in back of my chair
Said to me, "Don't I know your name?"
I muttered somethin' underneath my breath
She studied the lines on my face
I must admit I felt a little uneasy
When she bent down to tie the laces
Of my shoe
Tangled up in blue.
She lit a burner on the stove
And offered me a pipe
"I thought you'd never say hello", she said
"You look like the silent type"
Then she opened up a book of poems
And handed it to me
Written by an Italian poet
From the thirteenth century
And every one of them words rang true
And glowed like burnin' coal
Pourin' off of every page
Like it was written in my soul
From me to you
Tangled up in blue.
I lived with them on Montague Street
In a basement down the stairs
There was music in the cafes at night
And revolution in the air
Then he started into dealing with slaves
And something inside of him died
She had to sell everything she owned
And froze up inside
And when finally the bottom fell out
I became withdrawn
The only thing I knew how to do
Was to keep on keepin' on
Like a bird that flew
Tangled up in blue.
So now I'm goin' back again
I got to get her somehow
All the people we used to know
They're an illusion to me now
Some are mathematicians
Some are carpenter's wives
Don't know how it all got started
I don't what they're doin' with their lives
But me, I'm still on the road
Headin' for another joint
We always did feel the same
We just saw it from a different point
Of view
Tangled up in blue.
***
Una mañana temprano el sol brillaba Yo estaba tumbado en la cama Preguntándome si ella habría cambiado Si su pelo sería rojo aún Sus parientes dijeron que nuestra vida juntos Sería tormentosa con toda seguridad A ellos nunca les gustó el vestido casero de mamá La libreta de cuentas de papá no era lo bastante grande Y yo estaba en la cuneta de la carretera La lluvia cayéndome en los zapatos Rumbo a la costa este El Señor sabe que he sufrido lo que hay que sufrir Pasando por la vida Envuelto en tristeza.
Cuando nos encontramos por primera vez estaba casada A punto de divorciarse Le ayudé a salir de una situación embarazosa, eso supongo Pero usé demasiada fuerza Condujimos ese coche tan lejos como pudimos Lo abandonamos allá en el oeste Rompimos en una noche triste y oscura Los dos de acuerdo en que era lo mejor Ella dio la vuelta para mirarme Por encima de los hombros la oí decir Mientras yo me alejaba "Nos encontraremos algún día En la avenida" Envuelto en tristeza
Conseguí un empleo en los grandes bosques norteños Trabajando como cocinero una temporadita Pero nunca me gustó mucho todo aquello Y un día me despidieron Así que vagué errante hasta Nueva Orleans En donde fui empleado Trabajando algún tiempo en un bote pesquero En las afueras de Delacroix Pero estuve solo todo ese tiempo El pasado estaba cerca Vi a muchas mujeres Pero ella nunca abandonó mi pensamiento Y yo crecí Envuelto en tristeza
Ella trabajaba en un lugar con los pechos al aire Y yo paré allí para tomar una cerveza Estuve mirando el lado de su cara Que iluminaba el foco Y más tarde mientras la gente se iba Yo a punto de hacer lo mismo Ella se detuvo junto al respaldo de mi silla Y me dijo, "¿No sé tu nombre?" Murmuré algo entre dientes Ella escrutó los rasgos de mi cara Debo admitir que me sentí algo incómodo Cuando se agachó para atar el cordón De mi zapato Envuelto en tristeza
Encendió la llama de la estufa Y me pasó la pipa "Llegué a pensar que no me dirías hola", dijo "Pareces del tipo silencioso" Luego abrió un libro de poemas Y me lo tendió Escrito por un poeta italiano Del siglo trece Y cada una de las palabras sonó a verdad Y brilló como el carbón ardiendo Fluyendo de cada página Como si estuvieran escritas en mi alma De mí para ti Envuelto en tristeza
Viví con ellos en Montague Street En un sótano escaleras abajo De noche había música en los cafés Y revolución en el aire Luego él empezó a tratar con esclavos Y algo murió en su interior Ella tuvo que vender todo lo que poseía Y se volvió muy fría Y cuando se llegó a la situación límite Me volví introvertido Lo único que supe hacer Fue seguir siguiendo Como un pájaro que volara Envuelto en tristeza
Así que regreso ahora otra vez De alguna manera tengo que encontrarla Toda la gente que conocimos Son ahora un espejismo para mí Unos son matemáticos Otras son mujeres de carpinteros No sé cómo empezó todo esto No sé qué están haciendo de sus vidas Pero yo, yo sigo en el camino Rumbo a otro lugar Siempre sentimos lo mismo Sólo que lo vivimos desde un punto De vista distinto Envuelto en tristeza
Tangled Up in Blue (Blood on the Tracks, 1975) De la película Renaldo y Clara, dirigida e interpretada por Bob Dylan en 1975 (con Sara Dylan, Joan Baez, Ronnie Hawkins, Harry Dean Stanton, Sam Shepard, Allen Ginsberg, Rubin 'Hurricane' Carter...), y publicada en 1978
Buckets of rain
Buckets of tears
Got all them buckets
Comin' out of my ears
Buckets of moon beams in my hand
You got all the love
Honey baby you can stand.
I been meek
And hard like an oak
I seen pretty people
Disappear like smoke
Friends will arrive
Friends will disappear
If you want me
Honey baby I'll be here.
Like your smile
And your fingertips
Like the way that you move your lips
I like the cool way
You look at me
Everything about you is bringing me misery.
Little red wagon
Little red bike
I ain't no monkey but I know what I like
I like the way you love me
Strong and slow
I'm takin' you with me
Honey baby, when I go.
Life is sad
Life is a bust
All ya can do
Is do what you must
You do what you must do
And ya do it well
I'll do it for you
Honey baby, can't you tell?
***
Cántaros de lluvia* Cántaros de lágrimas Estoy más que harto De todos esos cántaros Cántaros de rayos de luna en mi mano Tengo todo el amor Cariño, que puedas soportar
He sido manso Y duro como un roble He visto a gente maravillosa Desaparecer como humo Amigos llegarán Amigos desaparecerán Si me deseas Cariño, estaré aquí
Me gusta tu sonrisa Y las yemas de tus dedos Me gusta el modo en que mueves los labios Me gusta la desapasionada manera En que me miras Todo lo que se refiere a ti me causa dolor
Carrito rojo Pequeña bicicleta roja No soy un mono pero sé lo que me gusta Me gusta la manera en que me amas Intensa y tranquila Te llevo conmigo Cariño, cuando me voy
La vida es triste La vida es una ruina Todo lo que puedes hacer Es hacer lo que debes Tú haces lo que debes hacer Y lo haces bien Yo lo haré por ti Cariño, ¿no te das cuenta?
* Rain (lluvia) suele utilizarse como sinónimo de tristeza.
Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.