Silvia Pérez Cruz

viernes, 20 de enero de 2012

Tempus fugit/10 - A su retrato (Soneto CXLV) - Sor Juana Inés de la Cruz - México

Sor Juana Inés de la Cruz
Dedicado a l@s abducid@s por la estética artificial.

(Procura desmentir los elogios que a un retrato de
la poetisa inscribió la verdad, que llama pasión)


Este que ves, engaño colorido
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;

éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,

es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:

es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana, sor Juana Inés de la Cruz, la Décima Musa, es una de las personalidades más destacadas del Barroco y uno de los clásicos de la literatura mexicana, como demuestran los escritos que le han dedicado plumas tan relevantes como la de Octavio Paz, Pedro Salinas o Américo Castro. Aunque sor Juana, tal y como señala Pedro Salinas "no nos interesa por lo que fue, por lo que hizo, sino por lo que quiso ser, por lo que podía haber hecho. Y el drama de sor Juana estriba en las peripecias entre su ser y su querer, entre las voluntades de su íntima naturaleza y las negaciones que el mundo en que existía le fue poniendo por delante".
De precoz inteligencia, insistió mucho para que la enviasen vestida de hombre a la Universidad de México; como su deseo no fue atendido se dedicó a leer los numerosos libros de la biblioteca de su abuelo. Celebrada por su inteligencia, cortejada por su belleza, Juana se convirtió en el centro de atracción de la corte virreinal. Pero, de repente, decidió hacerse monja, sin que se sepa claramente la causa.
Es con sor Juana la primera vez en la historia de nuestra literatura que una mujer habla en nombre propio y defiende a su sexo con gracia e inteligencia. Y tanto en esas como en todas sus composiciones consiguió dar la nota humana, honda y viva, que se iba perdiendo en la magnífica púrpura formal del gongorismo.
Sus poesías, a las que hay que añadir algunas obras de teatro y composiciones musicales, han seguido las vicisitudes del Barroco. Fama en vida de la autora, desinterés y repudio posterior, hasta llegar al siglo XX, en el que vuelve a apreciarse en todo su valor.
[De la reseña a las "Poesías Escogidas", de Aguilar, S. A. de Ediciones, 1990]

4 comentarios:

Gatopardo dijo...

¡Qué pureza!

Juan Nadie dijo...

Extraordinaria mujer Sor Juana Inés. Se hizo monja lo mismo que podría haberse hecho cualquier otra cosa, pero su celda conventual fue en su tiempo el polo de la vida cultural de México, ni más ni menos.

marian dijo...

Vamos, ella y yo...uña y carne.

Juan Nadie dijo...

Qué más da que fuera monja, eso sólo es una circunstancia de la época en que le tocó vivir, porque se adelantó a su tiempo, y de qué manera. Pondré algún poema más de Sor Juana, seguro.