Silvia Pérez Cruz

sábado, 21 de agosto de 2010

Beatus ille/1 - Dum tu forsitan inquietus erras... - Marco Valerio Marcial - Hispania

Escena agrícola en un mosaico romano
Dum tu forsitan inquietus erras
calmosa, Juvenalis, in Suburra*
aut collem dominae teris Dianae;
dum per limina te potentiorum
sudatrix toga ventilat vagumque
maior Caelius et minor fatigant:
me multos repetita post Decembres
accepit mea rusticumque fecit
auro Bilbilis et superba ferro.
Hic pigri colimus labore dulci
Boterdum Plateamque –Celtiberis
haec sunt nomina crassiora terris-:
ingente fruor improboque somno
quem nec tertia saepe rumpit hora,
et totum mihi nunc repono quidquid
ter denos vigilaveram per annos.
Ignota est toga, sed datur petenti
rupta proxima vestis a cathedra.
Surgentem focus excipit superba
vicini strue cultus iliceti,
multa vilica quem coronat olla.
Venator sequitur, sed ille quem tu
secreta cupias habere silva;
dispensat pueris rogatque longos
levis ponere vilicus capillos.
Sic me vivere, sic iuvat perire.
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Mientras tú, Juvenal, te abres paso agitado,
entre los ruidos mil de la Suburra*,
o mientras subes hacia el Aventino;
mientras por los umbrales de los poderosos
ondea al aire tu toga sudada,
y fatigado vas y vienes
por el Celio mayor y el menor,
mi Bilbilis –a donde he vuelto-,
tierra soberbia por sus minas
de oro y de hierro,
tras muchos años me ha recuperado,
y ella me ha convertido en campesino.
Aquí, tranquilo, sin más esfuerzo que el que dicta mi pereza,
me recreo por Boterdo y por Platea,
-estos son nombres rudos de tierras celtíberas-,
gozo horas de sueño profundo
y reparador que no interrumpe,
a veces, ni la hora tercia
y, así, recupero lo que en treinta años
no pude dormir.
Ni me acuerdo de la toga; cuando la pido,
me alcanzan una túnica que tengo cerca,
sobre una silla desvencijada.
El fuego, cuando me levanto,
ya me espera con un montón de leña
del encinar cercano, y con corona de ollas
que puso la granjera;
acude un cazador que tú querrías
encontrarte en la apartada selva;
un granjero imberbe
reparte las raciones a los siervos,
y les ruega
que hagan cortar
la larga cabellera.
Así quiero vivir y así morir.

* La Suburra (De suburbium, fuera de la urbs) era el barrio más bajo y popular de la ciudad de Roma. Aquí se encontraban las peores tascas y tabernas de la ciudad, y en él tenían cabida todo tipo de delitos. Un poco como Harlem en Nueva York.

Traducción del latín de Esperanza Ducay para la edición de los Epigramas de Marcial, de Guara Editorial (1986)

Desde que existe la civilización, tanto en Oriente como en Occidente, los poetas nunca han dejado de cantar las excelencias de la vida retirada y sencilla y el disfrute de las cosas simples y cotidianas, lejos de los apremios de la ciudad: lo que el cántabro de Treceño Fray Antonio de Guevara (1480-1545) llamaba Menosprecio de corte y alabanza de aldea.

El hispano-romano Marco Valerio Marcial, paradigma de poeta satírico y desengañado, dedicó este poema a su colega Juvenal cuando, después de vivir largos años en Roma, se retiró a su tierra natal de Bilbilis, actual Calatayud.

1 comentario:

Logan y Lory dijo...

Además de obligarnos a repasar nuestro olvidado latin nos has ofrecido un magnífico poema en el que se recrea esa forma de vida lejos de la gran urbe romana, desconocido para nosotros y un placer poder leerlo hoy aqui.

Un abrazo, amigo Juan.