Silvia Pérez Cruz

domingo, 30 de diciembre de 2007

Ya no quedan esperanzas de - Julio Cortázar - Argentina

Unplugged
El living de casa es muy grande, pero de ahí a pensar que Roberto

Hay pocos muebles y eso deja mucho espacio para moverse cuando los parientes y los amigos vienen a tomar una

Yo en el sillón al lado de la lámpara y mi mujer casi siempre en la silla baja cerca de la

Mesas no hay más que una, larga y angosta, que usamos para

Se puede circular cómodamente, mirar los estantes de la biblioteca y sentarse en la banqueta adosada a la

Creo que Roberto iba precisamente a sentarse cuando en mitad del living

Serían las veintidós o las veintidós y diez, Pablo y los Mounier dicen una cosa y mi mujer

Serían las veintidós y cinco para no

Lo que importa es que precisamente en ese momento Roberto iba a decirle algo a la señora de Cinamomo, como si

Había sacado un cigarrillo y se lo estaba poniendo en la boca cuando encalló y

Todos oímos el golpe y mi mujer levantó la vista del tejido y miró a Roberto como si no pudiera

Los Mounier que estaban sentados en el suelo cerca de la chimenea

Yo que tenía en la mano la copa de

Un golpe sordo y Roberto encallado y mirándose los pies como si fuera algo tan

Mi mujer siempre había dicho que ahí en el medio del living podía

Pablo no, Pablo estaba seguro de que nunca

Por mi parte no me gusta meterme, aunque debo decir que Roberto hubiera podido muy bien

Reconozco con todo que sin previo aviso es comprensible que un hombre

Debía ser muy raro con el cigarrillo en la boca, porque se lo sacó y lo sostuvo entre dos dedos mientras

La señora de Cinamomo no parecía haber encontrado nada más inteligente que hacer señas con

Los Mounier desde el suelo podían ver mejor y cambiaban impresiones en voz

Parecía ser el pie izquierdo porque Roberto se echaba hacia atrás apoyándose en

-Habría que -dijo mi mujer después de

-Esperá un poco si -aconsejé yo que por principio

A veces todo parece tan grave y al final

-Quién sabe la profundidad que puede haber en esa parte del -dijo Pablo, como si todos nosotros no

A mí siempre me ha fascinado la palabra toesas, desde

-Tire el cigarrillo, porque -sugirieron los Mounier mostrando

Y también balizas, escollera, bajamar, galerna, mesana y

Probablemente por miedo a un incendio que no haría más que

No eran todavía las diez y media y Roberto podía confiar en

Pero a nadie se le iba a ocurrir acercársele con la bandeja del café, máxime cuando ya

-Fragor, como si -dijo Pablo, que de todos modos era el menos

Desde donde estaban, los Mounier podían juzgar el avance de

Yo creo que gritó una o dos veces, pero en esos casos es difícil

-Habría que echarle un cabo -dije yo que en esos casos- o tal vez si la alcanzáramos el mango de una

Parece tan simple, pero en un living

-Cualquier cosa para -dijo la señora de Cinamomo, mientras- porque lo importante es hacer algo a fin de que
Dijo eso, exactamente, como si nosotros

Ya para entonces los Mounier estaban seguros de que los dos pies

-No creo que funcionen, se ve que -dijo Pablo, que de todos nosotros era el más

Pensé que hablaba de las bombas de achicar, porque en efecto la

Al final se había decidido a tirar el cigarrillo, probablemente para poder

Se lo veía como un bastoncillo blanco que oscilaba y

En esos casos se piensa en una gaviota, nunca en el alción que es

-Si ha tenido tiempo de transmitir la latitud a -dijo Pablo, como si

Yo pensaba en dos palabras: mensaje inalámbrico, que en estos tiempos ya no

A mi mujer le parecía que las rodillas

A mí también, pero para qué alarmar cuando todavía

Tal vez telefoneando, pero si había que explicar que

A los Mounier se les había ocurrido alcanzarle una silla aunque debía parecerles un poco

Con los Mounier nos conocíamos, pero no había tanta confianza como para

-Le llega a la cintura, y eso que -dijo Pablo, con esa manera de

Mi mujer clavó las agujas en el ovillo y me miró, tal vez para que yo

No era tan fácil, en primer lugar había que comprender las

Todos disimulábamos para no afligir más a Roberto, aunque

Además no era cosa de que escuchara la sirvienta, porque ya se sabe que los de fuera no

Desgraciadamente los aullidos eran cada vez más

-Son los albatros, me acuerdo de una vez en -decía la señora de Cinamomo y señalaba hacia

Unos de los Mounier empezó a hacer movimientos natatorios sin darse cuenta de que

El otro, más consciente de

Yo aprecié el gesto, porque en una casa de gente educada

-Uno se pregunta si no valdría más que de una vez por todas -dijo mi mujer mirando a

Expresaba el sentimiento unánime de

Pablo fue a cerrar mejor la ventana y las puertas, porque si

Aunque se notaba que cada vez

La palabra sería borborigmo

No es una bella palabra, aunque la sinceridad obliga a una

-Se diría una medusa que empieza a -murmuró la señora de Cinamomo que siempre

Un poco, sí, porque el pelo

Como finísimos dedos abriéndose y cerrándose con

Mi mujer salió llevando la taza de café sobrante, y a todos nos pareció

Son esos gestos que uno agradece sin palabras, porque

Al fin y al cabo en una casa como la nuestra en que

Nadie podrá decir que no se hace lo posible para

El más difícil aún: un poema a base de sobreentendidos

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