Chet Baker - Like Someone In Love

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viernes, 20 de julio de 2018

Literatura y ciencia/ 33 - Windows 98 - Mario Benedetti - Uruguay


Antes del fax del módem y el e-mail
la vergüenza era sólo artesanal
la mecha se encendía con un fósforo
y uno escribía cartas como bulas

antes los besos iban a tu boca
hoy obedecen a una tecla send
mi corazón se acurruca en su software
y el mouse sale a buscar el disparate

cuando me enamoraba de una venus
mis sentimientos no eran informáticos
pero ahora debo pedir permiso
hasta para escribir con el news gothic

te urjo amor que cambies de formato
prefiero recibirte en times new roman
mas nada es comparable a aquel desnudo
que era tu signo en tiempos de la remington.

martes, 12 de junio de 2018

Literatura y ciencia/ 32 - Los números transfinitos (los Alef de Georg Cantor) - José Florencio Martínez - España


No sino sombra son que se conjuga,
engranajes de sombra de lo no comprensible,
grietas de sombra densas, desgajadas
de las manos de un dios como migajas.

Pies de lo intransitable, luz
de lo nunca diáfano, agua de sombra
de la insaciable sed de trascendencia.

Casi sois nuestros, peces abisales,
y hasta la infinidad seremos vuestros.

Donde la nada toca a Dios.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Literatura y ciencia/ 31 - Newton - Federico García Lorca - España


NEWTON

En la nariz de Newton
cae la gran manzana,
bólido de verdades.
La última que colgaba
del árbol de la Ciencia.
El gran Newton se rasca
sus narices sajonas.
Había una luna blanca
sobre el encaje bárbaro
de las hayas.


EN EL BOSQUE

Los gnomos
de los secretos
se mesan
los cabellos.
Amarran a la Muerte
y ordenan a los ecos
que despisten al hombre
con sus espejos.
En un rincón
está el secreto
revelado,
muerto.
Lo lloran
sus compañeros.
Es un joven azul
con los pies de hierro
que tiene entre las cejas
un lucero.
Lo lloran
sus compañeros.
El lago verde tiembla.
Hace viento.


ARMONÍA

Las olas
riman con el suspiro
y la estrella
con el grillo.
Se estremece en la córnea
todo el cielo frío,
y el punto es una síntesis
del infinito.
¿Pero quién une olas
con suspiros
y estrellas
con grillos?
Esperar que los Genios
tengan un descuido.
Las claves van flotando
entre nosotros mismos.


EL ÚLTIMO PASEO DEL FILÓSOFO

Newton
paseaba.
La muerte lo iba siguiendo
rasgueando su guitarra.
Newton
paseaba.
Los gusanos roían
su manzana.
Sonaba el viento en los árboles
y el río bajo las ramas.
Wordsworth hubiera llorado.
El filósofo tomaba
posturas inverosímiles
esperando otra manzana.
Corría por el camino
y tendíase junto al agua
para hundir su rostro en
la gran luna reflejada.

Newton
lloraba.

En un alto cedro dos
viejos búhos platicaban
y en la noche lentamente
el sabio volvía a su casa
soñando inmensas pirámides
de manzanas.


RÉPLICA

Adán comió la manzana
de la virgen Eva.
Newton fue un segundo Adán
de la Ciencia.
El primero conoció
la belleza.
El segundo un Pegaso
Cargado de cadenas.
Y no fueron culpables.
Las dos manzanas eran
sonrosadas
y nuevas
pero de amarga
leyenda.
¡Los dos senos cortados
de la niña inocencia!


PREGUNTA

¿Por qué fue la manzana
y no
la naranja
o la poliédrica
granada?
¿Por qué fue reveladora
esta fruta casta,
esta poma suave
y plácida?
¿Qué símbolo admirable
duerme en sus entrañas?
Adán, Paris y Newton
la llevan en el alma
y la acarician sin
adivinarla.

lunes, 7 de mayo de 2018

Literatura y ciencia/ 30 - Que se quede el infinito sin estrellas... - Severo Sarduy - Cuba


Que se quede el infinito sin estrellas,
que la curva del tiempo se enderece.
Y pierda su fulgor, cuando se mece
un planeta en su abismo y en las huellas

del estallido primordial. Aquellas
noticias recibidas del comienzo
de las galaxias, del vacío inmenso,
hoy son luz fósil. Paradojas bellas

que anuncian por venir lo transcurrido
y postulan pasado lo futuro.
Universo del pensamiento puro:

un espacio que fluye como un río
y un tiempo sin presente, opaco y frío.
El tiempo de la espera y del olvido.

lunes, 29 de enero de 2018

Literatura y ciencia/ 29 - El número aúreo o divina proporción - Rafael Alberti - España


El número aúreo o proporción aúrea o divina proporción es un número irracional (de infinitos decimales no periódicos) representado por la letra griega φ o Φ (Phi, leído "fi"), en honor al escultor Fidias, que lo utilizaba conscientemente como valor estético. Al número φ se puede llegar por varios caminos, pero diremos que es la solución positiva de la ecuación de segundo grado: φ2-φ-1=0, es decir (1+√5)/2 = 1,618033988749...

Dicho número es una proporción (razón, se dice en matemáticas) muy curiosa que se da en un rectángulo con propiedades también muy singulares y que se conoce como "rectángulo de oro". Se obtiene a partir de un cuadrado, añadiéndole, según muestra la figura, un rectángulo de base b, de tal manera que tenemos dos rectángulos: el añadido BEFD el mayor AEFC. Pues bien, la razón o cociente entre los lados de cada uno de ellos es la misma, es decir: c / a = a / b o, si lo prefieren, CF /AC = EF / DF, y esa razón es el número Φ. Los pitagóricos lo consideraban el "número de oro".




El número aúreo se ha utilizado consciente o inconscientemente a lo largo de la historia en todo tipo de manifestaciones artísticas: pintura, arquitectura, escultura... Incluso en la música: Beethoven, Mozart, Debussy... etc, lo utilizaron en sus composiciones aun sin saberlo.

Seguramente todo lo que nos resulta bello en la naturaleza y en las artes lleva escondida (o a la vista) la "divina proporción".


A ti, maravillosa disciplina,
media, extrema razón de la hermosura,
que claramente acata la clausura
viva en la malla de tu ley divina.

A ti, cárcel feliz de la retina,
áurea sección, celeste cuadratura,
misteriosa fontana de mesura
que el Universo armónico origina.

A ti, mar de los sueños angulares,
flor de las cinco formas regulares,
dodecaedro azul, arco sonoro.

Luces por alas un compás ardiente.
Tu canto es una esfera trasparente.
A ti, divina proporción de oro.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Literatura y ciencia/ 28 - Fragmento de Archipiélago Gulag - Alexandr Solzhenitsin - Rusia


Primera parte: La industria penitenciaria
Los Ribetes Azules

En 1918-1920 corría el rumor de que en la Cheká de Petrogrado y la de Odessa no fusilaban a todos los condenados, sino que a algunos los echaban (vivos) a las fieras de los zoológicos de dichas ciudades. No sé si es cierto o es un infundio. Y si se dieron casos, tampoco sé cuántos. Sea como sea, no me pondría a buscar pruebas: mejor tomemos prestado el método de los Ribetes Azules1 y propongámosles que sean ellos quienes demuestren que eso es imposible. Con el hambre que había durante aquellos años, ¿de dónde iban a sacar carne pura para los zoológicos? ¿Es que se la iban a racionar a la clase obrera? Si eran enemigos, condenados a morir de todos modos, ¿por qué no contribuir con su muerte a la cría de fieras en la república y acelerar así el advenimiento del porvenir? ¿Acaso no es coherente?

Esta es la raya que no podía atravesar el malvado shakespeariano, pero los malvados con ideología la atraviesan, sin que se perturbe su mirada.

En física se habla de magnitudes o fenómenos de umbral. Son aquellos que no se producen hasta franquear cierto umbral que la naturaleza conoce y ha codificado. El litio, por más que se ilumine con luz amarilla, no cede electrones, pero apenas se encienda una débil luz azulada éstos se desprenden (se habrá atravesado el umbral fotoeléctrico). Si enfriamos oxígeno por debajo de los cien grados, el gas soporta cualquier presión, no lograremos rendirlo. Pero si sobrepasa los ciento dieciocho se derrama, se torna líquido.

Por lo visto, la maldad también es una magnitud de umbral. Sí, el hombre vacila y se debate toda la vida entre el bien y el mal, resbala, cae, trepa, se arrepiente, se ciega de nuevo, pero mientras no haya cruzado el umbral de la maldad tiene la posibilidad de echarse atrás, se encuentra aún en el campo de nuestra esperanza. Pero cuando la densidad o el grado de sus malas acciones, o el carácter absoluto de su poder le hacen saltar más allá del umbral, abandona la especie humana. Y tal vez para siempre.
Traducción de Josep Mª Güel y Enrique Fernándes Vernet
Alexandr Solzhenitsin

1 El uniforme de los Agentes de la Seguridad del Estado lleva ribetes y galones azules.

martes, 8 de agosto de 2017

Literatura y ciencia/ 27 - Hidrógeno - Eduardo Jordá - España


Del dolor y del tiempo, ¿qué saben las estrellas?
En su yerta sustancia de ceniza
no hay finitud ni angustia, día y noche.
¿Cómo van a poder guiar nuestros pasos?
Nada ansían ni temen, nada sueñan.
Su principio vital es el hidrógeno
con una porción de helio. Y eso basta.
Todo es allí perfecto, indestructible:
la alegría es tiniebla; el fin, aurora.

Nuestro hidrógeno es tiempo y es dolor,
dos sustancias que nunca hallará un físico.
Nuestro helio es la estrella fugaz de los deseos
y ese vencejo gris que ahora pasa.
Y quizá algunas cosas que nos siguen
y a las que perseguimos, sin saber bien por qué.
Una mujer desnuda, el susurro de un maizal.
Las nubes fugitivas, el agua transparente.
Y una sonrisa, un plástico, una foto.
Cosas que nos explican porque existen
más allá de nosotros, sin nosotros.
Cosas que dejaremos a los desconocidos.
Cosas que todo el mundo olvidará.
Cosas que existirán, tercas, leales,
cuando nadie se acuerde de nosotros.

martes, 30 de mayo de 2017

Teorema de Gauss // Se subasta un amante - Tino Barriuso - España


Tino Barriuso, burgalés de pro, novelista, dramaturgo, columnista, bloguero, profesor de Física (y... ay, de Química, decía), político, pero sobre todo poeta, murió repentinamente el viernes pasado en su querida ciudad de Burgos. Descanse.

Teorema de Gauss

(Esa niña ha cambiado...) "El teorema
requiere definir primero el flujo..."
(por los ojos absortos vaga un brujo
y lo que fue cadera es un poema)
             
"Pero el ángulo sólido... ¿Perdón?"
(es inútil; no saben geometría
salvo en su forma más audaz: María
dibuja lentamente un corazón)
                           
Por la ventana, a golpes, entra mayo,
se hospeda en venas de verdor, y estalla
un no sé qué que balbuciendo calla,
un sonoro y hondísimo desmayo...
           
Párpados vuelven rosa ese zafiro,
ese volcán de tiempo en que me miro.
De Paloma sin alas


Se subasta un amante

Se subasta un amante,
señoras y señores:
aporta un pedigree más bien confuso
y es cierto que padece
una anticuada propensión al llanto.
               
Sustituye
la ausencia de mejores documentos
con un sello de escuela ternurista
que recuerda
-si bien con las reservas que son propias-
ciertas obras maestras del pasado.
               
Se nota,
en cualquier caso,
que el acabado es malo: pero observen
el notable rigor del colorido
y la gracia secreta de algún rasgo.
               
No oculto
              -ya conocen
la honestidad probada de esta casa-
que está muy maltratado últimamente
mas acaso se pueda
restaurar con dos capas de cinismo
y permitir que sirva
de adorno en el salón de alguna dama
capaz de limitar sus pretensiones.
               
Se subasta
               barato
sin precio de salida:
                                  hay esperanzas
de que su buen sonido
y un aire vagamente prestigioso
interese un poquito
al buen gusto de ustedes
                                   -se supone
que dejará algún día de llorar-.

lunes, 8 de mayo de 2017

Literatura y ciencia/ 25 - Canto contra el Segundo Principio de la Termodinámica - Gabriel Celaya - España


Vamos hacia el fin, la neutra igualdad
Y el ¡qué más da!
Todo se apagará.
Mas ¡qué escándalo es la vida cada día!
¡Y qué error el del sexo
multiplicado multiplicante contra la entropía!
Vivimos en la hermosura de una enorme tontería
provisional, ya sabemos:
Belleza para nosotros, disparate para el cero
que fusila en absoluto
y nos retrata, tan niños, felices como idiotas,
parados en un momento
que vivimos y ya nunca viviremos
salvo en cuento,
aunque entonces -¡aquel día!- parecía
que podría seguir, que seguiría
por los siglos de los siglos transfinitos.
A fin de cuentas, ¿quién vive?
Nadie nos espera. Nadie nos persigue.
disfrutemos sin prisa de la idiotez mortal.
Si todo da igual,
llamemos divino, contra la entropía, lo provisional.

domingo, 2 de abril de 2017

Literatura y ciencia/ 24 - Narciso - Juan Malpartida - España


A ver, a ver, me digo, mientras subo las escaleras de mi casa, mientras bajo las escaleras para salir a la calle, a ver a ver, me digo al sentarme en esta mesa a escribir, al abrir un nuevo o viejo libro. Ah, aquella vieja bacteria, o aquella célula eucariota, tan lejana y, sin embargo, aquí mismo tras unos millones de años de evolución y déjame que yo lo hago mejor, muto, me adapto al medio, y me afirmo y me complico. Y ahora miren el ojo, desde la retina compuesta de calcita del trilobites al de la mosca: barroca catedral en cuyo centro baila un delicioso grano de azúcar. Y dicen que es sólo por vivir, complejidades del gen para mantener su élan afirmativo pese a quien pese, aunque Bach y el tiempo que Proust recobró sub specie literaria… A ver, me digo mientras cierro los ojos y caigo en los brazos de la primera muchacha, en el paleolítico. A ver, esta tarde en la que decido no hacer nada salvo reírme de Buda, de Sócrates, de Cristo, del progreso y de la nostalgia, de las mañanas de domingo del franquismo, de los libros que he coleccionado como si fueran la eternidad en pedazos, sabiendo que la eternidad es opuesta al tiempo, que es el vivir. Y luego sufro por el pájaro que se posa en mi balcón, y por el buey cuyo fragmento he devorado al mediodía, y por el hambre de los animales y el hambre del hombre. Un día los árboles, cansados de nuestras aceras y asfaltos, nos ahogarán: se confabularán para no producir oxígeno, ese detritus que respiramos a pleno pulmón. Los árboles y las plantas suspenderán un rato su vieja tarea de fotosíntesis, y al fin se quedarán solos, sin los animales, cierto, sin el hombre, verdísimos al fin de clorofila, ocupando los nichos que antes hemos explotado. Alguna flor echará de menos al insecto, a la boca que traga y defeca donde nuevamente germina, pero a cambio se extenderán por el planeta, ya sin tráfico, ni ruidos, ni cortadoras de césped. A ver, a ver, me digo. Pero me compadezco, mientras bajo a la calle a buscar una botella de vino y un poco de jamón, me compadezco porque los genes se han empeñado en dotarnos de una laringe más baja, con ese huesito hioides, en fin, para que hablemos y así, de unos a otros, nos pasemos la información, sujeta a la memoria y al error, a las lenguas y las mutaciones, las correcciones, las notas a pie de página, los diálogos y sus comentarios ergotistas, el verso yámbico, el juglaresco, la boba admiración de los conceptos, la música que recrea y enamora, la energía igual a la masa por el cuadrado de la velocidad de la luz, la dilatación del tiempo, en fin: ¿sabe el gen que con una cierta organización de la materia y del lenguaje, con nuestros dos pares de veintitrés cromosomas, se está contemplando en las fluidas aguas del tiempo? Ah, qué tarde tan melancólica.

lunes, 13 de marzo de 2017

Literatura y ciencia/ 23 - La Vía Láctea - Justo Jorge Padrón - España


Busquemos, elijamos el centro de la vida
entre trillones de galaxias mudas,
una, quizás la más extraviada.
Crucemos por la noche inquebrantable
a través de la lumbre del misterio
hasta llegar sin pausa al hogar encendido.
Allí, en un rincón apartado del orbe,
girando en la hermosura de sí misma,
iluminada por difusos nimbos
de rotundas estrellas transparentes,
se yergue en los jardines siderales,
esta casa común: la Vía Láctea.

Tras el filo avizor de distancias remotas,
cerrados laberintos, espirales de nieblas,
esbozan los perfiles de globulares cúmulos,
astros insolidarios, altivas supernovas
brillando incandescentes como un millón de soles;
los agujeros negros, donde todo se olvida
en su voracidad de fauces pantanosas;
planetas sojuzgados por el frío,
esparsiles silentes con lunas clausuradas,
cárdenos asteroides vagabundos,
hostiles como el odio o la traición;
traslúcidos luceros tan cálidos y jóvenes
con el brillo candeal de su semilla
para poner erguido el aura de los sueños.

Cada solar sistema es una red,
un ámbito fluyente de apariciones súbitas
y desapariciones, creación, destrucción,
en incesante y lento transcurrir.
Al entrar en el nuestro, hay enjambres,
moléculas orgánicas que rodean a Helios
exhalación lumínica de indómitos cometas.
Son heraldos del sol que atraviesan sus lindes
descubriendo a los astros apagados
y a fugitivos cuásares que alumbran
un pujante universo desbordándose.

Plutón, el más distante de los mundos fraternos,
cubierto por su capa de metano glacial,
acompaña a su luna solitaria, Caronte.
Giran planetas turbios, monarcas del silencio,
proscritos por secretas lejanías.
Neptuno, en la luz verde de su cetro invisible,
vigía de las cósmicas honduras,
con Tritón y Nereida como amantes.

Urano, el enigmático, envuelto por su atmósfera
de ponzoñosas densidades frías.
y luego el rey de reyes, Saturno, el coronado
por cuatro aros concéntricos, rodeado de gemas
de todos los relumbres galaxiales.
Su séquito, de quince efebos mitológicos,
le despliegan la música imantada
de sus tenues esferas misteriosas.

Despierta, ciego, Júpiter tonante
en llanuras de hidrógeno y fáusticos relámpagos,
viento derrochador con titanes candentes.
Una esfera vislumbro ardiendo entre sus dunas.
Sus cárdenos volcanes amenazan.
Huracanes de arenas fugitivas
recorren el paisaje pedregoso de: Marte, rojo como la sangre
turbulenta.

El calor de dos lumbres en la distancia hermosa,
detiene la mirada. Son Venus y Mercurio.
Sus fuegos dialogantes nos contemplan.
Una luz acerada de acetileno astral,
atraviesa, nos fija desde dentro
para darnos la fe resplandeciente
de los sueños invictos, la espada luminosa
que hiende los temores más tenaces.

Y de súbito algo nuevo nos estremece.
Brisas, nubes, vergeles de la Tierra
colman nuestros sentidos de reconocimiento.
Frágil planeta azul, inmenso y cálido
que atraviesa los aires, los milenios,
llevando nuestros ojos, durmiendo nuestras almas,
haciéndonos ceniza, frondosidad de bosques,
latidos o recuerdos de las vidas que fuimos.
Los Planetas - Gustav Holst
Coro del Conservatorio de Nueva Inglaterra
Orquesta Sinfónica de Boston
Director: William Steinberg

domingo, 19 de junio de 2016

Literatura y ciencia/ 22 - En la piel del agua - Carlos Perrotti - Argentina


En la piel del agua
Una piedra quiebra la calma
(La inmóvil ciega superficie del espejo
Donde su imagen se hunde
Sin llegar a ser reflejo)
Abriendo ecos concéntricos
Hasta los márgenes del silencio

martes, 8 de diciembre de 2015

Literatura y ciencia/ 21 - El túnel - Andrés Neuman - Argentina-España


Lo dicen los maestros de energía:
hay traviesas partículas capaces
de atravesar una barrera sólida,
¡la fuerza se disgrega como el agua!
Los científicos clásicos lo niegan.
Los presentes predican lo increíble
y lo bautizan el Efecto Túnel.
El impulso del alma
no quiere respetar al señor Newton,
se postula invadiendo las fronteras.
Artesana, en el tránsito
urgente de tocarte
apoyaré este peso luminoso
y moveré mi asombro al otro lado
de la barrera tensa de tu piel,
en el punto pensante
que alumbra tras la boca de los túneles.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Microrrelatos/ 17 - Literatura y ciencia/ 20 - Diálogo de dos extranjeros que toman café en un salón de Berkeley - William Ospina - Colombia


-¿Es verdad, señor Einstein, que ustedes, los científicos, creen en un mundo fuera de la conciencia humana?
-Hay una realidad más allá de nosotros. Toda verdad humana sólo deriva de ella.
-Ah, no diga usted eso. Yo sólo puedo hablar de lo que he percibido.
-Señor Tagore, escúcheme: la suma de los ángulos interiores de un triángulo sería igual a dos rectos aunque no hubiese humanos.
-¿Y quién puede probar semejante supuesto?
-La razón, pues sus leyes imperan para todos. Budistas, musulmanes, pielesrojas, albinos... nadie puede evadir los axiomas del mundo.
-Sólo porque aquí hay hombres son verdad esas cosas.
-¿Afirma usted entonces que si no hubiera humanos, el Apolo de Belvedere dejaría de ser bello?
-Sí señor, eso digo.
-Pues yo pienso otra cosa. Aunque todos muriéramos, y el sueño de la especie se borrara, fuera de nuestras mentes persistiría el mundo, y el mármol, ya invisible, guardaría su belleza.
-Entonces, señor Einstein, usted es mucho más religioso que yo.

sábado, 25 de julio de 2015

Literatura y ciencia/ 18 - ILEANA: la Galaxia de Andrómeda... - Ernesto Cardenal - Nicaragua

Galaxia de Andrómeda
ILEANA: la Galaxia de Andrómeda,
a 700.000 años luz,
que se puede mirar a simple vista en una noche clara,
está más cerca que tú.
Otros ojos solitarios estarán mirándome desde Andrómeda,
en la noche de ellos. Yo a ti no te veo.
Ileana: la distancia es tiempo, y el tiempo vuela.
A 200 millones de millas por hora el universo
se está expandiendo hacia la Nada.
Y tú estás lejos de mí como a millones de años.

lunes, 1 de junio de 2015

Literatura y ciencia/ 16 - La diferencia entre el arte y la ciencia - Roald Hoffmann - Polonia-Estados Unidos


para Jorge Calado
De esta pintura de Munch,
una persona sufriendo sobre un puente,

las manos sobre sus oídos, el observador
podría raspar una minúscula

mota naranja, podría
ponerla sobre un portaobjetos, sintonizar

los rápidos rayos que giran
bajo los aparcamientos y los estadios

de fútbol, aguijoneados por el empujón
etéreo de los imanes, enfocar, porque ese

es su oficio, las partículas de sonda
(lujosas piedras calibradas)

para su desgarrador, dibujado impacto
en la pintura. Lo que se busca

es la fuerza del grito.
Pero la intromisión de la partícula es

muy fuerte, libera sólo
moléculas de pintura, en patente

demostración del Principio
de Incertidumbre. La pintura cuelga;

el cielo noruego y el puerto
recogen el grito, reflejándolo

hacia el cráneo del observador.
Allí, resonando, se produce el cambio.

miércoles, 14 de enero de 2015

Literatura y ciencia/ 19 - El geólogo - William Ospina - Colombia


Aquí hubo un mar hace un millón de años.
El hombre no lo sabe, más la piedra se acuerda.
Pártela: hay un cangrejo en sus entrañas,
todo de piedra ya, forma magnífica
que se negó a ser polvo.
Ante el peñasco y el guijarro, piensa
que acaso fueron seres dolorosos,
sangre y pulmones palpitantes.
Entre la ciega roca
y el trémolo extasiado de la salamandra
tan sólo hay tiempo.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Literatura y ciencia/ 15 - Soneto a la Ciencia - Edgar Allan Poe - Estados Unidos


¡Oh ciencia, verdadera hija de la antigüedad,
Que todo lo alteras con tus penetrantes ojos!
¿Por qué te ensañas con el corazón del poeta,
Cual buitre cuyas alas son la gris realidad?

¿Cómo podría él amar o tener por sabia
A quien no le permite que en sus ensoñaciones
Busque las joyas que rutilan en el firmamento,
A donde se remonta en intrépido vuelo?

¿No has sacado tú a Diana de su carro?
¿No has expulsado a la dríada del bosque
Obligándola a refugiarse en planeta más feliz?

¿No has arrancado a la náyade de sus aguas,
al elfo de la verde hierba, y a mí
del sueño estival bajo el tamarindo?

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Literatura y ciencia/ 14 - Fragmento de Prosa del observatorio - Julio Cortázar - Argentina


[...] cómo decirlo de otra manera más inteligible, profesor Fontaine, escribirle a la señora M.-L. Bauchot,
estimada señora Bauchot,
esta noche he visto el río de las anguilas
he estado en Jaipur y en Delhi
he visto las anguilas en la rue du Dragon en París,
y mientras cosas así me ocurran (hablo de mí por fuerza, pero estoy hablando de todos los que salen a lo abierto) o mientras me habite la certeza de que pueden ocurrirme,
no está todo perdido porque
señora Bauchot, estimada señora Bauchot, le estoy escribiendo sobre una raza que puebla el planeta y que la ciencia quiere servir, pero mire usted, señora Bauchot, su abuela fajaba a su bebé,
lo volvía una pequeña momia sollozante
porque el bebé quería moverse, jugar, tocarse el sexo, ser feliz con su piel y sus olores y la cosquilla del aire,
y mire hoy, señora Bauchot, ya usted creció más libre, y acaso su bebé desnudo juega ahora mismo sobre el cobertor y el pediatra lo aprueba satisfecho, todo va bien, señora Bauchot, sólo que el bebé sigue siendo el padre de ese adulto que usted y la señorita Callamand definen homo sapiens,
y lo que la ciencia le quitó al bebé la misma ciencia lo anuda en ese hombre que lee el diario y compra libros y quiere saber,
entonces, la enumeración la clasificación de las anguilas
y el fichero de estrellas nebulosas galaxias, vendaje de la ciencia:
quieto ahí, veinticuatro, sudoeste, proteína, isótopos marcados.
Libre el bebé y fajado el hombre, la pediatra de adultos, Dama Ciencia abre su consultorio, hay que evitar que el hombre se deforme por exceso de sueños, fajarle la visión, manearle1 el sexo, enseñarle a contar para que todo tenga un número. A la par la moral y la ciencia (no se asombre, señora, es tan frecuente) y por supuesto
la sociedad que sólo sobrevive
si sus células cumplen el programa.
Atentamente la saludo.

    Esta carta infundirá en la señora Bauchot la horrenda sospecha de que los brontosaurios saben escribir, por eso una postdata gentil, no me entienda mal, querida señora, qué haríamos sin usted, sin Dama Ciencia, hablo en serio, muy en serio,
pero además está lo abierto, la noche pelirroja, las unidades de la desmedida, la calidad de payaso y de volatinero y de sonámbulo del ciudadano medio, el hecho de que nadie lo convencerá de que sus límites precisos son el ritmo de la ciudad más feliz o del campo más amable; la escuela hará lo suyo, y el ejército y los curas, pero eso que yo llamo anguila o vía láctea pernocta en una memoria racial, en un programa genético que no sospecha el profesor Fontaine...
[...]
1 Manear: poner maneas o maniotas a un animal; poner trabas (N. de J. N.)

lunes, 22 de septiembre de 2014

Literatura y ciencia/ 13 - Oración de Albert Einstein - William Ospina - Colombia


Advierto con profunda perplejidad
que el hermoso guijarro que abandono en el aire
se precipita recto hacia la tierra.
Tal vez para una hormiga que fuera en el guijarro
sería más bien la Tierra lo que cae,
verde planeta que se precipita.
Para el soldado inmóvil
antes de halar la cuerda de su paracaídas
vertiginosamente asciende el mundo.
Y si al pasar el tren ante su cobertizo
el mendigo no viera los vagones
sino al niño que en ellos deja caer la manzana,
vería que la manzana toca el suelo
lejos del sitio donde el niño la suelta,
que la manzana cae oblicuamente.

Advierto que la firme realidad de este mundo
cambia de ser a ser, de conciencia a conciencia.
El gato observa las felinas estrellas.
Nunca verá el astrónomo
que mira el arco de la medialuna
el sobrehumano rostro que esa luna diadema
o esos pies de una virgen que la huellan.
Es tan sincero el mundo
que ni una piedra olvida tener sombra.
La memoria del prado
recuerda el rojo de las amapolas
y al primer soplo tibio lo despliega.

¿Cómo agradeceré que el agua no se incendie
aunque asile en su rostro sereno las hogueras?
¿Cómo agradeceré que las alondras canten
aunque Julieta las maldiga a todas?

Sé que esta luz de estrellas es más vieja que el mundo.
Que estas constelaciones son como un plano fósil
de lo que fue hace siglos el firmamento.
Sé que la masa enorme de los cuerpos celestes
altera el curso de la luz de la estrella
y que ese punto inmóvil que brilla en las alturas
innumerables veces se retorció en su curso,
trazó letras de luz en la piel de los siglos.
Todo rayo de luz porta antiguas imágenes,
y la energía es la terrible victoria
de la materia sobre el tiempo.

Las caprichosas nubes einstenianas
fulminan con sus rayos einstenianos los árboles
y rota la ecuación del vapor leve y del líquido peso
dulcemente se perlan las llanuras.
Me gusta el mundo dócil donde atrapo mis peces
con el anzuelo de un interrogante,
y pregunto en mi alma
cómo agrava la música la substancia del mundo,
qué es lo que escapa del violín y nos hiere.

Se marchita la música
en las elipses de la sinagoga
y Cástor envejece más que Pólux.

Gracias, Señor, porque no tienes rostro,
porque eres rosa y dédalos de azufre
y muerte tras la herida y tras la muerte larvas
y previsibles astros tras los discos de eclipses.
Permíteme atrever mis inútiles fórmulas,
líricos mecanismos, serventesios de cuarzo,
trinos brotando de un vértigo de átomos.
¿Qué puedo hacer contra el ángel que altera?
¿Contra el que cambia todo azul en cianuro,
toda belleza en daño?

Algo mayor que el mal rige estos mundos.
Cada mañana pido a mi silencio
que el corazón gobierne al pensamiento,
y cada noche pido perdón a las estrellas.
Pero después olvido
y sé, mientras la luna danza en el pozo,
que Dios será sutil, pero no es malicioso.