Chet Baker - Like Someone In Love

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viernes, 15 de septiembre de 2017

Mis aventuras de Jeremiah Johnson (o de la doble vida de los dos d’Ors) - Miguel d'Ors - España


Nostalgias de otras vidas: aventura y combate,
no tus horas insípidas
de padre de familia y funcionario
que vive encarcelado en una agenda.

Nostalgia de luchar contra la selva,
de escalar ochomiles
entre el estrépito de los aludes,
de ataques de caníbales armados con curare,
de olas de doce metros en una ballenera,
de entrar en territorio comanche dando escolta
a una destartalada caravana
de colonos pardillos.
                      Que tu vida -suspiras-
fuese esa caravana que atraviesa Wyoming:
huellas de mocasines junto al río,
carretas que se quedan enfangadas
(vaya irlandeses lerdos),
fustigar a los mulos a voces y empujar
las ruedas con el barro a la cintura;
de pronto, sobre el filo de una loma,
la silueta ecuestre y sigilosa
de unos indios, pie a tierra todo el mundo,
son comanches, vosotros, con los winchester,
apostaos detrás de aquellas rocas,
vosotros, ensillando y al galope a Fort Laramie,
a dar aviso a la Caballería,
buena suerte, muchachos, las mujeres y niños,
detrás de esa carreta volcada -señorita,
hay un maldito indio detrás de cada piedra-,
y usted, doctor, olvide la botella
y meta la cabeza en un cubo de agua:
va a trabajar muy duro esta mañana;
y las primeras flechas y los primeros gritos,
¿ha manejado alguna vez un rifle?,
el olor de la pólvora, alguno de los nuestros
que cae muerto, caballos por el suelo,
y un ardor repentino
mordiéndome en el hombro, y por el horizonte
la trompeta del Séptimo, ¡salvados!, ¿le han herido?,
nada, sólo un rasguño, señorita,
mientes mientras la vista se te nubla.
Y caes desfallecido en su regazo.

Y ahora que al fin ya te has callado un poco,
permíteme decirte, so petardo,
que a ver si abres los ojos, que eres más lerdo que
todos tus irlandeses:
siempre fantaseando otra existencia,
que si explorar, luchar, tener miedo, subir,
caer, vencer, defenderse de los ataques indios...
y a fin de cuentas, padre de familia
y funcionario, ¿qué otra cosa has
estado haciendo tú toda tu vida?
De Hacia otra luz más pura, 1999

miércoles, 26 de abril de 2017

Menosprecio de corte y de aldea - Miguel d'Ors - España


A Kurt Spang
Moça tan fermosa
non vi por los salones de Llongueras (Coiffeur)
como tú, rusoniana, que entregaste
la mitad de tu reino
y tres horas y cuarto de un otoño
por aquella estudiada,
delicada, difícil, laboriosa
ausencia de peinado.

Botas de ordeñadora Saint-Laurent,
andrajos millonarios por las faldas,
maquillaje que con sutiles artificios
imitaba la falta de maquillaje,
                                rauda
te vi partir, ya pura Galatea,
por la escondida senda
de tus desaforadas discotecas.

Sintiéndote tan moza y tan garrida,
sintiéndote tan pueblo-pueblo-pueblo,
tan paisana de una vaga mitología
de bieldos, sementeras, cabañuelas y trovos,
tan natural, tan fresca, tan lozana
y tan sencilla como (más o menos)
un pâté d’oignons fumé avec des petits pois à l’armagnac.
De Es cielo y es azul, 1984

lunes, 21 de noviembre de 2016

Ciudad en mí (Santiago) - Miguel d'Ors - España


Ciudad extraña, hermosa y fea a un tiempo.
Rosalía de Castro, En las orillas del Sar,
Santa Escolástica, III, 1
Yo no pude elegir: abrí los ojos
y la vida era lluvia y noche y piedra, y sólo
el húmedo reflejo de un farol gemebundo;
yo no tuve la culpa si invadieron mis sueños
las campanadas grises, el musgo, los paraguas
litúrgicos, aquellas nubes pétreas;
yo no tengo la culpa si esa melancolía
fue mi patria nativa, la costumbre
de mis años silvestres; y tampoco si ahora
llevo conmigo, dentro, aquella lluvia y lluvia
y lluvia que ponía
-...martes, miércoles, jueves...- pensativas
las piedras de Santiago.
De Codex 3, 1981

domingo, 13 de noviembre de 2016

Poema de un rato - Miguel d'Ors - España


Dijo un alma original
(y antes lo dijo Unamuno)
que en cada uno
hay cuatro yo. No está mal:
1)
el individuo real,
que sólo ve claro Dios,
2)
el que uno piensa que es,
3)
el que se imaginan los
demás que somos y
4)
el que uno quisiera ser.

Pero a fuer
de sincero,
puesto que el tema me importa,
te diré que considero
que la lista queda corta

porque, además de esos cuatro
señalados, hay un yo
que hemos sido y se perdió
(¿o son una multitud?),
y otros mil que no serán
pero que pudieran ser
si no nos falta salud.

Echa las cuentas, a ver
si no van
ya 1.005 como poco.
(Y no cuento
para no volverme loco
esos que en cada momento
estamos no siendo.)
                    Y
todo se complica aún más
porque (aunque nunca jamás
sufrí
por el complejo de Freud),
podemos estar seguros
-yo desde luego lo estoy-
de que en sótanos oscuros
de nuestra vida consciente
tenemos -parece broma-
alojada mucha gente
desconocida (que asoma
de diferentes maneras
cuando menos te lo esperas);
así que, válgate Dios,
toma
y multiplica por dos
lo que hasta aquí te ha contado
esta humilde versiprosa
de este no sé si ex poeta
y verás qué resultado.

Que me corten esta mano
si existe en nuestro planeta
especie más numerosa
que un solo ejemplar humano.
De Sol de noviembre, 2005

martes, 7 de junio de 2016

Cosas que no soporto en un poema - Miguel d'Ors - España


Que suceda en Lisboa.
Que se proponga ser original.
Que hable de los dorados cuerpos de los etcétera.
Que diga Espacio o Punto (e incluso sin mayúsculas).
Que lleve algún versito
                  metido para adentro, o abuse del azul.
Que las manías de Cernuda emule.
Que le pueda gustar a Octavio Paz.
Que esté escrito en Valencia.
                              Que sea mío.
De La imagen de su cara, 1994

domingo, 22 de mayo de 2016

Raro asunto - Miguel d'Ors - España


Raro asunto la vida: yo que pude
nacer en 1529,
o en Pittsburg o archiduque, yo que pude
ser Chesterton o un bonzo, haber nacido
gallego y d’Ors y todas estas cosas.
Raro asunto
que entre la muchedumbre de los siglos,
que existiendo la China innumerable,
y Bosnia, y las cruzadas, y los incas,
fuese a tocarme a mí precisamente
este trabajo amargo de ser yo.
De Es cielo y es azul

miércoles, 4 de mayo de 2016

Gradus ad Parnasum - Miguel d'Ors - España


A Pondi Salinas y Pepe Sancho
Son las cosas que pasan cuando uno es aún muy joven
y cree en la luna y en la amistad y en Beethoven:
uno pone, con voz trascendental y pura,
mayúscula a la palabra literatura
y versifica con gesto de sacerdocio,
mojándose en las venas la pluma (mal negocio),
y dice en sus poemas su intimidad desnuda
y resulta que ha dicho la de Alberti o Neruda.

Pero pasan las páginas y uno se va dejando
la vida en los papeles, y de repente, cuando
aquel torrente ardiente de la sangre se calla
y el corazón se te va volviendo un canalla
y a la ilusión apenas le queda combustible,
empiezas a sentir que quizá, que es posible...
Y acaban las sospechas y viene lo certero:
que el Parnaso no dista mucho de un gallinero,
que los astros del firmamento literario
tienen caries y vicios y hasta dolor de ovario,
que escribir, más que mística o magia o profecía,
es agrupar palabras en paz y compañía.

Entonces te das cuenta de que has llegado al arte.
...Y de que acaba de dejar de interesarte.
De Es cielo y es azul, 1984

jueves, 14 de abril de 2016

Quod erat demonstrandum - Miguel d'Ors - España


Nel mezzo del cammin di nostra (bueno,
ya sé que a estas alturas
-año 44 de mi vida-
este comienzo peca de notorio optimismo,
pero también es cierto
que nadie negará su calidad estética,
comprobada a lo largo de casi siete siglos,
y como, encima, corren vientos culturalistas
y céfiros sutiles
de intertextualidad, miel sobre hojuelas);
como estaba diciendo, a estas alturas
en que ya tengo claro, irreversiblemente,
lo que nunca seré,
o, con otras palabras, habiendo descubierto
que Dios no me introdujo en Su Creación
para ser el primero de la clase, ni el hijo
que mis padres soñaron, ni el hermano modelo;
con certeza absoluta
de que el papel (ahora un ligero toque
calderoniano) que me fue asignado
en este Gran Teatro
por su Divino Autor no era el de campeón
olímpico de nada, ni el de buen alpinista
-y mira que lo siento-,
ni el de príncipe azul de la que es mi mujer
(ni, por lo visto, de ninguna otra),
ni el de papá perfecto; ya sabido
definitivamente
que tampoco nací para ser un maestro
de la Filología, ni siquiera -según
consta en cierto expediente más o menos gallego
(aunque no de Galicia, y yo me entiendo)-
un mero catedrático de una Universidad
pobre, torpe, mezquina y, por si fuera poco,
además española,
y que a la Poesía -libros cantan
(es un decir, porque cantar, lo que se dice
cantar, poquita cosa)-
le soy perfectamente prescindible;
y no teniendo grandes
(ni siquiera medianas) perspectivas
en el corto horizonte que me espera
(porque mucho me temo que la nieve
de Wyoming se quede como estaba
y que a los yanomanis tenga que seguir viéndolos
silenciados, inmóviles y planos
en National Geographic,
y en cuanto al jazz, es superimposible
que llegue a parecerme -ni a cincuenta kilómetros
de distancia- a Louis Armstrong, Duke Ellington o el Pájaro,
sin olvidar el conocido hecho
de que a todas mis buenas intenciones
les sale siempre al paso miguel d’ors
y lo echa a perder todo),
no le encuentro a mi vida otro motivo
(la causa, en escolástico, finalis),
otra razón de ser, otro sentido
que cumplir el designio
que Dios trazó desde antes del comienzo del tiempo
-Él sabrá Sus porqués-
de soltar por el mundo a un tontolaba
químicamente puro.
Designio inescrutable y sagrado, que acepto,
alabo y agradezco. Y que, modestia aparte
pero franqueza no, no voy siguiendo
del todo mal: cuando la muerte venga
-ahora Jorge Manrique- a llamar a mi puerta,
por lo menos podré decir: "Misión cumplida:
fui el fracaso perfecto."
De Canciones, oraciones, panfletos, impoemas, epigramas y ripios,
o cajón de sastre donde hallará el lector amigo 
todo cuanto deseare, y el no tanto 
sobradas razones para seguir en sus trece, 1990

lunes, 22 de febrero de 2016

Fatum - Miguel d'Ors - España


Ese niño que llega, cartera remolona,
botines desatados, al colegio de Sánchez
no sabe que sus pasos felices por Sevilla
-luz, patios, calles, cales- le acercan a Collioure.

París, rue Vaugirard. Ese muchacho
gris y desmadejado que avanza hacia el otoño
verleniano del hondo Jardín de Luxemburgo
no sabe que camina hacia Collioure.

Por la alameda de oro -Soria pura-,
lentos enamorados demorándose,
mirándose en el Duero -Soria pura-. La novia,
con manos inocentes,
sacude la ceniza -tiza acaso-
del hombro del poeta, que no sabe
que tan dulces senderos le llevan a Collioure.

El señor que, enlutado como un cirio,
con su bastón y pasos soñolientos
-domingo provincial- sube a los olivares
de Baeza no sabe que sube hacia Collioure.

El viejo arrebujado en sus recuerdos
que mira cómo pasan,
vertiginosos, los naranjos por la ventana
del coche, y los aspira -Levante azul-, no sabe
que por aquella ruta de flores y palomas
y muchachas se está acercando a Collioure.

Un súbito frenazo, la puerta abierta, el frío
látigo de la lluvia. Sale a la noche y anda
entre voces anónimas, oscuras,
y olor a bajamar. La lluvia. Unas preguntas
francesas, tan extrañas como un sueño, la lluvia,
los papeles, la lluvia, los gendarmes mojados
alzando la cadena fronteriza.
Igual que un sueño todo.
Francia, ya clareando, y aquel cartel: «COLLIOURE»,
nombre jamás oído. No sabe que allí estaba,
desde siempre, esperándole su muerte.
De Codex 3

sábado, 20 de febrero de 2016

Nocturno (frustrado) - Miguel d'Ors - España


A Carlos Murciano
Maldito Baudelaire, malditos Goethe y Borges,
que ahora que contemplo
la luna no me dejan ver
                        la luna.
De Chronica, 1982

jueves, 18 de febrero de 2016

Blues del propósito de la enmienda - Miguel d'Ors - España


Ahora que ya se aleja mi juventud y escucho
cada tarde más pálido el rumor
de aquel baile encendido (y sin embargo sigo
idiota y migueldors de arriba abajo),
alguna de esas horas en que dentro de mí
está lloviendo y lunes, me digo y me repito:
"Esta vez va de veras, de hoy no pasa, propósito
de la enmienda." Y me juro
-desde luego, mintiendo más que una
campaña electoral- quemar todos los libros
y retirarme a algún lugar vivible
en donde dedicarme a la Vulgaridad
y, si me queda tiempo,
a la contemplación de los Universales.
Por ejemplo Cambados, costa de Pontevedra,
donde no sé si les oiseaux sont ivres
pero me da lo mismo.
De Curso superior de ignorancia, 1987

martes, 16 de febrero de 2016

Final para un poema asonantado sobre la situación del poeta en la sociedad moderna. Se titulará "Un enigma de la oftalmología"; empezará exponiendo, en tono entre científico, patético y jocoso, cómo los globos oculares de las rubias, por razones que escapan a la ciencia, tienen una extraña incapacidad para percibir la imagen de los poetas; continuará invitando al colega incrédulo a verificarlo empíricamente por sí mismo y acabará como sigue - Miguel d'Ors - España


Comprobarás, hermano, de inmediato
que ella verá la silla, la lámpara, la puerta;
verá sin duda alguna al bosquimano
con yate que se encuentra a tu derecha,
y hasta verá al político cretino
(valga la redundancia) que se sienta
-atención al detalle- exactamente
detrás de ti (¡oh rara transparencia!).
En resumen: verá todas las cosas
visibles, y no digo que no vea
incluso algunas invisibles, pero
lo que es de ti, ni la menor idea.

Tan negro es el camino
que este mundo destina a los poetas.
De La imagen de su cara, 1994

viernes, 12 de febrero de 2016

Pequeño testamento - Miguel d'Ors - España


Os dejo el río Almofrey, dormido entre zarzas con mirlos,
las hayas de Zuriza, el azul guaraní de las orquídeas,
los rinocerontes, que son como carros de combate,
los flamencos como claves de sol de la corriente,
las avispas, esos tigres condensados,
las fresas vagabundas, los farallones de Maine, el Annapurna,
las cataratas del Niágara con su pose de rubia platino,
los edelweiss prohibidos de Ordesa, las hormigas minuciosas,
la Vía Láctea y los ruyseñores conplidos.

Os dejo las autopistas
que exhalan el verano en la hora despoblada de la siesta,
el Cántico espiritual, los goles de Pelé,
la catedral de Chartres y los trigos ojivales,
los aleluya de oro de los Uffizi,
el Taj Mahal temblando en un estanque,
los autobuses que se bambolean en Sao Paulo y en Mombasa
con racimos de negros y animales felices.

Todo para vosotros, hijos míos.
Suerte de haber tenido un padre rico.
De Curso superior de ignorancia, 1987

sábado, 23 de enero de 2016

El tema de España - Miguel d'Ors - España


Y cuando ya por fin me he decidido
a apretar el gatillo
y soltarle a la Patria en pleno rostrum
esa opinión que llevo entre los dientes,
como un muelle contraído, desde los reyes godos;
cuando lo de esta vez ya es demasiado
y ya me encuentro en el apunten, fue
llega de pronto el vino del Ribeiro
o los esparraguicos de Tudela,
o llega, qué sé yo, las hayas de Tacheras,
un olor sevillano,
unas cuantas montañas, Las Meninas,
palabras de Cervantes, Machado, Garcilaso,
"un no sé qué que quedan balbuciendo",
y el grito retrocede silenciosa-
mente, rabo entre piernas,
y en el fondo de mí la sangre se avergüenza
de haberle sido infiel a tanta España...
hasta que se presenta
la "canción española" con su olor a sobaco,
Goya con la familia de cacacarlos IV,
Pamplona venerando a San Fermín obispo
con cogorza coral
y coitos interruptos en todos los idiomas
-veneración venérea-,
nuestra invencible selección de fútbol
que una vez más regresa triunfalmente
zurrada 4 a 0, nuestros retretes públicos
(quizá nuestro más típico género literario),
nuestros transportes públicos,
nuestras mujeres ídem, tan prolíficas,
o viene miguel d’ors, sin ir más lejos,
mi alter ego manchego,
y entonces enrojezco como el Etna, ya basta,
ni hablar de seguir siendo parte de este sainete,
hasta aquí hemos llegado, se acabó
(regrese, por favor, al primer verso)
De Curso superior de ignorancia, 1987

jueves, 21 de enero de 2016

Camino de imperfección - Miguel d'Ors - España


Joven,
yo era un vanidoso inaguantable.
"Esto va mal", me dijo un día el espejo.
"Tienes que corregirte".
Al cabo de unas semanas era menos vanidoso.
Unos meses después ya no era vanidoso.
Al año siguiente era un hombre modesto.
Muy modesto.
Modestísimo.
Uno de los hombres más modestos que he conocido.
Más modesto que cualquiera de ustedes.
O sea
un vanidoso inaguantable
viejo.
De Curso superior de ignorancia, 1987

martes, 19 de enero de 2016

Literatura y jazz/ 64 - Bird - Miguel d'Ors - España


BIRD
(Cuestiones de Poética)

Le escucho Night and Day.
Su música de oro
llega a esta tarde desde el otro lado
del mundo, el tiempo y
el muro de la muerte (Recorded in New York,
March 25, 1952)
y con alas de ensueño me transporta
a una extraña alegría, serena sin embargo,
de la que todas las palabras quedan
demasiado lejos. (Fray Luis
tuvo que conformarse con llamarla
"mar de dulzura").
Ahora,
mientras van apagándose los últimos aplausos
-el disco ha conservado un difuso rumor
de copas, movimiento de abrigos y sombreros
de gentes que ya salen, impregnadas de humo-,
pienso en todas las cosas
que esa Belleza tiene tras el telón de fondo:
pienso en aquellas noches despedazadas, pienso
en aquel hombre póstumo -sólo treinta y un años-,
en sus dientes de perra rabiosa en Camarillo
State Hospital, pienso
en las albas podridas de alcoholes y heroína
en que regresaría del Infierno
al Infierno por torvos callejones de gatos
-la lluvia gris desafinando sobre
los cubos de basura-.
Y me pregunto
por el enigma que une esos extremos
-Night and Day-, su existencia, que escruto con los ojos
de la memoria: tallo que enlaza el indecible
esplendor de la rosa
y el estiércol.
Night and Day (Cole Porter) - Charlie Parker - Joe Lippman And His Orchestra (1952)