que ella sola iluminaba
se detuvo en una esquina,
me indicó el parque Bryant.
Juntos cruzamos la calle.
Nos sentamos en un banco,
mejilla con mejilla
nos quedamos mirando
las piruetas del agua,
los sicomoros tan altos,
el vaivén de las ramas
al compás de la brisa.
Así toda la mañana
en amorosa alianza
ella me enseñaba los seres,
yo se los nombraba.
Cerca del mediodía,
la sirena de la ambulancia,
los coches de la policía,
las nubes de la desgracia
que pasan todos los días,
nos echaron sin movernos
del parque Bryant.
De El paraguas de Manhattan, 2004
