Chet Baker - Like Someone In Love

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lunes, 4 de junio de 2018

Canción del que fabrica los espejos - Juan Manuel Roca - Colombia


Fabrico espejos:
Al horror agrego más horror,
Más belleza a la belleza.
Llevo por la calle la luna de azogue:
El cielo se refleja en el espejo
Y los tejados bailan
Como un cuadro de Chagall.
Cuando el espejo entre en otra casa
Borrará los rostros conocidos,
Pues los espejos no narran su pasado,
No delatan antiguos moradores.
Algunos construyen cárceles,
Barrotes para jaulas.
Yo fabrico espejos:
Al horror agrego más horror,
Más belleza a la belleza.
De Ciudadano de la noche, 1989

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Piedra sobre piedra - Juan Manuel Roca - Colombia


Con las piedras lanzadas
contra mí
he construido
los muros de mi casa
Anise Koltz
Con las que han arrojado a mi paso
Podría edificar un estadio,
Un teatro y un sonoro Coliseo.
La Bolsa de valores,
Dos catedrales y un cementerio.
El estadio para que tremolen
Sus banderas mis enemigos.
El teatro para que ensayen
El tiro al blanco del furor o el improperio.
El Coliseo, cepo de odio, foso romano
Donde rujan los leones de su ira.
La bolsa de valores en la que fijan precio
Al vicio de respirar que me acompaña.
Una catedral con piedras de presidio.
Otra con vitrales y escenas de caza
En las que huyo, asediado por la jauría.
Y un inmenso cementerio imaginario,
Querida Anise Koltz,
Un inmenso cementerio
Donde abono las flores del olvido.

domingo, 6 de agosto de 2017

Paisaje con ruina y cabaret - Juan Manuel Roca - Colombia


I.
En este poema
Hay una ciudad.
En la ciudad hay un abismo,
En el abismo hay una ruina,
En la ruina hay un herido,
En el herido estoy yo.

II.
En este poema es de noche.
En la noche hay una calle,
En la calle un cabaret,
En el cabaret una cantora,
En la cantora un corazón,
En el corazón un muerto.
De La hipótesis de Nadie, 2005

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Poema invadido por romanos - Juan Manuel Roca - Colombia


Los romanos eran maliciosos.

Llenaron Europa de ruinas
Confabulados con el tiempo.

Les interesaba el futuro,
Las huellas más que las pisadas.

Los romanos, Casandra, eran mañosos.

No fraguaron el Acueducto de Segovia
Como un ducto de agua y de luz.
Lo pensaron como vestigio,
Como un absorto pasado.

Sembraron de edificios roñosos Europa,
De estatuas acéfalas
Engullidas por la gloria de Roma.

No hicieron el Coliseo
Para que los tigres devoraran
A su antojo a los cristianos,
                     tan poco apetecibles,
Ni para ver ensartadas
Como entremeses del infierno
A las huestes de Espartaco.

Pensaron su ruina, una ruina proporcional
A la sombra mordida del sol que agoniza.

Mi amigo Dino Campana
Pudo haber saltado a la yugular
De uno de sus dioses de mármol.

Los romanos dan mucho en qué pensar.

Por ejemplo,
En un caballo de bronce
De la Piazza Bianca.
Al momento de restaurarlo,
Al asomarse a su boca abierta,
Encontraron en el vientre
Esqueletos de palomas.

Como tu amor,
Que se vuelve ruina
Mientras más lo construyo.

El tiempo es romano.
De La hipótesis de Nadie, 2005

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Leyendo a Robert Louis Stevenson - Juan Manuel Roca - Colombia


Del gabinete de Jeckyll
Al callejón de Hyde
La ciudad victoriana habita dos orillas,
Refleja dos rostros en un mismo río.

El espejo delata sus miradas
Pero las calles las bifurcan.

La casa es Jeckyll. La noche Hyde.
Y Londres un mapa
Dibujado en las huellas dactilares
                          /del novelista.

Debo nombrar un océano.

Generaciones de Stevenson
Fueron constructores de faros,
Poblaron de ojos las noches del mar.

Debo anunciar la niebla.

La democrática niebla borra
Lo mismo la choza que el castillo,
El cielo donde Jeckyll y Hyde agonizan
Mientras se abre una tumba
En las arenas de Samoa.

Debo hablar de un milagro.

En memoria de Tusitala,
en samoano, el que cuenta-cuentos.
De La hipótesis de Nadie, 2005

jueves, 13 de octubre de 2016

Monólogo del que no conoce nada - Juan Manuel Roca - Colombia


Con los idiomas que no hablo
Babel crecería como nunca.
Con las estrellas que desconozco
Se podría dibujar un vasto planisferio.
Con los mares que no he buceado,
Con las ostras que no he abierto
Y los frutos de olor en la distancia,
Haría una tertulia de ausentes.
Con los caminos que no he andado
O las naves que no he construido,
Con los caballos que no he galopado
Podría recorrer las fronteras del mundo.
Ni siquiera sé si el rosal disfruta de su olor.
De La farmacia del ángel, 1995

sábado, 11 de junio de 2016

Exorcismos ante El grito de Munch - Juan Manuel Roca - Colombia


Hombre o mujer, endriago o fantasma, deje ya de gritar en
ese puente que puede desplomarse con sus podridas vigas.

Salga ya del cuadro y dese a caminar por los pasillos del
museo, salga del museo y camine entre los hombres.

¿No le aburre el mismo gesto crispado, el mismo dolor al
óleo, fijo, indefinido en el tiempo del pintor? ¿No es un
castigo su grito congelado a través de las edades?

Hombre o mujer, endriago o fantasma, su seco grito no
logrará agrietar las paredes del museo. No llene de esos
cantos –atronadores e inaudibles– mis oídos.
De La farmacia del ángel, 1995

jueves, 26 de mayo de 2016

Poema sin rima pero con metro - Juan Manuel Roca - Colombia


Lamentable que este poema no ocurra en tiempos de
grandes bailes. Las bocas del metro arrojan a las calles que
circundan las vecindades de La Bastilla gentes que de tanto
ir bajo tierra, en la fosa común, tienen el hábito de hablar
a solas. Creo que a veces no reconocen su voz. Lamentable
que estas líneas no ocurran en tiempos de asombro. Porque
he oído violinistas, fagotistas, grandes virtuosos mal vestidos y peor comidos en el metro, tocando para los muertos.

¿Y si el vagón en el que voy fuera una prolongación rodante del cementerio de Père Lachaise? ¿Y si estos seres fueran,
en el parpadeo de las puertas que se cierran y se abren,
presencias de un fantasmario recogido en papeles que
huyen por la calle Vivianne, la calle del viejo conde del otro
mundo, del otro monte, el arisco montevideano? ¿Así que
asisto al jubileo de los muertos? ¿A esta bella escenografía
de catedrales y parques, de jardines y puentes por donde
los seres más vivos que cruzan lo hacen en el pasado?

Lamentable que este silabario no ocurra en un Mayo que
se fue con sus muros levantiscos, sus barricadas, quizá el
último canto de cisne de los vivos. Porque ocurre hoy. Y
el hoy ya no enarbola banderas. Ya no lleva cuchillos bajo
el turbante. Ni siquiera hay, maese Apollinaire, quién robe
Monalisas.

Lamentable escribir un poema en el que un ángel ve sus
alas quebradas en las puertas de un vagón del metro y desciende obediente cuando llega a la estación donde se aplastan los milagros. Ah, señor Apollinaire, usted que dijo que
la rutina y la vejez son nuestras armas enemigas: sepa que
acá se rumia la rutina, se asientan la vejez y sus resabios. La
calle Morgue, buen nombre para todas las calles.
De La farmacia del ángel, 1995

domingo, 8 de mayo de 2016

Poema del deshabitado - Juan Manuel Roca - Colombia


Encuentra
El carcomido corcel de palo
Que piafaba en los zaguanes de la infancia,
Ya no ve su reluciente piel bajo el rocío
Ni sus cascos de plata
Caracoleando sobre el seto de astromelias.
El caballo fue tocado de abyecta realidad,
Escoba sin crines al pie de los escombros.
El hombre no ve sino un trozo de madera
Que serviría para el delicioso
Crepitar de la candela.
Sentado frente a la negra chimenea
No ve crines de caballo en las llamas,
Cuchicheo de brujas en el sonido del fuego.
Madurez,
Caballo muerto en la memoria.
De Ciudadano de la noche, 1989

lunes, 18 de abril de 2016

César Vallejo invita a una cena - Juan Manuel Roca - Colombia


César Vallejo
Invita a sus amigos a una cena.
Se pide ser puntual, traer pan y no usar collares
           de granizo.
Hay suficiente frío en la alacena.

La voz anuncia que empieza a caer en París
           un aguacero.
No le importe venir:
Los pronósticos del tiempo
No son los de la muerte.

Al fondo está el salón
Donde el tiempo raído del invierno,
O quizás los imprevistos, dejan ver
Tan sólo una pareja de silenciosos
Comensales: el poeta y su sombra.
Viste mejor la sombra que el poeta,
No se le ven los pliegues que han dejado en
           el traje de su amigo,
París, los húmeros mal puestos, la lluvia,
El remoto viaje de Trujillo hasta Lima.

César Vallejo
Invita a sus amigos a una cena.
Se pide ser puntual, traer vino
Y no olvidar en casa su nómina de huesos.
Hay suficiente espacio, suficiente espacio en
           su silencio.
La voz se hace más meliflua en la radio,
La voz que invita a los amantes a cubrir
De otra piel su desnudez.

Al otro lado de la noche
César Vallejo dibuja en los restos del café,
En su oscuro sedimento,
Al diluido hermano de juegos
Que tiene en el fondo del pocillo los rasgos
           de la muerte.

Es otro juego al que regresa con su hermano
           Miguel:
La muerte, como los niños, escamotea cuerpos
Cuando juega al escondite. Por algún recodo
           de la noche,
Vallejo busca a su hermano
En salones y zaguanes de otro mundo.

Ya no se oye la voz de la cantante
Y hay quien dice que la muerte toca el sol,
           toca la quena.

César Vallejo
Invita a sus amigos a una cena.

Se pide ser puntual,
Traer también al desconocido y su señora.
De Ciudadano de la noche, 1989

viernes, 8 de abril de 2016

Literatura y jazz/ 67 - Oyendo a Louis Armstrong - Juan Manuel Roca - Colombia


Oímos una voz ronca y latigada
Y sentimos un paisaje de otros días
Anidando en nuestro cuarto:
Los cantantes de blues viajan en trenes
Que tiznan la pradera.

En algún furgón, va un racimo de voces.
Esas voces que vieron linchamientos en el Sur,
Emboscadas en el delta, nos asaltan
En la penumbra del bar, en la alta noche.

Que tantas cosas habiten una voz:
Trenes. Humo. Una canción que barre el viento
Y una mujer que espera a nadie en los andenes,
                                                     Es un milagro.

Que tantos sueños evoque:
Una escenografía de años turbulentos
Con guaridas de tahúres y rufianes,
El sonoro funeral de un trompetista,
Una esquina de Harlem tocada de luna
O el callejón donde los muchachos
Ponen sus pies a bailar al son de los tranvías,
                                                  Es un acto de fe.

En un recodo del cuarto, gira la luna negra
Del disco, y oscuras alas abanican los rincones.
De Ciudadano de la noche, 1989
Black and Blue (Fats Waller / Harry Brooks / Andy Razaf)
Louis Armstrong & His All Stars 
Arvell Shaw - Contrabajo 
Eddie Shu - Clarinete
Danny Barcelona - Batería 
Billy Kyle - Piano
Tyree Glenn - Trombón
Louis Armstrong - Trompeta, Voz 
Live in Berlin, 1965 

sábado, 2 de abril de 2016

Cinco veces Van Gogh - Juan Manuel Roca - Colombia


Para Héctor Rojas Herazo
1

El cartero de Van Gogh no visita el vecindario desde que
recibió un telegrama de la muerte. Pero nos mira desde
una sorda eternidad.

El cartero, portador de alguna esquela que le llevaba razones de la luz.

2

Como su sombrero, que siempre estuvo alumbrado por el
rojo candil de su cabello, fueron sus noches solares.

Detuvo el sol en cada cuadro, mas no como el bíblico Josué
que cuando detuvo el sol no pensó en el girasol: la pasión
o la fiebre dieron a sus girasoles una rotación de astros
familiares.

3

Pintó trigales y la flor del pan empezó a oler en las desiertas alacenas.


4

Pintó una silla vacía, y sin embargo en ella está sentada una
tertulia de ausentes. Antonin Artaud ha dicho que esa silla
anuncia alguien por entrar. La silla sigue vacía, pero siempre volvemos a ella para saber si alguien acaba de llegar.
¿Théo o Gauguin?

5

Un último furor: trazó con su pincel una puerta en el aire
y por ella salió dando un portazo. Otra versión dice que
dibujó un revólver y con él se disparó en el vientre.

Pero antes, previendo las largas noches del hombre acorralado en el invierno, decidió llenar de soles nuestros muros
para ayudarnos a habitar el laberinto.
De La farmacia del ángel, 1995

viernes, 11 de septiembre de 2015

Penélope y el olvido / Antiodisea - Juan Manuel Roca - Colombia


Penélope y el olvido
Mi nombre es Nadie, y Nadie me
llaman mi madre, mi padre y mis
compañeros todos.
Ulises

Llegó nadie.
Desde un mapa de la nada, llegó nadie.
Se agitaron las ramas, los rastrojos,
Y la luna de nácar
Brilló sobre el país de los lotófagos.
De la noche o la lluvia, llegó nadie.
Y abrió oscuros folios
Que hablaban de Odiseo el gran embaucador,
De Ulises, fundador de los regresos.
De los móviles mapas
Que reflejan en la hierba los caobos,
Llegó nadie.
Y si engullendo lotos se entra al olvido
Y entre ebrios lotófagos
Se olvida ese olvido,
Penélope quisiera entrar en esos predios.


Antiodisea

Ésta soy, Penélope, la insumisa
Que se niega a destejer lo ya tejido,
Una mujer sola
Que peina en las noches sus cabellos.
En el oleaje de mi negra cabellera
Siento que Ulises se aleja, se aleja sin remedio.
No vuelvas, viejo impostor,
No regreses a Ítaca,
A la derruida casa donde tu hijo
Y tu perro, tu arco y tu mujer
Se fatigan de esperas y vigilias.
Quédate a orillas del lecho de Calipso, Rey de la Nada.
Quédate engullendo lotos, habitando el olvido.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Quijotescas/ 28 - Parábola del sueño y del poeta - Juan Manuel Roca - Colombia


Para Américo Ferrari
Dulcinea del Toboso
le entrega una rosa a don Quijote,
pero recibe un puñado de nada.
El Caballero de los Espejos
es vencido por el de la Triste Figura,
pero quien triunfa es el sueño.
El Caballero de la Blanca Luna
sojuzga al de la Mancha,
pero el derrotado es el tiempo.
La cabeza se puebla de hazañas
que la realidad acorrala.
Los libros del enfebrecido Caballero
pasan sus hojas con yelmos de oro
y caballos y hechiceros y pendones
y toscos gigantes que muelen
el viento. Pero el cura y el barbero
los vuelven flor de fuego.
Algo así como un sueño proceloso
y Dulcinea a lo lejos
cultivando jardines de nada.