Chet Baker - Like Someone In Love

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jueves, 23 de febrero de 2017

Fragmento de Romeo y Julieta - William Shakespeare - Inglaterra


ACTO SEGUNDO

ESCENA IV

[Una calle]

Entran Benvolio1 y Mercucio2.

MERCUCIO.  ¿Dónde diablos ha de estar este Romeo3 ¿No volvió a casa anoche?
BENVOLIO.  A la de su padre, no: he hablado con su criado.
MERCUCIO.  En fin, esa pálida moza de corazón duro, esa Rosalina, le atormenta tanto, que seguro que se volverá loco.
BENVOLIO.  Tebaldo4, el pariente del viejo Capuleto5, ha enviado una carta a casa de su padre.
MERCUCIO.  Un desafío, por vida mía.
BENVOLIO.  Romeo responderá.
MERCUCIO.  Cualquiera que sepa escribir puede responder a una carta.
BENVOLIO.  No, quiero decir que responderá al autor de la carta: desafiado, le desafiará.
MERCUCIO.  ¡Ay, pobre Romeo! ¡Ya está muerto! Apuñalado por los ojos negros de una blanca muchacha; traspasado de oído a oído por una canción de amor; con el corazón partido en su misma diana por la flecha del ciego niño arquero: ¿y va a ser hombre para enfrentarse con Tebaldo?
BENVOLIO.  ¡Bah! ¿Qué es Tebaldo?
MERCUCIO.  Más que el príncipe de los gatos6, puedo decirte. Ah, es el valiente capitán de las perfecciones. Lucha como tú cantarías una partitura; lleva el compás, la distancia y la proporción: te hace una pausa de mínima: una, dos y el tres en tu pecho: el auténtico matarife de los botones de seda7, un duelista, un duelista; un caballero de la primerísima escuela, de la primera y segunda causa8. ¡Ah, la inmortal pasada! ¡Los grados del perfil! ¡El "tocado"!
BENVOLIO.  ¿El qué?
MERCUCIO.  ¡La peste de esos fantásticos grotescos, balbucientes y afectados, esos nuevos entonadores de acentos! "¡Por Jesucristo, una excelente hoja: un hombre de buen talle; una estupenda puta9!". Vaya, ¿no es cosa lamentable, abuelo mío, que estemos tan afligidos con estas moscas impertinentes, estos lanzadores de modas, estos pardonnez-moi, que se asientan tanto en las nuevas formas que no pueden estar cómodos en sus antiguos bancos? ¡Ah sus bons, ah sus bons10!

Entra Romeo

BENVOLIO.  Aquí viene Romeo, aquí viene Romeo.
MERCUCIO.  Sin las huevas, como un arenque seco. ¡Ah, carne, carne, cómo estás de pescadeada! Ahora se ha dado a la métrica en que manó Petrarca: Laura, al lado de su amada, era una fregona: pardiez, aquélla tuvo un amante mejor para ponerla en rima; Dido, muy dudosa11; Cleopatra, una gitana; Helena y Hero, bribonas y rameras; Tisbe, ojos garzos, o algo así, pero no servía para el caso. Signor Romeo, bon jour! Ahí tienes un saludo francés para tus bragas a la francesa. Anoche nos diste lindamente moneda falsa.
ROMEO.  Buenos días a los dos. ¿Qué moneda falsa os di?
MERCUCIO.  El esquinazo, hombre, el esquinazo: ¿no entiendes?
ROMEO. Perdón, buen Mercucio: tenía un asunto importante; y en caso tal como el mío, uno puede apurar la cortesía.
MERCUCIO.  Es como decir que un caso como el tuyo obliga a uno a inclinarse por las corvas.
ROMEO.  Esto es, para hacer una reverencia.
MERCUCIO.  Has acertado amablemente.
ROMEO.  Una interpretación muy cortés.
MERCUCIO.  Claro, soy la misma flor de la cortesía.
ROMEO.  Como una rosa.
MERCUCIO.  Eso es.
ROMEO.  A mis pies, como las rosas caladas de mis escarpines12.
MERCUCIO.  Bien dicho, y ahora haz correr el chiste hasta que gastes los escarpines, y cuando estén sin suela, consuela tu ánimo pensando que queda el chiste, aunque por los suelos.
ROMEO.  ¡Ah, qué chiste de siete suelas!
MERCUCIO.  Ponte en medio de nosotros, buen Benvolio: me flaquea el ingenio.
ROMEO.  Flauta y espuelas, flauta y espuelas, o cantaré victoria.
MERCUCIO.  Bueno, si nuestros ingenios se ponen a jugar a la oca, estoy perdido, porque tú eres más ganso en un solo sentido que yo en mis cinco, seguro. ¿He picado yo nunca a tu altura en la oca13?
ROMEO.  Tú nunca has subido a picar a mi altura, sino a la oca.
MERCUCIO.  Te picaré en la oreja por esa broma.
ROMEO.  No, no me piques, buen gansito.
MERCUCIO.  Tu ingenio es agridulce para sazonar; una salsa muy picante.
ROMEO.  ¿Y no va bien para servir un ganso dulce?
MERCUCIO.  ¡Ah, ese es un ingenio de cabritilla, que de una pulgada de estrecho, se agranda hasta un codo de ancho!
ROMEO.  El cabritillo es lo que se agranda hasta demostrar lo que eres14.
MERCUCIO.  Bueno, ahora estás mejor que gimiendo de amor. Ahora estás sociable, ahora eres Romeo; ahora eres lo que eres, por tu ser natural y por arte15: pues el loco de amor es como un gran idiota, que corre de acá para allá para meter su juguete en un agujero.
BENVOLIO.  Quédate ahí, quédate ahí.
MERCUCIO.  Tú pretendes que me quede en mi cuento a contrapelo.
BENVOLIO.  Ya sé que no tienes pelos en la lengua16.
MERCUCIO.  Ah, te engañas; ya no iba a partir un pelo en cuatro, porque había llegado al fondo de la cosa y no quería seguir metiéndome en el asunto.
ROMEO.  ¡Buena gente hay aquí!

Entran el Ama17 y Pedro18.

MERCUCIO.  ¡Una vela, una vela!
BENVOLIO.  Dos, dos: una camisa y una falda.
AMA.  ¡Pedro!
PEDRO.  ¡Mandad!
AMA.  Mi abanico, Pedro.
MERCUCIO.  Buen Pedro, es para taparle la cara; porque el abanico es el más bello de las dos cosas.
AMA.  Buenos días, caballeros.
MERCUCIO. Buenas tardes nos dé Dios, hermosa dama.
AMA.  ¿Son tardes?
MERCUCIO.  Nada menos, os lo aseguro; pues la lasciva manecilla del reloj toca las partes del mediodía.
AMA.  ¡Quitad allá! ¡Qué hombre sois!
ROMEO.  Un hombre, buena dama, al que Dios le ha hecho para que se eche él mismo a perder.
AMA.  A fe mía, está bien dicho: "para que se eche él mismo a perder". Caballeros, ¿alguno de vosotros puede decirme dónde encontraría al joven Romeo?
ROMEO.  Yo os lo puedo decir, pero el joven Romeo será más viejo cuando le hayáis encontrado que cuando le buscabais: yo soy el más joven de ese nombre: a falta de otro peor.
AMA.  Bien decís.
MERCUCIO.  ¡Sí! ¡Está bien lo peor! Muy bien tomado, a fe: con sensatez, con sensatez.
AMA.  Si sois él, deseo deciros algo en confidanza.
BENVOLIO.  Le irá a incitar a alguna cena.
MERCUCIO.  ¡Una celestina, una celestina, una celestina! ¡Ahí va, eh!
ROMEO.  ¿Qué caza has levantado?
MERCUCIO.  Ninguna pájara19, señor mío, a no ser una pájara en empanada de Cuaresma; algo rancio y pasado antes de comerse... (Canta)

La pájara vieja,
la pájara vieja
en Cuaresma es buena:
pero si ya apesta
la pájara esta
es mucho para una docena.

Romeo, ¿irás a casa de tu padre? Vamos a comer allí.
ROMEO.    Os seguiré.
MERCUCIO.  Adiós, anciana señora; adiós [cantando], "señora, señora, señora". (Se van Mercucio y Benvolio.)
AMA.  ¡Adiós, pardiez! Por favor, señor, ¿qué mercader de indecencias era ese, que estaba tan lleno de cordelerías?
ROMEO.  Un caballero, ama, que gusta de oírse hablar, y que habla en un minuto más de lo que escucha en un mes.
AMA.  Pues si habla algo contra mí, le pondré en su sitio, aunque fuera veinte veces más valiente de lo que es, y a veinte tipos como él; y si no puedo yo, ya encontraré quien pueda. ¡Granuja indecente! ¡Yo no soy de sus bribonas, yo no soy de su pandilla! [A Pedro.] Y tú tambien, ¿tienes que quedarte ahí, aguantando que cualquier granuja me trate a su gusto?
PEDRO.   Yo no he visto ningún hombre que os tratara a su gusto: si lo hubiera visto, habría sacado el arma enseguida, os lo aseguro. Me atrevo a meter mano tan pronto como cualquiera, si veo ocasión de una buena riña, y con la justicia de mi parte.
AMA.  ¡Vamos, bien lo sabe Dios, que estoy tan ofendida, que tiemblo por todas partes! ¡Granuja indecente! Señor, una palabra, por favor: como os decía, mi señorita me ha encargado que os buscara: lo que me ha encargado que dijera, me lo guardaré: pero primero dejadme deciros que si la vais a llevar, como suele decirse, al paraíso de los tontos, sería una conducta muy grosera, como suele decirse: pues la dama es joven, y, por tanto, si la tratáis con doblez, de veras que sería una mala cosa para hacérsela a ninguna dama, y un mal comportamiento.
ROMEO.  Ama, encomiéndome a tu señora y dueña. Te juro...
AMA.   ¡Buen corazón! A fe, que eso le diré. Oh Dios mío, será una mujer feliz.
ROMEO.  ¿Qué le vas a decir, ama? No me haces caso.
AMA.  Le diré, señor, que juráis; lo que me parece que es un ofrecimiento de caballero.
ROMEO.  Dile que invente algún medio para irse a confesar esta tarde; y allí, en la celda de fray Lorenzo20, se confesará y se casará. Aquí tienes, por tu molestia.
AMA.  No, de veras, señor: ni un penique.
ROMEO.  Vamos, te digo que sí.
AMA.  ¿Esta tarde, señor? Bueno, allí estará.
ROMEO.  Y espera, buena ama: antes de una hora, mi criado estará contigo detrás de las tapias del convento, y te llevaré unas cuerdas en forma de escalera que, hasta el alto mastelero de mi alegría, me dejarán ascender en la secreta noche. Adiós: sé fiel, y pagaré tus molestias; adiós, encomiéndame a tu señora.
AMA.  ¡Ea, que os bendiga el Dios del cielo! Escuchad, señor.
ROMEO.  ¿Qué dices, mi querida ama?
AMA.  ¿Vuestro criado es reservado? ¿No habéis oído decir que dos pueden guardar un secreto cuando uno se va lejos?
ROMEO.  Te garantizo que mi criado es tan fiel como el acero.
AMA.  Bien, señor: mi señora es la más dulce dama... ¡Señor, Señor! cuando era una pequeñita charlatana... Ah, hay un noble en la ciudad, un tal Paris21, que estaría dispuesto a entrar al abordaje; pero ella, alma bendita, preferiría ver un sapo, un sapo en persona, antes que a él. A veces la hago rabiar, y le digo que Paris es el hombre más apropiado; pero, os lo aseguro, cuando digo eso, se pone tan pálida como el trapo más blanco de todo el mundo universal. ¿No empiezan con la misma letra romero y Romeo?
ROMEO.  Sí, ama, ¿y qué? Con R las dos.
AMA.  ¡Ah, bromista! La letra del perro22; R es por él... No, ya sé que empieza con otra letra... Y ella ha hecho con vos y el romero una sentencia muy linda, que os haría bien oírla.
ROMEO.  Recuerdos a tu señora. (Se va Romeo.)
AMA.  Sí, mil veces. ¡Pedro!
PEDRO.  ¡Mandad!
AMA.  Pedro, toma mi abanico, y ve delante, y andando. (Se van.)
Traducción y notas de José María Valverde
William Shakespeare

1 BENVOLIO: sobrino de Montesco y amigo de Romeo.
2 MERCUCIO: pariente del Príncipe de Verona y amigo de Romeo.
3 ROMEO: hijo de Montesco.
4 TEBALDO: sobrino de la señora Capuleto.
5 CAPULETO: cabeza de la familia Capuleto, enemistada con los Montesco.
6 Así se llama el gato en Reinard the Fox, versión inglesa del Roman de Renard
7 Los esgrimidores muy hábiles se complacían en dar en los botones del jubón de su adversario (botones forrados, según la moda, de seda).
8 En el código de honor había un catálogo de causas para el duelo. 
9 Los jóvenes a la moda, además de una esgrima "científica", se caracterizaban por su fraseología inusitada. 
10 Se alude ahora a la moda de los nuevos calzones, considerados afeminados e incómodos. 
11 En el original se juega con Dido y Dowdy.
12 Estaban de moda los escarpines con agujeros calados en forma de flor: hay aquí toda una cadena de juegos de palabras, traducida con relativa exactitud, aunque abreviamos la siguiente respuesta de Romeo (O single-sol'd jest, solely singular for the singleness.) 
13 En el original wild-goose chase, "caza del pato salvaje", nombre dado a un ejercicio de equitación, con persecución de jinetes. El juego de la oca, entonces difundido desde Italia, nos sirve para sustituirlo, dando lugar a todos los juegos de palabras que vienen a continuación, y que es preferible no comentar. 
14 Para no romper la cadena de chistes, ha habido que cargar la mano: el original dice: I stretch it out for that word "broad", which added to the "goose", proves thee far and wide a broad goose; broad goose, literalmente "ganso ancho", era un insulto de calibre medio. 
15 Saltamos el juego de palabras entre art, "arte", y thou art, "eres".
16 Se juega con tale, "cuento", y tail, "cola": no entramos en más detalles.
17 AMA: ama de compañía de Julieta.
18 PEDRO: criado de los Capuleto.
19 Aquí, y en la canción inmediata, sustituimos con "pájara" el original hare, "libre" y "prostituta".
20 FRAY LORENZO: franciscano.
21 PARIS: joven gentilhombre, pariente del Príncipe de Verona.
22 Pasaje oscuro y de lectura muy discutida. Ben Johnson, en su Gramática Inglesa, decía que la R era la letra del perro, porque éste ladra con su sonido.

Romeo y Julieta - Mercucio (Allegro giocoso) - Serge Prokofiev
Boston Symphony Orchestra
Seiji Ozawa

lunes, 13 de febrero de 2017

Fragmento de Julio César - William Shakespeare - Inglaterra


ACTO TERCERO

ESCENA II

[Roma. El Foro]

Entra Bruto1 y sube al "rostrum2"; y Casio3 con los Ciudadanos.

CIUDADANOS. Han de darnos explicaciones: tienen que satisfacernos.
BRUTO.  Entonces segidme, y prestadme atención, amigos. Casio, tú vete a la otra calle: separemos a la multitud. Los que me quieran oír hablar, que se queden aquí; los que quieran seguir a Casio, que se vayan con él, y se darán explicaciones públicas de la muerte de César4.
CIUDADANO PRIMERO.  Yo quiero oír hablar a Bruto.
CIUDADANO SEGUNDO.  Yo quiero oír a Casio y comparar sus razones cuando las oigamos dar por separado.

Se va Casio con algunos Ciudadanos.

CIUDADANO TERCERO.  El ilustre Bruto ha subido: ¡silencio!
BRUTO. Tened paciencia hasta el final. Romanos, compatriotas, amigos, escuchadme en mi motivación, y estad callados para que podáis oír. Creedme por mi honor, y tened respeto a mi honor, para que creáis. Censuradme en vuestra prudencia, y despertad vuestros sentidos, para juzgar mejor. Si en esta reunión hay algún afectuoso amigo de César, le digo que el cariño de Bruto a César no era menos que el suyo. Entonces, si ese amigo pregunta por qué Bruto se levantó contra César, mi respuesta es ésta: no es que yo amara menos a César, sino que amaba más a Roma. ¿Preferiríáis que viviera César y todos fuerais esclavos, en vez de que César haya muerto y todos viváis como hombres libres? Puesto que César me quiso, le lloro; puesto que fue afortunado, me alegro de ello; puesto que fue valiente, le honro; pero, puesto que era ambicioso, le he matado. Aquí hay lágrimas, por su cariño; alegría, por su suerte; honor, por su valentía; y muerte, por su ambición. ¿Quién hay aquí tan vil que quiera ser esclavo? Si lo hay, que hable, porque a ése es a quien he ofendido. ¿Quién hay aquí tan vil que no ame a su patria? Si lo hay, que hable, porque a ése es a quien he ofendido. Me detengo en espera de respuesta.
TODOS.  Nadie, Bruto, nadie.
BRUTO.  Entonces no he ofendido a nadie. No he hecho a César más que lo que tenéis que hacer a Bruto. El motivo de su muerte está inscrito en el Capitolio: no se ha menguado su gloria, en aquello en que fue digno; ni se han deformado los delitos por los que sufrió la muerte.

Entra Marco Antonio5, con el cadáver de César.

Aquí viene su cadáver, llorado por Marco Antonio, que, aunque no tuvo parte en su muerte, recibirá el beneficio de que haya muerto, un puesto en la república, y ¿quién de vosotros no? Y con esto, me retiro, pues, igual que he matado a quien más quería por el bien de Roma, tengo para mí esa misma daga, cuando a mi nación le parezca bien tener necesidad de mi muerte.
TODOS.  Vive, Bruto, vive, vive.
CIUDADANO PRIMERO.  Llevadle a su casa en triunfo.
CIUDADANO SEGUNDO.  Dadle una estatua con sus antepasados.
CIUDADANO TERCERO.  Hacedle César.
CIUDADANO CUARTO.  Las mejores cualidades de César han de ser coronadas en Bruto.
CIUDADANO PRIMERO.  Le llevaremos a su casa con gritos y clamores.
BRUTO.  ¡Compatriotas míos!
CIUDADANO SEGUNDO.  ¡Callad, silencio! Habla Bruto.
CIUDADANO PRIMERO.  ¡Callad, eh!
BRUTO.  Mis buenos compatriotas, dejadme marchar solo, y, en atención a mí, quedáos aquí con Antonio: honrad el cadáver de César, y haced honor a su discurso que dará gloria a César, como, por nuestra licencia, se le permite a Marco Antonio que haga. Os ruego que no se marche nadie más que yo mismo hasta que Antonio termine de hablar. (Se va.)
CIUDADANO PRIMERO.  ¡Quietos, eh! Oigamos a Marco Antonio.
CIUDADANO TERCERO.  Que suba a la tribuna pública, y le oiremos: noble Antonio, sube.
ANTONIO.  Os estoy agradecido, en atención a Bruto.
CIUDADANO CUARTO.  ¿Qué dice de Bruto?
CIUDADANO TERCERO.  Dice que, en atención a Bruto, nos está agradecido a todos.
CIUDADANO CUARTO.  ¡Más valdría que no dijera aquí nada malo de Bruto!
CIUDADANO PRIMERO.  Ese César fue un tirano.
CIUDADANO TERCERO.  No, lo cierto es que tenemos suerte con que Roma haya quedado libre de él.
CIUDADANO SEGUNDO.  Callad, vamos a oír lo que pueda decir Antonio.
ANTONIO.  ¡Oh amables romanos!
TODOS.  ¡Callad, eh! ¡Dejad que le oigamos!
ANTONIO.  Amigos, romanos, compatriotas, prestadme oídos: vengo a sepultar a César, no a elogiarle. El mal que hacen los hombres, vive después de ellos; el bien, muchas veces, queda enterrado con sus huesos: sea así con César. El ilustre Bruto os ha dicho que César era ambicioso: si así fue, fue una grave falta, y César la ha pagado gravemente, Aquí, con permiso de Bruto y de los demás (pues Bruto es un hombre honrado, y los demás también: todos son hombres honrados) vengo a hablar en el funeral de César. Él fue amigo mío, fiel y justo conmigo, pero Bruto dice que era ambicioso, y Bruto es un hombre honrado. Trajo a Roma muchos cautivos cuyos rescates llenaron las arcas públicas. ¿Pareció César ambicioso en esto? Cuando los pobres clamaban, César lloraba: la ambición debería estar hecha de materia más dura. Sin embargo, Bruto dice que era ambicioso, y Bruto es un hombre honrado. Visteis todos que en el Lupercal le ofrecí tres veces una corona real, y él la rechazó tres veces. ¿Fue eso ambición? Sin embargo, Bruto dice que era ambicioso, y, por supuesto, él es un hombre honrado, No hablo para desmentir lo que dijo Bruto, sino que estoy aquí para decir lo que sé: todos vosotros le quisisteis antes, no sin razón. ¿Qué razón, entonces, os impide llorarle? ¡Ah juicio! has huido a las bestias irracionales, y los hombres han perdido la razón. Perdonadme: mi corazón está aquí en el ataúd con César, y tengo que detenerme hasta que vuelva a mí.
CIUDADANO PRIMERO.  Me parece que tiene mucha razón en lo que dice.
CIUDADANO SEGUNDO.  Si consideras bien el asunto, a César se le ha hecho un gran agravio.
CIUDADANO TERCERO.  ¿Se le ha hecho, señores? Me temo que vendrá otro peor en su lugar.
CIUDADANO CUARTO.  ¿Os fijasteis en sus palabras? No quería recibir la corona, de modo que está claro que no era ambicioso.
CIUDADANO PRIMERO.  Si así resulta, algunos lo pagarán caro.
CIUDADANO SEGUNDO.  ¡Pobre hombre! TIene los ojos rojos como el fuego de tanto llorar.
CIUDADANO TERCERO.  No hay en Roma un hombre más noble que Antonio.
CIUDADANO CUARTO.  Fijaos ahora en él: otra vez empieza a hablar.
ANTONIO.  Ayer mismo, la palabra de César podía enfrentarse al mundo; ahora yace ahí, y nadie es tan poca cosa que le haga reverencia. ¡Ah señores! Si pretendiera remover vuestros corazones y ánimos al desorden y la cólera, agraviaría a Bruto y a Casio, que, como sabéis todos, son hombres honrados. No les agraviaré: prefiero más bien agraviar al muerto, agraviarme a mí mismo y a vosotros, antes que agraviar a tan honrados hombres. Pero aquí hay un pergamino con el sello de César: lo encontré en su cuarto. Es su última voluntad: los villanos, sólo con que oyeran este testamento (que, perdonadme, no pienso leer), irían a besar las heridas de César muerto y a mojar sus pañuelos en su sangre sagrada: más aún, pedirían un pelo suyo como reliquia, y al morir, lo mencionarían en sus testamentos, dejándolo a su progenie como rico legado.
CIUDADANO CUARTO.  Queremos oír el testamento: léelo, Marco Antonio.
TODOS.  El testamento, el testamento: queremos oír el testamento de César.
ANTONIO.  Tened paciencia, amables amigos, no debo leerlo. No es conveniente que sepáis cómo os quería César: no sois madera, no sois piedra, sino hombres, el escuchar el testamento de César os inflamará y os volverá locos: está bien que no sepáis que sois sus herederos, pues, si lo supierais, ah ¿qué resultaría de ello?
CIUDADANO CUARTO.  Lee el testamento: queremos oírlo, Antonio: tienes que leernos el testamento, el testamento de César.
ANTONIO.  ¿Vais a tener paciencia? ¿Queréis esperar un poco? Me he excedido al hablaros de ello: temo que agravio a los hombres honrados cuyas dagas apuñalaron a César: lo temo.
CIUDADANO CUARTO.  Fueron traidores. ¿Qué hombres honrados?
TODOS.  El testamento, la última voluntad.
CIUDADANO SEGUNDO.  Fueron villanos, asesinos: el testamento, lee el testamento.
ANTONIO.  Me vais a obligar entonces a leer el testamento. Reuníos, pues, en círculo en torno al cadáver de César y dejadme mostraros al que hizo el testamento: ¿he de bajar? ¿me lo permitiréis?
TODOS.  Baja.
CIUDADANO SEGUNDO.  Desciende.
CIUDADANO TERCERO.  Te lo permitiremos.
CIUDADANO CUARTO.  En círculo: poneos alrededor.
CIUDADANO PRIMERO.  Apartaos del ataúd, apartaos del cadáver.
CIUDADANO SEGUNDO.  Dejad sitio a Antonio, al nobilísimo Antonio.
ANTONIO.  Ea, no me apretéis tanto, apartaos.
TODOS.  Echaos atrás: sitio, echaos atrás.
ANTONIO.  Si tenéis lágrimas, preparaos para verterlas ahora. Todos vosotros conocéis este manto: recuerdo la primera vez que se lo puso César. Fue un atardecer de verano, en su tienda, el día que venció a los de Nervi. Mirad, por este sitio se clavó el puñal de Casio: mirad qué desgarrón hizo el rencoroso Casca6: a través de éste, el bienamado Bruto le apuñaló, y al retirar su maldito acero, fijaos cómo lo siguió la sangre de César, como precipitándose a salir por la puerta para averiguar si era o no Bruto quien llamaba tan cruelmente; pues, como sabéis, Bruto era el ángel de César. Juzgad, oh dioses, qué profundamente le quiso César: éste fue el tajo más cruel de todos. Pues cuando el noble César le vio que le apuñalaba, le venció la ingratitud, más fuerte que los brazos de los traidores; entonces estalló su poderoso corazón, y envolviendo el rostro en el manto, al pie de la estatua de Pompeyo7 (que durante todo ese tiempo manó sangre) cayó el gran César. ¡Ah qué caída fue esa, mis compatriotas! Entonces yo, y vosotros, y todos nosotros caímos, mientras la sanguinaria traición triunfaba sobre nosotros. Ah, ahora lloráis y noto que sentís el mordisco de la compasión: ésas son gotas de generosidad. Almas bondadosas, ¿cómo? ¿lloráis sólo de ver herida la toga de César? Mirad aquí: aquí está él mismo, despedazado como veis por los traidores.
CIUDADANO PRIMERO.  ¡Ah espectáculo lamentable!
CIUDADANO SEGUNDO.  ¡Oh noble César!
CIUDADANO TERCERO.  ¡Ah día de desgracia!
CIUDADANO CUARTO.  ¡Ah traidores, villanos!
CIUDADANO PRIMERO.  ¡Ah visión sangrienta!
CIUDADANO SEGUNDO.  Nos vengaremos8. ¡Venganza, ve por ahí, a buscar, a quemar, a incendiar, a matar, a exterminar! No dejes un traidor vivo.
ANTONIO.  Esperad, compatriotas.
CIUDADANO PRIMERO.  Callad ahí, oíd al noble Antonio.
CIUDADANO SEGUNDO.  Le oiremos, le seguiremos, moriremos con él.
ANTONIO.  Buenos amigos, dulces amigos, no quiero sublevaros a tan repentino desbordamiento de rebelión. Los que han hecho esta acción, son honrados. Yo no sé, ay, qué agravios particulares tuvieron para llevarles a hacerlo: son prudentes y honrados, y no dudo de que os responderán con razones. Yo, amigos, no vengo para apoderarme de vuestros corazones. Yo no soy orador, como lo es Bruto: sino -tal como me conocéis todos- un hombre sencillo y franco que quiero a mi amigo, y lo saben muy bien ellos, que me han dado permiso para hablar de él en público: pues no tengo texto escrito9 ni palabras ni valor ni habilidad ni elocuencia ni poder de lenguaje para removerles la sangre a los hombres. Yo hablo sólo por las buenas: os digo lo que sabéis vosotros mismos, os muestro las heridas del amado César, pobres, pobres bocas mudas, y les pido que hablen por mí: pero si yo fuera Bruto, y Bruto fuera Antonio, habría un Antonio que os agitaría los ánimos y pondría una lengua en cada herida de César para mover hasta a las piedras de Roma a la rebelión y el motín.
TODOS.  ¡Nos amotinaremos!
CIUDADANO PRIMERO.  Quemaremos la casa de Bruto.
CIUDADANO TERCERO.  Vamos allá, venid a buscar a los conspiradores.
ANTONIO.  Pero escuchadme, compatriotas, escuchadme hablar todavía.
TODOS.  Callad, eh, oíd a Antonio, el nobilísimo Antonio.
ANTONIO. ¿Qué es eso, amigos? ¿Os vais a hacer no sábeis qué? ¿En qué ha merecido César de ese modo vuestro cariño? Ay, no lo sabéis: os lo tengo que decir entonces: habéis olvidado el testamento de que os hablé.
TODOS.  Es mucha verdad: el testamento. Esperémonos a oír el testamento.
ANTONIO.  Aquí está el testamento, y bajo el sello de César: da a cada ciudadano romano setenta y cinco dracmas por cabeza.
CIUDADANO SEGUNDO.  ¡Nobilísimo César, vengaremos su muerte!
CIUDADANO TERCERO.  ¡Ah egregio César!
ANTONIO.  Escuchadme con paciencia.
TODOS.  ¡Silencio, eh!
ANTONIO.  Además, os ha dejado todos sus paseos, sus glorietas particulares, sus jardines recién plantados a esta orilla del Tíber: os lo ha dejado a vosotros y a vuestros herederos para siempre: lugares públicos de recreo para pasear y disfrutar. Ése fue un César: ¿cuándo saldrá otro igual?
CIUDADANO PRIMERO.  Nunca, nunca; ea, vamos, vamos: incineraremos su cadáver en el lugar sagrado, y con las ascuas quemaremos las casas de los traidores. Llevaos el cadáver.
CIUDADANO SEGUNDO.  Id a buscar fuego.
CIUDADANO TERCERO.  Derribad bancos.
CIUDADANO CUARTO.  Derribad asientos, ventanas, todo.

Se van los Ciudadanos llevándose el cadáver.

ANTONIO.  Ahora, hay que dejarlo actuar. Ruina, estás en marcha: toma la dirección que quieras. ¿Qué hay, mozo?

Entra un Criado.

CRIADO.  Señor, Octavio10 ya ha llegado a Roma.
ANTONIO.  ¿Dónde está?
CRIADO.  Está con Lépido11 en casa de César.
ANTONIO.  Allí iré derecho, a visitarle: llega conforme al deseo. La fortuna está contenta, y con ese humor, nos dará cualquier cosa.
CRIADO.  Le he oído decir que Bruto y Casio han salido al galope como locos por la puerta de Roma.
ANTONIO.  Quizás han tenido noticia de cómo he agitado a la gente. Acompáñame a ver a Octavio. (Se van.)
Traducción de José María Valverde

1 MARCO BRUTO: conspirador contra Julio César.
2 Tribuna pública, pedestal de piedra, a modo de proa, para uso de los oradores. (Nota del traductor)
3 CASIO: conspirador contra Julio César.
4 JULIO CÉSAR: dictador y, antes, uno de los componentes del Primer Triunvirato, junto con Pompeyo y Craso.
5 MARCO ANTONIO: triunviro después de la muerte de César, junto con Lépido y Octavio (2º Triunvirato).
6 CASCA: conspirador contra Julio César.
7 POMPEYO: triunviro del Primer Triunvirato, junto con César y Craso.
8 En ediciones modernas, las siguientes exclamaciones se distribuyen entre los otros tres Ciudadanos o entre otros que hasta ahora no hubieran dicho nada. (Nota del traductor)
9 Algunos leen wit, "ingenio", en vez de writ, "texto escrito". (Nota del Traductor)
10 OCTAVIO: sobrino-nieto e hijo adoptivo de César; triunviro del 2º Triunvirato (como se ha dicho), que más adelante se convertiría en el Primer Emperador bajo el título de Augusto.
11 LÉPIDO: uno de los componentes del 2º Triunvirato.

Marlon Brando como Marco Antonio en 'Julio César', de Joseph L. Mankiewicz, 1953

Banda sonora de la película 'Julio César' (Obertura y Preludio) - Miklós Rózsa