Chet Baker - Like Someone In Love

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martes, 19 de junio de 2012

Follas novas (Hojas nuevas)/y 5 - Rosalía de Castro - España

Fillos de mariñeiros - Caino Vasconcellos (Galicia)
5
As viudas dos vivos e as viudas dos mortos

¡Pra a Habana!
I
Vendéronlle os bois,
vendéronlle as vacas,
o pote do caldo
i a manta da cama.
Vendéronlle o carro
i as leiras que tiña;
deixárono sóio
coa roupa vestida.
"María, eu son mozo,
pedir non me é dado;
eu vou polo mundo
pra ver de ganalo.
Galicia está probe,
i á Habana me vou...
¡Adiós, adiós, prendas
do meu corazón!"

II
Cando ninguén os mira,
vense rostros nubrados e sombrisos,
homes que erran cal sombras voltexantes
por veigas e campíos.
Un, enriba dun cómaro
séntase caviloso e pensativo;
outro, ó pe dun carballo queda imóvil,
coa vista levantada hacia o infinito.
Algún, cabo da fonte recrinado,
parés que escoita atento o murmurío
da auga que cai, e eisala xordamente
tristísimos sospiros.
¡Van a deixala patria...!
Forzoso, mais supremo sacrificio.
A miseria está negra en torno deles,
¡ai!, ¡i adiante está o abismo...!

III
O mar castiga bravamente as penas,
e contra as bandas do vapor se rompen
as irritadas ondas
do Cántabro salobre.
Chilan as gaviotas
¡alá lonxe...!, ¡moi lonxe!,
na prácida ribeira solitaria
que convida ó descanso i ós amores.
De humanos seres a compauta línea
que brila ó sol adiántase e retórcese,
mais preto e lentamente as curvas sigue
do murallón antigo do Parrote.
O corazón apértase de angustia,
óiense risas, xuramentos se oien,
i as blasfemias se axuntan cos sospiros...
¿Ónde van eses homes?
Dentro dun mes, no simiterio imenso
da Habana, ou nos seus bosques,
ide a ver qué foi deles...
¡No eterno olvido para sempre dormen!
¡Probes nais que os criaron,
i as que os agardan amorosas, probes!

IV
"¡Ánimo, compañeiros!
Toda a terra é dos homes.
Aquel que non veu nunca máis que a propria,
a iñorancia o consome.
¡Ánimo! ¡A quen se muda Diolo axuda!
¡I anque ora vamos de Galicia lonxe,
verés desque tornemos
o que medrano os robres!
Mañán é o día grande, ¡á mar, amigos!
¡Mañán, Dios nos acoche!"
¡No sembrante a alegría,
no corazón o esforzo,
i a campana armoniosa da esperanza,
lonxe, tocando a morto!

V
Éste vaise i aquél vaise,
e todos, todos se van.
Galicia, sin homes quedas
que te poidan traballar.
Tes, en cambio, orfos e orfas
e campos de soledad,
e nais que non teñen fillos
e fillos que non tén pais.
E tes corazóns que sufren
longas ausencias mortás,
viudas de vivos e mortos
que ninguén consolará.

*
Tecín soia a miña tea,
sembréi soia o meu nabal,
soia vou por leña ó monte,
soia a vexo arder no lar.
Nin na fonte nin no prado,
así morra coa carrax,
el non ha de virme a erguer,
el xa non me pousará.
¡Qué tristeza! O vento soa,
canta o grilo ó seu compás...;
ferve o pote..., mais, meu caldo,
soíña te hei de cear.
Cala, rula, os teus arrulos
ganas de morrer me dan;
cala, grilo, que si cantas
sinto negras soidás.
O meu homiño perdéuse,
ninguén sabe en ónde vai...
Anduriña que pasache
con el as ondas do mar;
anduriña, voa, voa,
ven e dime en ónde está.

Vivir para ver
Marcháchete un día
ti, aquel que eu quería;
fuxiste da terra
que tanta alegría
i encantos encerra.
Dixeches: "María,
máis dose que as meles,
máis linda que as frores,
paloma sin feles,
non chores, non chores,
que ausencia envivece,
non mata, ni esquece
os doces amores
que a dicha axuntóu.
¡Eu voume...!, mais si ora
delor nos ofrece
fertuna traidora,
jamás te olvidara
quen tanto te adora
quen tanto te amara.
¡Adiós, miña vida!
No peito escondida
te levo, antretanto
non torno te a ver.
¡Ti espera!, pois xuro
por Dios sacrosanto,
que si non morrer,
aquí hei de volver".
Morrer, non morreche...
i anque eu esperara...,
¡qué ben que compriche,
palabra que diche,
amor que tiveche!
Que os anos pasaron,
as frores mucharon,
os negros cabelos
en brancos tornaron;
e nunca máis, nunca,
¡poder dun querer!,
qixeches volver...
Vivir para ver.

Tan sóio
Os dous, da terra lonxe
andamos e sufrimos, ¡ai de min!
Mais ti tan sóio te recordas dela,
i eu, dela e máis de ti.

Ambos errantes polo mundo andamos
i as nosas forzas acabando van.
Mais ¡ai!, ti nela atoparás descanso,
i eu tan sóio na morte o hei de atopar.

5
Las viudas de los vivos y las viudas de los muertos

¡Para la Habana!1
I
Vendiéronle los bueyes,
vendiéronle las vacas,
el pote del caldo
y la manta de la cama.
Vendiéronle el carro
y las tierras que tenía;
dejáronlo sólo
con la ropa vestida.
"María, yo soy mozo,
pedir no me es dado;
yo iré por el mundo
para ver de ganarlo.
Galicia está pobre,
y a la Habana me voy...
¡Adiós, adiós, prendas
de mi corazón!"

II
Cuando nadie los mira,
se ven rostros nublados y sombríos,
hombres que vagan cual sombras errantes
por vegas y campos.
Uno, sobre un cerro
se sienta caviloso y pensativo;
otro, al pie de un roble queda inmóvil,
con la vista levantada hacia el infinito.
Alguno, junto a la fuente reclinado,
parece que escucha atento el murmullo
del agua que cae, y exhala sordamente
tristísimos suspiros,
¡Van a dejar la patria...!
Forzoso, mas supremo sacrificio.
La miseria está negra en torno de ellos,
¡ay!, ¡y delante está el abismo...!

III
El mar castiga bravamente las peñas,
y contra las bandas del vapor se rompen
las irritadas olas
del Cantábrico salobre.
Chillan las gaviotas
¡allá lejos...!, ¡muy lejos!,
en la plácida ribera solitaria
que convida al descanso y a los amores.
De humanos seres la compacta línea
que brilla al sol avanza y se retuerce,
mas cerca y lentamente las curvas sigue
del murallón antiguo del Parrote2.
El corazón oprímese de angustia,
óyense risas, juramentos se oyen,
y las blasfemias se juntan con los suspìros...
¿Dónde van esos hombres?
Dentro de un mes, en el cementerio inmenso
de La Habana, o en sus bosques,
id a ver qué fue de ellos...
¡En el eterno olvido para siempre duermen!
¡Pobres madres que los criaron,
y las que los aguardan amorosas, pobres!

IV
"¡Ánimo compañeros!
Toda la tierra es de los hombres.
A aquel que no vio nunca más que la propia,
la ignorancia lo consume.
¡Ánimo! ¡A quien se muda Dios lo ayuda!
¡Y aunque ahora vamos de Galicia lejos,
veréis cuando volvamos
lo que crecieron los robles!
Mañana es el día grande, ¡a la mar, amigos!
¡Mañana, Dios nos acoge!"
¡En el semblante la alegría,
en el corazón el esfuerzo,
y la campana armoniosa de la esperanza,
lejos, tocando a muerto!

V
Éste se va y aquél se va,
y todos, todos se van.
Galicia, sin hombres quedas
que te puedan trabajar.
Tienes, en cambio, huérfanos y huérfanas
y campos de soledad,
y madres que no tienen hijos
e hijos que no tienen padres.
Y tienes corazones que sufren
largas ausencias mortales,
viudas de vivos y muertos
que nadie consolará.

*
Tejí yo sola mi tela,
sembré sola mi nabal,
sola voy por leña al monte,
sola la veo arder en el lar.
Ni en la fuente ni en el prado,
así muera yo con rabia,
él no ha de venir a levantarme,
él ya no me tumbará.
¡Qué tristeza! El viento suena,
canta el grillo a su compás...;
hierve el pote..., mas, caldo mío,
solita te he de cenar.
Calla, tórtola, tus arrullos
ganas de morir me dan;
calla, grillo, que si cantas
siento negra soledad.
Mi marido perdióse,
nadie sabe dónde va...
Golondrina que pasaste
con él las olas del mar;
golondrina, vuela, vuela,
ven y dime dónde está.

Vivir para ver3
Te marchaste un día
tú, a quien yo quería;
huiste de la tierra
que tanta alegría
y encantos encierra.
Dijiste: "María,
más dulce que las mieles,
más linda que las flores,
mariposa sin hieles,
no llores, no llores,
que la ausencia aviva,
no mata, ni olvida
los dulces amores
que la dicha unió.
¡Me voy...!, mas si ahora
dolor nos ofrece
fortuna traidora,
jamás te olvidara
quien tanto te adora
quien tanto te amara.
¡Adiós, vida mía!
En el pecho escondida
te llevo, entretanto
no te vuelva a ver.
¿Tú espera!, pues juro
por Dios sacrosanto,
que si no muero,
aquí he de volver".
Morir, no moriste...
y aunque yo esperara...,
¡qué bien que cumpliste,
palabra que diste,
amor que tuviste!
Que los años pasaron,
las flores se ajaron,
los negros cabellos
en blancos tornaron;
y nunca más, nunca,
¡poder de un querer!,
quisiste volver...
Vivir para ver.

Tan sólo
Los dos, de la tierra lejos
andamos y sufrimos, ¡ay de mí!
Mas tú tan sólo te acuerdas de ella,
y yo, de ella y además de ti.

Ambos errantes por el mundo andamos
y nuestras fuerzas acabando van.
Mas, ¡ay!, tú en ella encontrarás descanso,
y yo tan sólo en la muerte lo he de hallar.

Versión castellana y notas de María Asensio

1 Rosalía agrupa en este quinto libro de Follas novas su poesía de carácter social, con el tema central de la emigración. En este primer poema retrata varias escenas sobre los gallegos que emigran a Cuba: los jóvenes matrimonios que se separan al marchar él, el sacrificio que supone abandonar la tierra y los suyos, las largas hileras de hombres esperando a embarcar, el ánimo que hay que sacar para afrontarlo y la soledad en que quedan mujeres y niños.
2 Dentro de las instalaciones del puerto marítimo de A Coruña se encuentra el astillero construido en el siglo XVI en el Parrote.
3 Rosalía parte de esta expresión popular para desarrollar el tema de la viuda en vida a lo largo del poema y cerrarlo repitiendo el título a modo de estribillo. El poema es una clara denuncia de la dependencia de la mujer con respecto al marido, haciendo ver que si la emigración es dolorosa para el hombre que emigra, lo es aún más para la mujer, que pierde para siempre su libertad.


***
Fráxil e profunda, sombra e luz, Rosalía de Castro transitou pola vida, con palabras, xa de revelación, xa de misterio, por camiños sempre adversos. Vivía nun país sen voz propia e foi ela a primeira, con entidade, en atopar o nome das cousas, o nome non escrito das nosas cousas. Acontecía esta prodixiosa invención en 1863, o ano daquel libro auroral e reivindicativo que se titula "Cantares gallegos". Cantou a cotovía e xa todo foi distinto. Era Galicia daquela un país totalmente analfabeto no seu idioma, pero, aínda así, os versos galegos da Cantora axiña foron citados, amados, recitados e recordados. Xentes moi diversas da nosa terra, as humildes en primeiro lugar, intuíron a grandeza e a beleza da fazaña: un poeta muller orfa na nenez, unha muller de pouca saúde e agobiada polas penas, asume, sen pedantería, como quen respira, a defensa e a canción do marxinado e postrado país. Algún tempo despois, a gratitude e a devoción das xentes esbozaban o comenzo dun mito. E aquela voz primaveral e orientadora, anos máis tarde, en 1880, mergúllase, no libro "Follas novas", en estratos esenciais do ser humano, que son os estratos dos grandes desasosegos, do drama profundo e da grave condición dos grandes espíritos. Sen embargo, nas páxinas non atormentadas por aquela peculiar angustia existencial, Rosalía, cálida musa solidaria, canta algunhas das feridas históricas do seu país, en especial a dor e a dura soedade "das viudas dos vivos e das viudas dos mortos", como ela dixo en inmortal expresión.
Poeta con varios poetas dentro, escritora de expresión rica en rexistros, musa polifacética, espírito torturado, voz reveladora en tantas ocasións, xa na antesala da morte publica o libro "En las orillas del Sar", que é un tratado de desolación. Ninguén ata estas datas se asomara, en ningunha das linguas hispánicas a territorios tan graves do espírito humano. XESÚS ALONSO MONTERO

sábado, 16 de junio de 2012

Follas novas (Hojas nuevas)/4 - Rosalía de Castro - España

Romería - Caino Vasconcellos (Galicia)
4
Da terra

¡Calade!
Hai nas ribeiras verdes, hai nas risoñas praias
e nos penedos ásperos do noso inmenso mar,
fadas de estraño nome, de encantos non sabidos,
que só con nós comparten seu prácido folgar.

Hai entre a sombra amante das nosas carballeiras,
e das curtidas frescas no vívido esprendor,
e no romor das fontes, espritos cariñosos
que só ós que aquí naceron lles dan falas de amor.

I hai nas montañas nosas e nestes nosos ceos,
en canto aquí ten vida, en canto aquí ten ser,
cores de brilo soave, de trasparencia húmida,
de vaguedade incerta, que a nós só dá pracer.

Vós, pois, os que naceches na orela doutros mares,
que vos quentás á llama de vivos lumiares,
e só vivir vos compre baixo un ardente sol,
calá, se n'entendedes encantos destos lares,
cal, n'entendendo os vosos, tamén calamos nós.

*
I
Formoso campo de Cornes,
cando te cobres de lirios,
tamén se me cobre a ialma
de pensamentos sombrisos.
De Cornes lindo lugare,
que cruzan tantos caminos:
anque cuberto de rosas,
as rosas tamén fan guizos.

Antre as pedras, alelises;
antre os toxos, campanillas;
por antre os musgos, violas;
regos por antre as curtiñas.
Río abaixo está o moíño,
Compostela río arriba...
Río arriba ou río abaixo,
todo é calma na campía.

Convidando a meditare,
soan de Conxo as campanas;
beben os bois no teu río
i o sol alegra a escampada.
Das túas casas terreñas
sai fume, i os galos cantan...
¡Quén en tan fresco retiro
dirá que as dores fan lama!

Donde hai homes hai pesares;
mais nos teus campos, ña terra,
maxino que os hai máis fondos
cando te amostras máis leda.
Porque eses tríos dos páxaros,
eses ecos i esas brétemas
vaporosas i esas frores,
na alma triste, ¡cánto pesan!

Polas silveiras errante
vexo unha meniña orfa
que triste vai marmurando:
-¡Ña Virxe, quén rosa fora!
-¿Por qué qués ser rosa, nena?
lle preguntéi cariñosa.
I ela contesta sorrindo:
-Porque non tén fame as rosas.

Costa arriba, costa arriba,
desandémolo camiño.
¡Fuxamos deste sosego,
dos pesares enemigo!
¡Qué negro contraste forman
da natureza o tranquilo
reposo, coas ansias feras
que abaten o inxel esprito!

II
Cruceiro de Ramírez que te ergues solitario
dos Agros na espranada, antre as rosas dos campos:
o sol da tarde pousa en ti o postreiro raio
coma nun alma triste pousa un soño dourado.

Algunha vez no estío, eu ó teu pe sentada
escoito silenciosa, mentras a tarde acaba;
baixo das pedras mudas, que teu secreto gardan,
maxino que resoa o brando son dun arpa,
¡música incomprensible que doutros mundos fala!

¡Tal de Memnón se oían ó amañecer na estatua
aqueles sons divinos que as almas encantaban!

III
Ódiote, campo fresco,
cos teus verdes valados,
cos teus altos loureiros
i os teus camiños brancos
sembrados de violetas,
cubertos de emparrados.

Ódiovos, montes soaves
que o sol poniente aluma,
que en noites máis sereas
vin ó fulgor da lúa,
i onde en mellores días
vaguéi polas alturas.

E ti tamén, pequeno
río, cal no outro hermoso,
tamén aborrecido
es antre os meus recordos...
¡Porque vos améi tanto,
é porque así vos odio!

4
De la tierra

¡Callad!
Hay en las riberas verdes, hay en las risueñas playas
y en los roquedos ásperos de nuestro inmenso mar,
hadas de extraño nombre, de encantos desconocidos,
que sólo con nosotros comparten su plácido holgar.

Hay entre la sombra amante de nuestros robledales,
y de los prados frescos en el vívido esplendor,
y en el rumor de las fuentes, espíritus cariñosos
que sólo a los que aquí nacieron les hablan de amor.

Y hay en las montañas nuestras y en estos cielos nuestros,
en cuanto aquí tiene vida, en cuanto aquí tiene ser,
colores de brillo suave, de transparencia húmeda,
de vaguedad incierta, que sólo a nosotros da placer.

Vosotros, pues, los que nacisteis a la orilla de otros mares,
que os calentáis a la llama de vivos luminares,
y sólo vivir os cumple bajo un ardiente sol,
callad, si no entendéis los encantos de estos lares,
cual, no entendiendo los vuestros, también me callo yo.1

*
I
Hermoso campo de Cornes2,
cuando te cubres de lirios,
también se me cubre el alma
de pensamientos sombríos.
De Cornes lindo lugar,
que cruzan tantos caminos:
aunque cubierto de rosas,
las rosas también dan pinchos.

Entre las piedras, alhelíes;
entre los tojos, campanillas;
por entre los musgos, violetas;
riachuelos por entre los prados.
Río abajo está el molino,
Compostela río arriba...
Río arriba o río abajo,
todo es calma en la campiña.

Convidando a meditar,
suenan de Conxo3 las campanas;
beben los bueyes en tu río
y el sol alegra la escampada.
De tus casas terrosas
sale humo, y los gallos cantan...
¡Quién en tan fresco retiro
dirá que los dolores enfangan!

Donde hay hombres hay pesares;
mas en tus campos, ¡ay, tierra!,
imagino que los hay más hondos
cuanto más feliz te muestras.
Porque esos trinos de los pájaros,
esos ecos y esas nieblas
vaporosas y esas flores,
en el alma triste, ¡cuánto pesan!

Por las zarzas errante
veo una niña huérfana
que triste va murmurando:
-¡Ay, Virgen, quién rosa fuera!
-¿Por qué quieres ser rosa, nena?
-le pregunté cariñosa.
Y ella contesta sonriendo:
-Porque no tienen hambre las rosas.

Cuesta arriba, cuesta arriba,
desandemos el camino.
¡Huyamos de este sosiego,
de los pesares enemigo!
¡Qué negro contraste forman
de la naturaleza el tranquilo
reposo, con las ansias fieras
que abaten el inocente espíritu!

II
Crucero de Ramírez4 que te yergues solitario
de los Agros en la explanada, entre las rosas de los campos:
el sol de la tarde posa en ti el postrer rayo
como en un alma triste posa un sueño dorado.

Alguna vez en el estío, yo a tu pie sentada
escucho silenciosa, mientras la tarde acaba;
bajo las piedras mudas, que tu secreto guardan,
imagino que resuena el blando son de un arpa,
¡música incomprensible que de otros mundos habla!

¡Tal de Memnón5 se oían al amanecer en la estatua
aquellos sones divinos que las almas encantaban!

III
Ódiote, campo fresco,
con tus verdes vallados,
con tus altos laureles
y tus caminos blancos
sembrados de violetas,
cubiertos de emparrados.

Os odio, montes suaves
que el sol poniente alumbra,
que en noches más serenas
vi al fulgor de la luna,
y donde en mejores días
vagué por las alturas.

Y tú también, pequeño
río, cual ningún otro hermoso,
también aborrecido
eres entre mis recuerdos...
¡Porque os amé tanto,
es por lo que así os odio!

Versión castellana y notas de María Asensio

1 Rosalía arremete contra los que desprecian la cultura gallega y exige el mismo respeto que los gallegos muestran a los de otras tierras cuando tienen que emigrar forzosamente a Castilla y otras partes de España.
2 Pueblo de A Coruña, cerca de Muros y Noia.
3 Monasterio benedictino de Santa María de Conxo, en el ayuntamiento de Conxo, que era limítrofe con Santiago en época de Rosalía y que actualmente ha quedado anexionado a la ciudad compostelana.
4 Se llama cruceiro a las altas cruces de piedra que tanto abundan en Galicia. El cruceiro de Ramírez se levantó en 1719 en el Ensanche de Santiago de Compostela, entre la plaza Rubia y la iglesia de San Fernando, en medio de campos de cultivo conocidos por los Agros de la Carrera, aunque a mediados del siglo pasado fue trasladado a otra plaza. Según la leyenda, en su primitivo emplazamiento hubo un duelo entre dos caballeros del que resultó uno muerto, que por no ser admitido en el cementerio recibió sepultura allí mismo. Desde entonces su alma vaga por los caminos buscando oraciones que alivien sus penas.
5 En la mitología griega, rey de Etiopía e hijo de Eos, la diosa de la aurora. En la Guerra de Troya lo mató Aquiles y Eos lloró la muerte de su hijo toda la noche. Sus lágrimas aún se ven al amanecer en forma de rocío. Conmovido por el dolor de Eos, Zeus le concedió a Memnón la inmortalidad.

lunes, 4 de junio de 2012

Follas novas (Hojas nuevas)/3 - Rosalía de Castro - España

Paisaje - Deside (Galicia)
3
Varia

Vamos bebendo
-Teño tres pitas brancas
e un galo negro,
que han de poner bos ovos,
andando o tempo;
i hei de vendelos caros
polo xaneiro,
i hei de xuntalos cartos
para un mantelo,
i heino de levar posto
no casamento,
i hei...

-Pois mira, Marica,
vai por un neto,
que antramentas non quitas
eses cerellos,
i as pitas van medrando
con galo negro,
para poñelos ovos,
e todo aquelo
do xaneiro, dos cartos
i o casamento,
miña prenda da ialma,
¡Vamos bebendo!

Tristes recordos
Unha tarde alá en Castilla
brilaba o sol cal decote
naqueles desertod brila:

craro, ardoroso e insolente,
con perdón del, pois n'é modo
aquel de queimala xente

e secar con tales bríos
a probe inxeliña prante,
a fonte, os sedentos ríos.

Unha tarde, ¡ouh, qué tristeza
me acometéu tan traidora,
véndome en tal aspereza!

¡Adónde vin á parar!,
pensaba mirando o ceo
para a terra non mirar.

Porque o ceo era, eso sí,
un máis ou menos azul
como o que temos aquí.

Mentras que a terra, ¡bon Dios...!
Señor, ¿posibre será
que aquéla a fixeses Vós?

Mais, ¿por qué estrañarme tal
si as cousas que Vós facés
jamás as facedes mal?

Fixestes tan tristes llanos,
mais fixécheos, Dios cremente,
sóio para os castellanos.

¡Ai!, cada pomba ó seu niño,
cada conexo ó seu tobo,
cada ialma ó seu cariño.

Aquesto me eu repetía
naquela tarde, recordo
de negra malencolía.

E namentras, contempraba
da igual, extensa llanura
a terra que branqueaba;

do largo pinar cansado
a negra mancha sin término,
do puebro o color queimado;

y antre o chan i o firmamento,
as nubes de denso polvo
que iba levantando o vento;

do deserto fiel imaxe,
¡co mesmo alento de brasa,
co mesmo ardente coraxe!

Ó lonxe o mular pasaba,
viña a tourada máis preto,
a ovella enferma balaba,

e no xa queimado espiño,
funxido do sol ardente
pousábase o paxariño.

¡Dios mío, qué ansia cativa!
Pesaba en min a tristeza
cal se me enterrasen viva.

Lembranzas da terra hermosa,
calmá ca vosa frescura
as penas da alma chorosa;

porque ese sedento río
envolto en malinas brétemas,
dá callentura, dá frío.

De pronto oín un cantar,
cantar que me conmovéu
hastra facerme acorar.

¡Era a gallega canzón,
era o alalá..., que fixo
bater o meu corazón

con un estraño bater,
doce, como o ben amar,
fero, como o padecer!

De polvo e sudor cubertos
ca fouce ó lombo, corrían
por aqués campos desertos

un fato de segadores...
¡Y eran eles, eran eles
os meigos dos cantadores!

¡Adiós, pinares queimados!
¡Adiós, abrasadas terras
e cómaros desolados!

Pechéi os ollos e vin...:
vin fontes, prados e veigas
tendidos ó pe de min.

Mais cando a abrilos tornéi,
morrendo de soidades,
toda a chorar me matéi.

E non paréi de chorar
nunca, hastra que de Castela
houbéronme de levar.

Leváronme para nela
non me teren que enterrar.

*
Chirrar dos carros da Ponte,
tristes campanas de Herbón:
cando vos oio partídesme
as cordas do corazón.

Ceboleiras que is e vindes
de Adina polos camiños,
á beira do camposanto
pasá leve e paseniño.

Que anque din que os mortos n'oien,
cando ós meus lle vou falar,
penso que anque estén calados
ben oien o meu penar.

3
Varios

Vamos bebiendo
-Tengo tres pollas blancas
y un gallo negro,
que han de poner buenos huevos,
andando el tiempo;
y he de venderlos caros
allá por enero,
y he de juntar los cuartos
para un buen manto,
y lo he de llevar puesto
en el casamiento,
y he...

-Pues mira, María,
ve por un trago,
que mientras no te quites
esos harapos,
y no crezcan las pollas
con el gallo negro,
para poner los huevos,
y todo aquello
de enero, de los cuartos
y del casamiento,
mi prenda del alma,
¡vamos bebiendo!

Tristes recuerdos
Una tarde allá en Castilla
brillaba el sol como siempre
en aquellos desiertos brilla:

claro, ardoroso e insolente,
con perdón de él, pues no es modo
aquel de quemar a la gente

y secar con tales bríos
la pobre planta inocente,
la fuente, los sedientos ríos.

Una tarde, ¡oh, qué tristeza
me acometió tan traidora,
viéndome en tal aspereza!

¡Adónde vine a parar!,
pensaba mirando el cielo
para la tierra no mirar.

Porque el cielo era, eso sí,
más o menos azul
como el que tenemos aquí.

Mientras que la tierra, ¡buen Dios...!
Señor, ¿posible será
que aquella la hicieseis Vos?

Mas, ¿por qué extrañarme tal
si las cosas que Vos hacéis
jamás las hacéis mal?

Hicisteis tan tristes llanos,
mas los hicisteis, Dios clemente,
sólo para los castellanos.

¡Ay!, cada paloma a su nido,
cada conejo a su hoyo,
cada alma a su cariño.

Esto yo me repetía
aquella tarde, recuerdo
de negra melancolía.

Y mientras, contemplaba
de la igual y extensa llanura
la tierra que blanqueaba;

del largo pinar cansado
la negra mancha sin término,
del pueblo el color quemado;

y entre suelo y firmamento,
las nubes de denso polvo
que iba levantando el viento;

del desierto fiel imagen,
¡con el mismo aliento de brasa,
con el mismo ardiente coraje!

A lo lejos las mulas pasaban,
venían los toros más cerca,
la oveja enferma balaba,

y en el ya quemado espino,
huyendo del sol ardiente
posábase el pajarillo.

¡Dios mío, qué ansia cautiva!
Pesaba en mí la tristeza
cual si me enterrasen viva.

Membranzas de la tierra hermosa,
calmad con vuestra frescura
las penas del alma llorosa;

porque este sediento río
envuelto en malignas nieblas,
da calentura, da frío.

De pronto oí un cantar,
cantar que me conmovió
hasta hacerme angustiar.

¡Era la gallega canción,
era el 
alalá1..., que hizo
latir mi corazón

con un extraño latir,
dulce, como el amar,
fiero, como el sufrir!

De polvo y sudor cubiertos
con la hoz al hombro, corrían
por aquellos campos desiertos

un grupo de segadores...
¡Y eran ellos, eran ellos
los hechiceros cantores!

¡Adiós, pinares quemados!
¡Adiós, abrasadas tierras
y cerros desolados!

Cerré los ojos y vi...:
vi fuentes, prados y vegas
tendidos al pie de mí.

Mas cuando a abrirlos torné,
muriendo de soledades,
toda a llorar me eché.

Y no paré de llorar
nunca, hasta que de Castilla
hubiéronme de llevar.

Lleváronme para en ella
no tenerme que enterrar.2

*
Chirriar de los carros de Ponte3,
tristes campanas de Herbón4:
cuando os oigo me partís
las cuerdas del corazón.

Cebolleras que vais y venís
de Adina5 por los caminos,
a la vera del camposanto
pasad leve y a pasitos.

Que aunque digan que los muertos no oyen,
cuando a los míos les voy a hablar,
pienso que aunque estén callados
bien escuchan mi penar.

Versión castellana y notas de María Asensio

1 Estribillo onomatopéyico con que suelen acabar los cantares gallegos.
2 Los años que vivió Rosalía en Castilla sintió en su propia piel esta nostalgia de su tierra verde y húmeda de Galicia, frente al desierto que para ella era ese paisaje castellano, seco, de polvo y sol ardiente.
3 Puede referirse a Pontecesures, cerca de Padrón, o a Ponte Sarela, muy cerca de Santiago.
4 Pueblo cercano a Padrón, junto al río Ulla.
5 Alude al cementerio de Adina.

viernes, 1 de junio de 2012

Follas novas (Hojas nuevas)/2 - Rosalía de Castro - España

Caserío abandonado - Javier Varela Guillot (Galicia)
2
¡Do íntimo!

¡Adiós!
Adiós, montes e prados, igresas e campanas
adiós, Sar e Sarela, cubertos de enramada;
adiós, Vidán alegre, moiños e hondanadas;
Conxo, o do craustro triste i as soedades prácidas;
San Lourenzo, o escondido, cal un niño antre as ramas;
Balvís, para min sempre o das fondas lembranzas;
Santo Domingo, en donde canto eu quixen descansa
-vidas da miña vida, anacos das entrañas-;
e vós tamén, sombrisas paredes solitarias
que me viches chorare soia e desventurada,
adiós, sombras queridas; adiós, sombras odiadas;
outra vez os vaivéns da fertuna
pra lonxe me arrastran.

Cando volver, se volvo, todo estará onde estaba;
os mesmos montes negros i as mesmas alboradas,
do Sar e do Sarela, mirándose nas augas;
os mesmos verdes campos, as mesmas torres pardas
da catedral severa, ollando as lontananzas.
Mais os que agora deixo tal como a fonte mansa
ou no verdor da vida, sin tempestás nin bágoas,
¡cánto, cando eu tornare, vítimas da mudanza,
terán depresa andado na senda da disgracia!
I eu..., mais eu, ¡nada temo no mundo,
que a morte me tarda!

*
Rico ou probe, algún día
¡con qué contento e pracidez folgaba!
I agora, probe ou rico, ó desdichado
¡todo, todo lle falta!

En balde veñen días, pasan anos,
e inda sigros pasaran.
Si hai abondosas fontes que se secan,
tamén as hai que eternamente manan;
mais as fontes perenes nesta vida
son sempre envenenadas.

Nelas o esprito que ofendido pena,
na humidá enferma do rencor se baña,
sin que dado lle sea
beber do olvido nas saudosas augas.

¡Odio, fillo do inferno!,
pode acabalo amor, mais ti no acabas,
mamoria que recordalas ofensas.
Sí, sí, ¡de ti mal haia!

Negra sombra
Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pe dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.

Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.

Si cantan, es ti que cantas;
si choran, es ti que choras;
i es o marmurio do río,
i es a noite, i es a aurora.

En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.



2
¡Íntimo!

¡Adiós!
Adiós, montes y prados, iglesias y campanas;
adiós, Sar y Sarela1, cubiertos de enramada;
adiós, Vidán2 alegre, molinos y hondonadas;
Conxo3, el del claustro triste y las soledades plácidas;
San Lorenzo4, el escondido, como un nido entre las ramas;
Balvís5, para mí siempre el de las hondas remembranzas;
Santo Domingo6, en donde cuanto quise descansa
-vidas de mi vida, pedazos de las entrañas-;
y vosotras también, sombrías paredes solitarias
que me visteis llorar sola y desventurada,
adiós, sombras queridas; adiós, sombras odiadas;
otra vez los vaivenes de la fortuna
para lejos me arrastran7.

Cuando vuelva, si vuelvo, todo estará donde estaba;
los mismos montes negros y las mismas alboradas,
del Sar y del Sarela, mirándose en las aguas;
los mismos verdes campos, las mismas torres pardas
de la catedral severa, mirando en lontananza.
Mas los que ahora dejo tal como la fuente mansa
o en el verdor de la vida, sin tempestad ni lágrimas,
¡cuánto, cuando yo vuelva, víctimas de la mudanza,
habrán deprisa andado en la senda de la desgracia!
Y yo..., mas yo ¡nada temo en el mundo,
que la muerte me tarda!

*
Rico o pobre, algún día
¡con qué contento y placidez holgaba!
Y ahora, pobre o rico, al desdichado
¡todo, todo le falta!

En balde vienen días, pasan años,
y aun siglos pasaran.
Si hay abundosas fuentes que se secan,
también las hay que eternamente manan;
mas las fuentes perennes en esta vida
son siempre envenenadas.

En ellas el espíritu que ofendido pena,
en la humedad enferma del rencor se baña,
sin que dado le sea
beber del olvido en las nostálgicas aguas.

¡Odio, hijo del infierno!,
puede acabar el amor, mas tú no acabas,
memoria que recuerda las ofensas.
Sí, sí, ¡de ti mal haya!

Negra sombra
Cuando pienso que te huyes,
negra sombra8 que me asombras,
al pie de mis cabezales9
tornas haciéndome mofa.

Cuando imagino que te has ido,
en el mismo sol te me asomas,
y eres la estrella que brilla,
y eres el viento que sopla.

Si cantan, eres tú que cantas;
si lloran, eres tú que lloras;
y eres el murmullo del río,
y eres la noche, y eres la aurora.

En todo estás y tú eres todo,
para mí y en mí misma moras,
ni me abandonarás nunca,
sombra que siempre me asombras.

Versión castellana y notas de María Asensio

1 Ríos que pasan por Santiago de Compostela. El Sar confluye en el Ulla a su paso por Padrón, lugar donde vivió Rosalía en su niñez y antes de morir. Este río ya tenía una tradición lírica y la propia Rosalía titulará con él su siguiente libro de poesía: En las orillas del Sar.
2 Población cercana a Santiago.
3 Monasterio benedictino de Santa María de Conxo, en el ayuntamiento de Conxo, que era limítrofe con Santiago en época de Rosalía y que actualmente ha quedado anexionado a la ciudad compostelana.
4 Convento franciscano de San Lorenzo de Trasouto, evocado también en el último poema del libro "Da terra" de Follas novas.
5 Iglesía y convento dominico de Balvís.
6 Cementerio junto a la iglesia y convento de Santo Domingo de Bonaval, en Santiago, donde se hallaban enterrados su madre y sus hijos Adriano y Valentina.
7 Rosalía tuvo que vivir fuera de Galicia en varias ocasiones a lo largo de su vida, debido al trabajo de su marido Manuel Murguía. De hecho, gran parte de los poemas de Follas novas los escribió en Castilla hacia 1870.
8 Este poema es uno de los más estudiados de Rosalía por el tema de las sombras. En ellas siente y ve las almas de los seres que han dejado de existir, y si por un lado la espantan (juega con el doble significado de asombrar: hacer sombra y espantar), por otro le son tan familiares que impregnan ya todo su mundo. El paralelismo y la repetición dotan al poema de gran musicalidad, al tiempo que refuerzan la idea de omnipresencia de las sombras. El poeta modernista Juan Ramón Jiménez fue un gran amante y defensor de la poesía de Rosalía de Castro, y en los cursos que impartió en los años cuarenta en Puerto Rico sobre modernismo incluía como lectura sus obras, llegando a traducir al castellano este poema de Rosalía.
9 Almohadas.


Negra sombra. Música de Juan Montes (1840-1899).
Carlos Núñez: Ocarina, Tin Whistle, Flauta tenor.
Luz Casal: Voz.
Ry Cooder: Guitarra acústica, Guitarra eléctrica.
Javier Colina: Contrabajo.

martes, 29 de mayo de 2012

Follas novas (Hojas nuevas)/1 - Rosalía de Castro - España

Pueblo antiguo - Javier Varela Guillot (Galicia)
1
Vaguedás

II
Ben sei que non hai nada
novo en baixo do ceo,
que antes outros pensaron
as cousas que hora eu penso.

E ben, ¿para qué escribo?
E ben, porque así semos,
relox que repetimos
eternamente o mesmo.

IV
Diredes destes versos, i é verdade,
que tén estrana insólita armonía,
que neles as ideas brilan pálidas
cal errantes muxicas
que estalan por instantes,
que desaparecen xiña,
que se asomellan á parruma incerta
que voltexa no fondo das curtiñas,
i ó susurro monótono dos pinos
da beiramar bravía.

Eu diréivos tan só que os meus cantares
así sán en confuso da alma miña
como sai das profundas carballeiras
ó comenzar do día,
romor que non se sabe
si é rebuldar das brisas,
si son beixos das frores,
si agrestes, misteirosas armonías
que neste mundo triste
o camino do ceo buscan perdidas.

XVI
Cando era tempo de inverno,
pensaba en dónde estarías;
cando era tempo de sol,
pensaba en dónde andarías.
¡Agora... tan soio penso,
meu ben, si me olvidarías!

1
Vaguedades

II 1
Bien sé que no hay nada
nuevo bajo este cielo,
que antes otros pensaron
las cosas que ahora yo pienso.

Y bien, ¿para qué escribo?
Bueno, porque así somos,
reloj que repetimos
eternamente lo mismo.

IV 2
Diréis de estos versos, y es verdad,
que tienen extraña insólita armonía,
que en ellos las ideas brillan pálidas
como errantes chispas
que estallan por instantes,
que desaparecen enseguida,
que se asemejan a la bruma incierta
que se agita en el fondo de las huertas,
y al susurro monótono de los pinos
junto a la mar bravía.

Yo os diré tan sólo que mis cantares
así salen en confusión del alma mía
como sale de los profundos robledales
el comenzar el día,
rumor que no se sabe
si es retozar de brisas,
si son besos de flores,
si agrestes, misteriosas armonías
que en este mundo triste
el camino del cielo buscan perdidas.

XVI
Cuando era tiempo de invierno,
pensaba en dónde estarías;
cuando era tiempo de sol,
pensaba en dónde andarías.
¡Ahora... tan sólo pienso,
mi bien, si me olvidarías!

Versión castellana y notas de María Asensio

1 En este poema Rosalía se interroga a sí misma sobre su vocación poética: ¿por qué escribir para terminar repitiendo lo que ya dijeron otros? Y ella misma ve en ello un rasgo inherente a la esencia humana: la necesidad de expresar nuestro mundo interior.
2 Rosalía hace en este poema una autocrítica de su propio estilo, reseñando sus características: su insólita armonía (y, en verdad, la musicalidad de su poesía era insólita en aquella época por sus combinaciones métricas), el carácter misterioso y confuso de sus sentimientos e ideas y su espontáneo brotar como chispas (que recuerda el mismo planteamiento de Bécquer en sus Rimas) y la asimilación de su poetizar con la propia naturaleza como algo igual de natural.


***
Cuando Rosalía de Castro publicó en 1880 su libro de poesía en gallego Follas novas, quería manifestar su clara voluntad de hablar de su tierra y del pueblo gallego con su lengua, que tanto amaba, como acto propiamente reivindicativo y como denuncia del abandono y desprecio que sufría Galicia en el resto del Estado español.
Dividido en cinco libros, Follas novas revela dos inquietudes que responden a la doble función que Rosalía asignaba a la poesía: denuncia social y desahogo personal. Por eso hallamos poemas subjetivos que expresan con sinceridad sus más íntimos sentimientos y su sombría visión de la existencia, y poemas de carácter social sobre la tragedia de la emigración del pueblo gallego y el sufrimiento de la mujer gallega.
Follas novas es, pues, la expresión auténtica del yo poético de Rosalía, que encuentra en la estilización del cantar popular y en la forma más libre del verso la vía necesaria para dar cauce a su mundo interior. MARÍA ASENSIO