Chet Baker - Like Someone In Love

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jueves, 27 de junio de 2019

Literatura y jazz/ 96 - Mil novecientos cuarenta y cuatro - Antonio Martínez Sarrión - España


Homenaje a Patrick Modiano
En la sucia paleta del verano
se desleía el azul raspado de septiembre
y un régimen de lluvias imprevistas
al cabo circundó de sombras a las sombras,
hizo volar flexibles, sorprendió en un recodo
a los arteramente rezagados
con sus conminaciones imperiosas.
Ni una hoja gastada de los parques,
ni un mínimo balance de los años
de delaciones y mercado negro
les fue dado salvar en las guardas de un libro
ya atacado con saña por las aguas fecales.
Alguien tarareó,
arrojando después con rabia la colilla,
tres compases de Django
antes de padecer sevicias resistentes
que adelantaban la depuración.
La lejanía perlada de la avenida Kléber
desembocaba chaquetones caqui.
Inéditos arreglos del be-bop
ascendían como globos de los carros de guerra
y el destino, cual gárgola soldada a los pináculos,
reclutaba testigos, prometía venganzas sumarísimas,
con toda la fanfarria de un final de milenio.
Django Reinhardt - Selección 1944 del programa A la hora del jazz de la radio Usach (Universidad de Santiago de Chile), conducido por el comentarista y crítico de jazz Hamilton Vela

martes, 1 de mayo de 2018

50 años de los Novísimos de Castellet/ 8 - El cine de los sábados - Antonio Martínez Sarrión - España


maravillas del cine galerías
de luz parpadeante entre silbidos
niños con su mamá que iban abajo
entre panteras un indio se esfuerza
por alcanzar los frutos más dorados
ivonne de carlo baila en scherazade
no sé si danza musulmana o tango
amor de mis quince años marilyn
ríos de la memoria tan amargos
luego la cena desabrida y fría
y los ojos ardiendo como faros

jueves, 8 de marzo de 2018

El crepúsculo vespertino (dos visiones diferentes de un mismo poeta) - Charles Baudelaire - Francia


El crepúsculo vespertino

Muere el día. Una profunda paz se hace en los pobres espíritus fatigados por el trabajo de la jornada y sus pensamientos toman ahora los colores suaves e indecisos del crepúsculo.

Sin embargo, desde lo alto de la montaña llega hasta mi balcón, a través de las nubes transparentes de la tarde un intenso aullido, constituido por multitud de gritos discordantes, que el espacio transforma en lúgubre armonía, como la de la marea que sube o la tempestad que se desencadena.

¿Quiénes son los desdichados a los que el crepúsculo no calma y que, como los búhos, interpretan la llegada de la noche como una señal de aquelarre? Este siniestro ulular nos llega del negro hospicio encaramado en la montaña y, al atardecer, fumando y contemplando el descanso del inmenso valle erizado de casas cada una de cuyas ventanas dice: "¡Aquí está la paz ahora; ésta es la alegría familiar!", puedo, cuando el viento sopla de allá arriba, mecer mi pensamiento atónito por esta imitación de las armonías del infierno.

El crepúsculo incita a los locos. Recuerdo a dos amigos que se enfermaban realmente con el crepúsculo. Uno reaccionaba ignorando las relaciones de amistad y cortesía y maltrataba, como un salvaje, al primero que llegase. Le he visto arrojar a la cabeza de un camarero un pollo excelente, en el cual quiso ver no sé qué insultante jeroglífico. El anochecer, preludio de las voluptuosidades profundas, le echaba a perder las cosas más suculentas.

El otro, un ambicioso frustrado, a medida que el día declinaba, se iba volviendo más agrio, más sombrío, más mordaz. Indulgente e incluso sociable durante el día, era implacable de noche y ejercía su manía crepuscular no sólo sobre los demás, sino también sobre sí mismo.

El primero murió loco, incapaz de reconocer a su mujer ni a su hijo; el segundo está poseído de la inquietud de una enfermedad crónica y aunque se le gratificara con todos los honores que puedan conceder las repúblicas y los príncipes, creo que el crepúsculo encendería aún en él el ardiente deseo de distinciones imaginarias.

La noche, que introducía tinieblas en su espíritu, ilumina el mío y, aunque no sea raro ver que la misma causa engendra dos efectos contrarios, ese hecho me sigue intrigando y alarmando.

¡Oh noche! ¡Oh refrescantes tinieblas! Sois para mí la señal de una fiesta interior, sois la liberación de una angustia. En la soledad de las llanuras, en los laberintos pedregosos de una ciudad, vosotros, centelleo de estrellas, explosión de luces, sois los fuegos artificiales de la diosa Libertad.

¡Crepúsculo, qué dulce y tierno eres! Los rosados resplandores que aún se arrastran por el horizonte como la agonía del día bajo la opresión victoriosa de su noche, las luces de los candelabros que manchan de rojo opaco las últimas glorias del poniente, los pesados lienzos que una mano invisible saca de las profundidades del Oriente imitan todos los sentimientos complejos que luchan en el corazón del hombre en las horas solemnes de la vida.

Se diría también que, como bajo el negro presente se transparenta el delicioso pasado, en uno de esos extraños trajes de las bailarinas, una gasa transparente y oscura deja entrever, amortiguados, los esplendores de una falda resplandeciente, y las temblorosas estrellas de oro y plata que la salpican representan esos fuegos de la fantasía que sólo se encienden bien bajo el luto profundo de la Noche.

De Le Spleen de Paris - Petits poèmes en prose, 1862
Traducción de Jaime Uribe



El crepúsculo vespertino

He aquí la noche bruja, del criminal amiga;
Llega a paso de lobo, como un cómplice; el cielo
Se cierra lentamente tal una inmensa alcoba
Tornando en alimaña al hombre sin sosiego.

Oh noche, noche amable, deseada por aquellos
Cuyos brazos, sin trampa, pueden decir: ¡El día
Ha sido laborioso! —La noche es quien alivia
Las almas consumidas por el dolor sin tregua:
Al obstinado sabio cuya frente se nubla
Y al obrero agotado que a su lecho retorna.

Los malsanos demonios, mientras, en esa atmósfera
Se desperezan torpes, como hombres de negocios,
Golpeando en su vuelo aleros y postigos
A través de las luces que bambolea el viento.
De pronto, en las aceras, se abre el amor venal,
Y alzando sus compuertas tal inmenso hormiguero,
Sin esfuerzo se labra un oculto camino
Igual al enemigo que prepara un asalto;
Retuércese en el seno de la ciudad de fango
Cual larva que robara al hombre su alimento.
Se oyen aquí y allá silbar a las cocinas,
Los gritos del teatro, acordes orquestales,
Los verdosos tapetes donde el juego gobierna
Se pueblan de rameras y estafadores cómplices
Y los cacos, que no saben de días feriados,
También ellos, comienzan su nocturno trabajo
Forzando suavemente las puertas y las cajas
Y viven cierto tiempo y visten a sus bellas.

Recógete, alma mía, en tan grave momento
Y permanece sorda a ese inmenso tumulto.
Es la hora en que todos los enfermos se agravan.
La Noche los aferra por la garganta; acaban
Su destino y se hunden en el común abismo;
El hospital se llena de suspiros. Más de uno
No irá a buscar jamás la suculenta sopa
Junto al fuego, a la noche, cerca del ser querido.

Más aún, la mayoría no ha conocido nunca
El calor del hogar ni han vivido siquiera.
De Las flores del mal, 1857
Traducción de Antonio Martínez Sarrión

domingo, 14 de febrero de 2016

Compara su amada a la aurora - Torquato Tasso - Italia / Sobre 'El Tasso en prisión' de Eugène Delacroix - Charles Baudelaire - Francia


Torquato Tasso, autor del poema épico sobre la Primera Cruzada Jerusalén liberada, representa como nadie al poeta melancólico y al límite de la cordura. Ignorado e incomprendido en su tiempo, ejerció sin embargo una gran influencia en la cultura de los siglos XVIII y XIX. Es autor de algunos de los más bellos poemas de amor de la Literatura.

Dice che quando si leva l'alba egli va cercando de la sua
                           signora Laura.

Quando l'alba si leva e si rimira
ne lo specchio de l'onde, allora l' sento
le verdi fronde mormorare al vento,
e cosi nel mio petto il cor sospira.

E l'aurora mia cerco; e s'ella gira
ver me le luci, mi può far contento;
e veggio i nodi che fuggir son lento,
da cui l'auro ora perde e men si mira.

Né innanzi al novo sol, tra fresche brine,
dimostra in ciel seren chioma sí vaga
la bella amica di Titon geloso,

come in candida fronte è il biondo crine;
ma non par ella mai schifa né vaga
per giovenetto amante o vecchio sposo.


Compara su amada a la aurora

Cuando sale la Aurora y su faz mira
en el espejo de las ondas, siento
las verdes hojas susurrar al viento;
como en mi pecho el corazón suspira.

También busco mi aurora; y si a mí gira
dulce mirada, muero de contento;
veo los nudos que en huir soy lento
y que hacen que ya el oro no se admira.

Mas al sol nuevo en el sereno cielo
no derrama madeja tan ardiente
la bella amiga de Titón celoso,

como el dorado rutilante pelo
que orna y corona la nevada frente
de la que hurtó a mi pecho su reposo.
Traducción de Clemente Althaus
Torquato Tasso

En 1579, Tasso, víctima de la demencia (llegó a acusarse a sí mismo de herejía), fue recluido en el Hospital de Santa Ana de Ferrara, donde permaneció siete años. Allí lo visitó Michel de Montaigne, que menciona esa visita en sus Essais.

Charles Baudelaire escribió este soneto sobre la estancia del poeta en la 'casa de locos', inspirándose en el cuadro de Delacroix que preside esta entrada:


Sur 'Le Tasse en prison' d'Eugène Delacroix

Le poëte au cachot, débraillé, maladif,
Roulant un manuscrit sous son pied convulsif,
Mesure d'un regard que la terreur enflamme
L'escalier de vertige où s'abîme son âme.

Les rires enivrants dont s'emplit la prison
Vers l'étrange et l'absurde invitent sa raison;
Le Doute l'environne, et la Peur ridicule,
Hideuse et multiforme, autour de lui circule.

Ce génie enfermé dans un taudis malsain,
Ces grimaces, ces cris, ces spectres dont l'essaim
Tourbillonne, ameuté derrière son oreille,

Ce rêveur que l'horreur de son logis réveille,
Voilà bien ton emblême, Ame aux songes obscurs,
Que le Réel étouffe entre ses quatre murs!


Sobre 'El Tasso en prisión' de Eugène Delacroix

En su celda, el poeta, harapiento y enfermo,
Teniendo un manuscrito bajo su pie convulso,
Contempla con mirada inundada de pánico
La escalera de vértigo donde su alma se abisma.

Las risas enervantes que pueblan la prisión,
Arrastran su razón a lo absurdo y lo extraño;
La Duda lo rodea y el ridículo Miedo,
Odioso y multiforme, circula en torno de él.

Este genio encerrado en un antro malsano,
Esas muecas y gritos, espectros cuyo enjambre
Amotinado gira detrás de sus oídos,

El soñador a quien el horror despertara,
Tal es tu emblema, Alma de tenebrosos sueños,
Que ahoga la Realidad entre sus cuatro muros.
De Los despojos
Traducción de Antonio Martínez Sarrión
Charles Baudelaire

También el compositor Franz Liszt se interesó por Torquato Tasso y le dedicó el segundo de sus Poemas Sinfónicos, titulado Lamento y triunfo de Tasso, inspirándose en los retratos literarios que del poeta hicieran Goethe (Torquato Tasso) y Lord Byron (El lamento de Tasso). Parece ser que todo el poema sinfónico se basa en una única melodía que Liszt le escuchó a un gondolero cuando se encontraba en Venecia hacia 1830.

Tasso, Lamento e Trionfo - Franz Liszt 
Orquesta Filarmónica Nacional de Hungría

martes, 11 de agosto de 2009

Requisitoria general por la muerte de una rubia - Antonio Martínez Sarrión - España

Marilyn Monroe
acodados en las irreales barandas
acodados resistiendo la marea de aromas
azaleas tamarindos
luna de california en el lento week-end
errantes aves marinas
                                         también
los barcos también
los barcos hacia lejanas islas madrepóricas
también los marineros empañados
                                                         también
los bidones vacíos las botellas vacías
las boyas arrancadas al pacífico
cuando acabó la victoriosa empresa
también los habitantes abisales
estaban al acecho marilyn

recuento de jugadas medias azules
prendas floridas en los hondos rincones
el incinerador a toda la presión
la inminente llegada del lechero
y
tú
con la muñeca fea la estantería con freud
las últimas camelias del jugador de beisbol
la cintura tronchada
                                     sirenas
impasibles en las rocas ella
fitzgerald canta luces de pasadena
tobogán de la angustia blanca luz sideral
también ellos
fumaban incansables y distantes
en los horrendos bungalows la luna aparatosa
en el lento week-end de california
laberinto de gatos vidrios en el asfalto
sombras inmemoriales casas de té llamadas
al vacío también
ellos
con pelucas postizas reventando de alcohol
suicidio de john gilbert
farsas de paula strasberg hediondez
del dramaturgo norteamericano

mil barcos de basora cargados con especias
techos de muérdago happy
christmas vigilias
esperando los besos imposibles
                                                  también
ellos los hornos crematorios
los pájaros nocturnos rebosantes de herrumbre
la sofocada baja amenazante noche
boulevard
del crepúsculo
                        ráfagas
de terror en los ojos enormes de mi amor
aferrada a su sucio frasco de nembutal

Arqueo navideño 1998 - Antonio Martínez Sarrión - España

Teddy - Kevin Peterson
El Preso: Van a matarme... ¿Qué dirá mañana
esa prensa canalla?
Max: Lo que le manden.

Valle-Inclán
¿Cuánto,
antes y luego de las dulces fiestas
-que no es intención de uno alterar digestiones
ni pulsos que belén o árbol adornan-,
vale un niñín inglés o americano?

Mucho, en divisas fuertes.
Mucho, de clase media para arriba.
Mucho, si cuentas lo que su familia
y otras instancias, públicas o no,
invirtieron en él desde el primer vagido.

Ya le gustara, ya, a ese niño iraquí
mutilado o entero, pero aún vivo
(nunca libre, pues sufre a un tirano bestial),
que le fuera asignada, no digo aquella suma:
sólo la millonésima fracción
del coste de un misil "inteligente"
que borró de su lado y para siempre
al tibio compañero de pupitre o estera
cuyo hueco aullará contra nosotros
hasta el fin de los tiempos
exigiendo venganza.

jueves, 30 de julio de 2009

El enemigo - Charles Baudelatre - Francia


Mi juventud no fue sino un gran temporal
Atravesado, a rachas, por soles cegadores;
Hicieron tal destrozo los vientos y aguaceros
Que apenas, en mi huerto, queda un fruto en sazón.

He alcanzado el otoño total del pensamiento,
y es necesario ahora usar pala y rastrillo
Para poner a flote las anegadas tierras
Donde se abrieron huecos, inmensos como tumbas.

¿Quién sabe si los nuevos brotes en los que sueño,
Hallarán en mi suelo, yermo como una playa,
El místico alimento que les daría vigor?

-¡Oh dolor! ¡Oh dolor! Devora vida el Tiempo,
Y el oscuro enemigo que nos roe el corazón,
Crece y se fortifica con nuestra propia sangre.
Versión de Antonio Martínez Sarrión