Chet Baker - Like Someone In Love

Mostrando entradas con la etiqueta Blas de Otero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Blas de Otero. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de junio de 2013

En el principio / Fragmentos de Historia (casi) de mi vida - Blas de Otero - España


    Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
    Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
    Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
Me queda la palabra - Aguaviva

    Galaxia Gutemberg edita por primera vez estos días la Obra Completa (1935-1977) de Blas de Otero en un sólo volumen. La edición, preparada por Mario Hernández y Sabina de la Cruz, filóloga y viuda del poeta, recoge todo lo que el gran escritor vasco publicó en vida, además de inéditos como Poesía e Historia y Nuevas historias fingidas y verdaderas, y póstumos como Hojas de Madrid con la galerna. Incluye la también inédita Historia (casi) de mi vida, de la que pueden leer a continuación algunos fragmentos: 

    Lo primero que recuerdo es que no recuerdo nada. Yo sé que había nacido, incluso que andaba a gatas o trepaba hacia el seno de mi madre, mas ignoro qué sentía, veía, escuchaba o vislumbraba por aquellos años. De pronto, aparezco en Hurtado de Amézaga, en el número 52, aquella casa con terraza y pérgola que construyó mi padre en los años de la primera guerra, que tan provechosa resultó para los industriales y almacenistas bilbaínos. Debajo de nuestro piso -esto lo supe más tarde- vivía don Genaro, un belga director de la Compañía de Tranvías, y durante los días de huelga yo oía decir que peligraba su vida ante un posible atentado anarquista. Era aquel un piso grande, amplio, de buena burguesía, con dos o tres muchachas -Candelas, Margarita- a nuestro servicio y un gran comedor donde un atardecer Julia me mostró su muslo blanco, y ante cuyos cristales yo me quedaba pensativo, mirando la triste, fina lluvia de mi país. [...]
    Tenía un amigo que se llamaba Enrique y era aprendiz en un taller de pintura detrás del Ayuntamiento, y con él me iba a la Escuela Taurina de Las Ventas, a ver torear el aire y al carrito para las banderillas, algunas veces sacaban unos becerrillos graduados en monaguillos y toda mi ilusión era lucirme ante uno de ellos, pero los ocho duros que había que apoquinarle al valenciano era imposible soñar con ellos, así que le propusimos pintarle un bonito cartel para la entrada de la placita. Y con esto conseguimos que nos echara un becerrote al que lanceé dos o tres veces, pues el valenciano no me dejaba acercarme al bicho y me gritaba que yo tenía los huesos demasiado tiernos. [...] 
     Mi padre me mandó a sacar tres entradas al teatro Novedades, en la calle de Toledo. El teatro ardió con furia. Se representaba
La mejor del puerto y el acto anterior había figurado una fiesta en la cubierta de un barco, con banderitas y farolillos a la valenciana. Creo que fuimos los tres únicos de familia que se salvase completa. Estoy viendo El Mundo Gráfico de aquellos días. Horrorosas fotografías. En la escalera que descendía del anfiteatro, todos están muertos, de pie: uno le agarra furiosamente el pelo al muerto de delante. Salí con las piernas llenas de sangre y mi padre, rasgada la chaqueta de arriba abajo de un navajazo. [...]
     Tiempo terrible de la guerra. Te recuerdo en Alcañiz, montados en los horribles camiones que nos llevaron hasta Vinaroz, bajando junto a Morella y las hoscas hondonadas de piedra, espino y hierbajos, bajo un cielo duramente azul. ¿Voy a hablar de la guerra, de esa gran cabronada que nos armaron cuatro militares, ocho terratenientes y cinco curas, con el respaldo del hijo de puta de Hitler? No, no voy sino a recordar Bilbao asediado por los requetés, yo en mi batallón vasco, acaso sólo por la fina y triste lluvia que tanto amé siempre. [...] 
     Escribir la historia de mi vida podría resultar escandaloso para los demás, que no aman la terrible sinceridad, mas no para mí, que toda mi vida me hundí hasta tocar el fondo, con un lema único: Prefiero una verdad desagradable a una mentira agradable.  [...]
    De las tierras de España la que más me complace es Tierra de Campos. No cambio una calle o torre de Palencia por todo Toledo. Amo también mi país, el valle de mis antepasados, sus tenues laderas, su lluvia desmenuzada. Bilbao es adusto, mas de una fuerte belleza. Y la mayor alegría me la deparó el Madrid de la anteguerra. En Andalucía, me voy a Málaga por su recatado andalucismo. Tierras de España. Pueblos de España. Caminos de mi patria que no van a parte alguna. [...]

    Ahora estoy escuchando The Beatles -Hey Jude, Revolution-, y descansa en la mesa El libro del ama de casa. ¿Cuándo tuve yo una casa? Solo al nacer, solo al morir. Y los amplios hospitales que me cobijaron en París, y Shanghai, y La Habana. Aquellas compañeras del Hospital Naval, en La Habana del Este. Las enfermeras mulatas, tan decididas, tan eficaces, tan cachondas. [...]
     Juro que es París la ciudad más maravillosa del mundo, lástima de franceses, que lo único que saben hacer mejor que yo es pronunciar el francés. Mis ruadas interminables por el Luxemburgo, los bulevares, el Sena, las grises callejuelas de Saint-Martin. [...] 
     Ahora estoy escuchando a Falla y lieder de Fauré, así que déjame tranquilo, Josechu, y no quieras que nos pasemos toda la tarde dando saltos sobre la manta. Cuando te vuelva a ver en Burgos, al intentar visitar a tu padre en la cárcel, resultará que apenas has medrado. Tiempos estos de represión. Pero no quiero hablar de nuestra guerra, ni de lo que le siguió, que casi fue peor, lo que sí recuerdo es el gran Rolls-Royce que tenía mi padre a cuenta de la guerra europea, y me regaló una Pathé-Baby en la que vi las primeras películas de Charlot, y luego vino mademoiselle Isabel del sur de Francia: he aquí por qué no era rubia como miente el famoso endecasílabo. Y mademoiselle me llevaba al parque y se tomaba al pasar un par de huevos crudos en aquella tiendita de Fernández del Campo en la que vendían cromos y cuentos de Calleja. Y llegó mi primera comunión, toda de blanco y azul, pero tan angustiada, tan atosigante de bandas blancas sobre el traje azul marinero, velas, velos y azucenas que maldita la falta que hacían, pero yo era un niño rico -de verdad, no como el de Juan Ramón- y todo esto era imprescindible, lo que no impidió que a los pocos meses, un anochecer, estando en el comedor con Julia, esta me mostrara, como dije antes, su muslo blanco y purísimo como una hostia de verdad. [...]

    Y así va pasando la película de mi vida, con secuencias entrelazadas, refundidas -un montaje caprichoso-. De pronto, estalla la guerra de 1939, la guerra madre que la parió...

jueves, 10 de diciembre de 2009

QUIJOTESCAS/6 - Letra - Blas de Otero - España

Molino de viento en Almodóvar
..y dándole una lanzada en el aspa,
la devolvió el viento con tanta furia...
Quijote, I,8.


Por más que el aspa le voltee
y España le derrote
y cornee,
poderoso caballero
es Don Quijote.

Por más que el aire se lo cuente
al viento, y no lo crea
y la aviente,
muy airosa criatura
es Dulcinea.

jueves, 22 de octubre de 2009

Pío Muriedas, el último juglar - Varios - España

Pío MuriedasPío Fernández "Cueto" Muriedas, Pío Muriedas, es uno de los personajes más singulares que uno ha tenido el privilegio de conocer.
Nacido en Santander en 1903, toda su vida fue un bohemio a la antigua usanza. Hijo de un barrendero y portero de teatro y de una cigarrera, analfabetos ambos, escribe Pío en sus "Memorias": "no ha existido nunca ejecutoria de nobleza, pero sí una vieja tradición de vagabundos y heterodoxos".
Trabajó de niño en una tienda de confecciones y en la construcción haciendo escaleras. Enseguida se dedicó al teatro, pasando por todos los oficios de la farándula: desde aprendiz de carpintero a comparsa del Salón Pradera, tramoyista del Teatro Pereda y actor en las compañías de Margarita Xirgu, Enrique Borrás, Gómez Ferrer y Guillermo Roura.
En 1927 funda su propia compañía junto con el actor chileno Horacio Socias, aunque su profesión definitiva será la de actor-recitador, una especie de juglar del siglo XX. Da el salto a Madrid para actuar en el Ateneo -siendo entonces presidente don Ramón María del Valle Inclán-, en el Círculo de Bellas Artes, de la mano de Alberto Insúa y en la Universidad, presentado por Dámaso Alonso. Los teatros Español, María Guerrero, Eslava y Real lo incluyen como intérprete en sus carteles.
Es en esta época cuando conoce a los principales escritores y artistas del momento: Antonio Machado, Miguel Hernández, Pío Baroja, García Lorca, Rafael Alberti, Salvador Dalí... Pío es el primero que da a conocer por los pueblos de España a Gerardo Diego, Blas de Otero y Miguel Labordeta.
Pío Muriedas - Laxeiro
Trató a Lorca durante las actuaciones de "La Barraca" en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Lorca le encargó, en 1935, la organización de la última representación de La Barraca, con la puesta en escena de Fuenteovejuna.
Durante la guerra civil es nombrado Secretario General de Santander de la Unión de Escritores y Artistas Revolucionarios al Servicio de la República y actúa en frentes, cuarteles y fábricas recitando poemas de Alberti, Lorca, Pla y Beltrán, León Felipe, Miguel Hernández y José Bergamín.
Al término de la guerra se exilia en Francia, y allí es confinado en un campo de concentración. Al no tener delitos de sangre, regresa a España y es sometido a un Consejo de Guerra que le condena a muerte, de la que se libra gracias a la intervención de José María Pemán.
Al salir de la cárcel es obligado a abandonar el nombre con el que actuó artísticamente durante la República y adopta el de Pío Fernández Cueto, hasta que, como escribió Camilo José Cela, "La zurra pasó y el Pío/ Fernández Cueto volvió/ a ser Pío Muriedas:/ sufridor, cantor, pintor".
Así van transcurriendo los años, de ciudad en ciudad y de destierro en destierro, pasando hambres y enfermedades, hasta que en los años 60 le llega el reconocimiento "oficial". Manuel Fraga Iribarne -que habrá sido lo que haya sido, pero nunca tonto- le incorpora a las tareas del Ministerio de Información y Turismo para que lleve de pueblo en pueblo la voz de los poetas. En cada lugar que visita ofrece recitales y representa piezas cortas de teatro.
Mientras, sus amigos poetas y escritores -que son todos- siguen preocupándose por él y hasta llegan a solicitar en el programa de la SER "Ustedes son formidables" una ayuda material de los oyentes para el bueno de Pío...
Dibujo de Joan Miró dedicado a Pío Muriedas
Siempre sin un duro, a sus 80 años seguía con su oficio de juglar como único medio de vida. Quien firma este blog lo conoció y trató, gracias al pintor Helio Gógar, en el Santander de los años 80, cuando se dejaba caer por algún café del Paseo Pereda, siempre atildado y elegante, con su sombrero borsalino y su largo abrigo de excelente paño, y siempre recordando a la sufrida compañera y musa, María Luisa Gochi, cuya muerte le hizo perder un poco las ganas de vivir. Era un auténtico placer oirle hablar de sus amigos poetas de la Generación del 27, aunque a algunos de ellos, por ejemplo a Rafael Alberti, los ponía como hoja de perejil, vaya a saber por qué.
Contaba orgulloso que los ahorros de su vida los había invertido en una parcela soleada en el cementerio de Ciriego. "Espero ser un buen muerto", decía. Allí descansa, efectivamente, desde su fallecimiento en 1992.
Dedicatoria de Pío Muriedas al responsable de este blog, en un librito que contiene alguno de los poemas que sus amigos poetas le fueron dedicando y otros de su propia cosecha dedicados a María Luisa
En el año 82 su ciudad natal le dedicó -porque él así lo quiso- una farola con su nombre y un poema de Vicente Aleixandre en la Plaza de Numancia.
Como escribe Benito Madariaga, cronista oficial de la ciudad de Santander, dejó "alguna deuda, varios cuadros vendidos a sus amigos y los siguientes escritos: 'Poemas de María Luisa Gochi y versos a Pío Muriedas'; 'Aquí queda esto'; 'El autor' (farsa dramática en dos actos, y dos volúmenes) y 'Memorias de un vagabundo de la poesía', que, si algún día se publican, volverá a estallar la guerra civil".


EL MEJOR EN ESTO DE LA TRADICIÓN
a Pío

¿El mejor en esto de la tradición?
Ya la señora estaba agonizando.
Su confesor la ayuda a bien morir.
Debe estar muy tranquila.
Nuestro Señor con los brazos abiertos
La acogerá en su gloria.
¿Temores? No hay motivo.

Por fin
Dijo la vocecilla moribunda:
-Sí, sí, pero como en casa... en ninguna parte.

Jorge Guillén


LAS VOCES
a Pío Muriedas

Voz que canta,
cantará
En la vida
voz que va.
Voz que viene,
oh claridad.
Voz que calla:
sólo el mar.
Voz de fuego,
oh oscuridad.
Voz de nieve,
blanca ya.
Voz de plumas,
pío, pa.
En los aires
vuelve y vase,
y aquí está.

Vicente Aleixandre


A PIO MURIEDAS

PI-O
FER-NAN-DEZ
MU-RIE-DAS.
PI-O FER-NAN-DEZ MU-RIE-DAS.
A Pío Fernández Muriedas.
¡Ah!... Pío Fernández Muriedas.
Desde este siglo de las luces
2.000 farolas te contemplan.
Desde este contemplan
2.000 siglos te farolan.
Desde este farolan
2.000 contemplas te siglan
2.000 farolas te lucen.
Desde este Pío de las luces
todas las farolas se hacen cruces.
Pío, te contemplan
Fernández, te siglan
Muriedas, te farolan.
Pío, te muriedan los siglos.
Pío, te farolan las Muriedas.
Pío Fernández Muriedas,
desde esta luz de los siglos
¡Pío Farolas Muriedas!

Antonio Montesino

Pío Muriedas delante de la farola que el Ayuntamiento de Santander le dedicó en 1982 en la Plaza de Numancia


OFRECIMIENTO DE LA FAROLA DE PIO MURIEDAS
Poema leído al pie de la farola de Pío Muriedas la noche del 30 de enero de 1982






Señoras y caballeros
poetas malditos
compañeros
infame turba
pertubadora
de doradas costumbres

Arboles de la Alameda
unos altos y otros bajos
pajaritos y pajarracos
que revoloteáis
por arriba y por abajo
Esta que veis aquí
casta farola
me acaba de confesar
que no se siente ultrajada
por una buena meada
que está dispuesta a aguantar
de Pío la rociada.
¡Oh, Pío!
Faro
Farol
Farolero
Farándula
Farandulero
¡Pío, Pío, Pío, Pío!
lanza un ki-ki-ri-kí
gallito del gallinero.

Isaac Manuel Cuende


ALELLUIA

Pío
(el pájaro está herido)
Fernández
(el pájaro hecha sangre)
Cueto
(el pájaro está muerto)
Pío
Fernández
Cueto
¡Oh pájaro resurrecto!

Blas de Otero


A PIO MURIEDAS
Poema que figura en la farola dedicada a Pío Muriedas

Una voz se escucha,
voz de voces vivas
sobre el haz de España.

Pío, no "felice"
pisando la estepa
con desnuda planta,
ganando los montes,
dejando atrás puertos,
corriendo cañadas,
gris el pelo, enhiesto
su perfil maduro
de aquilina gárgola.

Oh, Pío Fernández,
Fernández rupestre
por las tierras áridas.
Por las tierras duras,
por las tierras secas,
por las tierras bastas.

Oh, voz de las voces
sobre el haz de España.

Vicente Aleixandre


A PIO MURIEDAS
(Cantor errante)

¡Ya te marchaste, amigo!
Te vas por los caminos,
te vas con tus secretos,
pero yo no te olvido.
¡Te han llevado las locas
voces del delirio
y en ti viven -alzados-
mis poetas amigos!
¡Cómo canta, si tiemblas,
la voz de Federico!
¡Cómo canta la tierra!
¡Cómo canta tu sino!
Uno muere por nada
(la belleza es testigo).
Sólo una cosa paga:
El ser uno sí mismo.
Y cantando y cantando
vas por los caminos.
La poesía -ciego-
es tu lazarillo.

Gabriel Celaya


Saludo en Pío Muriedas a un restaurador del arte de los antiguos juglares, creyendo que la poesía más se ha de percibir por el oído que por la vista.

Pío Muriedas, juglar
de nuevo arte y nuevas mañas,
aquestas viejas fazañas
hagan que tu buen cantar
cale en todas las Españas

Ramón Menéndez Pidal

Pienso en cincuenta Píos Muriedas regando con nuestra mejor poesía toda nuestra tierra española. Con Pío Muriedas, la poesía vive y se difunde y penetra. (Dámaso Alonso)

Ya quedan pocos como tú, Pío. Pocos artistas verdaderos que digan: Aquí está la poesía, y aquí el camino. Pues bien, yo caminaré con ella. Vamos a necesitar muchos como tú, Pío. (Antonio Buero Vallejo)

Pío Muriedas, señor del verso. (Miguel Ángel Asturias)

Gran intérprete. (Federico García Lorca)

Recitante de capa, daga, camino y mesón. (Ramón María del Valle-Inclán)

Pío es, sobre todas las cosas, un hombre bueno y actor sin aplique burgués. (César Vallejo)

Gran romero de la poesía. (León Felipe)

La poesía se hace metafísica en su voz. (Vicente Aleixandre)

El día 12 de Noviembre será presentado en Santander el libro Aventuras y desventuras de un trotamundos de la poesía de Benito Madariaga, un homenaje al irrepetible recitador, poeta y actor Pío Fernández Muriedas, Pío Muriedas.