Chet Baker - Like Someone In Love

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miércoles, 10 de mayo de 2017

De la soledad (fragmentos) - Michel de Montaigne - Francia


Yo creo que el fin de todos es vivir descansadamente y a gusto, pero entiendo que no siempre buscamos bien el camino. A menudo se piensa haber abandonado los negocios cuando no se ha hecho más que cambiarlos, porque no hay a veces menos tormento en el gobierno de una familia que en el de un Estado entero. No por ser las ocupaciones domésticas menos importantes dejan de ser igualmente importunas. Y por ende, con deshacernos de la Corte y sus tratos no nos deshacemos de las principales torturas de nuestra vida. [...]

Si primero no se descarga el alma del peso que la oprime, el traslado no hará más que empeorar las molestias que el peso causa, de igual modo que en un barco estorba menos la carga cuando está bien acomodada y fija. Empeórase al enfermo si se le hace cambiar de postura; lo malo es peor removerlo; y los palos clavados en tierra se hunden y afirman más a mayor zarandeo y golpeamiento. No basta alejarse de las gentes ni cambiar de lugar, sino que hay que quitarse las condiciones vulgares que tenemos en nosotros, secuestrándonos, por decirlo así, a nosotros mismos para encontrarnos de nuevo.
Rupi jam vincula dicas:
Nan luctata canis nodum arripit; attamen illi,
Quum fugit, a collo trabitud pars longa catense1. [...]

Paréceme la soledad más propia para aquellos que dieron al mundo sus años más activos y floridos, a ejemplo de Tales. Luego de vivir bastante para los demás, vivamos para nosotros y a nosotros refiramos, cómodamente, nuestros pensamientos e intenciones. No es cosa liviana el mero hecho de retirarse, que esto de por sí harto nos afana sin necesidad de a ello mezclar otros empeños.[...]

La cosa mejor del mundo consiste en saber ser uno mismo lo que es. Cuando nada podemos aportar a la sociedad es hora de apartarnos de ella. Quien no pueda prestar no pida prestado. [...] Quien se torne inútil, pesado e importuno a los otros, procure no ser lo mismo consigo mismo. [...]
Traducción y nota de Juan G. de Luaces

1 "Dices que has roto tus vínculos. Mas el perro que tras largos forcejeos se suelta, arrastra consigo parte de su larga cadena". (Persio, Sat., V, 158)

sábado, 9 de enero de 2016

Fragmentos de El arte de platicar - Michel de Montaigne - Francia


[...] Opino que el más natural y fructuoso ejercicio de nuestro espíritu es la plática. El uso de ella paréceme más dulce que ninguna otra acción de la vida, al punto de que, puesto a elegir, creo que perdería mejor la vista que el oído o la lengua. Los atenienses y los romanos tenían esa práctica en gran honor en sus academias [...] El estudio de los libros es cosa sagrada y que no caldea el ánimo, mientras que la plática enseña y ejercita a la vez. Si conferencio con un ánimo fuerte y hábil, su capacidad me hostiga a diestra y siniestra, sus ideas excitan las mías, la emulación de su gloria me espolea y me alza por encima de mí mismo. No importa que haya controversia, por el contrario, el acuerdo entero es pernicioso en la discusión.

Pero así como nuestra alma se fortalece departiendo con otras vigorosas y ordenadas, también se pierde y bastardea en el continuo trato que tenemos con los espíritus bajos y mezquinos. No hay contagio que se expanda tanto como éste, según por experiencia sé. [...]

Mala cualidad es la tontería, mas, como a mí me ocurre, no poder soportarla e irritarme contra ella, es cosa no menos nociva en materia de importunidad. Y de esta cualidad negativa quiero acusarme ahora. Inicio pláticas y discusiones con gran facilidad y libertad, porque ninguna opinión es fácil que penetre y arraigue en mi ánimo. Ninguna proposición me sorprende, ninguna creencia me lesiona, por contraria que fuese a la mía, y no hay fantasía, por extravagante que sea, que no juzgue yo adecuada al espíritu humano. Los que privamos a nuestro ánimo del derecho de aceptar cosas definitivas, miramos con benignidad las opiniones diversas, y les prestamos fácilmente, si no ayuda, oído. [...] Todas las fantasías que existen entre nosotros merecen por igual que se las escuche. Las opiniones vulgares, por su inanidad, no pesan nada en absoluto, pero quien no quiere dejarse llevar a ellas cae en otro vicio, que es el de la obstinación. [...]

[...] Me gusta que los hombres sean serios y se expresen con valentía, que las palabras se acomoden al pensamiento. [...] La causa de la verdad debiera ser común a cuantos debaten algo. Pero aquel a quien el enojo le ofusca el juicio, se perturba el entendimiento ya antes de entrar en raciocinios. [...]

[...] Mi mente se contradice y condena tan a menudo, que no me importa verme por otro contradicho y condenado, sobre todo en razón en que no doy a su reprensión más autoridad que la que quiero. Pero, en cambio, rompo lanzas con quien asuma aires doctorales [...] Cuando me doblego a la fuerza de la razón de mi adversario, me congratula más la victoria que gano sobre mí mismo que la que a expensas de su debilidad hubiese podido obtener. Admito todo argumento concreto, por débil que sea, pero me impacientan los que no presentan forma. La materia me interesa poco; las diversas opiniones me son indiferentes y la victoria a propósito del tema apenas me afecta en nada. Sería capaz de mantener un día entero de polémica si ésta se mantuviese con orden, porque esto, más que fuerza y sagacidad, es lo que pido. [...] Siempre me responderá bien el que responda a lo que le digo; pero cuando la discusión es desarreglada y confusa, yo, abandonando el fondo, me atengo a la forma con indiscreción y me entrego a un modo de debatir tan obstinado, maligno e imperioso, que más tarde me avergüenza. Me es imposible tratar de buena fe con un tonto, porque en tal caso no sólo se corrompe mi juicio, sino mi conciencia. [...]
Traducción de Juan G. de Luaces
De Essais, 1580-1588