la oscuridad doméstica
frente a la luz
de caminos y cortes;
sonrió al fumador de opio, al viejo mono
de saberes herméticos;
llegó a una comprensión del cuerpo humano
como sólo podría tenerla un tabernero:
vaina hueca,
sonajero de polvo y carcajada.
Un día, previsor,
pensó una arquitectura
de bosques recogidos, periferia,
lecciones, chubasqueros,
fidelidad al alma del antídoto
y de la picadura.
Viene el alba
con un tizón de culpa.
Aceptaré no ser
buena persona,
recorreré el camino de la intención al gesto.
Teniers murió
y Rubens es un pez
en manos de los supersticiosos.
