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lunes, 14 de enero de 2019

Palabras después (Encuentro en un acto entre Roberto Bolaño y Jorge Luis Borges) - Barry Gifford - Estados Unidos


Personajes:
Jorge Luis Borges, durante su vida (1899-1986), escritor argentino; ahora un fantasma.
Roberto Bolaño, escritor chileno viviendo en España; 49 años de edad.

Escenario:
Bolaño camina a lo largo de la playa, cerca de su residencia en Blanes, España, en 2001. Fuma un cigarrillo. Se detiene cuando escucha una voz detrás de él.

Borges
He llegado a concluir que tú estás, de un modo literario, haciéndote pasar por mí.

Bolaño da media vuelta y ve al fantasma de Jorge Luis Borges.

Bolaño
Esto no puede ser. Estás muerto.

Borges
Como tú lo estarás. Muy pronto, tal como los doctores te han informado. Es por eso que he elegido este momento para encararte, ahora que tienes ocasión de admitirlo.

Bolaño
Debiste haber esperado. ¿No podías? Hasta que los dos fuéramos fantasmas.

Borges
No sabes lo difícil que puede ser localizar a un tipo en la sombra. He estado buscando a Melville por años, sin conseguirlo. Pero dime, ¿esta compulsión tuya es un homenaje o te estás alimentando de mi corpus?

Bolaño
Ingenioso de tu parte hacer la distinción entre corpus y cuerpo. El cuerpo de tu obra como lo opuesto de tu cuerpo.

Borges
Difícilmente. Nunca fui tan perezoso como cuando conocí las palabras correctas. Eran los misiles de mi arsenal.

Bolaño
Supongo que te refieres a mi relato “El gaucho insufrible”. Si no fuera por “El Sur”, que elegiste como tu favorito entre todos tus cuentos, no existiría la literatura latinoamericana moderna.

Borges
Concuerdo sin ninguna modestia. (Asiente delicadamente.)

Bolaño
Te hago honores cada vez que cojo una pluma. Me gusta la idea de que miras sobre mi hombro. De hecho, no me importaría que me reprendieras si ves que voy por el camino equivocado.

Borges
Soy ciego, Bolaño. No puedo decir qué estás escribiendo. Es sólo cuando ya está hecho, cuando un amigable conocido lee para mí un libro o periódico, que soy capaz de emitir un juicio. Mis métodos afectan tus ensayos tanto como tus cuentos.

Bolaño
Señor Borges, mi intención es honorable, le aseguro. Por supuesto que he escrito un poco mal a veces. No tan mal otras. Soy desaliñado en ocasiones, repetitivo, autoindulgente, ignorante, incluso frívolo. Después de todo, tengo que ganarme la vida. Tengo una esposa y dos hijos que mantener.

Borges
Me gusta lo que has escrito sobre Turgenev. Me encontré con él no mucho después de mi muerte. Me dijo que le guardaba un afecto especial a mi relato “Funes el memorioso”, y me invitó a reunirme con los escritores rusos y franceses en su sesión nocturna de Pinochle. Rechacé la invitación, por supuesto, pero imaginé la historia de un amor no correspondido entre la Reina de Picas y el Joto de Diamantes, que terminaba mal. El juego de naipes del Pinochle es interesante en principio tan sólo por el exclusivo uso de las cartas más altas que el número ocho, que es el signo del infinito en forma vertical.

Bolaño
¿Le devolviste a Turgenev el cumplido?

Borges
Dije que pensaba que había errado con Rudin.

Bolaño
De acuerdo, pero era joven cuando lo escribió, todavía no sabía de la vida. Siempre he pensado que pudo haber convertido esa novela en una buena película. Todavía se podría, a pesar de que Hollywood podría conseguir un testigo que desmienta la muerte de Rudin en las barricadas de París.

Borges
Dada mi condición, no lo habré de usar para el cine.

Bolaño
Fue bueno que Hemingway pusiera su libro Memorias de un deportista como uno de sus textos fundacionales. También Padres e hijos. De hecho tomó ese título de Turgenev para uno de sus propios cuentos.

Borges
He olvidado todo con respecto a Hemingway excepto el relato “The Undefeated”, el que es sobre Manuel García, el desolado y viejo matador de sino fatal. Cuando finalmente la espa- da encontró su camino, Manuel García enterró cuatro dedos y su pulgar dentro del toro. Habiendo sido seriamente cornado, necesitaba mezclar su propia sangre con la de su adversario. Hemingway tenía sólo veinte años cuando escribió ese relato, y aún así es muy sabio.

Bolaño
En estos días está de moda golpear a Hemingway. Yo lo admiro por dar crédito a sus influencias más significativas. Camus tomó su estilo de Hemingway y James M. Cain.

Borges
Eres descarado, pero serio, Bolaño, ligeramente entretenido y muy mal crítico. Búscame después de que mueras. Tendremos mucho tiempo para conversar.

Bolaño
Y, ¿cómo te encuentro? Todavía no te cruzas con Melville y has estado muerto por años.

Borges
Sucederá, eventualmente. Hay mucho tránsito en estos corredores. Tal vez él no quiere hablar. He escuchado que sigue amargado por no haber podido publicar en vida Billy Bud, su obra maestra. Tú y yo estamos destinados a chocar tarde o temprano. Cuando eso suceda, te diré qué es lo que falta en tu obra.

Bolaño
¿Qué falta? Por qué no me dices ahora que sigo escribiendo.

Borges
Ve de nuevo a “El Sur”. Ahí está la clave.

Jorge Luis Borges desaparece. Bolaño mira en todas direcciones, pero el fantasma se ha ido.

Bolaño
¡Carajo, odio los misterios! Esto es un cuento que yo pude haber escrito, un cuento sin solución. Sólo Borges podía haberlo escrito mejor.

FIN
Versión de Juan Manuel Gómez

lunes, 3 de julio de 2017

Fragmento de Fausto - Johann Wolfgang von Goethe - Alemania


Prólogo en el cielo

EL SEÑOR. Los ejércitos celestiales.
Después, MEFISTÓFELES.1 Los tres arcángeles se adelantan.

SAN RAFAEL
    El sol retumba a la vieja usanza
en el melodioso concurso de las fraternales esferas,
y culmina su precioso itinerario
con la celeridad del rayo.
Su vista infunde fuerza a los ángeles,
aun cuando ninguno lo pueda penetrar;
las inconcebibles y sublimes obras
son magníficas como en su día primero.

SAN GABRIEL
    Y con celeridad, con increíble celeridad,
gira en torno suyo la tierra en su esplendor;
la claridad del paraíso
se alterna con las terribles tinieblas de la noche;
se encrespa el mar en anchos cauces
desde el lecho profundo de las rocas,
y rocas y mar son arrasadas
en el eterno y raudo curso de las esferas.

SAN MIGUEL
    Y tempestades rugen a porfía,
del mar a la tierra, de la tierra al mar,
y, furiosas, forman una cadena
de causas profundas en su derredor.
Y allí una devastación fulminante pone en llamas
el sendero que precede al trueno...,
mas, tus mensajeros, Señor, veneran2
el apacible cambio de tus días.

LOS TRES
    Su vista infunde fuerza a los ángeles,
aun cuando ninguno te pueda penetrar,
y todas tus sublimes obras
son magníficas como en su día primero.

MEFISTÓFELES
    Como quiera, ¡oh, Señor!, que te acercas de nuevo una vez                                                                                           [más
y preguntas cómo marcha todo entre nosotros,
y ya que de ordinario con agrado solías verme,
así también me ves entre el celestial cortejo.
    Disculpa, no sé expresarme de modo grandilocuente,
y aun cuando todo el séquito de mí haga mofa,
mi solemnidad te haría reír seguramente
si no hubieses perdido la costumbre de reír.
    Del sol y de los mundos no sé decir gran cosa,
yo sólo veo que los hombres se atormentan.
El diosecillo del mundo sigue siendo el de la misma laya,
y es tan extravagante como en su día primero.
Un poco mejor viviría
si  no le hubieses dado la ilusión de la luz del cielo;
la llama razón y la emplea únicamente
para ser más bestia que todas las bestias.
Paréceme a mí, con perdón de Vuestra Señoría,
como una de esas cigarras de largas patas
que siempre vuela y que, volando, salta,
y que, en tocando la hierba, entona su vieja cantinela;
¡y si al menos se hubiese quedado para siempre en la hierba!;
que no hay pijotería en la que no meta su nariz.

EL SEÑOR
    ¿No tienes otra cosa que decirme?
¿Es que sólo has de venir a presentar queja?
¿No habrá jamás en la tierra nada que sea de tu agrado?

MEFISTÓFELES
    ¡Nada!, Señor, que todo me sigue pareciendo, como siempre,                                                                                [detestable.
Los hombres me dan lástima, en sus días de miseria,
y hasta a mí mismo me disgusta martirizar a esas pobres criaturas.

EL SEÑOR
    ¿Conoces a Fausto?

MEFISTÓFELES
                                ¿Al doctor?

EL SEÑOR
                                                  ¡A mi siervo!3

MEFISTÓFELES
    ¡Ciertamente!, os sirve de manera muy singular.
No son terrenas la bebida ni la comida de ese loco.
Le impulsa la agitación en la lejanía;
él mismo, de su demencia, a medias se da cuenta;
del cielo exige sus más bellas estrellas,
y de la tierra, todo placer sublime,
y ni lo próximo ni lo lejano
colman a ese pecho profundamente conmovido.

EL SEÑOR
    Aunque ahora me sirva sólo ofuscadamente,
pronto le llevaré a la claridad.
Pues sabe el jardinero, cuando el arbusto verdece,
que flor y frutos adornarán los años venideros.

MEFISTÓFELES
    ¿Qué os apostáis? ¡Pues todavía habréis de perder
si me dais permiso
para llevarlo con tiento a mi camino!

EL SEÑOR
    Mientras viva sobre la tierra,
no te será vedado;
que yerra el hombre en cuanto aspira.

MEFISTÓFELES
    Eso os lo agradezco, pues con los muertos
jamás me he sentido bien.
Me gustan sobre todo las mejillas llenas y lozanas.
Detesto los cadáveres;
me pasa a mí como el gato con el ratón.

EL SEÑOR
    Pues bien. ¡quédese a tu cargo!
Aparta a esa alma de su fuente primitiva
y arrástrala, si es que aprehenderla puedes,
por tus caminos en pendiente,
o avergüénzate si tienes que reconocer
que un hombre bueno, en su oscuro impulso,
es bien consciente del camino justo.

MEFISTÓFELES
    ¡Está bien!, no requerirá mucho tiempo.
No me asusto en modo alguno de mi apuesta.
Si llego a alcanzar mi meta,
permitidme el triunfo a voz en grito.
Polvo ha de comer, y con fruición,4
como mi avúncula, la famosa serpiente.

EL SEÑOR
    Libre eres de hacer como te plazca,
a los de tu condición nunca he odiado.
De todos los espíritus que niegan,
el pícaro es el que menos me importuna.
La actividad del hombre puede hacer demasiado fácilmente,
éste pronto se inclina al reposo ilimitado;
por eso le adjudico gustoso a un compañero
que azuza y actúa y ha de trabajar como un demonio.
Mas, vosotros, los verdaderos hijos de Dios,
¡regocijáos por las vistas y espléndidas bellezas!5
Lo que está en gestación, lo que actúa y vive eternamente,
os retiene en las excelsas barreras del amor,
y aquello que en vacilante aparición fluctúa,
¡afianzadlo en perdurables pensamientos!

(el cielo se cierra y los arcágeles se dispersan)

MEFISTÓFELES
(Solo)
    De tiempo en tiempo me gusta ver al viejo,
y buen cuidado pongo en no romper con él.
Es muy amable de un señor tan grande
que tan humanamente hasta con el demonio hable.
Traducción y notas de Pedro Gálvez
Johann Wolfgang von Goethe


1 Lucas, 2, 13: "Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial...". El prólogo, compuesto en 1800, se inspira en el libro de Job, I, 6 a 12: "El día en que los hijos de Dios venían ante Yahveh...".
2 Goethe emplea la traducción literal de la palabra ángel; en griego angelos = mensajero.
3 Job, I, 8: "¿No te has fijado en mi siervo Job?".
4 Génesis, 3, 14: "Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida".
5 Apocalipsis, 12, 12: "Por eso, regocijaos, cielos y los que en ellos habitáis..."

jueves, 23 de febrero de 2017

Fragmento de Romeo y Julieta - William Shakespeare - Inglaterra


ACTO SEGUNDO

ESCENA IV

[Una calle]

Entran Benvolio1 y Mercucio2.

MERCUCIO.  ¿Dónde diablos ha de estar este Romeo3 ¿No volvió a casa anoche?
BENVOLIO.  A la de su padre, no: he hablado con su criado.
MERCUCIO.  En fin, esa pálida moza de corazón duro, esa Rosalina, le atormenta tanto, que seguro que se volverá loco.
BENVOLIO.  Tebaldo4, el pariente del viejo Capuleto5, ha enviado una carta a casa de su padre.
MERCUCIO.  Un desafío, por vida mía.
BENVOLIO.  Romeo responderá.
MERCUCIO.  Cualquiera que sepa escribir puede responder a una carta.
BENVOLIO.  No, quiero decir que responderá al autor de la carta: desafiado, le desafiará.
MERCUCIO.  ¡Ay, pobre Romeo! ¡Ya está muerto! Apuñalado por los ojos negros de una blanca muchacha; traspasado de oído a oído por una canción de amor; con el corazón partido en su misma diana por la flecha del ciego niño arquero: ¿y va a ser hombre para enfrentarse con Tebaldo?
BENVOLIO.  ¡Bah! ¿Qué es Tebaldo?
MERCUCIO.  Más que el príncipe de los gatos6, puedo decirte. Ah, es el valiente capitán de las perfecciones. Lucha como tú cantarías una partitura; lleva el compás, la distancia y la proporción: te hace una pausa de mínima: una, dos y el tres en tu pecho: el auténtico matarife de los botones de seda7, un duelista, un duelista; un caballero de la primerísima escuela, de la primera y segunda causa8. ¡Ah, la inmortal pasada! ¡Los grados del perfil! ¡El "tocado"!
BENVOLIO.  ¿El qué?
MERCUCIO.  ¡La peste de esos fantásticos grotescos, balbucientes y afectados, esos nuevos entonadores de acentos! "¡Por Jesucristo, una excelente hoja: un hombre de buen talle; una estupenda puta9!". Vaya, ¿no es cosa lamentable, abuelo mío, que estemos tan afligidos con estas moscas impertinentes, estos lanzadores de modas, estos pardonnez-moi, que se asientan tanto en las nuevas formas que no pueden estar cómodos en sus antiguos bancos? ¡Ah sus bons, ah sus bons10!

Entra Romeo

BENVOLIO.  Aquí viene Romeo, aquí viene Romeo.
MERCUCIO.  Sin las huevas, como un arenque seco. ¡Ah, carne, carne, cómo estás de pescadeada! Ahora se ha dado a la métrica en que manó Petrarca: Laura, al lado de su amada, era una fregona: pardiez, aquélla tuvo un amante mejor para ponerla en rima; Dido, muy dudosa11; Cleopatra, una gitana; Helena y Hero, bribonas y rameras; Tisbe, ojos garzos, o algo así, pero no servía para el caso. Signor Romeo, bon jour! Ahí tienes un saludo francés para tus bragas a la francesa. Anoche nos diste lindamente moneda falsa.
ROMEO.  Buenos días a los dos. ¿Qué moneda falsa os di?
MERCUCIO.  El esquinazo, hombre, el esquinazo: ¿no entiendes?
ROMEO. Perdón, buen Mercucio: tenía un asunto importante; y en caso tal como el mío, uno puede apurar la cortesía.
MERCUCIO.  Es como decir que un caso como el tuyo obliga a uno a inclinarse por las corvas.
ROMEO.  Esto es, para hacer una reverencia.
MERCUCIO.  Has acertado amablemente.
ROMEO.  Una interpretación muy cortés.
MERCUCIO.  Claro, soy la misma flor de la cortesía.
ROMEO.  Como una rosa.
MERCUCIO.  Eso es.
ROMEO.  A mis pies, como las rosas caladas de mis escarpines12.
MERCUCIO.  Bien dicho, y ahora haz correr el chiste hasta que gastes los escarpines, y cuando estén sin suela, consuela tu ánimo pensando que queda el chiste, aunque por los suelos.
ROMEO.  ¡Ah, qué chiste de siete suelas!
MERCUCIO.  Ponte en medio de nosotros, buen Benvolio: me flaquea el ingenio.
ROMEO.  Flauta y espuelas, flauta y espuelas, o cantaré victoria.
MERCUCIO.  Bueno, si nuestros ingenios se ponen a jugar a la oca, estoy perdido, porque tú eres más ganso en un solo sentido que yo en mis cinco, seguro. ¿He picado yo nunca a tu altura en la oca13?
ROMEO.  Tú nunca has subido a picar a mi altura, sino a la oca.
MERCUCIO.  Te picaré en la oreja por esa broma.
ROMEO.  No, no me piques, buen gansito.
MERCUCIO.  Tu ingenio es agridulce para sazonar; una salsa muy picante.
ROMEO.  ¿Y no va bien para servir un ganso dulce?
MERCUCIO.  ¡Ah, ese es un ingenio de cabritilla, que de una pulgada de estrecho, se agranda hasta un codo de ancho!
ROMEO.  El cabritillo es lo que se agranda hasta demostrar lo que eres14.
MERCUCIO.  Bueno, ahora estás mejor que gimiendo de amor. Ahora estás sociable, ahora eres Romeo; ahora eres lo que eres, por tu ser natural y por arte15: pues el loco de amor es como un gran idiota, que corre de acá para allá para meter su juguete en un agujero.
BENVOLIO.  Quédate ahí, quédate ahí.
MERCUCIO.  Tú pretendes que me quede en mi cuento a contrapelo.
BENVOLIO.  Ya sé que no tienes pelos en la lengua16.
MERCUCIO.  Ah, te engañas; ya no iba a partir un pelo en cuatro, porque había llegado al fondo de la cosa y no quería seguir metiéndome en el asunto.
ROMEO.  ¡Buena gente hay aquí!

Entran el Ama17 y Pedro18.

MERCUCIO.  ¡Una vela, una vela!
BENVOLIO.  Dos, dos: una camisa y una falda.
AMA.  ¡Pedro!
PEDRO.  ¡Mandad!
AMA.  Mi abanico, Pedro.
MERCUCIO.  Buen Pedro, es para taparle la cara; porque el abanico es el más bello de las dos cosas.
AMA.  Buenos días, caballeros.
MERCUCIO. Buenas tardes nos dé Dios, hermosa dama.
AMA.  ¿Son tardes?
MERCUCIO.  Nada menos, os lo aseguro; pues la lasciva manecilla del reloj toca las partes del mediodía.
AMA.  ¡Quitad allá! ¡Qué hombre sois!
ROMEO.  Un hombre, buena dama, al que Dios le ha hecho para que se eche él mismo a perder.
AMA.  A fe mía, está bien dicho: "para que se eche él mismo a perder". Caballeros, ¿alguno de vosotros puede decirme dónde encontraría al joven Romeo?
ROMEO.  Yo os lo puedo decir, pero el joven Romeo será más viejo cuando le hayáis encontrado que cuando le buscabais: yo soy el más joven de ese nombre: a falta de otro peor.
AMA.  Bien decís.
MERCUCIO.  ¡Sí! ¡Está bien lo peor! Muy bien tomado, a fe: con sensatez, con sensatez.
AMA.  Si sois él, deseo deciros algo en confidanza.
BENVOLIO.  Le irá a incitar a alguna cena.
MERCUCIO.  ¡Una celestina, una celestina, una celestina! ¡Ahí va, eh!
ROMEO.  ¿Qué caza has levantado?
MERCUCIO.  Ninguna pájara19, señor mío, a no ser una pájara en empanada de Cuaresma; algo rancio y pasado antes de comerse... (Canta)

La pájara vieja,
la pájara vieja
en Cuaresma es buena:
pero si ya apesta
la pájara esta
es mucho para una docena.

Romeo, ¿irás a casa de tu padre? Vamos a comer allí.
ROMEO.    Os seguiré.
MERCUCIO.  Adiós, anciana señora; adiós [cantando], "señora, señora, señora". (Se van Mercucio y Benvolio.)
AMA.  ¡Adiós, pardiez! Por favor, señor, ¿qué mercader de indecencias era ese, que estaba tan lleno de cordelerías?
ROMEO.  Un caballero, ama, que gusta de oírse hablar, y que habla en un minuto más de lo que escucha en un mes.
AMA.  Pues si habla algo contra mí, le pondré en su sitio, aunque fuera veinte veces más valiente de lo que es, y a veinte tipos como él; y si no puedo yo, ya encontraré quien pueda. ¡Granuja indecente! ¡Yo no soy de sus bribonas, yo no soy de su pandilla! [A Pedro.] Y tú tambien, ¿tienes que quedarte ahí, aguantando que cualquier granuja me trate a su gusto?
PEDRO.   Yo no he visto ningún hombre que os tratara a su gusto: si lo hubiera visto, habría sacado el arma enseguida, os lo aseguro. Me atrevo a meter mano tan pronto como cualquiera, si veo ocasión de una buena riña, y con la justicia de mi parte.
AMA.  ¡Vamos, bien lo sabe Dios, que estoy tan ofendida, que tiemblo por todas partes! ¡Granuja indecente! Señor, una palabra, por favor: como os decía, mi señorita me ha encargado que os buscara: lo que me ha encargado que dijera, me lo guardaré: pero primero dejadme deciros que si la vais a llevar, como suele decirse, al paraíso de los tontos, sería una conducta muy grosera, como suele decirse: pues la dama es joven, y, por tanto, si la tratáis con doblez, de veras que sería una mala cosa para hacérsela a ninguna dama, y un mal comportamiento.
ROMEO.  Ama, encomiéndome a tu señora y dueña. Te juro...
AMA.   ¡Buen corazón! A fe, que eso le diré. Oh Dios mío, será una mujer feliz.
ROMEO.  ¿Qué le vas a decir, ama? No me haces caso.
AMA.  Le diré, señor, que juráis; lo que me parece que es un ofrecimiento de caballero.
ROMEO.  Dile que invente algún medio para irse a confesar esta tarde; y allí, en la celda de fray Lorenzo20, se confesará y se casará. Aquí tienes, por tu molestia.
AMA.  No, de veras, señor: ni un penique.
ROMEO.  Vamos, te digo que sí.
AMA.  ¿Esta tarde, señor? Bueno, allí estará.
ROMEO.  Y espera, buena ama: antes de una hora, mi criado estará contigo detrás de las tapias del convento, y te llevaré unas cuerdas en forma de escalera que, hasta el alto mastelero de mi alegría, me dejarán ascender en la secreta noche. Adiós: sé fiel, y pagaré tus molestias; adiós, encomiéndame a tu señora.
AMA.  ¡Ea, que os bendiga el Dios del cielo! Escuchad, señor.
ROMEO.  ¿Qué dices, mi querida ama?
AMA.  ¿Vuestro criado es reservado? ¿No habéis oído decir que dos pueden guardar un secreto cuando uno se va lejos?
ROMEO.  Te garantizo que mi criado es tan fiel como el acero.
AMA.  Bien, señor: mi señora es la más dulce dama... ¡Señor, Señor! cuando era una pequeñita charlatana... Ah, hay un noble en la ciudad, un tal Paris21, que estaría dispuesto a entrar al abordaje; pero ella, alma bendita, preferiría ver un sapo, un sapo en persona, antes que a él. A veces la hago rabiar, y le digo que Paris es el hombre más apropiado; pero, os lo aseguro, cuando digo eso, se pone tan pálida como el trapo más blanco de todo el mundo universal. ¿No empiezan con la misma letra romero y Romeo?
ROMEO.  Sí, ama, ¿y qué? Con R las dos.
AMA.  ¡Ah, bromista! La letra del perro22; R es por él... No, ya sé que empieza con otra letra... Y ella ha hecho con vos y el romero una sentencia muy linda, que os haría bien oírla.
ROMEO.  Recuerdos a tu señora. (Se va Romeo.)
AMA.  Sí, mil veces. ¡Pedro!
PEDRO.  ¡Mandad!
AMA.  Pedro, toma mi abanico, y ve delante, y andando. (Se van.)
Traducción y notas de José María Valverde
William Shakespeare

1 BENVOLIO: sobrino de Montesco y amigo de Romeo.
2 MERCUCIO: pariente del Príncipe de Verona y amigo de Romeo.
3 ROMEO: hijo de Montesco.
4 TEBALDO: sobrino de la señora Capuleto.
5 CAPULETO: cabeza de la familia Capuleto, enemistada con los Montesco.
6 Así se llama el gato en Reinard the Fox, versión inglesa del Roman de Renard
7 Los esgrimidores muy hábiles se complacían en dar en los botones del jubón de su adversario (botones forrados, según la moda, de seda).
8 En el código de honor había un catálogo de causas para el duelo. 
9 Los jóvenes a la moda, además de una esgrima "científica", se caracterizaban por su fraseología inusitada. 
10 Se alude ahora a la moda de los nuevos calzones, considerados afeminados e incómodos. 
11 En el original se juega con Dido y Dowdy.
12 Estaban de moda los escarpines con agujeros calados en forma de flor: hay aquí toda una cadena de juegos de palabras, traducida con relativa exactitud, aunque abreviamos la siguiente respuesta de Romeo (O single-sol'd jest, solely singular for the singleness.) 
13 En el original wild-goose chase, "caza del pato salvaje", nombre dado a un ejercicio de equitación, con persecución de jinetes. El juego de la oca, entonces difundido desde Italia, nos sirve para sustituirlo, dando lugar a todos los juegos de palabras que vienen a continuación, y que es preferible no comentar. 
14 Para no romper la cadena de chistes, ha habido que cargar la mano: el original dice: I stretch it out for that word "broad", which added to the "goose", proves thee far and wide a broad goose; broad goose, literalmente "ganso ancho", era un insulto de calibre medio. 
15 Saltamos el juego de palabras entre art, "arte", y thou art, "eres".
16 Se juega con tale, "cuento", y tail, "cola": no entramos en más detalles.
17 AMA: ama de compañía de Julieta.
18 PEDRO: criado de los Capuleto.
19 Aquí, y en la canción inmediata, sustituimos con "pájara" el original hare, "libre" y "prostituta".
20 FRAY LORENZO: franciscano.
21 PARIS: joven gentilhombre, pariente del Príncipe de Verona.
22 Pasaje oscuro y de lectura muy discutida. Ben Johnson, en su Gramática Inglesa, decía que la R era la letra del perro, porque éste ladra con su sonido.

Romeo y Julieta - Mercucio (Allegro giocoso) - Serge Prokofiev
Boston Symphony Orchestra
Seiji Ozawa

lunes, 13 de febrero de 2017

Fragmento de Julio César - William Shakespeare - Inglaterra


ACTO TERCERO

ESCENA II

[Roma. El Foro]

Entra Bruto1 y sube al "rostrum2"; y Casio3 con los Ciudadanos.

CIUDADANOS. Han de darnos explicaciones: tienen que satisfacernos.
BRUTO.  Entonces segidme, y prestadme atención, amigos. Casio, tú vete a la otra calle: separemos a la multitud. Los que me quieran oír hablar, que se queden aquí; los que quieran seguir a Casio, que se vayan con él, y se darán explicaciones públicas de la muerte de César4.
CIUDADANO PRIMERO.  Yo quiero oír hablar a Bruto.
CIUDADANO SEGUNDO.  Yo quiero oír a Casio y comparar sus razones cuando las oigamos dar por separado.

Se va Casio con algunos Ciudadanos.

CIUDADANO TERCERO.  El ilustre Bruto ha subido: ¡silencio!
BRUTO. Tened paciencia hasta el final. Romanos, compatriotas, amigos, escuchadme en mi motivación, y estad callados para que podáis oír. Creedme por mi honor, y tened respeto a mi honor, para que creáis. Censuradme en vuestra prudencia, y despertad vuestros sentidos, para juzgar mejor. Si en esta reunión hay algún afectuoso amigo de César, le digo que el cariño de Bruto a César no era menos que el suyo. Entonces, si ese amigo pregunta por qué Bruto se levantó contra César, mi respuesta es ésta: no es que yo amara menos a César, sino que amaba más a Roma. ¿Preferiríáis que viviera César y todos fuerais esclavos, en vez de que César haya muerto y todos viváis como hombres libres? Puesto que César me quiso, le lloro; puesto que fue afortunado, me alegro de ello; puesto que fue valiente, le honro; pero, puesto que era ambicioso, le he matado. Aquí hay lágrimas, por su cariño; alegría, por su suerte; honor, por su valentía; y muerte, por su ambición. ¿Quién hay aquí tan vil que quiera ser esclavo? Si lo hay, que hable, porque a ése es a quien he ofendido. ¿Quién hay aquí tan vil que no ame a su patria? Si lo hay, que hable, porque a ése es a quien he ofendido. Me detengo en espera de respuesta.
TODOS.  Nadie, Bruto, nadie.
BRUTO.  Entonces no he ofendido a nadie. No he hecho a César más que lo que tenéis que hacer a Bruto. El motivo de su muerte está inscrito en el Capitolio: no se ha menguado su gloria, en aquello en que fue digno; ni se han deformado los delitos por los que sufrió la muerte.

Entra Marco Antonio5, con el cadáver de César.

Aquí viene su cadáver, llorado por Marco Antonio, que, aunque no tuvo parte en su muerte, recibirá el beneficio de que haya muerto, un puesto en la república, y ¿quién de vosotros no? Y con esto, me retiro, pues, igual que he matado a quien más quería por el bien de Roma, tengo para mí esa misma daga, cuando a mi nación le parezca bien tener necesidad de mi muerte.
TODOS.  Vive, Bruto, vive, vive.
CIUDADANO PRIMERO.  Llevadle a su casa en triunfo.
CIUDADANO SEGUNDO.  Dadle una estatua con sus antepasados.
CIUDADANO TERCERO.  Hacedle César.
CIUDADANO CUARTO.  Las mejores cualidades de César han de ser coronadas en Bruto.
CIUDADANO PRIMERO.  Le llevaremos a su casa con gritos y clamores.
BRUTO.  ¡Compatriotas míos!
CIUDADANO SEGUNDO.  ¡Callad, silencio! Habla Bruto.
CIUDADANO PRIMERO.  ¡Callad, eh!
BRUTO.  Mis buenos compatriotas, dejadme marchar solo, y, en atención a mí, quedáos aquí con Antonio: honrad el cadáver de César, y haced honor a su discurso que dará gloria a César, como, por nuestra licencia, se le permite a Marco Antonio que haga. Os ruego que no se marche nadie más que yo mismo hasta que Antonio termine de hablar. (Se va.)
CIUDADANO PRIMERO.  ¡Quietos, eh! Oigamos a Marco Antonio.
CIUDADANO TERCERO.  Que suba a la tribuna pública, y le oiremos: noble Antonio, sube.
ANTONIO.  Os estoy agradecido, en atención a Bruto.
CIUDADANO CUARTO.  ¿Qué dice de Bruto?
CIUDADANO TERCERO.  Dice que, en atención a Bruto, nos está agradecido a todos.
CIUDADANO CUARTO.  ¡Más valdría que no dijera aquí nada malo de Bruto!
CIUDADANO PRIMERO.  Ese César fue un tirano.
CIUDADANO TERCERO.  No, lo cierto es que tenemos suerte con que Roma haya quedado libre de él.
CIUDADANO SEGUNDO.  Callad, vamos a oír lo que pueda decir Antonio.
ANTONIO.  ¡Oh amables romanos!
TODOS.  ¡Callad, eh! ¡Dejad que le oigamos!
ANTONIO.  Amigos, romanos, compatriotas, prestadme oídos: vengo a sepultar a César, no a elogiarle. El mal que hacen los hombres, vive después de ellos; el bien, muchas veces, queda enterrado con sus huesos: sea así con César. El ilustre Bruto os ha dicho que César era ambicioso: si así fue, fue una grave falta, y César la ha pagado gravemente, Aquí, con permiso de Bruto y de los demás (pues Bruto es un hombre honrado, y los demás también: todos son hombres honrados) vengo a hablar en el funeral de César. Él fue amigo mío, fiel y justo conmigo, pero Bruto dice que era ambicioso, y Bruto es un hombre honrado. Trajo a Roma muchos cautivos cuyos rescates llenaron las arcas públicas. ¿Pareció César ambicioso en esto? Cuando los pobres clamaban, César lloraba: la ambición debería estar hecha de materia más dura. Sin embargo, Bruto dice que era ambicioso, y Bruto es un hombre honrado. Visteis todos que en el Lupercal le ofrecí tres veces una corona real, y él la rechazó tres veces. ¿Fue eso ambición? Sin embargo, Bruto dice que era ambicioso, y, por supuesto, él es un hombre honrado, No hablo para desmentir lo que dijo Bruto, sino que estoy aquí para decir lo que sé: todos vosotros le quisisteis antes, no sin razón. ¿Qué razón, entonces, os impide llorarle? ¡Ah juicio! has huido a las bestias irracionales, y los hombres han perdido la razón. Perdonadme: mi corazón está aquí en el ataúd con César, y tengo que detenerme hasta que vuelva a mí.
CIUDADANO PRIMERO.  Me parece que tiene mucha razón en lo que dice.
CIUDADANO SEGUNDO.  Si consideras bien el asunto, a César se le ha hecho un gran agravio.
CIUDADANO TERCERO.  ¿Se le ha hecho, señores? Me temo que vendrá otro peor en su lugar.
CIUDADANO CUARTO.  ¿Os fijasteis en sus palabras? No quería recibir la corona, de modo que está claro que no era ambicioso.
CIUDADANO PRIMERO.  Si así resulta, algunos lo pagarán caro.
CIUDADANO SEGUNDO.  ¡Pobre hombre! TIene los ojos rojos como el fuego de tanto llorar.
CIUDADANO TERCERO.  No hay en Roma un hombre más noble que Antonio.
CIUDADANO CUARTO.  Fijaos ahora en él: otra vez empieza a hablar.
ANTONIO.  Ayer mismo, la palabra de César podía enfrentarse al mundo; ahora yace ahí, y nadie es tan poca cosa que le haga reverencia. ¡Ah señores! Si pretendiera remover vuestros corazones y ánimos al desorden y la cólera, agraviaría a Bruto y a Casio, que, como sabéis todos, son hombres honrados. No les agraviaré: prefiero más bien agraviar al muerto, agraviarme a mí mismo y a vosotros, antes que agraviar a tan honrados hombres. Pero aquí hay un pergamino con el sello de César: lo encontré en su cuarto. Es su última voluntad: los villanos, sólo con que oyeran este testamento (que, perdonadme, no pienso leer), irían a besar las heridas de César muerto y a mojar sus pañuelos en su sangre sagrada: más aún, pedirían un pelo suyo como reliquia, y al morir, lo mencionarían en sus testamentos, dejándolo a su progenie como rico legado.
CIUDADANO CUARTO.  Queremos oír el testamento: léelo, Marco Antonio.
TODOS.  El testamento, el testamento: queremos oír el testamento de César.
ANTONIO.  Tened paciencia, amables amigos, no debo leerlo. No es conveniente que sepáis cómo os quería César: no sois madera, no sois piedra, sino hombres, el escuchar el testamento de César os inflamará y os volverá locos: está bien que no sepáis que sois sus herederos, pues, si lo supierais, ah ¿qué resultaría de ello?
CIUDADANO CUARTO.  Lee el testamento: queremos oírlo, Antonio: tienes que leernos el testamento, el testamento de César.
ANTONIO.  ¿Vais a tener paciencia? ¿Queréis esperar un poco? Me he excedido al hablaros de ello: temo que agravio a los hombres honrados cuyas dagas apuñalaron a César: lo temo.
CIUDADANO CUARTO.  Fueron traidores. ¿Qué hombres honrados?
TODOS.  El testamento, la última voluntad.
CIUDADANO SEGUNDO.  Fueron villanos, asesinos: el testamento, lee el testamento.
ANTONIO.  Me vais a obligar entonces a leer el testamento. Reuníos, pues, en círculo en torno al cadáver de César y dejadme mostraros al que hizo el testamento: ¿he de bajar? ¿me lo permitiréis?
TODOS.  Baja.
CIUDADANO SEGUNDO.  Desciende.
CIUDADANO TERCERO.  Te lo permitiremos.
CIUDADANO CUARTO.  En círculo: poneos alrededor.
CIUDADANO PRIMERO.  Apartaos del ataúd, apartaos del cadáver.
CIUDADANO SEGUNDO.  Dejad sitio a Antonio, al nobilísimo Antonio.
ANTONIO.  Ea, no me apretéis tanto, apartaos.
TODOS.  Echaos atrás: sitio, echaos atrás.
ANTONIO.  Si tenéis lágrimas, preparaos para verterlas ahora. Todos vosotros conocéis este manto: recuerdo la primera vez que se lo puso César. Fue un atardecer de verano, en su tienda, el día que venció a los de Nervi. Mirad, por este sitio se clavó el puñal de Casio: mirad qué desgarrón hizo el rencoroso Casca6: a través de éste, el bienamado Bruto le apuñaló, y al retirar su maldito acero, fijaos cómo lo siguió la sangre de César, como precipitándose a salir por la puerta para averiguar si era o no Bruto quien llamaba tan cruelmente; pues, como sabéis, Bruto era el ángel de César. Juzgad, oh dioses, qué profundamente le quiso César: éste fue el tajo más cruel de todos. Pues cuando el noble César le vio que le apuñalaba, le venció la ingratitud, más fuerte que los brazos de los traidores; entonces estalló su poderoso corazón, y envolviendo el rostro en el manto, al pie de la estatua de Pompeyo7 (que durante todo ese tiempo manó sangre) cayó el gran César. ¡Ah qué caída fue esa, mis compatriotas! Entonces yo, y vosotros, y todos nosotros caímos, mientras la sanguinaria traición triunfaba sobre nosotros. Ah, ahora lloráis y noto que sentís el mordisco de la compasión: ésas son gotas de generosidad. Almas bondadosas, ¿cómo? ¿lloráis sólo de ver herida la toga de César? Mirad aquí: aquí está él mismo, despedazado como veis por los traidores.
CIUDADANO PRIMERO.  ¡Ah espectáculo lamentable!
CIUDADANO SEGUNDO.  ¡Oh noble César!
CIUDADANO TERCERO.  ¡Ah día de desgracia!
CIUDADANO CUARTO.  ¡Ah traidores, villanos!
CIUDADANO PRIMERO.  ¡Ah visión sangrienta!
CIUDADANO SEGUNDO.  Nos vengaremos8. ¡Venganza, ve por ahí, a buscar, a quemar, a incendiar, a matar, a exterminar! No dejes un traidor vivo.
ANTONIO.  Esperad, compatriotas.
CIUDADANO PRIMERO.  Callad ahí, oíd al noble Antonio.
CIUDADANO SEGUNDO.  Le oiremos, le seguiremos, moriremos con él.
ANTONIO.  Buenos amigos, dulces amigos, no quiero sublevaros a tan repentino desbordamiento de rebelión. Los que han hecho esta acción, son honrados. Yo no sé, ay, qué agravios particulares tuvieron para llevarles a hacerlo: son prudentes y honrados, y no dudo de que os responderán con razones. Yo, amigos, no vengo para apoderarme de vuestros corazones. Yo no soy orador, como lo es Bruto: sino -tal como me conocéis todos- un hombre sencillo y franco que quiero a mi amigo, y lo saben muy bien ellos, que me han dado permiso para hablar de él en público: pues no tengo texto escrito9 ni palabras ni valor ni habilidad ni elocuencia ni poder de lenguaje para removerles la sangre a los hombres. Yo hablo sólo por las buenas: os digo lo que sabéis vosotros mismos, os muestro las heridas del amado César, pobres, pobres bocas mudas, y les pido que hablen por mí: pero si yo fuera Bruto, y Bruto fuera Antonio, habría un Antonio que os agitaría los ánimos y pondría una lengua en cada herida de César para mover hasta a las piedras de Roma a la rebelión y el motín.
TODOS.  ¡Nos amotinaremos!
CIUDADANO PRIMERO.  Quemaremos la casa de Bruto.
CIUDADANO TERCERO.  Vamos allá, venid a buscar a los conspiradores.
ANTONIO.  Pero escuchadme, compatriotas, escuchadme hablar todavía.
TODOS.  Callad, eh, oíd a Antonio, el nobilísimo Antonio.
ANTONIO. ¿Qué es eso, amigos? ¿Os vais a hacer no sábeis qué? ¿En qué ha merecido César de ese modo vuestro cariño? Ay, no lo sabéis: os lo tengo que decir entonces: habéis olvidado el testamento de que os hablé.
TODOS.  Es mucha verdad: el testamento. Esperémonos a oír el testamento.
ANTONIO.  Aquí está el testamento, y bajo el sello de César: da a cada ciudadano romano setenta y cinco dracmas por cabeza.
CIUDADANO SEGUNDO.  ¡Nobilísimo César, vengaremos su muerte!
CIUDADANO TERCERO.  ¡Ah egregio César!
ANTONIO.  Escuchadme con paciencia.
TODOS.  ¡Silencio, eh!
ANTONIO.  Además, os ha dejado todos sus paseos, sus glorietas particulares, sus jardines recién plantados a esta orilla del Tíber: os lo ha dejado a vosotros y a vuestros herederos para siempre: lugares públicos de recreo para pasear y disfrutar. Ése fue un César: ¿cuándo saldrá otro igual?
CIUDADANO PRIMERO.  Nunca, nunca; ea, vamos, vamos: incineraremos su cadáver en el lugar sagrado, y con las ascuas quemaremos las casas de los traidores. Llevaos el cadáver.
CIUDADANO SEGUNDO.  Id a buscar fuego.
CIUDADANO TERCERO.  Derribad bancos.
CIUDADANO CUARTO.  Derribad asientos, ventanas, todo.

Se van los Ciudadanos llevándose el cadáver.

ANTONIO.  Ahora, hay que dejarlo actuar. Ruina, estás en marcha: toma la dirección que quieras. ¿Qué hay, mozo?

Entra un Criado.

CRIADO.  Señor, Octavio10 ya ha llegado a Roma.
ANTONIO.  ¿Dónde está?
CRIADO.  Está con Lépido11 en casa de César.
ANTONIO.  Allí iré derecho, a visitarle: llega conforme al deseo. La fortuna está contenta, y con ese humor, nos dará cualquier cosa.
CRIADO.  Le he oído decir que Bruto y Casio han salido al galope como locos por la puerta de Roma.
ANTONIO.  Quizás han tenido noticia de cómo he agitado a la gente. Acompáñame a ver a Octavio. (Se van.)
Traducción de José María Valverde

1 MARCO BRUTO: conspirador contra Julio César.
2 Tribuna pública, pedestal de piedra, a modo de proa, para uso de los oradores. (Nota del traductor)
3 CASIO: conspirador contra Julio César.
4 JULIO CÉSAR: dictador y, antes, uno de los componentes del Primer Triunvirato, junto con Pompeyo y Craso.
5 MARCO ANTONIO: triunviro después de la muerte de César, junto con Lépido y Octavio (2º Triunvirato).
6 CASCA: conspirador contra Julio César.
7 POMPEYO: triunviro del Primer Triunvirato, junto con César y Craso.
8 En ediciones modernas, las siguientes exclamaciones se distribuyen entre los otros tres Ciudadanos o entre otros que hasta ahora no hubieran dicho nada. (Nota del traductor)
9 Algunos leen wit, "ingenio", en vez de writ, "texto escrito". (Nota del Traductor)
10 OCTAVIO: sobrino-nieto e hijo adoptivo de César; triunviro del 2º Triunvirato (como se ha dicho), que más adelante se convertiría en el Primer Emperador bajo el título de Augusto.
11 LÉPIDO: uno de los componentes del 2º Triunvirato.

Marlon Brando como Marco Antonio en 'Julio César', de Joseph L. Mankiewicz, 1953

Banda sonora de la película 'Julio César' (Obertura y Preludio) - Miklós Rózsa

viernes, 3 de febrero de 2017

Tres escenas del Acto III de Hamlet - William Shakespeare - Inglaterra


ACTO III

ESCENA UNDÉCIMA

Claudio1, Gertrudis2 y Hamlet3, Horacio4, Polonio5
Ofelia6, Ricardo, Guillermo7, y acompañamiento 
de damas, caballeros, pajes y guardias.
Suena la marcha dánica.

CLAUDIO  ¿Cómo estás, mi querido Hamlet?
HAMLET  Muy bueno, señor. Me mantengo del aire como el camaleón; engordo con esperanzas. No podréis vos cebar así vuestros faisanes.
CLAUDIO  No comprendo esa respuesta, Hamlet, ni tales razones son para mí.
HAMLET   Ni para mí tampoco. (A Polonio) ¿No dices tú que una vez representaste en la universidad, eh?
POLONIO  Sí, señor, así es, y fui reputado por muy buen actor.
HAMLET  ¿Y qué hiciste?
POLONIO  El papel de Julio César. Bruto me asesinaba en el Capitolio.
HAMLET  Muy bruto fue el que cometió en el Capitolio tan capital delito. ¿Están ya prevenidos los cómicos?
RICARDO  Sí, señor; y esperan sólo vuestras órdenes.
GERTRUDIS  Ven aquí, mi querido Hamlet; ponte a mi lado.

Gertrudis y Claudio se sientan junto a la puerta 
por donde han de salir los actores.
Siguen por su orden las damas y los caballeros.
Hamlet se sienta en el suelo, a los pies de Ofelia8.

HAMLET  No, señora; aquí hay un imán de más atracción para mí.
POLONIO  ¡Ah! ¡ah!, ¿Habéis notado eso?
HAMLET  ¿Permitiréis que me ponga sobre vuestra rodilla?
OFELIA  No, señor.
HAMLET  Quiero decir, apoyar mi cabeza en vuestra rodilla.
OFELIA  Sí, señor.
HAMLET  ¿Pensáis que yo quisiera cometer alguna indecencia?
OFELIA  No, no pienso nada de eso.
HAMLET  ¡Qué dulce cosa es...!9
OFELIA  ¿Qué decís, señor?
HAMLET  Nada.
OFELIA  Se conoce que estáis de fiesta.
HAMLET  ¿Quién, yo?
OFELIA  Sí, señor.
HAMLET  Lo hago sólo por divertiros. Y, bien mirado, ¿qué debe hacer un hombre sino vivir alegre? Ved mi madre qué contenta está, y mi padre murió ayer.
OFELIA  ¡Eh! No, señor, que ya hace dos meses.
HAMLET  ¿Tanto ha? ¡Oh! Pues quiero vestirme todo de armiños y llévese el diablo el luto. ¡Dios mío! ¿Dos meses ha que murió, y todavía se acuerdan de él? De esa manera ya puede esperarse que la memoria de un grande hombre le sobreviva, quizá, medio año; bien que es menester que haya sido fundador de iglesias, que si no, por la Virgen santa, no habrá nadie que de él se acuerde: como del caballo de palo, de quien dice aquel epitafio:

Ya murió el caballito de palo,
y ya le olvidaron así que murió.

Suenan trompetas, y se da principio 
a la escena muda. 
Salen el duque y la duquesa (que lo harán los Cómicos 
1º y 2º); al encontrarse, se saludan y abrazan
 afectuosamente. Ella se arrodilla, mostrando el mayor 
respeto; él la levanta y reclina la cabeza sobre el pecho 
de su esposa. Acuéstase el duque en un lecho de flores, 
y ella se retira al verle dormido. Sale el Cómico 3º 
(que hace el papel de Luciano, sobrino del duque), se 
acerca, le quita al duque la corona, la besa, le derrama 
en el oído una poción de licor que lleva en el frasco y, 
hecho esto, se va. Vuelve la duquesa, y hallando muerto a 
su marido, manifiesta su gran sentimiento. Sale Luciano 
con dos o tres que le acompañan y hace ademanes 
de dolor. Manda retirar el cadáver, y quedando a solas 
con la duquesa, la solicita y le ofrece dádivas. Ella resiste 
un poco y le desdeña, pero al fin admite su amor. Se van.

OFELIA  ¿Qué significa esto, señor?
HAMLET  Esto es un asesinato oculto, y anuncia grandes maldades.
OFELIA  Según parece, la escena muda contiene el argumento del drama.


ESCENA DECIMOSEGUNDA

Cómico 4º y dichos.

HAMLET  Ahora lo sabremos por lo que nos diga ese cantor, los cómicos no pueden callar un secreto, todo lo cuentan.
OFELIA  ¿Nos dirá éste lo que significa la escena que hemos visto?
HAMLET  Sí, por cierto, y cualquera otra escena que le hagáis ver. Como no os avergoncéis de representársela, él no se avergonzará de deciros lo que significa.
OFELIA  ¡Qué malo, qué malo sois! Pero dejadme atender a la pieza.

CÓMICO 4º
Humildemente os pedimos
que escuchéis esta tragedia,
disimulando las faltas
que haya en nosotros y en ella.

HAMLET  ¿Es esto prólogo o mote de sortija?
OFELIA  ¡Qué corto ha sido!
HAMLET  Como cariño de mujer.


ESCENA DECIMOTERCERA

Cómico 1º, Cómico 2º y dichos.

CÓMICO 1º (El Duque)
Ya treinta vueltas dio de Febo el carro
a las ondas saladas de Nereo
y al globo de la tierra, y treinta veces
con luz prestada han alumbrado el suelo
doce lunas, en giros repetidos,
después que el dios de amor y el Himeneo
nos enlazaron, para dicha nuestra,
en nudo santo el corazón y el cuello.

CÓMICO 2º (La Duquesa)
Y ¡oh! quiera el cielo que otros tantos giros,
a la luna y al sol, señor, contemos
antes que el fuego de este amor se apague.
Pero es mi pena inconsolable al veros
doliente, triste, y tan diverso ahora
de aquel que fuisteis... Tímida recelo...
Mas toda mi aflicción nada os conturbe,
que en pecho femenil llega al exceso
el temor y el amor. Allí residen
en igual proporción ambos afectos,
o no existe ninguno, o se combinan
éste y aquél con el mayor extremo.
Cuán grande es el amor que a vos me inclina,
las pruebas lo dirán que dadas tengo;
pues tal es mi temor. Si un fino amante
sin motivos tal vez vive temiendo,
la que al veros así toda es temores
muy puro amor abrigará en el pecho.

CÓMICO 1º (El Duque)
Sí, yo debo dejarte, amada mía,
inevitable es ya: cederán presto
a la muerte mis fuerzas fatigadas;
tú vivirás, gozando del obsequio
y el amor de la tierra. Acaso entonces
un digno esposo...

CÓMICO 2º (La Duquesa)
No, dad al silencio
esos anuncios. ¿Yo? ¿Pues no serían
traición culpable en mí tales afectos?
¿Yo un nuevo esposo? No, la que se entrega
al segundo, señor, mató al primero.

HAMLET  Esto es zumo de ajenjos.

CÓMICO 2º (La Duquesa)
Motivos de interés tal vez inducen
a renovar los nudos de Himeneo;
no motivos de amor. Yo causaría
segunda muerte a mi difunto dueño
cuando del nuevo esposo recibiera
en tálamo nupcial amantes besos.

CÓMICO 1º (El Duque)
No dudaré que el corazón te dicta
lo que aseguras hoy; fácil creemos
cumplir lo prometido, y fácilmente
se quebranta y se olvida. Los deseos
del hombre a la memoria están sumisos,
que nace activa y desfallece presto.
Así prende del ramo acerbo el fruto,
y así maduro, sin impulso ajeno,
se desprende después. Difícilmente
nos acordamos de llevar a efecto
promesas hechas a nosotros mismos,
que al cesar la pasión cesa el empeño.
Cuando de la aflicción y la alegría
se moderan los ímpetus violentos,
con ellos se disipan las ideas
a que dieron lugar, y el más ligero
acaso, los placeres en afanes
muda tal vez, y en risa los lamentos.
Amor, como la suerte, es inconstante:
que en este mundo al fin nada hay eterno,
y aún se ignora si él manda a la fortuna,
o si ésta del amor cede al imperio.
Si el poderoso del lugar sublime
se precipita, le abandona luego
cuantos gozaron su favor; si el pobre
sube a prosperidad, los que le fueron
más enemigos su amistad procuran
(y el amor sigue a la fortuna en esto),
que nunca al venturoso amigos faltan,
ni al pobre desengaños y desprecios.
Por diferente senda se encaminan
los destinos del hombre y sus afectos,
y sólo en él la voluntad es libre;
mas no la ejecución, y así el suceso
nuestros designios todos desvanece.
Tú me prometes no rendir a nuevo
yugo tu libertad... Esas ideas,
¡ay!, morirán cuando me vieres muerto.

CÓMICO 2º (La Duquesa)
Luces me niegue el sol, frutos la tierra,
sin descanso y placer viva muriendo,
desesperada y en prisión oscura
su mesa envidie al eremita austero:
cuantas penas el ánimo entristecen,
todas turben el fin de mis deseos
y los destruyan; ni quietud encuentre
en parte alguna con afán eterno,
si ya difunto mi primer esposo
segundas bodas pérfida celebro.

HAMLET  Si ella no cumpliese lo que promete...

CÓMICO 1º (El Duque)
Mucho juraste. Aquí gozar quisiera
solitaria quietud, rendido siento
al cansancio mi espíritu. Permite
que alguna parte le conceda al sueño
de las molestas horas.

Se acuesta en el lecho de flores.

CÓMICO 2º (La Duquesa)
Él te halague
con tranquilo descanso, y nunca el cielo
en unión tan feliz pesares mezcle.
Se va.

HAMLET  Y bien, señora, ¿qué tal os va pareciendo la pieza?
GERTRUDIS  Me parece que esa mujer promete demasiado.
HAMLET  Sí, pero lo cumplirá.
CLAUDIO  ¿Te has enterado bien del asunto? ¿Tiene algo que sea de mal ejemplo?
HAMLET  No, señor, no. ¡Si todo ello es mera ficción...! Un veneno... fingido, pero mal ejemplo, ¡qué!, no, señor.
CLAUDIO  ¿Cómo se intitula este drama?
HAMLET  La ratonera. Cierto que sí... es un título metafórico. En esta pieza se trata de un homicidio cometido en Viena... El duque se llama Gonzago y su mujer Baptista... Ya, ya veréis presto... ¡Oh, es un enredo maldito! ¿Y qué importa? A Vuestra Majestad y a mí, que no tenemos culpado el ánimo, no nos puede incomodar; al rocín que esté lleno de mataduras le hará dar coces; pero a bien que nosotros no tenemos desollado el lomo.
Traducción de Leandro Fernández de Moratín
William Shakespeare

1 CLAUDIO: actual rey de Dinamarca y tío de Hamlet. Para usurpar el trono, asesina al rey (su hermano Hamlet) vertiendo veneno en su oreja mientras duerme. Se casa con su cuñada Gertrudis.
2 GERTRUDIS: reina de Dinamarca, viuda, y madre de Hamlet. Muere accidentalmente al beber veneno de una copa ofrecida realmente a Hamlet.
3 HAMLET: el protagonista. Príncipe de Dinamarca, como hijo del fallecido rey Hamlet y Gertrudis. Sobrino del actual rey Claudio.
4 HORACIO: un soldado del castillo, amigo del príncipe Hamlet.
POLONIO: chambelán del reino, padre de Laertes y Ofelia. Muere asesinado por Hamlet cuando, oculto tras una cortina, éste lo confunde con Claudio.
6 OFELIA: hija de Polonio y hermana de Laertes. Tuvo una relación amorosa con Hamlet. Enloque y se ahoga en un río cuando le comunican que Hamlet ha asesinado a su padre.
7 RICARDO y GUILLERMO: amigos de la infancia de Hamlet, que lo espían para poder informar al rey Claudio de su comportamiento.
8 Tal actitud significaba entonces un claro signo de galantería.
9 Moratín deja sin traducir la segunda parte de la frase ("... to lie between maids' legs"; literalmente, "... yacer entre piernas de muchachas") y añade, entre las notas complementarias que siguen a su traducción, la siguiente: "El pasaje que se ha dejado en blanco es uno de aquellos cuya traducción podría ofender la modestia de los lectores".  (Nota del editor)

Hamlet Overture - Peter Tchaikovsky
Israel Philharmonic
Leonard Bernstein

sábado, 14 de enero de 2017

Fragmentos de El sueño de una noche de verano - William Shakespeare - Inglaterra


ACTO I

ESCENA SEGUNDA

Entran Membrillo el carpintero, Ajuste el ebanista,
Fondón el tejedor, Flauta el remiendafuelles,
Morros el calderero y Hambrón el satre.

MEMBRILLO    ¿Está toda la compañía?
FONDÓN    Más vale que los llames peculiarmente, uno a uno según el escrito.
MEMBRILLO    Aquí está la lista con los nombres de todos los de Atenas a los que se considera aptos para representar la comedia ante el duque y la duquesa en la noche de su boda.
FONDÓN    Amigo Membrillo, primero di de qué trata la obra; después nombra a los cómicos y entonces llega al final.
MEMBRILLO    Pues la obra se llama La dolorosísima comedia y la crudelísima muerte de Píramo y Tisbe.1
FONDÓN    Un gran trabajo, te lo digo yo, y divertido. Ahora, amigo Membrillo, pasa lista a los cómicos. Señores, separaos.
MEMBRILLO    Responded conforme os llame. Fondón el tejedor.
FONDÓN    Presente. Dime mi papel y sigue.
MEMBRILLO    Tú, Fondón, haces de Píramo.
FONDÓN    ¿Quién es Píramo? ¿Un amante o un tirano?
MEMBRILLO    Un amante que se mata galantemente por amor.
FONDÓN    Para hacerlo bien eso exigirá algún llanto. Si es mi papel, que el público se cuide de sus ojos: desencadenaré tempestades, lloraré mi dolor. Todo eso. Aunque lo mío es el tirano. Haría un Hércules espléndido o un papel de bramar y tronar, de estremecerlo todo:

          Las rocas rugientes,
          los golpes rompientes
          destrozan los cierres
          de toda prisión.
          Y el carro de Febo,
          que brilla a lo lejos,
          al destino necio
          trae la destrucción.

¡Qué sublime! - Llama a los otros cómicos. - Es el tono de Hércules, el tono de un tirano. Un amante es más doliente.
MEMBRILLO    Flauta el remiendafuelles.
FLAUTA    Presente, Membrillo.
MEMBRILLO    Flauta, tú tienes que hacer de Tisbe.
FLAUTA    ¿Quién es Tisbe? ¿Un caballero andante?
MEMBRILLO    Es la amada de Píramo.
FLAUTA    Oye, no. No me deis un papel de mujer: me está saliendo la barba.2
MEMBRILLO    No importa. Puedes hacerlo con máscara y hablar con voz fina.
FONDÓN    Si puedo taparme la cara, déjame hacer de Tisbe a mí también. Pondré una voz finísima: "Tizne, Tizne". "¡Ah, Píramo, amado mío! ¡Querida Tisbe, amada mía!"
MEMBRILLO    No, no. Tú haces de Píramo; y tú, de Tisbe, Flauta.
FONDÓN    Bueno, sigue.
MEMBRILLO    Hambrón el sastre.
HAMBRÓN    Presente, Membrillo.
MEMBRILLO    Hambrón, tú tienes que hacer de madre de Tisbe. - Morros el calderero.
MORROS    Presente, Membrillo.
MEMBRILLO    Tú, de padre de Píramo. Yo, de padre de Tisbe. - Ajuste el ebanista. Tú, el papel del león. - Espero que sea un buen reparto.
AJUSTE    ¿Tienes escrito el papel del león? Si lo tienes, haz el favor de dármelo, que yo aprendo despacio.
MEMBRILLO    Puedes improvisarlo: sólo hay que rugir.
FONDÓN    Déjame hacer de león a mí también. Rugiré de tal modo que levantaré el ánimo a cualquiera. Rugiré de tal modo que el duque dirá: "¡Que vuelva a rugir, que vuelva a rugir!".
MEMBRILLO    Si te pones tan tremendo asustarás a la duquesa y a las damas, y harás que griten. Sólo por eso nos ahorcarían a todos.
TODOS    A todos, a cada hijo de vecino.
FONDÓN    Amigos, si asustáis de muerte a las damas, seguro que no les quedará más respectiva que ahorcarnos. Pero yo voy a agraviar la voz y os rugiré más suave que un pichón. Os rugiré como un ruiseñor.
MEMBRILLO    Tú no harás más que de Píramo, que Píramo es bien parecido y tan apuesto como el que más en día de primavera. Muy guapo y todo un caballero. Así que tienes que hacer de Píramo.
FONDÓN    Bueno, pues me encargo de él. ¿Qué barba es mejor para el papel?
MEMBRILLO    La que tú quieras.
FONDÓN    Actuaré con barba de color paja, con barba cobriza, con barba carmesí o con barba dorada como una corona de oro francesa.
MEMBRILLO    Algunas coronas francesas ya no tienen pelo,3 así que tendrás que actuar afeitado. - Bueno, amigos, aquí tenéis los papeles. Os ruego, suplico y ordeno que os los aprendáis para mañana noche y que os reunáis conmigo en el bosque de palacio, a una milla de Atenas, a la luz de la luna. Allí ensayaremos, que, si nos juntamos en la ciudad, la gente nos asediará y sabrá lo que tramamos. Mientras, haré una lista de los accesorios que requiere la comedia. Os lo ruego, no faltéis.
FONDÓN    Nos reuniremos y podremos ensayar con todo libertinaje y sin temor. ¡Trabajad duro y sin fallos! ¡Adiós!
MEMBRILLO    Nos vemos junto al roble del duque.
FONDÓN    Conforme. El que falte, se la carga.

Salen.



ACTO II

ESCENA PRIMERA

Entra un Hada por una puerta y Robín el bueno
por la otra.4

ROBÍN    ¿Qué hay, espíritu? ¿Dónde te encaminas?

HADA    Por valle y collado,
por soto y brezal,
por parque y cercado,
por fuego y por mar.
Por doquier me muevo presta,
como la luna en su esfera.5
A mi Hada Reina sirvo
y en la hierba formo círculos.6
Sus guardianas son las prímulas:
sus mantos dorados brillan
de rubíes, don de hadas;
vive en ellos su fragancia.
Traeré gotas de rocío, por prenderlas
en la oreja de estas flores como perlas.
Adiós, espíritu burdo; ya te dejo.
Nuestra reina se aproxima con sus elfos.

ROBÍN    Esta noche el rey aquí tiene fiesta;
procura que no se encuentre a la reina:
Oberón está cegado de ira,
porque ella ha robado a un rey de la India
un hermoso niño que será su paje;
jamás había robado niño semejante.7
Oberón, celoso, quiere la criatura
para su cortejo, aquí, en la espesura.
Mas ella a su lindo amado retiene,
lo adorna de flores, lo hace su deleite.
Y ya no se ven en prado o floresta,
junto a clara fuente, bajo las estrellas,
sin armar tal riña que los elfos corren
y en copas de bellotas todos se esconden.

HADA    Si yo no confundo tu forma y aspecto,
tú eres el espíritu bribón y travieso
que llaman Robín. ¿No eres tú, quizá?
¿Tú no asustas a las mozas del lugar,
trasteas molinillos, la leche desnatas,
haces que no saquen manteca en las casas
o que la cerveza no levante espuma,
se pierda el viajero de noche, y te burlas?
A los que te llaman "el trasgo" y "buen duende"
te agrada ayudarles, y ahí tienen suerte.
¿No eres el que digo?

ROBÍN    Muy bien me conoces:
yo soy ese alegre andarín de la noche.
Divierto a Oberón, que ríe de gozo
si burlo a un caballo potente y brioso
relinchando a modo de joven potrilla.
Acecho en el vaso de vieja cuentista
en forma y aspecto de manzana asada;
asomo ante el labio y, por la papada,
cuando va a beber, vierto la cerveza.
Al contar sus cuentos, esta pobre vieja
a veces me toma por un taburete:
le esquivo el trasero, al suelo se viene,
grita "¡Qué culada!", y tose sin fin.
Toda la compaña se echa a reír,
crece el regocijo, estornudan, juran
que un día tan gracioso no han vivido nunca.
Pero aparta, hada: Oberón se acerca.

[...]
Traducción y notas de Ángel-Luis Pujante 
William Shakespeare
El sueño de una noche de verano en PDF

1 Pareja protagonista de una trágica historia de amor de la mitología griega. Píramo y Tisbe se amaban contra la voluntad de sus padres y, tras concertar una cita secreta, Píramo se suicidó creyendo que un león había devorado a su amada.
2 En el teatro isabelino no había actrices, y los papeles femeninos los representaban muchachos a los que no se les había mudado la voz (ni tenían barba).
3 Probablemente alusión a la calvicie causada por la sífilis (el mal francés).
4 Referencia a las puertas situadas a ambos lados del fondo del escenario isabelino.
5 Según la astronomía tolemaica, cada planeta o cuerpo celeste giraba alrededor de la Tierra llevado en una esfera envolvente de la que era inseparable.
6 Se creía que un círculo de hierba más oscura y espesa en medio de un pradera era obra de las hadas y que estas bailaban sobre él.
7 Se creía que las hadas robaban criaturas.

Una de las primeras obras "maduras" de Meldelssohn es la Obertura para El sueño de una noche de verano de William Shakespeare que compuso a la edad de 17 años. Más adelante, al cumplir los 33, Federico Guillermo IV, rey de Prusia, le encargó la composición de la música para la totalidad de la obra. La Obertura fue estrenada en Stettin (hoy Szczecin) por la orquesta local de la Corte el 20 de febrero de 1827. El resto de la música incidental se interpretó -junto con la obra de Shakespeare- en el Nuevo Palacio de Potsdam el 14 de octubre de 1843, con el propio Mendelssohn a la batuta, alcanzando un extraordinario éxito.

Ofrecemos aquí cuatro piezas de esta música incidental, entre ellas la espléndida Obertura y la famosísima Marcha Nupcial, que los organistas de medio mundo suelen masacrar alegre y concienzudamente en las bodas.

El sueño de una noche de verano (Selección) - Félix Mendelssohn Bartholdy
Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera
Rafael Kubelik