Chet Baker - Like Someone In Love

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martes, 17 de marzo de 2020

Identidad - Joan Margarit - España


Identidad

Què fer de les paraules al final?
Si vull trobar què sóc no puc buscar
més que en dos llocs: la infància i ara que sóc vell.
És on la meva nit és neta i freda
com els principis lògics. La resta de la vida
és la confusió de tot el que no he entès,
els tediosos dubtes sexuals,
els inútils llampecs d’intel·ligència.
Convisc amb la tristesa i la felicitat,
veïnes implacables. Ja s’acosta
la meva veritat, duríssima i senzilla.
Com els trens que a la infància,
jugant en les andanes, em passaven a frec.


Identidad

¿Qué hacer con las palabras al final?
Sólo puedo buscar, para saber qué soy,
en la infancia y ahora en la vejez:
ahí es donde la noche es fría y clara
como un principio lógico. El resto de mi vida
es una confusión por todo aquello
que nunca he comprendido:
las tediosas dudas sexuales
y los inútiles relámpagos
de inteligencia. Debo convivir
con la tristeza y la felicidad,
vecinas implacables.
Se acerca la última verdad, durísima y sencilla.
Como los trenes que en la infancia,
jugando en el andén, me pasaban rozando.

domingo, 19 de enero de 2020

La poesía - Gabriel Insausti - España


Ese raro momento en que las cosas
y su nombre coinciden. Esa insólita
urgencia por salvarlas del olvido
que entonces se abre paso entre palabras.
Ese instante certero que trastoca
la luz de los objetos y nos muestra
su humanidad posible. Esa certeza
que después sobreviene recordándonos
cómo todo camina hacia la muerte.

viernes, 6 de diciembre de 2019

El poema de amor debe tener previsto... - Juan Antonio González Iglesias - España


En el bus ves por dónde vas
E.M.T. de Madrid
El poema de amor debe tener previsto
el transcurso futuro de los astros
pero también
el vocabulario de la derrota
y la gloria muy simple del minuto.
Debe tener prevista la palabra Albertur
sólo porque está escrita en el costado
del autobús nocturno que te devuelve a casa.
Debe decir la periferia urbana,
aceptar lo que ve por donde va,
y desde nuestros labios convertirse
en oda a las ciudades encendidas.
Debe tener previstos los fracasos,
toda nuestra pobreza,
el miedo a que se quiebre nuestro amor extramuros.
El poema de amor debe saber que somos
iguales, y por tanto debe incluir tu nombre y mi nombre,
de la misma manera que mi nombre incluye el tuyo. Así
no diré que Petrarca no nos sirve.
Diré que no nos basta. Nuestro fuego sucede
más acá de los límites del mundo.

Si el ciprés y la lluvia tienen la misma forma,
no quiero ser oscuro, ni pobre de aventura.
De Un ángulo me basta, 2002.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Si la vida te empuja - Antonio Quero - España


Si la vida te empuja
no huyas.
Nunca huyas
si el misterio hurga
en el fondo de tus ojos,
si del corazón fluye
un viento de preguntas.
No quieras disfrazar
ningún fuerte sentimiento
ni diluir por sistema
el tránsitro apretado.
Cuanto acontece, amigo,
te lleva a renacer
de forma permanente.
Y aunque su lenguaje sea crudo,
tiene siempre la misma finalidad: enseñarte.
No cedas ante el miedo,
no te des por vencido.
Todo lo más
y, según lo benigno del día,
abre la puerta
que conduce a ti mismo,
asómate trémulo a la ventana del mundo
o simplemente camina por las calles sin prisas.
No creas  que ante el muro
se detiene la paz o cesa tu sueño.
Cada compás de espera
es también un tiempo válido.
Tienes ante ti
la magnitud de los posibles.
Si la vida te empuja
no es para abatirte,
no caigas en el desastre del pájaro herido.
Ella es maestra de lo sublime
y busca así que rompas tus límites,
que reconozcas de manera fehaciente
lo mucho que vales.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Under Capricorn - Christian Law Palacín - España


Ingrid Bergman pidió 200.000
dólares por hacer Atormentada
más un tanto por ciento del total
en taquilla (fue poco). Era la estrella
que condesciende a arder entre inferiores,
a hacerles rutilar por un dinero.
Odió los decorados y la trama,
perdió los nervios repetidamente,
pensaba sólo en ir con Rossellini
hacia el eolio éxtasis de Stromboli.
"Bajo basura cursi" (Under Corny 
Crap), despreciaba Cotten la película.
Para Jack Cardiff fue a technical nightmare.
Hitchcock hablaba de fracaso artístico
y no quiso volver a hacer más dramas…
Qué raro este entusiasmo negro entonces.
Qué rara esta amargura conmovida.
De dónde este exaltarme de tristeza
en Sidney, Australia. Siglo XIX.

martes, 26 de noviembre de 2019

Cuestión cuya respuesta no importa - Juan Antonio González Iglesias - España


para Christian Law Palacín
Se pregunta el teólogo
medieval si dos ángeles
pueden
hablar -comunicarse-
sin que los otros ángeles los oigan.
No importa la respuesta
sino la sensación
casi física
de que bajo esos códigos simbólicos
se dibuja una exacta
definición de cómo
funciona la poesía
trasmitida en especie
de libro, y este raro
placer que proporcionan
las cosas del espíritu
siempre
que se escriba en minúscula.
De Eros es más, 2007.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Nuestro tiempo / Nada enaltece a un viejo / Dignidad / La muchacha del semáforo - Joan Margarit, Premio Cervantes 2019 - España


Nuestro tiempo

Cuando nos dimos cuenta, ya estaba en las ventanas,
como para quedarse. Pero ahora
nada nos ilumina sino esa vaga niebla.
A veces, una luz desgarradora.
El nuestro fue otro tiempo mucho más inocente:
Todavía en las obras celebrábamos
cuando, sin accidentes, la estructura
llegaba a lo más alto y se cubrían aguas.
Vivíamos en calles
a las que les sentaba bien un nombre
como el de las Camelias.
Entre las azoteas, cada noche
se encendían las luces
del ático de nuestra juventud.
Entre las voces suaves y lejanas,
alguna vez, se oye un grito de pánico.
Pero una herida
es también un lugar donde vivir.


Nada enaltece a un viejo

Ni esta violencia con la que deseo
tener razón.
Ni tampoco creer que la felicidad
tiene una relación sutil con la mentira.
Ni ser tan sucio
de corazón como los míos,
a pesar de que a ellos los ensució la guerra.
Mi paz debe ser una paz falsa.
Tampoco no abjurar de la lujuria
ni de la vanidad.
¿Como podemos ser vanidosos los viejos?
Esta es la derrota.
Un campo de batalla en el que estoy tirado.
Me rodean los muertos. Oscurece.
Puedo oír a lo lejos voces jóvenes
celebrando lo que hoy,
para ellos, aún es la victoria.


Dignitat

Si la desesperança té la força
d’una certesa lògica,
i l’enveja un horari tan secret
com un tren militar, estem perduts.
El castellà m’ofega i no l’odio.
No en té la culpa de la seva força:
de la meva feblesa, encara menys.
L’ahir era una llengua ben travada
per pensar, per pactar i per somiar,
que ningú ja no parla:
un subconscient de pèrdua i cobdícia
on ressonen bellíssimes cançons.
El present és la llengua dels carrers,
maltractada i espúria, arrapada
com l’heura a les ruïnes de la història.
És la llengua en la qual escric.
També és una llengua ben travada
per pensar, per pactar i per somiar.

I les velles cançons se salvaran.


Dignidad

Si la desesperanza
tiene el poder de una certeza lógica,
y la envidia un horario tan secreto
como un tren militar,
estamos ya perdidos.
Me ahoga el castellano, aunque nunca lo odié.
Él no tiene la culpa de su fuerza
y menos todavía de mi debilidad.
El ayer fue una lengua bien trabada
para pensar, pactar, soñar,
que no habla nadie ya: un subconsciente
de pérdida y codicia
donde suenan bellísimas canciones.
El presente es la lengua de las calles,
maltratada y espuria, que se agarra
como hiedra a las ruinas de la historia.
La lengua en la que escribo.
También es una lengua bien trabada
para pensar, pactar. Para soñar.
Y las viejas canciones
se salvarán.


La noia del semàfor

Tens la mateixa edat que jo tenia
quan començava a somiar a trobar-te.
Encara no sabia, igual que tu
no ho has après encara, que algun dia
l’amor és aquesta arma carregada
de soledat i de melancolia
que ara t’està apuntant des dels meus ulls.
Ets la noia que vaig estar buscant
tant de temps quan encara no existies.
I jo sóc aquell home cap al qual
voldràs un dia dirigir els teus passos.
Però llavors seré tan lluny de tu

com ara tu de mi en aquest semàfor.


La muchacha del semáforo

Tienes la misma edad que yo tenía
cuando empezaba a soñar en encontrarte.
No sabía aún, igual que tú
no lo has aprendido aún, que algún día
el amor es esta arma cargada
de soledad y de melancolía
que ahora te está apuntando desde mis ojos.
Tú eres la muchacha que yo estuve buscando
durante tanto tiempo cuando aún no existías.
Y yo soy aquel hombre hacia el cual
querrás un día dirigir tus pasos.
Pero estaré entonces tan lejos de ti
como ahora tú de mí en este semáforo.


jueves, 14 de noviembre de 2019

Las gaviotas - Bernardo Atxaga - España


Kalatxoriak

Beren maitasunak errepasatzeko,
hiriko kalatxoriak
arratsero biltzen dira estazio aurrean;

Beren memoria liburuan
sandalo lore batez seinalatzen da
zubien eta
lapur zahartuen orrialdea.

Eta on derizkiete
teilatu pitzatuei ere,
merkatu alboko hondakinei;

Baina beren ekilibrista bihotzek
zer maite dezakete
gehien gehien;
Zer,
egunen mudapen
amaiezina ezpada;
Zer,
egunen mudapen
infinitoa baino gehiago.


Las gaviotas

Todas las tardes
se reúnen las gaviotas
frente a la estación del tren:
Allí repasan sus amores.

En su libro de memorias
dos flores de sándalo:
una señala la página de los puentes,
otra la de los suicidas.

Y también guardan una fotografía
del mendigo que, hace tiempo, transportaba
los despojos del mercado.

Pero su pequeño corazón
-que es el de los equilibristas-
por nada suspira tanto
como por esa lluvia tonta
que casi siempre trae el viento,
que casi siempre trae el sol.

Por nada suspira tanto
como por el inacabable
(cabalé, cabalá),
continuo mudar
del cielo y de los días.

martes, 12 de noviembre de 2019

Fuera de sitio - Antonio Lucas - España


Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:
unas pocas palabras, unos seres exactos,
unas horas muy lisas, una playa (quizá)
donde el daño no acecha.

Imagina la vida como no lo es ahora,
no quiero decir como algo perfecto,
sino un resplandor, cierto abril de muy lejos,
un tributo al azar sin otro destino
que el confín fugitivo de un eco sin rostro.               
Y después cualquier cosa.

Con qué precisión va la edad hilvanando el espino.
Y qué extraña la urgencia de ir en pie hasta la ola,
celebrar lentamente que aniquile mi huella,
mi escritura de hombre, mi certeza de surco,
ser la alta misión de lo que nunca concluye
como no cierra el mar su recado en la orilla.

Pero no es estar quieto la razón ni la meta,
sino un querer más pequeño, una conquista más clara:
ver la vida llegar de su noche a tu noche
en un cuerpo ajeno,
pronunciar su silencio,
abrazar su alambrada,
desear su vacío,
delirar sin camino, sin mapa, sin fuego,
hasta el tiempo sin tiempo
del país que no haremos.
De Los desengaños, 2014

sábado, 2 de noviembre de 2019

Hay una ciudad que me espera en el sur - Pilar Pallarés, Premio Nacional de Poesía 2019 - España


Hay una ciudad que me espera en el sur
y es extraño que no tenga tu nombre grabado en las paredes

(necesito emborracharme
cerrar todas las ventanas que dan a esta tarde
necesito saber la cantidad exacta de desesperación que anida en
esta hora)

en el sur sé que hay una ciudad que me espera
es extraño nunca he vivido allí la tristeza de noviembre
no sé cómo será el rumor de los magnolios golpeados por la lluvia
cuando noviembre invada las avenidas
y sobrevivan las cúpulas solitarias sencillamente solas
bajo un cielo de invierno sin pájaros

no sé qué vibración de muerte se esparcirá sobre el río

en el sur

no sé si tus pasos sonaron alguna vez en las losas de la ciudad
(es extraño que no tenga tu nombre grabado en las paredes)
tendré que enseñar a sus habitantes
el perfil asombrado de tu rostro
tendré que asesinar sus tardes de tranvías y río
con la furia que he aprendido de tu mirada

pero en el sur

qué extraño será atravesar parques y plazas
masticar el viento enervado de noviembre
descender a los muelles
sabiendo que siempre hay una ciudad que me espera
y que no tiene tu nombre grabado en las paredes.

lunes, 21 de octubre de 2019

Literatura y jazz/ 100 - Fragmento de Puer Profeta - Juan Carlos Marset - España


De qué morir, cómo quejarnos,
todavía nos queda la memoria,
memoria sin recuerdos, sin promesas,
memoria sin adiós, sin ti, sin esperanza.
Los versos de Allen Ginsberg, Thomas Merton,
las risas apagadas de las brujas,
el lomo subrepticio del gato en el café
donde escuchas el jazz de bajo tierra,
todavía te pueden devolver a otro espacio,
la voz de Nick, sarcástica,
los ojos desterrados de McRae,
el llanto pecador de Turrentine,
el saludo de Jesse a cinco dedos
con la pregunta equívoca, terrible:
hombre, ¿qué sube desde ti?,
¿qué sube desde el hombre al hombre?
Mil tapias te rodean todavía
pero ya no maduras
en las pequeñas cosas ni en las grandes,
ya no hay distancia, cuelgas de ti mismo
como la mano inútil que no quieres cortar.
De Puer Profeta
Round Midnight - Carmen McRae

Red Right Hand - Nick Cave & The Bad Seeds

Stanley y Tommy Turrentine - Francia, 1960 
Stanley Turrentine: saxo tenor
Tommy Turrentine: trompeta
Julian Priester: trombón
Bob Boswell: bajo
Max Roach: batería

Cherokee - Jesse Davis

sábado, 19 de octubre de 2019

Literatura y jazz/ 99 - Cantor de jazz - Antonio Jiménez Millán - España


Yo sé de un bar que tiene un gran espejo,
un bar donde esconder la madrugada,
volverla del revés, como ese viejo
abrigo que la moda, despistada,

rescató del olvido. El ron añejo
lleva en notas precisas la mirada
de Chet, Lester y Billie, con un dejo
de tiniebla en la voz sobrecargada.

Y sé de un noble capitán de barra,
navegante en los mares de la farra,
que entrega el corazón y no se rinde

a la fatalidad. Seguid su estela:
el tacto de una copa nos desvela
los vagos sueños que la noche escinde.
Time After Time - Chet Baker - Bélgica, 1964

Easy Living - Lester Young & Billie Holiday, 1937

domingo, 13 de octubre de 2019

Literatura y jazz/ 98 - Nacionalidad - David Mayor - España


Nací cuando el mundo era otra maleza,
después de la muerte de John Coltrane.
Entonces, con fulgurante anhelo miraban
como brasas los que hoy son olvidados
protagonistas: melancólicos o muertos.
Leo qué escribieron algunos cuando nací,
antes, un poco más tarde: que todo está
aún en las manos salvo el despojo rasgo
o el claro delirio. Qué puedo hacer
sino creerles, e intentar nacer de nuevo.
Impressions - John Coltrane Quartet 
John Coltrane: Saxo
McCoy Tyner: Piano 
Jimmy Garrison: Bajo 
Elvin Jones: Batería

jueves, 10 de octubre de 2019

Conciencia de clase - David Mayor -.España


Divido a los escritores entre los que no escriben
-mi padre, tornero fresador, era uno de ellos-
y los que no saben vivir sin escribir -aquí pongo
a mi maestro-: Quijotes ambos adentrándose por
caminos sin camino, inmortales en su luz artificial
y letra de imprenta, siempre destronados por la
mejor página que han leído, siempre jóvenes y bellos
pese al cruel tiempo de los días y la parca que nos
asombra, siempre en un mundo que se derrumba.
No prefieren la vida al honor ni por salvar la vida
pierden la razón de vivir que escribió Juvenal.
Me acompañan más por la actividad que por la
creación, más por la práctica que por la obra.
Con ellos sé de dónde vengo y adónde voy.

Con el resto, por mucho oficio que tengan en la vida y sus
costumbres, no atacaría Troya, no la defendería.
De Conciencia de clase, 2015

martes, 8 de octubre de 2019

Literatura y jazz/ 97 - Haikus/ 20 - Billie Holiday - Iván Carabaño - España


En tu garganta
sol del silencio,
Luna en venganza.
Blue Moon - Billie Holiday, 1952 
Charlie Shavers: trompeta 
Flip Phillips: saxo tenor 
Oscar Peterson: piano 
Barney Kessel: guitarra 
Ray Brown: bajo 
Alvin Stoller: batería

domingo, 29 de septiembre de 2019

Mansilla y los Espías: El espía de los grillos - Fernando Mansilla - España


She Came in Through the Bathroom Window
Abbey Road
John Lennon y Paul  McCartney

Todo comenzó con un grillo que se coló por la ventana del cuarto de baño. Se instaló luego en alguna rendija de la cocina. Y cantabas todas las noches, hermano grillo. Yo te escuchaba con gusto, te escribí un poema, nos hicimos amigos. Pero claro, no todo el mundo opinaba lo mismo. No a todos complacía aquella música monótona y algo obsesiva. Una noche (qué noche la de aquel día) el grillo —algo descontrolado— subió el volumen de su música, los vecinos se quejaron, y en mi casa mis familiares me dijeron que le diera con la zapatilla: «Dale con la zapatilla». «Quedad tranquilos», les dije. Y concluía el poema: «Si supieran que yo soy un espía de los grillos». O sea, que no me dio la gana de darle con la zapatilla.
Así que de momento salvó la vida pero tuvo que huir ante las amenazas. Seguimos su pista hasta los Montes de Toledo, donde supe que se había establecido. Y no me preguntéis cómo diantres llegó tan lejos. El caso es que se hallaba cantando en dichos montes cuando una noche de luna llena se le cruzó en el camino un niño que acababa de hacer su Primera Comunión y que vestía traje de almirante y calzaba zapatos de charol. Lo mató sin piedad y sin pensarlo demasiado. Alzó su zapato y cumplió su destino.  2 7
«Chao chao», cantó el niño para despedirse, «chao chao, jamás me olvides mi amor». Aquel niño verdugo de siete años lo pisó con su negro zapato, donde brillaba la muerte y se reflejaba la luna. Alrededor de la tragedia montamos un espectáculo con un título: «El Espía de los Grillos». Y ya de rebote un nombre para el grupo: Mansilla y los Espías. Y es que, tal como se decía en el dosier del espectáculo: «[…] utilizan su condición de espías para revelarnos los secretos y entresijos del ser humano, de la condición humana, del espectáculo humano. Eso es lo que importa».
En fin… murió el grillo, se le hizo un espléndido funeral y se le escribieron poemas y epitafios.
Pasaron los años. A veces se habla de cambiar el nombre del grupo. Espías… ¿por qué? Busquemos otro nombre mejor. Se habló de llamarnos Los Mansillas, pero desestimamos la propuesta. Ya había un grupo con ese mismo nombre. Hicimos una lista de nombres posibles:

• Mansilla y los Micropuntos.
• Mansilla y los Confieso.
• Mansillórum.
• Mansilla y los Ygriega.
• Mansilla y sus dos hippies.

Y muchos más que ahora no recuerdo.

Ninguno cuajó.
Y seguimos siendo Mansilla y los Espías. Mientras canten los grillos. O no.

Mis uñas lucen negro carbón
pero no es mierda
es luto
porque ayer
murió un grillo
y me da la gana
de enlutar mis uñas
 tres días
           por él.
Todas las noches
disfruté su música
            era magnífico
era tan pequeño
            y humilde.
Murió ayer
de manera violenta
aplastado por un zapato de charol
que calzaba un verdugo de siete años
vestido de almirante
con el cuerpo de Dios
          en el estómago.
          Tan feliz
en el día
            de su Primera Comunión.
Sevilla, diciembre de 2016

jueves, 26 de septiembre de 2019

Transitamos el centro y las afueras - Javier Hernando Herráez - España


Ahora que he ido y he vuelto,
que he visto lo que había allí y lo que hay acá,
que me han visto pasear por aquellas calles
y me han visto pasear por éstas,
que he probado vinos de ese lado del río
y vinos de éste, blancos y tintos,
ahora, que tengo una idea más completa del paisaje,
que he dejado que pasase el tiempo sin temor
a que pasase,
que se me han muerto mascotas y familiares,
que he escrito poemas a las mascotas,
pero no he escrito nunca poemas a los familiares;
ahora que me he dado cuenta de los errores:
de los aciertos que son errores
y de los errores que siguen siendo errores;
ahora que estoy aquí,
repitiéndome de nuevo, como un completo imbécil
que no ha sido todavía capaz de aprender de que va esto;
ahora,
que volverá incansable, una y otra vez,
hasta que ya no vuelva;
ahora que soy el zorro atropellado en la carretera
de tanto cruzar de un lado al otro,
ahora que te he dado un buen susto
cuando conducías por la noche, de regreso a casa;
ahora, me pregunto.
De Todos los animales muertos en la carretera, 2016

viernes, 20 de septiembre de 2019

Fragmentos de Enunciado - Sergio Gaspar - España


El camarero ciego debe servir un güisqui de malta en la mesa 24. Se lo ha pedido el esposo de un matrimonio que lleva tres mil doscientos ochenta y siete días esforzándose por no divorciarse, un licoroso dúo que dura y permanece sentado en la mesa 21, una mesa a la que han viajado esta mujer y este hombre con la intención de celebrar, más o menos contiguos, menos y más aburridos, el aniversario noveno de su lance nupcial. El hombre del matrimonio lo ha intentado todo y-o-pero la mujer bebe agua con gas. Para ser más precisos, se ha pasado los nueve años de su matrimonio bebiendo agua con gas y observando sin entusiasmo a su marido, quien a su vez consumía los nueve años de su matrimonio bebiendo güisqui de malta y manejando con fracaso creciente el videojuego en el que su esposa ingería e ingiere, inmutable, hectolitros y más hectolitros de agua con gas durante la historia de su matrimonio líquido, tan líquido como la sociedad en la que ambos se insultan y-o-pero se besan como moléculas ágiles que se sospechan distintas, pagan hipotecas juntos pero-o-y viven alejándose, en un trueque complejo de salivas y de incertidumbres, mientras crece la hierba del miedo y continúan creciendo las metáforas, las cortadoras del césped, porque tal vez y quizás no hayamos hecho otra cosa que viajar de metáfora en metáfora en busca de la metáfora que nos resultase útil, porque muchas lo serán y todas dejaron de serlo, estuvimos en la caverna, en un barco borracho, en una catedral en ruinas y levantando una catedral, en un vertedero, en un burdel, en una noche oscura y en una casa sosegada, en un teatro o un sueño, en un río, en una película, en un ordenador, hemos viajado por tantos sitios únicamente procurando habitar el mismo sitio inhabitable ¿o simplemente incómodo? ¿cómo llamar inhabitable a la vida si no hacemos otra cosa que vivir? donde tendremos que habitar, buscando permanecer cómodos en esta casa demasiado grande para dibujarla si no es con una metáfora, me aburro de enumerarlas, como se aburre y bosteza esta mujer sentada en la mesa 21, luego junta sus labios de nuevo y se guarda el bostezo como un pintalabios en el bolso y bebe la quinta botella de agua con gas de la noche, me aburro de enumerar botellas y metáforas, me gustaría algunas veces que concluyese esta partida que no termina de terminar interminable, esta serie televisiva que no termina de terminarse, algunas veces se me ocurre que la sucesión de palabras

en en

                                                      no es una errata, un desliz que haya pasado desapercibido a quien corrige el texto, a veces pienso que es el texto que alguien y yo queríamos escribir exactamente, el lugar en el que detener el movimiento, sostenerlo entre las manos y con la mente, descansar contiguos de cansarnos, al menos durante un rato, ¿no recuerdas?, recuérdalo, sucedió hace un momento, estuvimos en la caverna, en un barco borracho, en una catedral en ruinas y levantando una catedral, en un vertedero, en un burdel, en una noche oscura y en una casa sosegada, en un teatro, en un sueño, en un río, estuvimos en. Entra ahora en este en. A veces creo que en este en termina el viaje. Luego me levanto, miro por la ventana, o por la página leída, o cierro los ojos, y continúo viajando. Lo mismo que esta mujer, aprovechando que su marido ha dejado vacía la mesa 21 para reclamar al camarero ciego su güisqui de malta, se levanta de la mesa 24 y se sienta en la 21. O se sienta en. Piénsalo. Si el lugar era en, estuvimos y no estuvimos al mismo tiempo en todas las escenas, en la mesa 24 y tampoco en la 21, estaremos y tampoco estaremos allí. Pero más vale que no pierdas demasiado tu tiempo pensando esas cosas, al menos por ahora, porque esta mujer y este hombre continúan despidiéndose del mundo de los sólidos, se aburren en una materia líquida, dentro de una gota de agua suspendida de un grifo mal cerrado, o nadando paralelos por el interior de una lágrima, o sumergidos en una de las bolas de mercurio del termómetro que rompió ayer uno de los nueve hijos de su matrimonio, porque hay que saberlo, aunque también reconozco que no sabría explicarte por qué debemos esforzarnos en saberlo, ni para qué sirve este dato, ni qué conocimiento funda, qué paradigma hunde, pero hay que saber de nuevo que el esposo de este matrimonio lo ha intentado todo durante estos tantos años líquidos, eso sí, sin perdonar ni un día su deber de beberse al menos media docena diaria de güisquis de malta, pero hay que saberlo, pese a todo, porque el hombre de este matrimonio la ha convertido con paciencia en nueve veces madre, porque tuvieron tres veces trillizos tras tres tratamientos de fecundación en vidrio, se hizo la vasectomía porque ella se lo pidió en un bar una tarde, entre la quinta y la sexta botella de agua con gas de la tarde, se deshizo la vasectomía porque ella se lo rogó en la cocina del hogar una mañana, entre la primera y la segunda botella de agua con gas del día naciendo, porque se circuncidó cuando ella se convirtió al judaísmo, porque se casó con otras tres esposas cuando su esposa se convirtió al islamismo, porque se vio forzado a contratar a un matón colombiano para librarse de sus tres mujeres musulmanas cuando su legítima mujer, cada vez más líquida, más informe a cada forma renovada, decidió regresar a la casa del padre. Creo que lo diré más adelante, o creo que diré algo parecido, o que repetiré palabras que otros ya repitieron: llegará al punto del que arrancó su viaje y pisará el lugar por primera vez. El lugar era en. Ahí está ella, bebiendo agua con gas, cada vez más gaseosa. Un globo detenido por el techo del cuarto en el que duerme un niño, por ejemplo. Las gotas minúsculas del ambientador en los cines de la infancia, otro ejemplo. El humo de los carajillos en los cafetines, cuando la idea del diluvio se disolvió en el aire, tercer ejemplo. El olor del tomillo aplastado por los cazadores. Me aburren también las enumeraciones. Es como rezar el rosario, o tirarse pedos o el idioma del culo o pájaros que vuelan, que parten de su puerto, naves en el aire, nubes sobre el agua. Me aburren las metáforas y las enumeraciones. No nos vamos a salvar, definitivamente, aunque nos olvidemos durante el juego de que no somos el indio montado en su caballo de plástico que empujas con la mano. No saldremos de en. Estamos en y las cosas son.

[…]

Y las cosas son. Igual que ahora está en la mesa 21 la cosaesposacadavezmasgaseosa, esa cosaesposa que enciende con parsimonia un cigarrillo mientras observa asumarido, sentado aún en la mesa 24, o tal vez caminando hacia la barra desde la que el camarero ciego deberá partir para servir un güisqui de malta en la mesa ocupada en contener su vacío. El camarero ciego se esfuerza, busca, se huele las manos y tantea, vuelve a olerse las manos, encuentra por fin la botella de malta, la que ha tenido la precaución de bañar en perfume Chanel 5 para distinguirla del resto de hogares en los que vive el universo de los líquidos. El camarero calcula el volumen que desciende al vaso, como el ángel de la anunciación, como un grupo de turistas japoneses bajando al metro por las escaleras mecánicas, el camarero deposita tres cubitos de hielo —antes, higiénico, los ha olido para comprobar que no tuviesen sabor a pescado o a hierba o a miedo—, rebusca en busca de un posavasos, de una servilleta, respira hondo, se siente bien al sentirse por un momento que no es un inútil, pese a serlo en todo momento, que no es un discapacitado, pese a serlo también, o un inútil otra vez cuando se disuelva el efecto narcotizante del eufemismo, cuando se evapore la magia de lo políticamente correcto, porque esta tarde he leído en el periódico occidentalprogresistademocrático o-y enemigoopresorherejedelislam de turno que algunos terroristas islámicos y-o soldados en la defensa del islam compran o-y salvan de la miseria en la que viven a ni- ños tarados y-o discapacitados con la malignaimpía o-y píabenigna intención de inmolarlos y-o reeducarlos como terroristas o-y soldados suicidas y-o mártires del islam, y he pensado, por un momento he creído que estas nuevas palabras podrían ser el comienzo de un enunciado distinto, de una distinta sucesión de palabras tal vez pero quizás menos inútiles que la sucesión de las anteriores, pero pronto comprendo que todo está siendo en realidad el mismo enunciado, como un truco de magia, como sacarse otra sucesión de palabras de la manga, o de detrás de la oreja del espectador que ha subido al escenario, un truco que aplaudirá la crítica durante un tiempo, con el que puede ganarse el Planeta, o el Pulitzer, o el Hermanos Argensola, hasta que el truco se gaste, como un sistema operativo que ya pocos usan, como un diseño de gafas que ha pasado de moda, como llevar patillas de hacha, como más tarde y tiempo no llevar patillas, o después volver a llevarlas, como el bikini abandonado en el armario, como cuando fuimos marxistas, como cuando esa cosaesposagaseosa guarda todos sus bañadores de una pieza en el armario y saca de una bolsa de Woman Secret un bikini de moda, qué más da, me aburren las enumeraciones.

[…]

Y, sin embargo, no tendremos más remedio que seguir enumerando, produciendo, coches, vestidos, textos, metáforas, hijos, deberemos seguir enumerando, el camarero ciego busca, se huele las manos, encuentra un posavasos, una correcta servilleta de papel, se siente bien porque no se siente inútil, tal vez espera oír el comienzo de los aplausos, como un mago ciego actuando en un teatro vacío, se inclina ante las butacas al terminar la sucesión de trucos, se inclina otra vez, y otra, hasta que al final se cansa, o comprende, o se cansa de comprender, pero el camarero ciego ha tenido su noche de suerte en Salamanca, se desencadena de pronto una tormenta en el bar y tres rayos, o cuatro, o cinco, fulminantes, líricos, aterrizan en su cuerpo tarado, o discapacitado, o cuerpo solamente, y lo dejan frito y tetrapléjico. Trece días más tarde, o catorce, o veinte, el esposo que intenta no divorciarse, harto de esperar, se aproxima a la barra. Su mujer, ocho días antes, o ahora mismo, aprovechando que la mesa 21 se ha quedado vacía, come, duerme, se peina, se levanta, se acerca, se sienta en la mesa vacía. ¿Cuál es la raíz de la tragedia? El marido acerca los dedos índice y corazón a los ojos del camarero ciego —recordemos que lleva trece días sin poder cortarse las uñas, seguramente quince, incluso tal vez veinte, esperando a que le sirvan un güisqui de malta— hasta hundirlos en ese par de charcos muertos. Recuerdo que una vez devolví una trucha al agua. Lo recuerdo como si todavía tuviese que suceder. La separé del anzuelo, con cuidado, la sostuve entre mis manos unos momentos, la devolví al agua. He olvidado todas las truchas de mi vida, pero aquel animal está ahora conmigo, en esta habitación de hospital: aquí. Aquí podría concluir este enunciado y estaría muy bien terminar. Sería necesario pero no sería necesario. Un aquí donde coincidiesen final y fin, un lugar que no existe y que está en todas partes.
De Once enunciados

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Prólogo con libélulas y gusanos de seda - José Hierro - España


Es cosa de libélulas,
de caballitos del diablo: aletean eléctricos,
vibran como cuerdas de una guitarra
que alguien acaba de pulsar,
zigzaguean como relámpagos,
rubrican la mañana azul.

Cosa también de cazadores de libélulas:
nos dejan en los dedos un grumillo de muerte,
un residuo viscoso, una turbiedad amarilla.

A veces se realiza el milagro:
el cazador cobra su pieza intacta y viva.
Comienza entonces la tarea primorosa del entomólogo:
le clava un alfiler para que muera poco a poco
a fin de que conserve intacta su belleza,
su perfección, su apariencia de vida
(porque de eso se trata).

Es cosa de entomólogos, es cosa de poetas,
maquilladores y embalsamadores de cadáveres.

Es cosa de gusanos de seda:
segregan tenues hilos de oro
con los que van edificando
su alcázar, cárcel, túmulo,
su oscuridad definitiva;
se desangran en oro, resignados
a no ver desde fuera nunca jamás su obra concluida.

Un día algo despierta en el recinto silencioso
—resurrección o transfiguración—:
ya no es el tejedor apresurado de la saliva de oro
sino una mariposa, torpe y gorda,
que ni siquiera lo recuerda
(igual que el cuerpo no recuerda
al alma que era suya antes de que él naciera).
La nueva criatura nace a cambio
de destruir lo que fue la razón de vivir y de morir
de alguien que fue ella misma
y que es ahora nada más que un hueco.

Se trata ahora de un hueco donde ocurrió el prodigio,
de una sombra en la entraña de la seda,
de una sombra y un hueco en el que suena
un motor de automóvil.

Escucho ese motor desesperadamente
para saber que no estoy sordo.
Segrego seda para probar que sigo vivo,
para encerrar conmigo el automóvil
y no dejar jamás de oír su música
(yo, como Marinetti, creo ahora
que un automóvil es más bello
que la Victoria de Samotracia).

A los 65 años de mi vida
cambié mi viejo coche.
Y ahora, a los 67, escucho al nuevo
sonar por penúltima vez.
No queda tiempo ya.
Yo he sido para él su amor primero
como él para mí el último.

Y me abandonará dentro de nada
(como al amante viejo la amada joven),
cuando no pueda acariciarlo.
Si él fuese un perro me daría compañía
y se dejaría morir cuando muriese yo.
Pero es únicamente un artilugio mecánico
—metal, cristal, plástico, goma—,
esclavo dócil que obedecerá
mientras mi mano sea firme.

Quiero pensar, lo necesito, que me recordará
desde algún cementerio de automóviles
cuando yo esté en mi camposanto de cipreses y cruces
(o, mejor, cuando sea cenizas diluidas
en la palpitación de la mar).

Entro en la seda del poema roto
donde alguien, que fui yo, murió más de una vez.
No hay nadie, nada: tan sólo un automóvil.
Pongo el motor en marcha: le hablo de libélulas,
de gusanos de seda.
                              Le pregunto
qué será lo que yo quería decir
De Agenda, 1981

lunes, 16 de septiembre de 2019

Cáscaras - Claudio Rodríguez - España


I
El nombre de las cosas que es mentira
y es caridad, el traje
que cubre el cuerpo amado
para que no muramos por la calle
ante él, las cuatro copas
que nos alegran al entrar en esos
edificios donde hay sangre y hay llanto,
hay vino y carcajadas,
el precinto y los cascos,
la cautela del sobre que protege
traición o amor, dinero o trampa,
la inmensa cicatriz que oculta la honda herida,
son nuestro ruin amparo.
Los sindicatos, las cooperativas,
los montepíos, los concursos,
ese prieto vendaje
de la costumbre, que nos tapa el ojo
para que no ceguemos,
la vana golosina de un día y otro día
templándonos la boca
para que el diente no busque la pulpa
fatal, son un engaño
venenoso y piadoso. Centinelas
vigilan. Nunca, nunca
darán la contraseña que conduce
a la terrible munición, a la verdad que mata.

II
Entre la empresa, el empresario, entre
prosperidad y goce,
entre un error prometedor y otra
ciencia a destiempo,
con el duro consuelo
de la palabra, que termina en burla
o en provecho o defensa,
o en viento
enerizo, o en pura
mutilación, no en canto;
entre gente que sólo
es muchedumbre, no
pueblo, ¿dónde
la oportunidad del amor,
de la contemplación libre o, al menos,
de la honda tristeza, del dolor verdadero?
La cáscara y la máscara,
los cuarteles, los foros y los claustros,
diplomas y patentes, halos, galas,
las más burdas mentiras:
la de la libertad mientras se dobla
la vigilancia,
¿han de dar vida a tanta
juventud macerada, tanta fe corrompida?

Pero tú quema, quema
todas las cartas, todos los retratos,
los pajares del tiempo, la avena de la infancia.
El más seco terreno
es el de la renuncia. Quién pudiera
modelar con la lluvia esta de junio
un rostro, dices. Calla
y persevera aunque
ese rostro sea lluvia,
muerde la dura cáscara,
muerde aunque nunca llegues
hasta la celda donde cuaja el fruto.
De Alianza y condena, 1965