Chet Baker - Like Someone In Love

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martes, 13 de marzo de 2012

Oración a las máscaras - Léopold Sédar Senghor - Senegal

Train de vie - Douts Ndoye (Senegal)
Máscara negra, máscara roja,
máscaras blanquinegras.
Máscaras de todo horizonte
de donde sopla el Espíritu,
os saludo en silencio.
Y no a ti el último Antepasado
de cabeza de León.
Guardáis este lugar prohibido
a toda sonrisa de mujer,
a toda sonrisa que se marchita.
Destiláis ese aire de eternidad
en el que respiro el aliento de mis Padres.
Máscaras de rostros sin máscara,
despojados de todo hoyuelo y de toda arruga,
que habéis compuesto este retrato,
este rostro mío inclinado sobre el altar de blanco papel.
A vuestra imagen, ¡escuchadme!
Ya se muere el África de los imperios,
es la agonía de una princesa deplorable.
Y también Europa
a la que nos une el cordón umbilical
Fijad vuestros ojos inmutables
en vuestros hijos dominados que dan su vida como el pobre su última ropa.
Que respondamos con nuestra presencia
al renacer del mundo,
como es necesaria la levadura a la harina blanca.
¿Pues quién enseñaría el ritmo de las máquinas
y de los cañones al mundo desaparecido?
¿Quién daría el grito de alegría para despertar
a muertos y a huérfanos al amanecer?
Decid, ¿quién devolvería el recuerdo de la vida
al hombre de esperanzas rotas?
Nos llaman los hombres del algodón,
del café, del aceite,
nos llaman los hombres de la muerte.
Somos los hombres de la danza,
cuyos pies recobran fuerza
al golpear el duro suelo.

Léopold Sédar Senghor, poeta de la negritud, estudiante de élite de la Sorbona, fundador junto con Aimé Césaire de la revista El estudiante negro en París y editor de la Antología de la nueva poesía negra y malgache, prologada por Sartre, escribió este poema en los comienzos de la descolonización de África. Poco más tarde llegaría a ser presidente de Senegal.

domingo, 12 de junio de 2011

Toko-Waly - Léopold Sédar Senghor - Senegal

Sin título
Toko-Waly, tío mío, ¿te acuerdas de las noches de antaño
cuando posaba mi cabeza en tu paciente espalda?
¿O dándome la mano, tu mano me guiaba por tinieblas y signos?
Los campos son flores de gusanos relucientes; las estrellas se posan
en la hierba en los árboles.
El silencio alrededor,
sólo el runruneo del perfume de los matorrales, colmenas
de abeja que dominan la endeble vibración de los grillos,
el tam-tam velado de la respiración a lo lejos de la noche.
Tú, Toko-waly, tú escuchas lo inaudible,
y me explicas los signos de los antepasados en la serenidad marina
de las constelaciones:
el Toro, el Escorpión, el Leopardo, el Elefante, los peces familiares
y la pompa láctea de los Espíritus por el cerco celeste
que nunca termina.
Pero he ahí la inteligencia de la diosa Luna y
los velos de las tinieblas caen.
Noche de África, mi noche negra, mística y clara, negra y brillante.
Tú reposas con la tierra misma, tú eres la tierra y las colinas armoniosas.
¡Oh, belleza clásica que no es ángulo, sino línea elástica, elegante, esbelta!
¡Oh, rostro clásico desde la frente combada hasta el bosque de aromas.
Y los grandes ojos oblicuos hasta la bahía graciosa del mentón.
Y el impulso fogoso de las colinas gemelas!
¡Oh, curvas de dulzura, rostro melodioso!
¡Oh, mi Leona, mi Belleza negra, mi Noche negra, mi Negra, mi Desnuda!
¡Ah!, cuántas veces has hecho latir mi corazón como el
leopardo indómito en su estrecha jaula.
Noche que me libera de las razones, de los salones, de los sofismas,
de las piruetas, de los pretextos, de los odios calculados,
de las matanzas humanizadas.
Noche que funde todas mis contradicciones, todas las contradicciones
en la unidad de la primera negritud.