Mi querido Theo: un pájaro enjaulado en primavera sabe muy bien que hay algo para lo que serviría. Siente con fuerza que debe hacer algo, pero no puede... Piensa: los demás pájaros construyen sus nidos, tienen hijos y los crían. Entonces, golpea su cabeza contra los barrotes de la jaula. Pero la jaula sigue allí y el pájaro enloquece de dolor.
Perdido en medio de una colorida gran ciudad, el pájaro contempla cómo otras aves en libertad tienen crías, se buscan la vida para alimentarse y emigran, mientras él cae permanentemente en la melancolía por vivir detrás de unas rejas.
Su mundo es oscuro, lleno de tonos fríos, mientras que los otros pájaros se mueven en medio del color del campo, de los árboles y de sus propios colores alegres, hasta que cae en la cuenta de que, aunque no le falta de nada, carece de libertad y anhela "¡ser un pájaro como los otros pájaros!"...
Vincent (Starry Starry Night) - Don McLean
Vincent
Estrellada, estrellada noche,
pinta de azul y gris tu paleta
escrutando un día de verano
con ojos que conocen la oscuridad de mi alma.
Sombras en las colinas,
esboza los árboles y los narcisos,
plasma la brisa y el helado viento
con los colores del nevado suelo de lino.
Ahora entiendo lo que tratabas de decirme,
y cómo sufriste por tu cordura,
y cómo trataste de liberarlos.
No te escucharon, no supieron cómo.
Tal vez te escuchen ahora.
Estrellada, estrellada noche,
Luminosas flores de brillante resplandor
Torbellinos de nubes en la niebla violácea
se reflejan en los claros ojos azulados de Vincent.
Colores cambiando de matiz,
campos matutinos de granos dorados,
rostros ensombrecidos por el sol, arrugados de dolor,
son suavizados por la amorosa mano del artista.
Ahora entiendo lo que tratabas de decirme,
y cómo sufriste por tu cordura,
y cómo trataste de liberarlos.
No te escucharon, no supieron cómo.
Tal vez te escuchen ahora.
Aunque no podían amarte,
tú los amabas sinceramente.
Y cuando no quedó esperanza
en esa estrellada, estrellada noche,
te quitaste la vida, tal como los amantes suelen hacerlo;
Pero pude haberte dicho, Vincent,
que este mundo nunca fue hecho para alguien tan hermoso como tú.
Estrellada, estrellada noche,
cuadros colgados en pasillos vacíos,
cabezas sin cuerpo en muros sin nombres,
con ojos que miran el mundo y no pueden olvidar.
Como el extraño que te has encontrado,
el harapiento hombre en harapientas ropas,
la espina de plata de la sangrienta rosa
yace aplastada y rota en la pulcra nieve.
Ahora entiendo lo que tratabas de decirme,
y cómo sufriste por tu cordura,
y cómo trataste de liberarlos.
No te escucharon, todavía siguen sin escuchar.
Tal vez nunca lo harán.
Don McLean