Chet Baker - Like Someone In Love

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miércoles, 13 de septiembre de 2017

Poema del café - Eduardo Jordá - España


Yo le rezo al café de la mañana.
Le pido que me traiga la paciencia
de la que está hecha, sí, toda alegría.
Le pido conversar con mis abuelos,
que llevan muchos años en la tumba.
Le pido que me traiga los recuerdos
que me enseñen quién fui, y cómo seré algún día.
Y le pido también, con cada sorbo,
que hasta mí traiga el canto de los mirlos,
y unas nubes huidizas, y una música
que me haga regresar a los lugares
en los que nunca he estado. Y le pido
el amor de los míos, que es tan frágil
como el brezo que crece entre las rocas.

martes, 8 de agosto de 2017

Literatura y ciencia/ 27 - Hidrógeno - Eduardo Jordá - España


Del dolor y del tiempo, ¿qué saben las estrellas?
En su yerta sustancia de ceniza
no hay finitud ni angustia, día y noche.
¿Cómo van a poder guiar nuestros pasos?
Nada ansían ni temen, nada sueñan.
Su principio vital es el hidrógeno
con una porción de helio. Y eso basta.
Todo es allí perfecto, indestructible:
la alegría es tiniebla; el fin, aurora.

Nuestro hidrógeno es tiempo y es dolor,
dos sustancias que nunca hallará un físico.
Nuestro helio es la estrella fugaz de los deseos
y ese vencejo gris que ahora pasa.
Y quizá algunas cosas que nos siguen
y a las que perseguimos, sin saber bien por qué.
Una mujer desnuda, el susurro de un maizal.
Las nubes fugitivas, el agua transparente.
Y una sonrisa, un plástico, una foto.
Cosas que nos explican porque existen
más allá de nosotros, sin nosotros.
Cosas que dejaremos a los desconocidos.
Cosas que todo el mundo olvidará.
Cosas que existirán, tercas, leales,
cuando nadie se acuerde de nosotros.

viernes, 26 de febrero de 2016

Literatura y jazz/ 65 - Bird - Eduardo Jordá - España


    (Charlie Parker, Stanhope Hotel, 1955)

No quiero que se acerque nadie. Escucho
la música que suena en algún sitio,
en la televisión quizá, y me duele,
y ya no sé por qué duele esta música
que me astilla la mente, y la desgarra,
ni por qué yo la escucho, si me duele
tanto como un hurón que se ocultase
en una galería hecha de nervios
que una vez fueron míos, no sé cuándo,
en otro tiempo, en otra vida, lejos
de aquí, cuando mi mente era la música
que servía de amor y de amistad
a un hombre sin amor y sin amigos.

Este cuerpo que veis, esta maltrecha
carne deshabitada de mí mismo,
aquí, en la habitación de hotel, a solas
con mi miedo y mi saxo que me escrutan,
¿de qué sirven, a quién harán feliz?

Cuanto tocan mis manos se hace música
y se astilla en mi mente, y me persigue.
No puedo amar a nadie, ni tocarlo,
porque amarlo es llevarlo hacia lo oscuro
y de allí no regresa, nunca, nadie.
Se deshacen los niños, las mujeres.
Se deshacen los árboles, los coches,
los clubs, los contrabajos, las sonrisas.
Mis manos en el aire se deshacen.
Son aire, un aire oscuro que me inunda
y que me hace volar como los pájaros,
ciegos, remotos, lentos, pero ¿adónde?

Soy aire extremecido de vergüenza,
y un dolor que me quema como el fuego
y que no llegaré a saber qué es.
Que esta música fúnebre que toco
os alumbre el camino. Mi camino
ya tan sólo discurre entre las sombras.
I Love Paris - Charlie Parker, 1954 
Charlie Parker - Saxo alto 
Billy Bauer - Guitarra 
Walter Bishop Jr. - Piano 
Teddy Kotick - Contrabajo 
Art Taylor - Batería