Chet Baker - Like Someone In Love

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martes, 12 de noviembre de 2019

Fuera de sitio - Antonio Lucas - España


Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:
unas pocas palabras, unos seres exactos,
unas horas muy lisas, una playa (quizá)
donde el daño no acecha.

Imagina la vida como no lo es ahora,
no quiero decir como algo perfecto,
sino un resplandor, cierto abril de muy lejos,
un tributo al azar sin otro destino
que el confín fugitivo de un eco sin rostro.               
Y después cualquier cosa.

Con qué precisión va la edad hilvanando el espino.
Y qué extraña la urgencia de ir en pie hasta la ola,
celebrar lentamente que aniquile mi huella,
mi escritura de hombre, mi certeza de surco,
ser la alta misión de lo que nunca concluye
como no cierra el mar su recado en la orilla.

Pero no es estar quieto la razón ni la meta,
sino un querer más pequeño, una conquista más clara:
ver la vida llegar de su noche a tu noche
en un cuerpo ajeno,
pronunciar su silencio,
abrazar su alambrada,
desear su vacío,
delirar sin camino, sin mapa, sin fuego,
hasta el tiempo sin tiempo
del país que no haremos.
De Los desengaños, 2014

martes, 2 de julio de 2019

Sombra, lluz - Xuan Bello // Vivir de mirar - Antonio Lucas - España


Sombra, lluz
A Ana
Les últimes palabres, ¿cuáles sedrán?
¿De sombra o de lluz? ¿pebides acaso
semaes nel silenciu? Agora sábeslo

y posiblemente rías contenida como siempre,
caltenida nuna emoción que nunca provecía
fuera de les llendes de los que brindábemos

contigo pola vida. Agora, yá ves,
yo recuerdo los tus gueyos, la palabra exacta,
la sonrisa, entre blincu y esnalín de gatu,

que se llanzaba acariciándolu nel rabión
d'una existencia entendida como laberintu.
Sedrá esta la última respuesta, la que se da

precisa la explicación, sedrálo, nun lo sé,
la vida entre pasadizos que lleven ayures.
Toos somos Ariadna, Tiséu y el Minotauru,

toos nos acercamos seles, dándonos la mano,
hacia lo escuro. Quiero albidrar una lluz al fondo
onde sonríes yá a salvo del dolor y del tiempu.


Sombra, luz
A Ana
Las últimas palabras, ¿cuáles serán?
¿De sombra, de luz? ¿Semillas acaso
en silencio trasvoladas? Lo sabes ahora

y posiblemente sonrías contenida,
encerrada en una emoción que se desbordaba
fuera de los límites de quienes brindábamos

ayer mismo contigo por la vida. Ahora, ya ves.
Recuerdo tus ojos, la palabra exacta,
la sonrisa, entre vuelo y salto de gato,

que se lanzaba acariciándolo en el torbellino
de una existencia entendida como laberinto.
Quizás sea esa la respuesta, la que desvela

precisa la explicación, lo será, no lo sé,
la vida que lleva entre pasadizos hacia dónde.
Todos somos Ariadna, Teseo y el Minotauro,

todos silenciosos nos damos la mano
hacia lo oscuro. Quiero presentir una luz al fondo
donde sonríes a salvo del dolor y del tiempo.

Vivir de mirar

Alrededor de una mesa que agitaba el crítico José Luis García Martín en el Café Oliver de Oviedo fue tomando forma una tribu de poetas que en los años 90 apuntalaron una forma de decir. Entre ellos estaba Xuan Bello (Paniceiros, Tineo, 1965), agitador de la literatura asturiana.
En 1997 publicó Los caminos secretos, que no fue exactamente un libro sino el origen de una expedición en la palabra. Un andar en el que ha dejado conjuntos iluminadores de su mundo y su paisaje, donde la poesía está como exploración también de lo antipoético. Entre El libro viejo y El libro nuevo han pasado más de dos décadas, pero la coherencia de su escritura no se ha visto alterada. Aunque sí ahondada. Y cada vez más consciente de la vasta riqueza de un mundo propio que es aquel que tiene exactamente las mismas credenciales que algunos de sus libros de prosa: Historia universal de Paniceiros o Los cuarteles de la memoria. 
Bello es un poeta que se va desplegando de otras maneras, pero siempre desde los modales de una forma de mirar que tiene la memoria como un mapa íntimo, como un espacio de encuentro y reencuentro con el otro, no como un ajuste de cuentas, ni como lugar de nostalgias donde hacer prisioneros. Sino como un territorio donde el poema, sencillamente, nos junta.

jueves, 20 de junio de 2019

Poesía y verdad - Antonio Cabrera - España


A Carlos Marzal
En la naturaleza no hay nada melancólico, 
aseguraba Coleridge.

                                He salido a mirar
entre las nubes mansas
una luz semejante a la luz triste
que escriben los poetas.
El resplandor solemne y repetido
del ocaso cubriendo el naranjal
es todo lo que había. Se ocultaba
el sol que tantas veces han descrito
los poemas que niegan lo que sostuvo Coleridge,
pero cuya silueta inofensiva y noble
he podido observar, y no era un apagado
cristal de pesadumbre.

Luego he puesto mis ojos
en algunas presencias más sencillas,
por si estuviera en ellas el hálito extinguido
que ensombrece las cosas esenciales
de la naturaleza, que les otorga un don
oscuro, una verdad umbrosa, ya cantada:
ni en la vegetación humilde, ni en los brazos
inmóviles del árbol,
ni en las piedras –que son el tiempo puro–,
ni en la casa ruinosa donde anidan los pájaros,
he visto en su dominio
a la melancolía.

Así que he regresado adonde estaba,
persuadido, sereno, y a la vez
envuelto enteramente en la nueva ignorancia
que esta certeza teje, porque he visto
que nada es melancólico en la naturaleza
mientras no la pensamos.
                                       Quien la contempla tiene,
acaso como Coleridge,
el sólo afán de ser testigo mudo
de su mudo fragor,
                             pero al considerarla,
al detener su luz,
se abre allí, sin remedio, en la conciencia,
la exhausta flor mental de la melancolía.
De En la estación perpetua, 2000

miércoles, 3 de abril de 2019

Capítulo II de Industrias y andanzas de Alfanhuí - Rafael Sánchez Ferlosio - España


II. DONDE SE CUENTA CÓMO AQUEL NIÑO SE ESCAPÓ DE SU CUARTO Y LA AVENTURA QUE TUVO (Ver capítulo I)

Aquel cuarto era el más feo de la casa y allí había ido a parar también el gallo de veleta, abrazado a su tizón. Un día el niño se puso a hablar con él, y el pobre gallo, con la boca torcida, le dijo que sabía muchas cosas, que lo librara y se las enseñaría. Entonces hicieron las paces y el niño le sacó el carbón y lo enderezó. Y se pasaban el día y la noche hablando, y el gallo, que era más viejo, enseñaba, y el niño lo escribía todo en el rasgón de camisa. Cuando venía la madre, el gallo se escondía porque no querían que ella supiera que un gallo de veleta hablaba.

Desde lo alto de la casa había aprendido el gallo que lo rojo de los ponientes era una sangre que se derramaba a esa hora por el horizonte, para madurar la fruta, y, en especial, las manzanas, los melocotones y las almendras. Esto fue lo que al niño más le gustó de cuantas cosas el gallo le enseñaba, y pensó cómo podría tener de aquella sangre y para qué serviría.

Un día, que al gallo le pareció bueno, cogió el niño las sábanas de su cama y tres ollas de cobre y se escapó con el gallo al horizonte de aquella ventana. Llegaron a una meseta rasa, en cuyo borde estaba el horizonte que se veía lejísimos desde la casa, y esperaron a que bajara el sol y se derramara la sangre.

Poco a poco vieron venir una nube rosa; luego una niebla rojiza les envolvía y tenía un olor ácido, como a yodo y limones. Por fin la niebla se hizo roja del todo y nada se veía más que aquella luz densísima entre carmín y escarlata. De cuando en cuando pasaba una veta más clara, verde o de color de oro. La niebla se hizo cada vez más roja, más oscura y espesa y dificultaba la luz, hasta que se vieron en una noche de color escarlata. Entonces la niebla empezó a soltar una humedad y una lluvia finísima, pulverizada y ligera, de sangre que lo empapaba y lo enrojecía todo. El niño cogió las sábanas y se puso a sacudirlas en el aire hasta que se volvían del todo rojas. Luego las estrujaba en las ollas de cobre y volvía con ellas al aire para que se embebieran de nuevo. Así se estuvo hasta que las tres ollas fueron llenas.

Ya la niebla había tomado un color negro rojizo y se veteaba de azul. El olor agrio y almizclado se iba transformando en otro olor más ligero, como de violetas animales. La luz aumentaba de nuevo y la niebla tomaba un color morado, cárdeno, porque las vetas azules se habían fundido con lo demás. La humedad disminuía y la niebla aclaraba cada vez más. El olor a violetas animales se hacía más sutil y se tornaba vegetal. La niebla aclaraba tomando un color rosa azulado, cada vez más claro, hasta que abrió de nuevo, y todo se volvió a ver. El cielo estaba blanco y limpio, y el aire tenía un perfume a tila y rosas blancas. Abajo se veía el sol que se iba con sus nieblas escarlata y carmín. Oscurecía. Las tres ollas estaban llenas de una sangre densísima, roja, casi negra. Hervía despacio en grandes, lentas burbujas que explotaban sin ruido como besos de boca redonda.

Aquella noche durmieron en una cueva, y a la mañana siguiente lavaron las sábanas en un río. El agua de aquel río se manchó y lo iba madurando todo, hasta pudrirlo. Bebió una yegua preñada y se volvió toda blanca y transparente, porque la sangre y los colores se le iban al feto, que se veía vivísimo en su vientre, como dentro de un fanal. La yegua se tendió sobre el verde y abortó. Luego volvió a levantarse y se marchó lentamente. Era toda como de vidrio, con el esqueleto blanco. El aborto, volcado sobre la hierba menuda, tenía los colores fuertísimos y estaba envuelto en una bolsa de agua, rameada de venillas verdes y rojas que terminaba en un cordón amoratado por cuya punta iba saliendo el líquido lentamente. El caballito estaba hecho del todo. Tenía el pelo marrón rojizo y la cabezota grande, con los ojos fuera de las órbitas y las pestañas nacidas; el vientre hinchado y las cañas finísimas, que terminaban en unos cascos de cartílago, blando todavía; las crines y la cola flotaban ondulando por el líquido mucoso de la bolsa, que era como agua de almíbar. El caballito estaba allí como en una pecera y se movía vagamente. El gallo de veleta rasgó la bolsa con su pico y toda el agua se derramó por la hierba. El potro, que tendría el tamaño de un gato, fue despertando poco a poco, como si se desperezara, y se levantó. Sus colores eran densos y vivos, como no se habían visto nunca; todo el color de la yegua se había recogido en aquel cuerpo pequeñito. El potrillo dio una espantada y salió en busca de su madre. La yegua se tendió para que mamara. Blanqueaba la leche en sus ubres de cristal.

El niño y el gallo de veleta volvieron hacia su casa. Llevaban las ollas de cobre y entraron por un balcón. Luego echaron la sangre en una tinaja y la lacraron. La madre perdonó a su hijo; pero el niño dijo que quería ser disecador y tuvieron que mandarlo de aprendiz con un maestro taxidermista.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Literatura y jazz/ 91 - Cuando escuchas a Chet Baker... - Antonio Lucas - España


Tiene esta noche luz de pìedra sumergida
noche con dintel de pájaros
esta noche de insistencia y campanas bajo el agua
Pondré nombre a tus ojos con sus tigres encelados
con su aliento disfrazado de bodega
al templo conjurado de tu sombra
porque hay arañas que se aman como signos habitados
tensos cuerpos de miel o de iniciales

Porque hay tardes como formas en tu mano
tardes como copa enloquecida
duras geografías en lo alto de tu nombre
Te busco deshojando dioses implacables
destrenzando los ángulos amargos del olvido
                                sus fuentes milenarias

Yo recuerdo el mar inmóvil con sus torres
de ópalos ardiendo
y tus hombros como balsas deprimidas
tus manos de mujer
                                 -por eso existes-
tus manos de epitafio
           con coros deslumbrados

Te he buscado por el trópico caliente de los gritos
allí donde la luz se olvida para que dos se encuentren
Te he buscado por mi sangre
por los mapas de la niebla
y en la turbia matemática del mar o del abrazo

Te he buscado como un niño
                       con su crimen de palomas
azul
                       secretamente
                                   como pájaro salvaje

Pero qué alto beso es este
          que arranca de la hojarasca de los cuerpos arrasados
    qué herrumbrosa muerte perforada
sometida al murmullo y los adioses?

Igual que si una fuente modelara el silencio que la envuelve
y grito de luz fuera la esquina de los ojos

así como si el sueño de una gota
                                           principio fuera del olvido
o fuese frío ámbar nuestra boca sobre el pecho
tú me encontrarás mordiendo astrologías
                     como un misterio que descansa
           y se demora
Time After Time (Jule Styne - Sammy Cahn) - Chet Baker, 1964

sábado, 3 de noviembre de 2018

Tregua - Antonio Lucas - España


La vida se concreta mejor en lo pequeño:
la templanza maternal del agua,
el cara o cruz de los viajes que no has hecho,
los árboles que trepas,
el amor que parte en dos
su evidencia y su dominio.

Para vivir no es conveniente dar rodeos
ni buscarle a las preguntas su respuesta en la respuesta.
A veces es mejor confiar en quien no sabe
y aprender de sus cautelas,
como aprende el animal a desapasionarse,
como aceptan las montañas ser final y antes del mundo.

Sabes que hay cosas de ti que no te pertenecen:
ser niño y persignarse,
demonios clamorosos,
la costumbre de besar a los extraños,
la monótona conciencia de la culpa,
alegrarse en carnaval,
creer en dioses.

Pero eres parte de tu siglo, de su bárbaro jolgorio.
Millones de hombres que se matan,
y se agotan en oficios rigurosos,
y hablan entre sí aunque no laten por nadie,
y sólo han aprendido a estar ya solos.
Solos como cuelgan los disfraces.
Solos como dos espejos solos.
Solos como suena el llamarse incluso Antonio.

Por eso que vivir se concreta en lo pequeño.
Ahí donde te miran unos ojos,
donde piensas en alguien y lo salvas;
donde alguien piensa en ti
y da tregua a tu destino sin saberlo.

martes, 17 de abril de 2018

50 años de los Novísimos de Castellet/ 1 - Arde el mar - Pere Gimferrer - España


Cuando Mayo del 68 en París, algunos de los poetas españoles que forzarían un cambio de agujas en la literatura del final de la dictadura no habían publicado aún su primer libro. Estaban haciéndose a su manera y mirando a sus predecesores con recelo aniquilador. Varios de aquellos pimpollos dieron cuerpo algo después, en 1970, a la antología firmada por el crítico Josep Maria Castellet, Nueve novísimos poetas españoles (Seix Barral). [...] Fue el trabajo que determinó que algo mudaba de nuevo en la poesía. Y no sólo anunciaba un cambio modal, sino de espíritu. Los Nueve novísmos (y Castellet como zahorí) apostaban por fundar una nueva astronomía con la potencia del que busca inaugurar su sitio. En sólo unos meses la antología vendió los 5.000 ejemplares de la primera edición, una cifra insólita para el momento y, sobre todo, para la poesía de un grupo de jóvenes aún por descubrir.

Los escogidos eran ocho hombres y una mujer: Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, José María Álvarez, Félix de Azúa, Pedro (hoy Pere) Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero, Ana María Moix y Leopoldo María Panero. Tenían Barcelona y Madrid como sedes comerciales. Casi todo sucedía entre las dos ciudades, infestadas de franquismo. Ellos ondeaban contra la dictadura un fuerte desprecio. Aunque no todos podíamos ser considerados activistas de izquierdas. Y los cambios políticos y culturales no empezaron en este país en 1968 ni en 1970. En ese mismo año, por ejemplo, ocurre el Proceso de Burgos. Y en 1974 el asesinato de Puig Antich, apunta Gimferrer. Eran días de soflamas en medio mundo. De apetito por lo nuevo. En España existía la censura, dominaba el ambiente un nacionalcatolicismo paralizante, la mojigatería sexual y una moral cuartelera y casposa. Aquellos jóvenes buscaban otras tradiciones literarias fuera de este terruño, que a la vez mostraba algunos síntomas postizos de evolución en el ámbito del arte: el informalismo español se había desplegado en la Bienal de Venecia de 1958 y algunos de esos creadores protagonizaron en 1960 la exposición New Spanish Painting and Sculpture en el MoMA de Nueva York.

Aún así, la cutrez medioambiental todavía tiznaba como el monóxido. Los poetas de la Generación del 68 (término acuñado, entre otros, por el profesor Juan José Lanz) acumulaban referentes mundanos que extraían del cine europeo y norteamericano (verdadero aglutinante del grupo, según Molina Foix), de la música, del pensamiento, del arte. Lo sugerente venía para ellos de cualquier lugar que no fuese este. Rechazaban el intimismo primario y el realismo social que habían sido seña de identidad de generaciones anteriores. Su desafecto era el correlato estético de una corriente de cambio social y político. Mantenían, de algún modo, afinidad con el espíritu volatinero que impulsaron los hombres y mujeres del 27, rebanado pronto por la Guerra Civil. Los jóvenes poetas que dieron sentido a la Generación del 68 tomaron el testigo contra todo lo demás. Contra todos los demás. Éramos gente culta y muy exhibicionista, subraya Martínez Sarrión. Algunos de sus primeros libros pasaron a ser casi manifiestos fundacionales de lo por venir: Teatro de operaciones (1967), de Martínez Sarrión; Museo de cera (1978), de José María Álvarez; La muerte en Beverly Hills (1968), de Gimferrer; Dibujo de la muerte (1967), de Guillermo Carnero; Baladas del dulce Jim (1969), de Ana María Moix; Así se fundó Carnaby Street (1970), de Leopoldo María Panero.
[...]
Junto a los Novísimos había también otros poetas que buscaban senda nueva de expresión y completaban la Generación del 68: Antonio Colinas, Jaime Siles, Luis Antonio de Villena, Luis Alberto de Cuenca, Antonio Carvajal, Marcos-Ricardo Barnatán, Diego Jesús Jiménez, José-Miguel Ullán... La aparición de Arde el mar de Pere Gimferrer, en 1966, fue un acontecimiento que comenzó de algún modo el principio de desalojo. Preferían a autores como Ezra Pound, T. S. Eliot y E. E. Cummings frente a Celaya, Blas de Otero o José Hierro. Respetaban a Valente y a Gil de Biedma, pero arremetían contra el realismo social con más desinterés que esfuerzo. Rescataban a autores coetáneos.
[...]
La suya era una militancia cultural que apostaba por romper costuras en todas direcciones. Incordiaban y eso les seducía. Aunque hoy no se ponen de acuerdo en concretar si eran o no una generación, a la manera del 27. Gimferrer lo plantea así: Más que una generación fuimos un momento y un movimiento respecto a otras poesías. Estábamos menos configurados que los poetas del 27 cuando aparecen en la antología de Gerardo Diego de 1931. Luego hay quien afirmó que los Novísimos fueron la última manifestación sociológica del franquismo, que suena paradójico. Molina Foix también descarta la vitola generacional: Compartíamos intereses, nos leíamos, pero no teníamos ese espíritu. Predominaba una mezcla de lo político con lo pop, igual que un extremo esteticismo con un cierto desgarro de lo popular en algunos. Fueron los detractores que nos salieron al paso los que hicieron de los Novísimos una generación, no nosotros. Carnero carga con distinta pólvora: No éramos un grupo cohesionado. Castellet hizo una apuesta con gran riesgo, y sólo en parte acertó. La antología se limitaba a los poetas, y varios de los nueve no habían demostrado serlo entonces, ni lo han demostrado después, aunque hayan destacado en novela o ensayo. La antología era sólo una parte, prematuramente configurada, de la generación, si bien algunos habíamos publicado libros que permitían presentir un fenómeno colectivo. Pero creo que sí nos considerábamos generación.
[...]
Medio siglo después de la que se denominó (años más tarde) Generación del 68, la poesía española les debe la apertura de compuertas hacia una expresión más libre, más abierta, más dispersa. Un mejor cuarto final de siglo XX.
Antonio Lucas - El Mundo, 01/04/2018


Arde el mar

Oh ser una capitán de quince años1
viejo lobo marino las velas desplegadas
las sirenas de los puertos y el hollín y el silencio en las barcazas
las pipas humeantes de los armadores pintados al óleo
las huelgas de los cargadores las grúas paradas ante el cielo de                                                                                         [zinc
los tiroteos nocturnos en la dársena fogonazos un cuerpo en las                                                                                       [aguas
con sordo estampido
el humo en los cafetines
Dick Tracy2 y los cristales empañados la música zíngara
los relatos de pulpos serpientes y ballenas
de oro enterrado y de filibusteros
un mascarón de proa el viejo dios Neptuno
una dama en las Antillas ríe y agita el abanico de nácar bajo los
cocoteros.
De Arde el mar, 1966
Pere Gimferrer


1 Un capitán de quince años: referencia a la novela homónima de Julio Verne.
2 Dick Tracy: personaje de cómic creado por Cherter Gould en 1931.

viernes, 13 de octubre de 2017

Otoño del 59, verano del 66 - Juan Marsé // Noche triste de octubre / Apología y petición - Jaime Gil de Biedma - España


Porque la actualidad manda.


Otoño del 59, verano del 66

Querido Jaime. Me dicen que circula por la red tu poema Noche triste de octubre, 1959, publicado en Moralidades en 1966. Recordarás una conversación que mantuvimos acerca de algunas imágenes del poema, en la época que lo escribías, sobre todo esa tarde lluviosa que me leíste un primer esbozo. Me dijiste que me lo ibas a dedicar si conseguías terminarlo. Octubre siempre ha sido para mí un mes de malos augurios y resonancias dramáticas, y no puedes imaginarte hasta qué punto este octubre de 2017 ha superado tan nefastas aprensiones. Los problemas no son los mismos, el país ya no es el mismo, pero las cosas siguen viniendo mal dadas.

Quiero recordar ahora el día que, con un vaso de ginebra en la mano, en tu sótano (“más negro que mi reputación, que ya es decir”, dejaste escrito) de la calle Muntaner, me leíste los versos del último bloque del poema:

Por todo el litoral de Cataluña llueve
con verdadera crueldad, con humo y nubes bajas,
ennegreciendo muros,
goteando fábricas, filtrándose
en los talleres mal iluminados.
Y el agua arrastra hacia la mar semillas
incipientes, mezcladas en el barro,
árboles, zapatos cojos, utensilios
abandonados y revuelto todo
con las primeras Letras protestadas.

Eran otros tiempos, otras lamentaciones. Quiero que sepas que este octubre no llueve en el litoral de Cataluña, al menos no lo ha hecho hasta el día 10 en que te escribo esto (sufrimos una larga sequía, no solo política) no hay humos ni nubes bajas ennegreciendo muros, no en el sentido de derrota anímica y miseria moral que tú veías en el paisaje urbano de entonces, en la desdichada ciudad gris de entonces, sumida en la humillación y el agravio, porque hoy vivimos en una democracia, en un Estado de derecho, pero aun así, todo y haber recuperado al fin las libertades y la autonomía, ya sabes que la cabra tira al monte, así que, si bien en este mes de octubre de 2017 no adelantaron

las lluvias, y el Gobierno
sigue reunido en consejo de ministros,
no se sabe si estudia a estas horas
el subsidio de paro o el derecho al despido,
o si sencillamente, aislado en un océano,
se limita a esperar que la tormenta pase
y llegue el día, el día en que, por fin,
las cosas dejen de venir mal dadas.

El caso es que las cosas, si bien estamos ya muy lejos de aquella dictadura, siguen viniendo mal dadas. Ahora vivimos un esperpéntico conflicto de identidades, de himnos y banderas y discursos papanatas que amenazan con amargarnos la existencia por mucho tiempo. Déjame decirlo a mi manera, lejos de cualquier pretensión lírica, para lo que tú sabes que no he sido dotado: estoy hasta el mismísimo gorro de esa gentuza que nos gobierna, los de aquí y los de allá.

Déjame recordar el arranque de tu Apología y petición, donde va esa terrible pregunta transmutada en poesía que me sigue estremeciendo:

¿Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobre y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

Siempre me costó aceptarlo. Pero más allá de todo pesimismo, ahora confío en que prevalecerá el Estado de derecho. La Constitución que nos dimos en 1978 puede que sea mejorable, pero ahora es ya la mejor de nuestra historia. Y estoy seguro de que tú piensas lo mismo. Mientras, Cataluña (no tu Cataluña, sino la Cataluña tontarrona y chapucera de Puigdemont y Junqueras) sigue haciendo día tras día un ridículo descomunal y sin precedentes ante el mundo que nos contempla asombrado.

En fin, Jaime, veamos, ¿qué tal otra copa? Ahí afuera, de momento, solo hay acuerdo en el desacuerdo, pero seguro que vendrán tiempos mejores.
El País, 12/10/2017


Poemas completos de Gil de Biedma

Noche triste de octubre, 1959

Definitivamente parece confirmarse que este invierno 
que viene, será duro. 

Adelantaron 
las lluvias, y el Gobierno, 
reunido en consejo de ministros, 
no se sabe si estudia a estas horas 
el subsidio de paro 
o el derecho al despido, 
o si sencillamente, aislado en un océano, 
se limita a esperar que la tormenta pase 
y llegue el día, el día en que, por fin, 
las cosas dejen de venir mal dadas. 

En la noche de octubre, 
mientras leo entre líneas el periódico, 
me he parado a escuchar el latido 
del silencio en mi cuarto, las conversaciones 
de los vecinos acostándose, 
todos esos rumores 
que recobran de pronto una vida 
y un significado propio, misterioso. 

Y he pensado en los miles de seres humanos, 
hombres y mujeres que en este mismo instante, 
con el primer escalofrío, 
han vuelto a preguntarse por sus preocupaciones, 
por su fatiga anticipada, 
por su ansiedad para este invierno, 
mientras que afuera llueve. 

Por todo el litoral de Cataluña llueve 
con verdadera crueldad, con humo y nubes bajas, 
ennegreciendo muros, 
goteando fábricas, filtrándose 
en los talleres mal iluminados. 

Y el agua arrastra hacia la mar semillas 
incipientes, mezcladas en el barro, 
árboles, zapatos cojos, utensilios 
abandonados y revuelto todo 
con las primeras Letras protestadas.


Apología y petición

¿Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno,
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
la más triste sin duda es la de España
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno,
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
puede y debe salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Quiero creer que no hay tales demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia.
Son ellos quienes han vendido al hombre,
los que le han vertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.

miércoles, 7 de junio de 2017

Nuevo fragmento de Reivindicación del conde Don Julián - Juan Goytisolo - España


In memoriam Juan Goytisolo

[...] falta el lenguaje, Julián
desde estrados, iglesias, cátedras, púlpitos, academias, tribunas los carpetos reivindican con orgullo sus derechos de propiedad sobre el lenguaje
es nuestro, nuestro, nuestro, dicen
lo creamos nosotros
nos pertenece
somos los amos
estudiosos, licenciados, vates, sabios, expertos, peritos esgrimen sus títulos de dominio, posesión, usufructo
nuestro, nuestro, nuestro
patentado conforme a las leyes
protegido por las convenciones internacionales
nuestro, nuestro, nuestro
depósito legal
marca registrada
derechos reservados en todos los países
nuestro, nuestro, nuestro
imagen de nuestra alma
reflejo de nuestro espíritu
nuestro, nuestro, nuestro
apostólico
trascendental
ecuménico
nosotros lo llevamos a la otra orilla del Atlántico con la moral y las leyes, la espiga y el arado, la religión, la justicia
a dieciocho naciones que hoy hablan y piensan, rezan, cantan, escriben como nosotros
hijas nuestras pues
y sus hijos
nietos nuestros
castellanos también
de esencias perennes
imperativo poético
concepto ascético y militar de la vida
si hemos perdido el cetro, el imperio, la espada
todos nuestros dominios en donde hace siglos no se ponía el sol
nos queda la palabra
podrá faltarnos Gredos
el paisaje
la capra
la palabra, jamás
cuanto menos álamos, más
cuanto más turistas, más
ni más ni menos, más
y he aquí que el coro sublime de sus voces atraviesa el océano y resuena, estentóreo, a miles y miles de kilómetros de distancia
por las pulperías de la Lagunilla en México
por la bonaerense calle de Corrientes
por el barrio de Jesús María de la Habana
y el tlaxcalteca
el porteño
el yoruba
lo escucharán con indignado asombro y darán rienda suelta a su labia
boy boy pinche gachupín quiobas con el totacho abusadísimo mi cuás ya chingaste hace ratón con tu lopevega ora te chingas gachupas ora te desflemo el cuaresmeño ora que no se te frunza el cutis aquí hasta las viejas semos machos ai mero te doy pa tus chiclosos güey como quien no quiere la cosa pero antesmente caifás con la lana méndigo güero balín jijo del máiz abajo los guardapedos y ái te doy negra noche bien ojete a ver si te hago quesadilla manís y de huitlacoche pa que no digas
carpeteame un cacho al coso ese y decime si no es propio un plato, ma que castiya ni castiya, ñato, estos gaitas ya me tienen estufo con lo del chamuyo se la piyaron en serio que son el trompa de la bedera y no se avivan que aquí van sonados, ponele la firma, qué manga de engrupidos, pibe, a ésos no te los cura ni el dotor Barna, te lo digo yo
mía paeso, pero qué babbaridá compai, que viene ette gaito con su cuento de limpia, fija y dasplendol y tiene la caradura de desil-le aúno, a menda, a mí mimmo, asien medio de la conversadera  y too que no se puée desil luse posque, muy fino el tipo, así dientefrío y tó, con su bigotico así ensima de su jeta gaita, too decolorío el blanco, así que viene y me dise que no, que no se debe, asimimmo, que no se debe desil luse, dise, posque eso quiere desil que yostoy hablando de la lujelétrica y que lo que tengo que desil, dise él, e, ej, no caballero silo que me dá unarisa, lo que tenemo quedesil nosotros ej que me pareze y lo dise así el blanconaso quemándome con su seta, y lo repite como pa quemelo aprenda bien-bien benito, pero que me río, nama que me río, polque la veldá-veldá que lo que menrecueddo é de cuando Quintínbandera cojíun guerrillero deso de lo voluntario de Labana y namá que le pedía, diga gabbanso, y como el tipo le dijera gar-ban-zos así con toda su seta y con sujese lo mandaba ñampía de que ni ná ni ná, de segurola y enelatto, mi emmano, no sinante claro preguntal-le el nombre al interfeto, asique cuando ette desía unejemplo Zeferino Garzía, el Quintín no tenía majná que desil, se ñamaba!

únete a ellos, Julián [...]
Juan Goytisolo (Artículo de Antonio Lucas en El Mundo)

martes, 29 de noviembre de 2016

Fragmentos de Illuminations - Arthur Rimbaud - Francia


Enfance

III

     Au bois il y a un oiseau, son chant vous arrête et vous fait rougir.
     Il y a une horloge qui ne sonne pas.
     Il y a une fondrière avec un nid de bêtes blanches.
     Il y a une cathédrale qui descend et un lac qui monte.
     Il y a une petite voiture abandonnée dans le taillis, ou qui descend le sentier en courant, enrubannée.
     Il y a une troupe de petits comédiens en costumes, aperçus sur la route à travers la lisière du bois.
     Il y a enfin, quand l'on a faim et soif, quelqu'un qui vous chasse.


IV

     Je suis le saint, en prière sur la terrasse,  comme les bêtes pacifiques paissent jusqu'à la mer de Palestine.
     Je suis le savant au fauteuil sombre. Les branches et la pluie se jettent à la croisée de la bibliothèque.
     Je suis le piéton de la grand'route par les bois nains ; la rumeur des écluses couvre mes pas. Je vois longtemps la mélancolique lessive d'or du couchant.
     Je serais bien l'enfant abandonné sur la jetée partie à la haute mer, le petit valet, suivant l'allée dont le front touche le ciel.
     Les sentiers sont âpres. Les monticules se couvrent de genêts. L'air est immobile. Que les oiseaux et les sources sont loin ! Ce ne peut être que la fin du monde, en avançant.

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Infancia

III

     En el bosque hay un pájaro, su canto os detiene y sonroja.
     Hay un reloj que no suena.
     Hay un hondonada con un nido de bestias blancas.
     Hay una catedral que desciende y un lago que sube.
     Hay un cochecito abandonado en el soto, o que desciende por el sendero corriendo, engalanado.
     Hay una compañía de pequeños cómicos disfrazados, que se adivinan en la carretera más allá de las lindes del bosque.
     Hay, en fin, cuando tenéis hambre y sed, alguien que os echa.


IV

     Soy el santo que reza en la terraza, al igual que los pacíficos animales pastan hasta el mar de Palestina.
     Soy el sabio en el sillón sombrío. Las ramas y la lluvia golpean la ventana de la biblioteca.
     Soy el viandante del camino real de los bosques menudos; el rumor de las esclusas cubre mis pasos. Veo durante mucho rato la melancólica colada dorada del poniente.
     Podría ser el niño abandonado en la escollera que partió para alta mar, el pequeño criado siguiendo la avenida, cuya frente toca el cielo.
     Los senderos son ásperos. Los montículos se cubren de retama. El aire está inmóvil. ¡Cuán lejos están los pájaros y las fuentes! Avanzando, sólo puede haber el fin del mundo.
Traducción de J. F. Vidal-Jover

jueves, 10 de noviembre de 2016

Mensaje de Walt Whitman - Antonio Lucas - España


Al hilo de lo que está ocurriendo estos días en Estados Unidos.

Walt Whitman fue quizá el más sonoro de los poetas que dio de sí EEUU. El que mejor letra le dio a las bondades de un país que aún estaba por hacer. Fue a finales del siglo XIX. Hay muchos poetas más en EEUU desde Whitman, pero él encarna la condición total del hombre que entiende la pluralidad del resto de hombres. Dicen que en su escritura fijó la pulsión de la democracia americana, pero tan sólo es que no se dejó vencer por ideales de imperio ni cualquier otra idiotez. Walt Whitman es de esos tipos que en su tiempo siempre llegan a destiempo. 

Si lo lees ahora tiene algo de Cristo clonado con la barba frondosa y sombrero de segador. Podría pasar por un anónimo de los que pasean por las calles el cartel de Compro Oro. Un viejo enamorado que tuvo por confín los montes y la certeza de que el mejor gobierno es el que deja a la gente en paz

Consideró sagrado el cuerpo humano. Así, en bruto. Ni alma ni escurrajas. El ser en su esqueleto, cantándose y celebrándose a sí mismo. El gozo de los cuerpos juntos. Y fue de esta manera contorneando una idea de América que ya no existe del mismo modo. (Ni existió nunca). "No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,/ sin haber sido feliz, sin aumentar tus sueños./ No te dejes vencer por el desaliento./ No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,/ que es casi un deber./ No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario"

Del otro lado de los predicadores y los guerreros de la Guerra de Secesión estaba Walt Whitman. Un hombre sin religión, un poeta sin armas, de dimensión sideral. Hizo de la existencia un caminar, porque a ese ritmo es cuando se entiende mejor lo que sucede. Todo se arregla caminando, que le decía a César Antonio Molina su abuelo gallego. Y así lo hizo aquel poderoso vagabundo, optimista y rodante, deslumbrado y honesto. Andando fundó una lírica de la democracia. Whitman es un creador universal. EEUU no es más lo que canta en Hojas de hierba, sino lo que vemos. O a lo mejor es todo lo que vemos como un delirio de Hojas de hierba.

Whitman tampoco es un milagrero. Ni un populista. Son conceptos cansados de ahora mismo. Tan sólo parece un patriarca necesario que conserva la autoridad de quien ayudó a cambiar el rumbo de la literatura anglosajona y fue consciente de que con más libertad se escribe mejor. Mientras en Europa se agotaba un cierto romanticismo de taller, Whitman propuso un entusiasmo incesante alrededor de los otros. Porque hablar del mundo es, en su caso, un hablar desde lo más adentro de sus glóbulos rojos, de sus arterias, de sus cartílagos. Como ciudadano ambulante se metaforizó en todo aquello que la Naturaleza le fue mostrando. No explicaba revoluciones, sino que contaba hombres, pasos, días. La América de ahora nada tiene que ver con la de Whitman. Porque casi nada de lo suyo se parece a lo nuestro. Como debe ser. Sin embargo, mantiene vivo el fondo de su mensaje. La democracia. La libertad. Esa forma de entender al otro con tan respetable interrogación. Tal forma de creer en lo que se ve con ese brillo posible de querer o de amistad. Nadie nos había hablado así jamás.
Antonio Lucas - El Mundo, 09/11/2016

martes, 27 de octubre de 2015

Corazón partidario - Carlos Bousoño - España


Mi corazón, lo sabes,
no está con el que triunfa o que lo espera,
con el juramento mercader
que acecha el buen provecho,
se agazapa, salta sobre la utilidad, que es su querida,

busca ganancia en el abrazo,
obtiene renta de las mariposas y pone rédito a la luz,
cobra recibo por los amaneceres milagrosos,
por cambiante gracia del color
de una invisible rosa apresurada,
dulce y apresurada
como si fuese un hombre o una llama
o una felicidad humana: sí.

Mi corazón no está con el hombre que sabe
de la verdad todo lo necesario
para olvidar el resto de ella,
satisfecho del viento, poderoso del humo,
canciller de la niebla,
rey acaso, pero nunca de sí.

Mi corazón está con el que un día,
quitado el brillo breve, retirada la gracia que hasta allí
le alentó,
en bajamar hostil todo cuanto nos hace
dulce la realidad, leve la vida, adorable la luz,
sabe decir: "no importa".

Mi corazón está con el que entonces,
en el vaso que una mano de niebla le tiende entre la
sombra,
bebe hasta el fin, con lucidez,
sin amargura,
toda la hez del mundo.

Y luego, seriamente,
                          allá en lo alto,
mira, con ojo nuevo,
el cielo puro.
Carlos Bousoño

El poeta asturiano y miembro de la Real Academia Española Carlos Bousoño falleció el pasado sábado en Madrid a los 92 años. Descanse.
Bousoño, premio Príncipe de Asturias de las Letras 1995 y premio Nacional de Poesía 1990, era además de poeta, filólogo, escritor, ensayista, crítico literario, profesor universitario, teórico de la poesía...
Perteneciente a la generación de postguerra, su poesía tenía, sin embargo, más puntos de contacto con la poesía de la generación del 50, más existencialista y menos social que la de los poetas de su generación.
Su estudio Teoría de la expresión poética le hizo ganador en 1952 del premio Fastenrath, otorgado por la Real Academia Española. Con El símbolo (1976) obtuvo el premio Nacional de Literatura de Ensayo en 1978. En 1990, el Ministerio de Cultura le concedió el Nacional de Poesía por su obra Metáfora del Desafuero. Tres años después fue reconocido con el premio Nacional de las Letras Españolas, instituído también por el Ministerio de Cultura. En 1995 logró el Príncipe de Asturias de las Letras, al que había sido candidato y finalista los cuatro años anteriores. Bousoño fue además finalista en dos ocasiones del premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana: en 1993 y en 1994. En 1998, 2000, 2001 y 2002 fue candidato al premio Cervantes, premio que nunca recibió. En agosto de 2001 el Principado de Asturias le concedió la Medalla de Oro, la más importante condecoración que concede el Gobierno asturiano. 
Bousoño era depositario del archivo de su amigo Vicente Aleixandre, Nobel de Literatura 1982, desde la muerte de éste en 1984.

La elegancia de sonreír - ANTONIO LUCAS

martes, 18 de marzo de 2014

César Vallejo - Antonio Lucas / Salón de pasos perdidos - Elena Medel - España


No hay sílaba de indio más quebrada.
No cabe en la mano tanta tristeza, ni en jueves.
No puedes oírme, pero yo te digo.
No puedes oírme aunque te escriba a gritos,
del revés, crucificado,
o deje caer en punta, sobre fieras cúpulas de orden,
una forma azul de corazón, un pan recién nacido.

*
Ignora el pájaro tu pecho forjado en la ternura,
el linaje de tu frente con querencias a la noche.
Ignora el fulgor del cáliz tu cadáver de pobre con corbata.
El miedo ignora que su sangre fue antes lágrima en tus venas.

*
Quisiera para tu gloria la ciencia prieta de una rosa.
Quisiera para esta tarde el álgebra de tu extravío.
Quisiera el amor sin dinamita...
pero más allá y más cerca de cuanto la luz esconde,
quisiera en el surco de tu nombre, y en tu costado mestizo,
y en tu estatura con hambre, fundar una hermandad oscura
como la carta astral de los naufragios.
De Los Mundos contrarios
Antonio Lucas

La tecnología carece de autoestima: 
hierve con las preguntas, 
le inquietan las señales 
un par de ventanas más al norte. 
  
Igual tu nombre, que borra las vocales 
y no impide el divorcio de nuestras maletas. 
Una estación, aperitivo, cinco días. 
  
Con las muñecas rotas 
te estoy diciendo adiós. 
De Vacaciones
Elena Medel

    Uno de los premios más prestigiosos de la poesía en castellano es el que concede cada año la Fundación Loewe. Este año -XXVI edición- el Premio de Poesía recayó en Antonio Lucas por su poemario Los desengaños, y el Premio a la Creación Joven fue para Elena Medel por su obra Chatterton. Los galardones llevan aparejados la publicación de los libros por la prestigiosísima editorial Visor.
    El jurado, presidido por Víctor García de la Concha, señaló que los galardonados representan muy bien, cada cual a su modo, algunos de los caminos que está siguiendo la poesía más joven hoy en España: amor a la palabra, temor a la realidad y contradicciones solventes.

  Antonio Lucas, además de poeta, es redactor de cultura y columnista del diario El Mundo. Elena Medel escribe en El País y colabora con la Cadena SER.