Chet Baker - Like Someone In Love

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sábado, 22 de abril de 2017

Oda a la soledad - José Ángel Valente - España


Ah soledad,
mi vieja y sola compañera,
salud.

Escúchame tú ahora
cuando el amor
como por negra magia de la mano izquierda
cayó desde su cielo,
cada vez más radiante, igual que lluvia
de pájaros quemados,
apaleado hasta el quebranto, y quebrantaron
al fin todos sus huesos,
por una diosa adversa y amarilla.

Y tú, oh alma,
considera o medita cuántas veces
hemos pecado en vano contra nadie
y una vez más aquí fuimos juzgados,
una vez más, oh dios, en el banquillo
de la infidelidad y las irreverencias.

Así pues, considera,
considérate, oh alma,
para que un día seas perdonada,
mientras ahora escuchas impasible
o desasida al cabo
de tu mortal miseria
la caída infinita
de la sonata opus
ciento veintiséis
de Mozart
que apaga en tan insólita
suspensión de los tiempos
la sucesiva imagen de tu culpa.

Ah soledad,
mi soledad amiga, lávame,
como a quien nace, en tus aguas lustrales
y pueda yo encontrarte,
descender de tu mano,
bajar en esta noche,
en esta noche séptuple del llanto,
los mismos siete círculos que guardan
en el centro del aire
tu recinto sellado.
De Mandorla, 1982

lunes, 2 de noviembre de 2015

Fuga de la muerte - Paul Celan - Rumanía-Francia


Negra leche del alba la bebemos al atardecer
la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche
          bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus
          mastines
silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra
ordena tocad para la danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
          bebemos y bebemos
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita cavamos una tumba en el aire no
se yace estrechamente en él
Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad sonad
empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos son azules
cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la
          danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y la mañana y al atardecer
          bebemos y bebemos
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes
Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro
          venido de Alemania
grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como
          humo en el aire
y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de
          Alemania
te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules
te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido
          de Alemania
tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita
De Amapola y memoria, 1952
Versión de José Ángel Valente

viernes, 16 de enero de 2015

Nace el deseo - José Ángel Valente - España


Nace el deseo. Tiene
un tibio y fervoroso rumor de lluvia,
de aire recién cortado,
un rostro puro tal vez, una luz tierna
bajo la cual tanta noche se extrema.

Tú mirabas la vida,
correteabas por la casa,
alegrabas la luz. Había un árbol,
aquel amanecer,
la tarde, el año,
la risa en que era dulce descansar y morir,
la dicha sólo.

Ya tu niñez, tu nieve,
tu ternura colmadas.

Vino -de dónde, cuándo-
apenas un rumor, la forma tenue
que en tus sueños hablaba.
Y se adentró en tus ojos,
rodeó tus cabellos,
creció dulce en tu pecho,
ardió en tus labios.

Era -no, no era nadie-
apenas un rumor,
un signo pensativo,
una dulce derrota,
la retirada del jazmín,
de tu alegre y dilatada ternura.

Vino un día,
tú mirabas la vida,
estabas sola,
no sabías su nombre.
(Era tan leve su desnuda presencia.)
Y ardió en tus venas su oscura palidez,
su silencio,
su noche,
el destino imposible que anega nuestros labios,
cuando lluvia, aire apenas, invadida ternura,
el deseo comienza.
José Ángel Valente

    El poema que acaban de leer, inédito hasta ahora, está incluido en la Poesía completa de José Ángel Valente, editada por su albacea literario Andrés Sánchez Robayna.
    Valente compuso este haiku el 25 de mayo de 2000, dos meses antes de morir:
Cima del canto.
El ruiseñor y tú
ya sois lo mismo.

martes, 15 de junio de 2010

Una hoja sin árbol - Paul Celan - Rumanía-Francia

Sin título - Antoni Tàpies
Una hoja sin arbol
para Bertold Brecht:
¿Qué tiempo es éste
en el que una conversación
es casi un crimen
porque incluye
tantas cosas explícitas?
Versión de José Ángel Valente

lunes, 29 de diciembre de 2008

Cuando puedas - Constantin Cavafis - Egipto-Grecia

Sin título - Lyonel FeiningerY si no puedes hacer tu vida como la quieres,
en esto esfuérzate al menos
cuanto puedas: no la envilezcas
en el contacto excesivo con la gente,
en demasiados trajines y conversaciones.
No la envilezcas llevándola,
trayéndola a menudo y exponiéndola
a la torpeza cotidiana
de las compañías y las relaciones,
hasta que llegue a ser pesada como una extraña.
Versión de José Ángel Valente

sábado, 15 de noviembre de 2008

Hoy andaba debajo de mí mismo... - José Ángel Valente - España

Laguillo - Alberto García AlixHoy andaba debajo de mí mismo
sin saber lo que hacía.

Hoy andaba debajo de la pena
con risa inexplicable.

Hoy andaba debajo de la risa
con todo el llanto a cuestas.

Hoy andaba debajo de las aguas
sin que fuese milagro comparable.

Hoy andaba debajo de la muerte
y no reconocía sus cimientos.

Andaba a la deriva por debajo del cuerpo
confundiendo los dedos con los ojos.

Hoy andaba debajo de mí mismo
sin poder contenerme.

El ángel - José Ángel Valente - España

El ángel de la lectura - Cementerio de Cadaqués
Al amanecer,
cuando la dureza del día es aún extraña
vuelvo a encontrarte en la precisa línea
desde la que la noche retrocede.
Reconozco tu oscura transparencia,
tu rostro no visible,
el ala o filo con el que he luchado.
Estás o vuelves o reapareces
en el extremo límite, señor
de lo indistinto.
No separes
la sombra de la luz que ella ha engendrado.