Chet Baker - Like Someone In Love

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lunes, 2 de septiembre de 2019

Proverbios del infierno - William Blake - Inglaterra


En tiempos de siembra aprende, en tiempos de cosecha enseña
            y en el invierno goza.

Conduce tu carro y tu arado sobre los huesos de los muertos.

La senda del exceso lleva al palacio de la sabiduría.

La prudencia es una fea y rica solterona cortejada por la
                                                                    [incapacidad.

Quien desea y no actúa engendra la plaga.

El gusano cortado perdona al arado.

Sumergid en el río a quien ama el agua.

El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.

Aquel cuyo rostro no irradia luz nunca llegará a estrella.

La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo.

A la atareada abeja no le queda tiempo para la pena.

Las horas de la locura el reloj las mide;
pero ningún reloj puede medir las de la sabiduría.

Ningún alimento sano se atrapa con red ni trampa.

Expone número, peso y medida en año de escasez.

No hay pájaro que vuele demasiado alto si lo hace con sus propias
                                                                                   [alas.

El cuerpo muerto no venga injurias.

El acto más sublime consiste en poner a otro ante ti.

Si el necio persistiera en sus necedades llegaría a sabio.

La necedad es el atuendo de la bellaquería.

La vergüenza es el atuendo del orgullo.

Las prisiones se construyen con piedras de Ley; los lupanares
               con ladrillos de religión.

La altivez del pavo real es la gloria de Dios.

La lujuria del chivo es la liberalidad de Dios.

La cólera del león es la sabiduría de Dios.

La desnudez de la mujer es obra de Dios.

El exceso de pena ríe; el exceso de dicha llora.

El rugir de los leones, el aullido de los lobos, el oleaje furioso del
                                                                      [mar huracanado
            y la espada destructora, son porciones de la eternidad
                                                                    [demasiado grandes
            para que las aprecie el ojo humano.

El zorro condena a la trampa, no a sí mismo.

El júbilo impregna; las penas procrean.

Que el hombre vista la melena del león y la mujer el vellón
                                                                            [de la oveja.

Para el pájaro el nido, para la araña su tela, para el hombre la amistad.

El egoísta y sonriente necio y el necio que frunce malhumorado el ceño han de considerarse sabios, que podrían ser cetros.

Lo que hoy está probado, en su momento era sólo algo imaginado.

La rata, el ratón, el zorro y el conejo vigilan las raíces; el león, el tigre, el caballo
          y el elefante vigilan los frutos.

La cisterna contiene; el manantial rebosa.

Un pensamiento llena la inmensidad.

Presto has de estar para decir lo que piensas, que así el ruin te evitará.

Todo lo que es posible creerse es imagen de la verdad.

Nunca el águila malgastó tanto su tiempo como cuando se avino a
                                                             [aprender del cuervo.

El zorro provee para sí mismo; pero Dios provee para el león.

Piensa por la mañana, actúa a mediodía, come al anochecer y
                                                           [duerme por la noche.

Quien ha sufrido tus imposiciones, te conoce.

Como el arado sigue a las palabras, Dios recompensa las
                                                                           [plegarias.

Los tigres de la ira son más razonables que los caballos de la
                                                                          [instrucción.

Del agua estancada espera veneno.

Nunca sabrás lo que es bastante hasta saber lo que es más
                                                                         [que bastante.

¡Escucha los reproches de los tontos! ¡Forman un título regio!

Los ojos del fuego, las narices del aire, la boca del agua, las barbas
                                                                              [de la tierra.

El débil en coraje es fuerte en astucia.

El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer, tal como el
                                                                                    [león no
                interroga al caballo sobre cómo atrapar la presa.

Quien recibe agradecido da copiosas cosechas.

Si otros no hubiesen sido tontos, tendríamos que serlo nosotros.

El alma de la dulce delicia no puede mancillarse.

Al ver un águila ves una porción de genio. ¡Alza la cabeza!

Tal como la oruga elige las hojas mejores para depositar en ellas
                                                                             [sus huevos,
el sacerdote reserva su anatema para las mejores dichas.

Crear una florecilla es labor de eras.

La condena estimula, la bendición relaja.

El mejor vino es el más añejo; la mejor agua, la más nueva.

¡Las plegarias no aran!

¡Los elogios no cosechan!

Las alegrías no ríen. Las tristezas no lloran.

La cabeza lo Sublime; el corazón, lo patético; los genitales, la
                                                                              [Belleza;
         manos y pies son la Proporción.

Como el aire es al ave o el mar al pez, es el desdén para el
                                                                        [despreciable.

El cuervo quisiera que todo fuese negro; el búho, que todo fuese
                                                                                [blanco.

La exuberancia es belleza.

Si el león recibiese consejos del zorro, sería astuto.

El perfeccionamiento traza caminos rectos; pero los torcidos y sin perfeccionar son los caminos del genio.

Mejor matar a un niño en su cuna que alimentar deseos que no se
                                                              [llevan a la práctica.

Donde no está el hombre, la naturaleza es estéril.

La verdad nunca puede decirse de modo que sea comprendida sin
                                                                            [ser creída.

¡Basta! o demasiado.
Del poema Las bodas del cielo y el infierno
Traducción de Pablo Mañé Garzón
William Blake

Visionario, grabador y poeta, William Blake nació en Londres en 1757 y murió en 1827 en la misma ciudad. Fue el menos contemporáneo de los hombres. En una era neoclásica urdió una mitología personal de divinidades no siempre eufónicas: Orc, Los, Enitharmon. [...]

En una era romántica desdeñó la Naturaleza, que apodó el Universo Vegetal. No salió nunca de Inglaterra, pero recorrió, como Swedenborg, las regiones de los muertos y de los ángeles. Recorrió las llanuras de ardiente arena, los montes de fuego macizo, los árboles del mal y el país de tejidos laberintos. En el verano de 1827 murió cantando. Se detenía a ratos y explicaba ¡Esto no es mío, no es mío! para dar a entender que lo inspiraban los invisibles ángeles. Era fácilmente iracundo.
Creía que el perdón es una flaqueza. Escribió: "El gusano partido en dos perdona al arado". [...]

Cristo enseñó que el hombre se salva por la fe y por la ética; Swedenborg agregó la inteligencia; Blake nos impone tres caminos de salvación: el moral, el intelectual y el estético. Afirmó que el tercero había sido predicado por Cristo, ya que cada parábola es un poema. Como el Buddha, cuya doctrina, de hecho, era ignorada, condenó el ascetismo. En los Proverbios del Infierno leemos: "El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría".
En sus primeros libros el texto y el grabado tienden a ser una unidad. Ilustró admirablemente el Libro de Job, la Comedia dantesca y las poesías de Gray.
La belleza para Blake corresponde al instante en que se encuentran el lector y la obra y es una suerte de unión mística.
Swinburne, Gilchrist, Chesterton y Denis Saurat le han consagrado sendos libros.
William Blake es uno de los hombres más extraños de la literatura. JORGE LUIS BORGES
(Del prólogo a una edición de la Poesía completa de William Blake - Hyspamérica Ediciones Argentina, S. A., 1980, incluida en la colección Biblioteca personal de Jorge Luis Borges.)

sábado, 25 de marzo de 2017

Augurios de Inocencia - William Blake - Inglaterra


A Dios

Si eres tú quien trazó un Círculo a la entrada,
entra tú mismo, a ver cómo te las arreglas.


Augurios de Inocencia

Ver un Mundo en un Grano de Arena
y un Cielo en una Flor Silvestre;
tener el Infinito en la palma de tu mano
y la Eternidad en una hora.

Un Petirrojo en una Jaula
pone furioso a todo el Cielo
Un palomar repleto de Palomas
estremece las regiones del Infierno.

Un perro hambriento a la Puerta de su Amo
predice la ruina de la Hacienda.
Un Caballo maltratado en el Camino
calma al Cielo pidiendo sangre Humana.

Cada grito de la Liebre cazada
rasga una fibra del Cerebro.
Una calandria herida en el ala
y un Querubín depone su canto.

El Gallo entrenado para la Lucha
al Sol Naciente atemoriza.
El aullido de cada Lobo y cada León
Recluta en el infierno un Alma Humana.

Los ciervos que vagan de un lado a otro
mantienen libre de inquietud el Alma Humana.
La oveja maltrata engendra Lucha pública
y perdona no obstante al Cuchillo del Carnicero.

El Murciélago que revuela al Atardecer
ha dejado el Cerebro que no quiere Creer.
El Búho que ulula en la Noche
pronuncia el temor del no Creyente.

Quien haga daño al Reyezuelo
jamás tendrá el afecto de los Hombres.
Quien despierte la cólera del Buey
jamás tendrá el amor de una Mujer.

El Muchacho travieso que a la Mosca derriba
sentirá que la Araña le es hostil.
Quien atormente al duende del Abejorro
un Emparrado teje en la infinita Noche.

La Oruga en la Hoja
repite para ti la pena de tu Madre.
No mates Mariposas ni Polillas,
pues el Juicio Final ya se aproxima.

Quien entrene al Caballo para la Guerra
jamás ha de cruzar la Puerta del Norte.
El Perro del Mendigo y el Gato de la Viuda:
aliméntalos y engordarás.

El Mosquito que canta su canción Estival
consigue su Veneno en la lengua de la Calumnia.
El veneno del Tritón y la Serpiente
es el sudor en el Pie de la Envidia.

El Veneno de la Abeja melífera
son los Celos del Artista.
Los Ropajes del Príncipe y los Andrajos del Mendigo
son Hongos en la Bolsa del Avaro.

Una verdad contada con mala intención
puede con todas las Mentiras que puedas inventar.
Es justo que así sea:
El Hombre fue hecho para la Alegría y la Tristeza,

y cuando esto bien aprendemos
por el Mundo seguro caminamos.
Alegría y Tristeza enlazadas están,
un Ropaje para el Alma divina;

debajo de cada pena y cada anhelo
discurre una alegría con hilo de seda.
El niño es más que mantas y Pañales;
a través de las Tierras de los Hombres.

Las herramientas se hicieron, y las manos nacieron,
es algo que todo granjero comprende.
Cada Lágrima de Cada Ojo
se convierte en un Niño en la Eternidad;

y radiantes Mujeres o recogen
y su propio deleite lo devuelven.
El Balido, el Ladrido, el Grito y el Rugido,
son Olas que Golpean en la Orilla del Cielo.

El Niño que solloza bajo la firme Vara
Venganza escribe en los dominios de la muerte.
Los andrajos del Mendigo, ondeando en el Aire,
a Andrajos reducen el Cielo.

El Soldado, de Espada y Rifle armado,
golpea impotente el Sol de Verano.
El Penique del Pobre vale más
que todo el oro en las costas de África.

Una moneda arrancada de las manos del Labrador
comprará y venderá las Tierras del Avaro,
o si lo protegen desde lo alto
compra y vende la Nación entera.

Quien se burle de la Fe de un Niño
de burlas será objeto en su Vejez y Muerte.
Quien enseñe a un Niño a Dudar
jamás saldrá de su tumba corrupta.

Quien respeta la fe de un Niño
triunfa sobre el Infierno y la Muerte.
Los Juguetes del Niño y las Razones del Viejo
son los frutos de las Dos estaciones.

El interrogador que con astucia siéntase
jamás sabrá cómo responder;
quien responde a palabras de Duda
apaga la Luz del Conocimiento.

El Veneno más Fuerte conocido
vino de la Corona del Laurel del César.
Nada puede deformar la Raza Humana
como la abrazadera de hierro de la Armadura.

Cuando el oro y las Gemas adornen el Arado
la envidia se inclinará ante las Artes pacíficas.
Un Enigma o el Canto del Grillo
es buena Respuesta a la Duda.

La pulgada de la hormiga y la milla del Águila
hacen sonreír a la coja filosofía.
Quien duda de lo que ve
jamás ha de creer, no importa lo que hagas.

Si el Sol y la Luna dudaran,
de inmediato se extinguirían.
Para sentir Pasión el Bien puedes hacer,
mas el bien no harás si la Pasión te habita.

La Puta y el Jugador, por el Estado
autorizados, construyen el Destino de la Nación.
El grito de la Ramera, de Calle a Calle,
ha de tejer el Sudario de la Vieja Inglaterra.

El Grito del Vencedor, la Maldición del Perdedor,
bailan ante la Carroza Fúnebre de la muerta Inglaterra.
Cada Noche y cada Mañana
algunos Nacen a la Miseria.

Cada Mañana y cada Noche
algunos Nacen al dulce deleite.
Algunos Nacen al dulce deleite
algunos Nacen a la Noche sin Fin.

Se nos conduce a Creer una Mentira
cuando no vemos a Través del Ojo,
que Nació en una Noche para morir en una Noche,
cuando el Alma Dormía entre Rayos de Luz.

Dios Aparece y Dios es Luz
a aquellas pobres Almas que habitan en la Noche,
pero Despliega Forma Humana
a aquellos que Habitan los Dominios del día.
Poemas del Manuscrito de Pickering, 1803
Versión de Jordi Doce

miércoles, 15 de febrero de 2017

Fragmento de Las bodas del cielo y el infierno - William Blake - Inglaterra


Proverbios del infierno

En tiempos de siembra aprende, en la cosecha enseña y en 
        el invierno goza.
Conduce carro y arado sobre los huecos de los muertos.
La senda del exceso lleva al palacio de la sabiduría.
La prudencia es una fea y rica solterona cortejada por la
        incapacidad.
Quien desea y no actúa engendra la plaga.
El gusano cortado perdona el arado.
Sumergid en el río a quien ama el agua.
El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.
Aquél cuyo rostro no irradia luz nunca llegará a estrella.
La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo.
A la atareada abeja no le queda tiempo para la pena.
Las horas de la locura el reloj las mide; pero ningún reloj
        puede medir las de la sabiduría.
Ningún alimento sano se atrapa con red ni trampa.
Expone número, peso y medida en año de escasez.
No hay pájaro que vuele demasiado alto si lo hace con sus
        propias alas.
El cuerpo muerto no venga injurias.
El acto más sublime consiste en poner a otro ante ti.
Si el necio persistiera en sus necedades llegaría a sabio.
La necedad es el atuendo de la bellaquería.
La vergüenza es el atuendo del orgullo.
Las prisiones se construyen con piedras de Ley; los lupa-
        nares con ladrillos de religión.
La altivez del pavo real es la gloria de Dios.
La lujuria del chivo es la liberalidad de Dios.
La cólera del león es la sabiduría de Dios.
La desnudez de la mujer es obra de Dios.
El exceso de pena ríe; el exceso de dicha llora.
El rugir de los leones, el aullido de los lobos, el oleaje
        furioso del mar huracanado y la espada destructora
        son porciones de la eternidad demasiado grandes
        para que las aprecie el ojo humano.
El zorro condena a la trampa, no a sí mismo.
El júbilo impregna; las penas procrean.
Que el hombre vista la melena del león y la mujer el
        vellón de la oveja.
Para el pájaro el nido, para la araña su tela, para el hom-
        bre la amistad.
El egoísta y sonriente necio y el necio que frunce malhu-
        morado el ceño han de considerarse sabios, que po-
        drían ser cetros.
Lo que hoy está probado, en su momento era sólo algo
        imaginado.
La rata, el ratón, el zorro y el conejo vigilan las raíces;
        el león, el tigre, el caballo y el elefante vigilan los
        frutos.
La cisterna contiene; el manantial rebosa.
Un pensamiento llena la inmensidad.
Presto has de estar para decir lo que piensas, que así el
        ruin te evitará.
Todo lo que es posible creerse es imagen de la verdad.
Nunca el águila malgastó tanto su tiempo como cuando
        se avino a aprender del cuervo.
El zorro provee para sí mismo; pero Dios provee para
        el león.
Piensa por la mañana, actúa a mediodía, come al anoche-
        cer y duerme por la noche.
Quien ha sufrido tus imposiciones, te conoce.
Como el arado sigue a las palabras, Dios recompensa las
        plegarias.
Los tigres de la ira son más razonables que los caballos
        de la instrucción.
Del agua estancada espera veneno.
No sabrás lo que es bastante hasta saber lo que es más
        que bastante.
¡Escucha los reproches de los tontos! ¡Forman un título
        regio!
Los ojos del fuego, las narices del aire, la boca del agua,
        las barbas de la tierra.
El débil en coraje es fuerte en astucia.
El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer tal
        como el león no interroga al caballo sobre cómo
        atrapar la presa.
Quien recibe agradecido da copiosas cosechas.
Si otros no hubiesen sido tontos, tendríamos que serlo
        nosotros.
El alma de la dulce delicia no puede mancillarse.
Al ver un águila ves una porción de genio. ¡Alza la ca-
        beza!
Tal como la oruga elige las hojas mejores para depositar
        en ellas sus huevos, el sacerdote reserva su anatema
        para las mejores dichas.
Crear una florecilla es labor de eras.
La condena estimula, la bendición relaja.
El mejor vino es el más añejo; la mejor agua, la más
        nueva.
¡Las oraciones no aran!
¡Los elogios no cosechan!
La cabeza es lo Sublime; el corazón, lo Patético; los geni-
        tales, la Belleza; manos y pies son la Proporción.
Como el aire es al ave o el mar al pez es el desdén para
        el despreciable.
El cuervo quisiera que todo fuese negro; el búho, que
        todo fueso blanco.
La exuberancia es belleza.
Si el león recibiese consejos del zorro, sería astuto.
El perfeccionamiento traza caminos rectos; pero los tor-
        cidos y sin perfeccionar son los caminos del genio.
Mejor matar a un niño en su cuna que alimentar deseos
        que no se llevan a la práctica.
Donde no está el hombre, la naturaleza es estéril.
La verdad  nunca puede decirse de modo que sea com-
        prendida sin ser creída.

¡Basta! o demasiado

Los antiguos poetas animaban todos los objetos sensibles
        con dioses o genios. Les prestaban nombres de bos-
        ques, ríos, montañas, lagos, ciudades, naciones y de
        todo lo que sus dilatados
        y numerosos sentidos podían percibir.
Y en particular estudiaban el genio de cada ciudad o país
        y los colocaban bajo el patrocinio de su divinidad
        mental.
Hasta que se formó un sistema del cual algunos se apro-
        vecharon para esclavizar al vulgo pretendiendo com-
        prender o abstraer las divinidades mentales de sus
        objetos. Así comenzó el sacerdocio.
Que escogió formas de culto tomándolas de cuentos
        poéticos.
Hasta que por fin sentenciaron que eran los dioses quie-
        nes habían ordenado aquello.
Así los hombres olvidaron que todas las deidades residen
        en el pecho humano.
Traducción de Pablo Mañé Garzón

jueves, 17 de marzo de 2016

El tigre poético// El tigre - William Blake - Inglaterra / El oro de los tigres - El otro tigre - Jorge Luis Borges - Argentina / El tigre y yo, durmiendo juntos - Georgina Herrera - Cuba / El tigre - Otros tigres - Eduardo Lizalde - México / El tigre - Pablo Neruda - Chile / Un poema con tigre - Víctor Rodríguez Núñez - Cuba

The Tiger

Tiger, tiger, burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?

In what distant deeps or skies
Burnt the fire of thine eyes?
On what wings dare he aspire?
What the hand dare seize the fire?

And what shoulder and what art
Could twist the sinews of thy heart?
And when thy heart began to beat,
What dread hand and what dread feet?

What the hammer? what the chain?
In what furnace was thy brain?
What the anvil? What dread grasp
Dare its deadly terrors clasp?

When the stars threw down their spears,
And water'd heaven with their tears,
Did He smile His work to see?
Did He who made the lamb make thee?

Tiger, tiger, burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Dare frame thy fearful symmetry?


El tigre

Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?

¿En qué profundidades distantes,
en qué cielos ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Qué mano osó tomar ese fuego?

¿Y qué hombro, y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
Y al comenzar los latidos de tu corazón,
¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?

¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque?
¿Qué tremendas garras osaron
sus mortales terrores dominar?

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?
¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?

Tigre, tigre, que te enciendes en luz,
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
osó idear tu terrible simetría?
Traducción de Pablo Mañé Garzón

El oro de los tigres

Hasta la hora del ocaso amarillo
cuántas veces habré mirado
al poderoso tigre de Bengala
ir y venir por el predestinado camino
detrás de los barrotes de hierro,
sin sospechar que eran su cárcel.
Después vendrían otros tigres,
el tigre de fuego de Blake;
después vendrían otros oros,
el metal amoroso que era Zeus,
el anillo que cada nueve noches
engendra nueve anillos y éstos, nueve,
y no hay un fin.
Con los años fueron dejándome
los otros hermosos colores
y ahora sólo me quedan
la vaga luz, la inextricable sombra
y el oro del principio.
Oh ponientes, oh tigres, oh fulgores
del mito y de la épica,
oh un oro más precioso, tu cabello
que ansían estas manos.


El otro tigre

Pienso en un tigre. La penumbra exalta
la vasta Biblioteca laboriosa
y parece alejar los anaqueles;
fuerte, inocente, ensangrentado y nuevo,
él irá por su selva y su mañana
y marcará su rastro en la limosa
margen de un río cuyo nombre ignora
(en su mundo no hay nombres ni pasado
ni porvenir, sólo un instante cierto.)
Y salvará las bárbaras distancias
y husmeará en el trenzado laberinto
de los olores el olor del alba
y el olor deleitable del venado.
Entre las rayas del bambú descifro
sus rayas y presiento la osatura
bajo la piel espléndida que vibra.
En vano se interponen los convexos
mares y los desiertos del planeta;
desde esta casa de un remoto puerto
de América del Sur, te sigo y sueño,
oh tigre de las márgenes del Ganges.
Cunde la tarde en mi alma y reflexiono
que el tigre vocativo de mi verso
es un tigre de símbolos y sombras,
una serie de tropos literarios
y de memorias de la enciclopedia
y no el tigre fatal, la aciaga joya
que, bajo el sol o la diversa luna,
va cumpliendo en Sumatra o en Bengala
su rutina de amor, de ocio y de muerte.
Al tigre de los simbolos he opuesto
el verdadero, el de caliente sangre,
el que diezma la tribu de los búfalos
y hoy, 3 de agosto del 59,
alarga en la pradera una pausada
sombra, pero ya el hecho de nombrarlo
y de conjeturar su circunstancia
lo hace ficción del arte y no criatura
viviente de las que andan por la tierra.

Un tercer tigre buscaremos. Éste
será como los otros una forma
de mi sueño, un sistema de palabras
humanas y no el tigre vertebrado
que, más allá de las mitologías,
pisa la tierra. Bien lo sé, pero algo
me impone esta aventura indefinida,
insensata y antigua, y persevero
en buscar por el tiempo de la tarde
el otro tigre, el que no está en el verso.

El tigre y yo, durmiendo juntos

El tigre tuvo sueño,
se echa junto a mí, se duerme
como un regalo inusitado; tiendo
la mano y lo acaricio.
Dichosa es esta mano que se pierde
entre el dibujo de su piel.
El tigre es tibio y manso. Pego
mi oído a su corazón.
Apenas late. Cómo
puede ser tan pausado
El corazón del tigre?

Entre él y yo no hay selva,
tempestad ni miedo,
ninguna distancia nos separa.
Respira suave; huele
cerezas el aliento
de este animal que amo y cuido.

Se mueve ahora; vuélvese
al otro lado, no despierta,
pero temo
que el sueño acabe.
No el del tigre, el mío.

El tigre

Hay un tigre en la casa
que desgarra por dentro al que lo mira.
Y sólo tiene zarpas para el que lo espía,
y sólo puede herir por dentro,
y es enorme:
más largo y más pesado
que otros gatos gordos
y carniceros pestíferos
de su especie,
y pierde la cabeza con facilidad,
huele la sangre aun a través del vidrio,
percibe el miedo desde la cocina
y a pesar de las puertas más robustas.

Suele crecer de noche:
coloca su cabeza de tiranosaurio
en una cama
y el hocico le cuelga
más allá de las colchas.
Su lomo, entonces, se aprieta en el pasillo,
de muro a muro,
y sólo alcanzo el baño a rastras, contra el techo,
como a través de un túnel
de lodo y miel.
No miro nunca la colmena solar,
los renegridos panales del crimen
de sus ojos,
los crisoles de saliva emponzoñada
de sus fauces.

Ni siquiera lo huelo,
para que no me mate.

Pero sé claramente
que hay un inmenso tigre encerrado

en todo esto.


Otros tigres

El tigre ya está ahí
Blake lo sabía.
Se oyen sus pasos fuertes en la grama o la alfombra.
No hay nada que agregarle.
Es más que la literatura.
Su estampa queda grande a toda poética desdicha.
No admite glosa alguna,
no puede ser pintado sino como es,
y no hay fotografía que lo encarcele.
No hay variantes poéticas del tigre.
Sólo tigre es el tigre.

El tigre

Soy el tigre.
Te acecho entre las hojas
anchas como lingotes
de mineral mojado.

El río blanco crece
bajo la niebla. Llegas.

Desnuda te sumerges.
Espero.

Entonces en un salto
de fuego, sangre, dientes,
de un zarpazo derribo
tu pecho, tus caderas.

Bebo tu sangre, rompo
tus miembros uno a uno.

Y me quedo velando
por años en la selva
tus huesos, tu ceniza,
inmóvil,
lejos del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil en la lluvia,
centinela implacable
de mi amor asesino.

Un poema con tigre
Para  Alex Fleites
Me persigue el tigre de Blake
el oro de su piel
                         el fragor de su impaciencia

Ayer
          mientras llovía
asaltó una reunión de mi comité de base
y no quedó un papel en su sitio
-lo siento por las actas
                                    yo las hago
Se bebió los ojos de un amigo
y de un zarpazo dejó desnuda a Esther
-precisamente a Esther-
y sus pechos de madera bendita
temblaron en el aire
con olor a naranjas que presienten el fuego

Me persigue el tigre de Blake
su poderosa respiración de astro
el ardor de sus garras

No terminaré nunca este poema