Chet Baker - Like Someone In Love

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martes, 10 de enero de 2017

Fragmento de Peer Gynt - Henrik Ibsen - Noruega


ACTO CUARTO

ESCENA DÉCIMA

Día de verano del Norte. Cabaña en el bosque. Puerta abierta con gran cerradura de madera. Sobre la puerta, las astas de un reno; varias cabras junto a un muro de la cabaña.


Una mujer de edad mediana, rubia y bonita, permanece sentada al sol, hilando.

LA MUJER. - (Mira hacia el camino y canta.)

Pasarán, quizá, el invierno y la primavera,
y el próximo verano, y todo el año;
pero estoy segura de que llegarás algún día,
y esperaré, conforme prometí a última hora.

(Llama a las cabras, vuelve a hilar y sigue cantando.)

¡Dios te guarde, donde quiera que estés!
Dios te colme de dicha si estás sobre su trono.
Aquí te esperaré hasta que retornes,
y si me aguardas allá arriba, ¡allá nos encontraremos, amado                                                                                 [mío!*
Traducción de J. Álvarez
Henrik Ibsen
* Kanske vil der gå både Vinter og Vår,
og næste Sommer med, og det hele År,
men engang vil du komme, det ved jeg vist,
og jeg skal nok vente, for det lovte jeg sidst.

Gud styrke dig, hvor du i Verden går,
Gud glæde dig, hvis du for hans Fodskammel står.
Her skal jeg vente til du kommer igjen;
og venter du hist oppe, vi træffes der, min Ven!


Solveig, la Penélope escandinava. La música de Grieg

Como la Penélope de La Odisea de Homero, Solveig espera la vuelta de su amado Peer, aunque pase la primavera y después el verano, porque estoy segura de que llegarás algún día, y esperaré, conforme prometí a última hora. Solveig y Aase (madre de Peer) son los dos personajes femeninos positivos de la obra. Las otras muchachas, Anitra o Ingrid son seducidas fácilmente por el pícaro Peer. Sin embargo, la sincera y hermosa Solveig lo conquista con su dulzura y, como Penélope, será ella quien lo espere, quizás eternamente, a que vuelva de su propia Odisea. 

Podríamos decir, sin faltar a la verdad, que Ibsen forma parte de la "Trinidad" de artistas noruegos reconocidos y admirados en todo el mundo, junto con el pintor Edvard Munch y el músico Edvard Grieg. Este último, amigo de Ibsen, compuso entre 1874 y 1875, a petición del propio Ibsen, una versión musical de Peer Gynt con 23 números musicales intercalados en la obra (música incidental), cuyo estreno tuvo lugar el 24 de febrero de 1876 en Christiania (Oslo). 
En 1888, seleccionó cuatro de las piezas con las que formó una suite de concierto y en 1891-1892 creó una segunda parte a partir de otras cuatro piezas. En ambos grupos las piezas están dispuestas en el orden en que Grieg creía que mejor convenía al sentido musical, en vez de en el orden en el que se insertan en el curso de la obra. La sensual Danza de Anitra, el acompañamiento de la cuerda con sordina de la Muerte de Aase y el frenesí creciente de En la gruta del rey de la montaña han hecho que la primera suite sea más popular que la segunda, pero la melancolía de la Canción de Solveig, con que se cierra la segunda suite, es probablemente la pieza más típicamente "griegiana" de las ocho. Su melodía ha sido utilizada en bandas sonoras de películas e interpretada por multitud de cantantes.

La canción de Solveig (Peer Gynt, Segunda Suite) - Edvard Grieg
Sissel KyrkjebØ: soprano noruega

Palabras de Jorge Luis Borges sobre Ibsen y su Peer Gynt:

El más ilustre de los evangelistas de Ibsen, George Bernard Shaw, dijo en su Quintessence of Ibsenism que es absurdo preguntarle a un autor una explicación de su obra, ya que esta explicación bien puede ser lo que la obra buscaba. La invención de la fábula precede a la comprensión de su moraleja. En el caso de Ibsen, las invenciones nos importan más que las tesis. Tal no fue el caso cuando se estrenaron sus obras. Gracias a Ibsen, la tesis de que una mujer tiene derecho a vivir su propia vida es ahora lugar común. En 1879, era escandalosa. [...]

Peer Gynt es, a mi parecer, la obra maestra de su autor y una de las obras maestras de la literatura. Todo en ella es fantástico, salvo la convicción que despierta. Peer Gynt es el más irresponsable y el más querible de los canallas. La ilusión del yo lo domina. Aspira, escarnecido y roto, al alto título de Emperador de Sí Mismo; en un manicomio de El Cairo, los dementes lo coronan así, postrado en el polvo. Algo de pesadilla y algo de cuento de hadas hay en Peer Gynt. Con horror o con gratitud recibimos las extremadas aventuras y la cambiante geografía que proponen sus páginas. Alguien ha conjeturado que la conmovedora escena final ocurre después de la muerte del héroe, en el otro mundo. [...]

Henrik Ibsen es de mañana y de hoy. Sin su gran sombra el teatro que lo sigue es inconcebible.
Jorge Luis Borges