Chet Baker - Like Someone In Love

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domingo, 4 de marzo de 2018

Lluvias // La lluvia - Jorge Luis Borges - Argentina / Llueve - Pablo Neruda - Chile / Los paragüas de Buenos Aires - Horacio Ferrer - Uruguay-Argentina / Lluvia - Federico García Lorca - España / Balada de otoño - Antonio Machado-Joan Manuel Serrat - España / Maldije la lluvia - Wu King - China / Lluvia - Juan Gelman - Argentina


La Lluvia

Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto

Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto

Llueve

Llueve
sobre la arena, sobre el techo
el tema
de la lluvia:
las largas eles de la lluvia lenta
caen sobre las páginas
de mi amor sempiterno,
la sal de cada día:
regresa lluvia a tu nido anterior,
vuelve con tus agujas al pasado:
hoy quiero el espacio blanco,
el tiempo de papel para una rama
de rosal verde y de rosas doradas:
algo de la infinita primavera
que hoy esperaba, con el cielo abierto
y el papel esperaba,
cuando volvió la lluvia
a tocar tristemente
la ventana,
luego a bailar con furia desmedida
sobre mi corazón y sobre el techo,
reclamando
su sitio,
pidiéndome una copa
para llenarla una vez más de agujas,
de tiempo transparente,
de lágrimas.


Los paraguas de Buenos Aires

Está lloviendo en Buenos Aires, llueve,
y en los que vuelven a sus casas, pienso,
y en la función de los teatritos pobres
y en los fruteros que a lluvia besan.

Pensando en quienes ni paraguas tienen,
siento que el mío para arriba tira.
"No ha sido el viento, si no hay viento", digo,
cuando de pronto mi paraguas vuela.

Y cruza lluvias de hace mucho tiempo:
la que al final mojó tu cara triste,
la que alegró el primer abrazo nuestro,
la que llovió sin conocernos, antes.

Y desandamos tantas lluvias, tantas,
que el agua está recién nacida, ¡vamos!,
que está lloviendo para arriba, llueve,
y con los dos nuestro paraguas sube.

A tanta altura va, querida mía,
camino de un desaforado cielo
donde la lluvia en sus orillas tiene
y está el principio de los días claros.

Tan alta, el agua nos disuelve juntos
y nos convierte en uno solo, uno,
y solo uno para siempre, siempre,
en uno solo, solo, solo pienso.

Pienso en quien vuelve hacia su casa
y en la alegría del frutero
y, en fin, lloviendo en Buenos Aires sigue,
yo no he traído ni paraguas, llueve, llueve.


Lluvia

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!
Balada de otoño (Antonio Machado) - Joan Manuel Serrat


Maldije la lluvia

Maldije la lluvia, que, azotando mi techo
no me deja dormir

Maldije al viento, que me robaba las flores de
mis jardines.
Pero tu llegaste y alabé la lluvia. La alabé
cuando te quitaste la túnica empapada.
Pero tu llegaste y alabé al viento.
Lo alabé porque apagó la lámpara.


Lluvia

Hoy llueve mucho, mucho,
y pareciera que están lavando el mundo
mi vecino de al lado mira la lluvia
y piensa escribir una carta de amor
una carta a la mujer que vive con él
y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él
y se parece a su sombra
mi vecino nunca le dice palabras de amor a la mujer
entra a la casa por la ventana y no por la puerta
por una puerta se entra a muchos sitios
al trabajo, al cuartel, a la cárcel,
a todos los edificios del mundo
pero no al mundo
ni a una mujer
ni al alma
es decir
a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así
como hoy
que llueve mucho
y me cuesta escribir la palabra amor
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa
y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran
y cuándo
y cómo
pero el alma qué puede explicar
por eso mi vecino tiene tormentas en la boca
palabras que naufragan
palabras que no saben que hay sol porque nacen y
mueren la misma noche en que amó
y dejan cartas en el pensamiento que él nunca
escribirá
como el silencio que hay entre dos rosas
o como yo
que escribo palabras para volver
a mi vecino que mira la lluvia
a la lluvia
a mi corazón desterrado
Juan Gelman

A sugerencia de Gatopardo incluiremos la extraordinaria versión que Bill Evans hizo del bolero Esta tarde vi llover, de Armando Manzanero:
Yesterday I Heard the Rain (Esta tarde vi llover) (Armando Manzanero) - Bill Evans

miércoles, 9 de septiembre de 2015

De árbol a árbol - Mario Benedetti / Joan Manuel Serrat - Uruguay / España

Ilustración de Javier Zabala para 'Árboles', de Mario Benedetti

a Ambrosio y Silvia
Seguro que los diarios
no lo preguntarán
¿los árboles serán
acaso solidarios?

¿Digamos el olivo de Jaén
con el terco quebracho de Entre Ríos?
¿O el triste sauce de Tacuarembó
con el castaño de Campos Elíseos?

¿Qué se revelarán de árbol a árbol?
¿Desde Westfalia avisará la encina
al demacrado alerce del Tirol
que administre mejor su trementina?

Seguro que los diarios
no lo preguntarán
¿los árboles serán
acaso solidarios?

¿Se sentirá el ombú en su pampa húmeda
un hermano de la ceiba antillana?
¿Los de ese bosque y los de aquel jardín
permutarán insectos y hojarasca?

¿Se dirán copa a copa que aquel muérdago
otrora tan sagrado entre los galos
usaba chupadores de corteza
como el menos cordial de los parásitos?

Seguro que los diarios
no lo preguntarán
¿los árboles serán
acaso solidarios?

¿Sabrán por fin los cedros libaneses
que su voraz y sádico enemigo
no es el ébano gris de Camerún
ni el arrayán bastardo ni el morisco

ni la palma lineal de Camagüey
sino las hachas de los leñadores
la sierra de las grandes madereras
el rayo como látigo en la noche?
Joan Manuel Serrat - De árbol a árbol (canción incluída en el álbum El Sur también existe, 1985)

sábado, 27 de diciembre de 2014

Canciones - Luis García Montero - España


Nube negra (Luis García Montero - Joaquín Sabina, Pancho Varona y Antonio García de Diego)

Cuando busco el verano en un sueño vacío,
cuando te quema el frío si me coges la mano,
cuando la luz cansada tiene sombras de ayer,
cuando el amanecer es otra noche helada,

cuando juego mi suerte al verso que no escribo,
cuando sólo recibo noticias de la muerte,
cuando corta la espada de lo que ya no existe,
cuando deshojo el triste racimo de la nada.

Sólo puedo pedirte que me esperes
al otro lado de la nube negra,
allá donde no quedan mercaderes
que venden soledades de ginebra.

Al otro lado de los apagones,
al otro lado de la luna en quiebra,
allá donde se escriben las canciones
con humo blanco de la nube negra.

Cuando siento piedad por sentir lo que siento,
cuando no sopla el viento en ninguna ciudad,
cuando ya no se ama ni lo que se celebra,
cuando la nube negra se acomoda en mi cama,

cuando despierto y voto por el miedo de hoy,
cuando soy lo que soy en un espejo roto,
cuando cierro la casa porque me siento herido,
cuando es tiempo perdido preguntarme qué pasa.

Nube negra, del álbum Alivio de luto, 2005 - Joaquín Sabina


Nombres impropios (Luis García Montero - Joaquín Sabina, Pancho Varona y Antonio García de Diego)

No se puede afirmar
que me engañaba cuando me mentía.
Se llamaba Osadía
y desde el primer día
tuvo la cobardía de avisar.

Quien tiene siete vidas
y dos ojos de gata callejera
no se va con cualquiera.
De su noche se espera
un broche de promesas incumplidas.

Mejor no equivocarse,
no me pidas jamás lo que no doy,
ya sabes cómo soy
y si quieres me voy
dijo cuando acabó de desnudarse.

Ya ves,
llegar a fin de mes,
no era con ella asunto de dinero.
Se trataba más bien de merecer
un tren de pasajeros,
el tsunami de un mar hecho mujer,
dispuesto en cada ola a renacer.
Se llamaba Herejía,
cómo voy a saber
si me engañaba cuando me mentía.

Maestra en confundir
al diablo y al rey de los altares,
me citaba en los bares
con fuegos malabares
y luego se olvidaba de acudir.

La mañana y la tarde,
qué vaivén entre alarde y agonía,
todo lo confundía
su swing, porque sabía
mirar como un crepúsculo que arde.

Callada por respuesta
cuando jugué al dolor de corazón.
Su boca era un buzón de voz sin compasión
dormido hasta la hora de la siesta.

Ya ves,
llegar a fin de mes
no era con ella asunto de intendencia.
Se trataba más bien de comprender
la pura impertinencia
del sol cuando se cansa de asombrar,
del mostrador a la hora de cerrar.
Se llamaba Ironía
y no puedo jurar
que me engañaba cuando me mentía.

Ya ves,
llegar a fin de mes
no era firmar un parte de sucesos,
se trataba más bien de envejecer
huérfano de sus besos,
con fantasmas que aprenden a
crecer,
abrazos que se mueren por volver.
Se llamaba Utopía,
me gusta imaginar
que me engañó cuando se despedía.
que me engañó cuando se despedía.

Nombres impropios, del álbum Vinagre y rosas, 2009 - Joaquín Sabina


Señor de la noche (Luis García Montero - Joan Manuel Serrat)

Señor compañero,
Señor de la noche,
haz que vuelva su rostro
quien no quiso mirarme.
Que sus ojos me busquen

sostenidos y azules
por detrás de la barra.
Que pregunte mi nombre
y se acerque despacio
a pedirme tabaco.

Señor de la noche,
dios de la barra,
ángel del sí,
sota de copas,
flor del pecado:
reza por mí.
Reza por mí.
Reza por mí.
Reza por mí.

Si prefiere quedarse,
haz que todos se vayan
y este bar se despueble
para dejarnos solos
con la canción más lenta.

Si decide marcharse,
que la luna disponga
su luz en nuestro beso
y que las calles sepan
también dejarnos solos.

Haz que no cante el gallo
sobre los edificios,
que se retrase el día
y que duren tus sombras
el tiempo necesario.

Señor de la noche,
rey de los forajidos,
llévame a los jardines
de la dulce serpiente
y los sueños cumplidos.

Haz que vuelva su rostro
quien no quiso mirarme.
Que sus ojos me busquen
sostenidos y azules
por detrás de la barra.
Que pregunte mi nombre
y se acerque despacio
a pedirme tabaco.

Señor de la noche, del álbum Versos en la boca, 2002 - Joan Manuel Serrat

Luis García Montero

jueves, 20 de marzo de 2014

Em dius que el nostre amor / El vell - Joan Vergès - España


Em dius que el nostre amor

Em dius que el nostre amor
va ser com un infant;
que dónes el teu cor
als dies que vindran,
perdut i sense nord,
mirall de coses belles.
Em dius que el nostre amor
s'acaba a les estrelles.

Em dius que el nostre amor
només era el primer,
que un altre braç més fort
t'abraçarà més bé.
A punt de ser record,
claror de flor collida,
em dius que el nostre amor
no sap trobar la vida.

Em dius que plori
si vull plorar?
Em dius que mori
fins a demà?
No pots comprendre
com el dolor
dura per sempre
si es fa cançó.

Em dius que el nostre amor
era un ocell ferit:
tremola en el teu cor,
somia en el meu pit.
Amiga de la mort,
camí de vela blanca,
la llum del nostre amor
és una flor que es tanca.


Me dices que nuestro amor

Me dices que nuestro amor
fue como un niño;
que das tu corazón
a los días que vendrán,
perdido y sin norte,
espejo de cosas bellas.
Me dices que nuestro amor
acaba en las estrellas.

Me dices que nuestro amor
sólo era el primero,
que otro brazo más fuerte
te abrazará mejor.
A punto de ser recuerdo,
claridad de flor cogida,
me dices que nuestro amor
no sabe encontrar la vida.

¿Me dices que llore,
si quiero llorar?
¿me dices que muera
hasta mañana?
No puedes comprender
cómo el dolor
dura para siempre
si se hace canción.

Me dices que nuestro amor
era un pájaro herido:
tiembla en tu corazón,
sueña en mi pecho.
Amiga de la muerte,
camino de vela blanca,
la luz de nuestro amor
es una flor que se cierra.

Em dius que el nostre amor (J. Vergès - T. Soler) - Maria del Mar Bonet 
Guitarra y segunda voz: Borja Penalba

El vell

Fa temps que estic afònic
i em surt aquesta veu
feble com un alè
i parlo a batzegades fatigoses.
Faig bullir a l'estufeta
herbes medicinals
receptes d'herbolari
que es tornen aire pur
quan enyoro els teus ulls
i la pau de l'atzur
al racó de la meva malura.



Fa temps que em canso
he tret dels mals endreços
records i ombres fidels
i surto a prendre el sol
de la plaça tranquil·la.



Si aquesta lletra et sembla poc florida
no hi vegis cap senyal
de poc amor
t'escric en sabatilles
i ja no em queda honor
i em perdo per obscures melangies.


El viejo

Hace tiempo que estoy afónico
y me sale esta voz
débil como un aliento
y hablo a fatigosas sacudidas.
Hago hervir en el hornillo
hierbas medicinales
recetas de herbolario
que se convierten en aire puro
pero añoro tus ojos
y la paz del azul
en el rincón de mi enfermedad.

Me canso desde hace tiempo
he rescatado del desván
recuerdos y sombras fieles
y salgo a tomar el sol
de la plaza tranquila.

Si esta carta te parece poco florida
no creas que es señal
de poco amor
te escribo en zapatillas
ya no me queda honor
y me pierdo en oscuras melancolías
Joan Vergès

El vell (J. Vergès - J. M. Serrat / A. Ros-Marbà) - Joan Manuel Serrat

    El poeta Joan Vergès, médico cirujano de profesión, homeópata y psiquiatra, falleció el 24 de febrero en Barcelona, a punto de cunplir 86 años. Descanse.
    Tal vez no haya sido suficientemente valorado, pero es uno de los poetas que más han musicado los artistas catalanes: Toti Soler, Maria del Mar Bonet, Quimi Portet, Ovidi Montllor, Joan Manuel Serrat... han cantado a Vergès.
    Tuvo la ocurrencia de morirse el mismo día en que la Institució de les Lletres Catalanes le había organizado un homenaje. Estos poetas...

viernes, 26 de marzo de 2010

Hijo de la luz y de la sombra - Miguel Hernández - España

Dibujo y dedicatoria de Antonio Buero Vallejo - 'Para Miguel Hernández, en recuerdo de nuestra amistad de la cárcel - Antonio Buero'I

( Hijo de la sombra )

Eres la noche, esposa: la noche en el instante
mayor de su potencia lunar y femenina.
Eres la medianoche: la sombra culminante
donde culmina el sueño, donde el amor culmina.

Forjado por el día, mi corazón que quema
lleva su gran pisada del sol adonde quieres,
con un sólido impulso, con una luz suprema,
cumbre de las montañas y los atardeceres.

Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje
su avaricioso anhelo de imán y poderío.
Un astral sentimiento febril me sobrecoge,
incendia mi osamenta con un escalofrío.

El aire de la noche desordena tus pechos,
y desordena y vuelca los cuerpos con su choque.
Como una tempestad de enloquecidos lechos,
eclipsa las parejas, las hace un solo bloque.

La noche se ha encendido como una sorda hoguera
de llamas minerales y oscuras embestidas.
Y alrededor la sombra late como si fuera
las almas de los pozos y el vino difundidas.

Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente,
la visible ceguera puesta sobre quien ama;
ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente,
ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.

La sombra pide, exige seres que se entrelacen,
besos que la constelen de relámpagos largos,
bocas embravecidas, batidas, que atenacen,
arrullos que hagan música de sus mudos letargos.

Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta,
tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida.
Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta,
con todo el firmamento, la tierra estremecida.

El hijo está en la sombra que acumula luceros,
amor, tuétano, luna, claras oscuridades.
Brota de sus perezas y de sus agujeros,
y de sus solitarias y apagadas ciudades.

El hijo está en la sombra: de la sombra ha surtido,
y a su origen infunden los astros una siembra,
un zumo lácteo, un flujo de cálido latido,
que ha de obligar sus huesos al sueño y a la hembra.

Moviendo está la sombra sus fuerzas siderales,
tendiendo está la sombra su constelada umbría,
volcando las parejas y haciéndolas nupciales.
Tú eres la noche, esposa. Yo soy el mediodía.

II

( Hijo de la luz )

Tú eres el alba, esposa: la principal penumbra,
recibes entornadas las horas de tu frente.
Decidido al fulgor, pero entornado, alumbra
tu cuerpo. Tus entrañas forjan el sol naciente.

Centro de claridades, la gran hora te espera
en el umbral de un fuego que al fuego mismo abrasa:
te espero yo, inclinado como el trigo a la era,
colocando en el centro de la luz nuestra casa.

La noche desprendida de los pozos oscuros,
se sumerge en los pozos donde ha echado raíces.
Y tú te abres al parto luminoso, entre muros
que se rasgan contigo como pétreas matrices.

La gran hora del parto, la más rotunda hora:
estallan los relojes sintiendo tu alarido,
se abren todas las puertas del mundo, de la aurora,
y el sol nace en tu vientre, donde encontró su nido.

El hijo fue primero sombra y ropa cosida
por tu corazón hondo desde tus hondas manos.
Con sombras y con ropas anticipó su vida,
con sombras y con ropas de gérmenes humanos.

Las sombras y las ropas sin población, desiertas,
se han poblado de un niño sonoro, un movimiento,
que en nuestra casa pone de par en par las puertas,
Y ocupa en ella a gritos el luminoso asiento.

¡Ay, la vida: qué hermoso penar tan moribundo!
Sombras y ropas trajo la del hijo que nombras.
Sombras y ropas llevan los hombres por el mundo.
Y todos dejan siempre sombras: ropas y sombras.

Hijo del alba eres, hijo del mediodía.
Y ha de quedar de ti luces en todo impuestas,
mientras tu madre y yo vamos a la agonía,
dormidos y despiertos con el amor a cuestas.

Hablo, y el corazón me sale en el aliento.
Si no hablara lo mucho que quiero me ahogaría.
Con espliego y resinas perfumo tu aposento.
Tú eres el alba, esposa. Yo soy el mediodía.

III

( Hijo de la luz y la sombra )

Tejidos en el alba, grabados, dos panales
no pueden detener la miel en los pezones.
Tus pechos en el alba: maternos manantiales,
luchan y se atropellan con blancas efusiones.

Se han desbordado, esposa, lunarmente tus venas,
hasta inundar la casa que tu sabor rezuma.
Y es como si brotaras de un pueblo de colmenas,
tú toda una colmena de leche con espuma.

Es como si tu sangre fuera dulzura toda,
laboriosas abejas filtradas por tus poros.
Oigo un clamor de leche, de inundación, de boda
junto a ti, recorrida por caudales sonoros.

Caudalosa mujer: en tu vientre me entierro.
Tu caudaloso vientre será mi sepultura.
Si quemaran mis huesos con la llama del hierro,
verían que grabada llevo allí tu figura.

Para siempre fundidos en el hijo quedamos:
fundidos como anhelan nuestras ansias voraces:
en un ramo de tiempo, de sangre, los dos ramos,
en un haz de caricias, de pelo, los dos haces.

Los muertos, con un fuego congelado que abrasa,
laten junto a los vivos de una manera terca.
Viene a ocupar el hijo los campos y la casa
que tú y yo abandonamos quedándonos muy cerca.

Haremos de este hijo generador sustento,
y hará de nuestra carne materia decisiva
donde asienten su alma, las manos y el aliento,
las hélices circulen, la agricultura viva.

Él hará que esta vida no caiga derribada,
pedazo desprendido de nuestros dos pedazos,
que de nuestras dos bocas hará una sola espada
y dos brazos eternos de nuestros cuatro brazos.

No te quiero en ti sola: te quiero en tu ascendencia
y en cuanto de tu vientre descenderá mañana.
Porque la especie humana me han dado por herencia,
la familia del hijo será la especie humana.

Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,
seguiremos besándonos en el hijo profundo.
Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,
se besan los primeros pobladores del mundo.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Defensa de la alegría - Mario Benedetti - Joan Manuel Serrat - Uruguay - España

Sin título - Joan MiróDefender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar

y también de la alegría

Mario Benedetti



Ojo, esto no tiene nada que ver con la asquerosa utilización propagandística que del poema de Benedetti hicieron en un su día el Gobierno y sus corifeos, entre los que por cierto se encontraba, ay, el amigo Joan Manuel. Contradicciones...

lunes, 18 de mayo de 2009

Papel mojado - Mario Benedetti - Tania Libertad - Joan Manuel Serrat - Uruguay - Perú - España


Tania Libertad canta con Joan Manuel Serrat la cancion Papel Mojado del disco La Vida, ese paréntesis, letra de Mario Benedetti y música de Victor Merino.

domingo, 22 de febrero de 2009

Las moscas - Antonio Machado - J. M. Serrat - Alberto Cortez - España - Argentina

Antonio Machado
Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.

¡Oh viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!

¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!

Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,
—que todo es volar—, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales...
Moscas de todas las horas,
de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,
de siempre... Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado
sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.

Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas
Dedicado a los enseñantes. Perdón, quise decir a los maestros