un bar donde esconder la madrugada,
volverla del revés, como ese viejo
abrigo que la moda, despistada,
rescató del olvido. El ron añejo
lleva en notas precisas la mirada
de Chet, Lester y Billie, con un dejo
de tiniebla en la voz sobrecargada.
Y sé de un noble capitán de barra,
navegante en los mares de la farra,
que entrega el corazón y no se rinde
a la fatalidad. Seguid su estela:
el tacto de una copa nos desvela
los vagos sueños que la noche escinde.






