Chet Baker - Like Someone In Love

jueves, 13 de julio de 2017

Fragmento de El don de Vorace - Félix Francisco Casanova - España


Según las anotaciones en su diario íntimo, Casanova tardó cuarenta y cuatro días en escribir la novela El don de Vorace: entre el 9 de junio y el 23 de julio de 1974. Tenía 17 años.


Capítulo 1

De repente me encuentro de pie, temblando intento asirme a la cómoda, pero ya no hay cómoda sino un pequeño taburete con frascos medicinales. Atrapo uno que tiene forma de botella y lo alzo hasta mis ojos, pero no consigo unir más de dos sílabas. ¡Rayos, esto es indescifrable! [...] Con tenaz esfuerzo devuelvo el frasco al taburete y noto estar erguido, sin apoyarme en objeto alguno. [...] Es preciso saber cuánto tiempo he delirado en ese horrible camastro, así es que acudo a la última página escrita. Una fecha: 2-diciembre y, con letra que cualquier grafólogo calificaría de melancólica y pesimista, leo: "Hoy es mi último día con vida (ojalá). Esta noche bajaré el telón... El demonio quiera que no se vuelva a subir". Luego vienen toda clase de detalles sobre el revólver con que me ejecuté y algunas estrofas sarcásticas referidas a lo que en realidad ha ocurrido y que ya intuía con cierta seguridad. Más adelante, una serie de recuerdos mal hilvanados, mis libros, padres, infancia... Un beso final para Marta y la firma completa, con letra de molde: BERNARDO VORACE MARTÍN.

No puedo por menos que carcajearme de este nuevo intento fallido o llorar como sólo yo he llorado. Opto por enmudecer los pensamientos y andar sonámbulo. El demonio alzó el telón.
Debo destruir a todos los que conocen mis flaquezas, todo vestigio con el pasado. Bañándome en el mar en calma bajo la luna. Borrar de la faz de la vida a cuantos conocen mis imperfecciones, testigos de mis anteriores torpezas humanas. Recomenzar.


Del prólogo de Fernando Aramburu, reciente autor de Patria, novela aclamada por lectores y crítica

Se advierte en Casanova la gracia, el desparpajo, la propensión lúdica de un ángel con rasgos diabólicos, todo lo cual exime a su arte de las esperables convenciones del oficio [...]

El parangón con Rimbaud es pertinente. Acaso hermane a ambos escritores con mayor motivo la naturaleza rebelde y visionaria de sus respectivas obras, tan distintas por otros conceptos. [...]

La relectura me afirma en el convencimiento de que El don de Vorace representa, junto con cierto número de poemas donde se insinúan pequeños relatos, la parte más valiosa de su trabajo. El libro, abiertamente inverosímil, es de principio a fin una parodia. Construida sobre la estructura de un monólogo que admite la reproducción de conversaciones, alberga en sus páginas una sucesión de episodios macabros, escenas de violencia, actos irracionales, pesadillas y visiones que denotan un esfuerzo imaginativo poco común. Sabemos por el padre del autor, que contribuyó a la redacción del libro en funciones de mecanógrafo, que no pocos capítulos fueron repentizados a viva voz por Casanova, a quien apremiaba la cercanía del plazo de entrega de un concurso literario, uno de tantos que ganó. Un libro de esa índole no se planea. Se escribe en trance, se improvisa al calor de una inventiva ágil o simplemente le sale a uno.
Su protagonista, Bernardo Vorace, constata, tras varios intentos frustados de suicidio, que es un hombre inmortal. El descubrimiento lo lleva a cabo en la primera página de la novela, tras despertarse con un agujero de bala en la sien. El resto del relato consiste en la deriva criminal de un hombre a quien la imposibilidad de morir ha despojado de principios morales [...].

martes, 11 de julio de 2017

Declaración - Ramón Andrés - España


No soy el centro, el centro es el principio,
el agua que cabe en nuestro sorbo,
la espiral de las aves cercando los mercados,
el hierro incandescente sumergido en el agua
para que se haga ley con el morir del fuego,
para que el tiempo exhorte al desaparecido
y lleve el sol los nombres del origen.

No soy el centro, el centro es el principio,
el espigón donde el anzuelo tensa
la caña, sus anillos, no al viento sino al fruto,
la seca mordedura del error,
la locura de Tasso y su gritar de celda,
el búho que oscurece más el valle,
porque lo detenido siempre turba.

No soy el centro, el centro es el principio,
la rodera en la cal,
la carbonilla muerta de los túneles,
el santiguarse y jamás redimirse,
el que llora confeso de infinito,
el frío que cuartea el azar de una fuente
y afila el rostro de los caminantes.

El centro es el principio, la intriga del abismo,
la cosecha irisada como cresta de garza,
la llanada, la greda, el septentrión,
las márgenes quemadas de una hacienda,
la lumbre trasijada de los pobres,
el pie llagado por el junio hirsuto.

El centro es el principio,
el tiempo de abrazar y el tiempo de alejarse,
la línea de las cosas, su mudanza,
narrar el río que jamás fluyó,
recordar mi caída a los torrentes,
saber que me precedo, que me busqué en la nada
para que un nacimiento fuera el mío.

domingo, 9 de julio de 2017

Pasión del laberinto - Pedro Luis Menéndez // Vida y muerte - Cecilio F. Testón - España


A la memoria de Cecilio F. Testón, humanista, viejo profesor de latín del responsable de este blog.

Pasión del laberinto,
                             tierra viva,
llegarás sin temer
el tiempo viejo
                      para nacer aquí,
como un delirio
que se enreda y se vierte,
se compone,
se dispone
en imágenes caudales:


Bosque del aire,
                       luna de semilla,
templo del hombre, fiel pulmón del alba,
derramarás la lluvia copa a copa
hasta estampar tus huesos enterrados,
cauto temblor, racimo del destino,
hasta empapar los mundos,
redimirnos
                 de otro fervor
que tu ámbito extendido,
de otro saber
que tus revelaciones.


Donde yo te contemplo se concentran
los contraluces ávidos de ensueño,
la magia celular del hongo, el liquen
que desespera en musgo de humedades;
secreto a pura voz, hay corazones
ardiendo sin cesar en la espesura.


Una espesura de anclas enraizadas,
un aparejo mágico,
hojarasca
               abarloada al ámbito dormido
de tu espalda, salinidad antigua,
fiebre y savia
para la sed de ti
que gimo en cada paso, huella de ti
que sigo en el silencio.


Sólo los pasos saben, tan desnudos,
gozarte así, remanso del otoño,
huella fugaz tras huella que se pierde,
deshecha ya, marisma de hoja y hoja.
Si te perdí, te tengo
si te tuve.


Fermentas en la noche como el amor
y el miedo,
raíz vital del roble,
centro del bosque,
                         espacio prevenido
para durar los siglos abundantes
sin otra fe que el tiempo
sobre el tiempo,
sin otra luz que el agua
                                   de una sombra.

Perpetuación de un cántico encendido,
fermentas en la noche
como los sueños blancos
tu humedad por las almas elegidas.


Dolor de la madera, nudo tenso
de incitación al llanto,
piel devota que atravesó los lindes,
fuese adentro
del último desvelo
en abanico de carbón y llamas,
dijo el grito y la nube,
cumplió el vuelo
de algún dulce morar
                             por los caminos,
dolor de la madera, viento
al viento de ser la última muerte.


Entregarás a un mismo reverbero
la soledad y el cauce de la estrella,
vecino al mar
desnudo donde acabas,
acantilado insomne sin fronteras:
las ramas se estremecen, brisa
feliz, no arcádica, a la tierra
desliza un mundo lleno, en sí completo.
  
Claros del bosque, ojos del vacío,
premio sin paz,
ventana al laberinto,
recuérdame después de la presencia,
del preguntar atónito a la vida
si otra quietud
me aguarda entre los verbos
con lucidez de savia y de sorpresa,
preciosa luz de un cándido arrebato,
ventana abierta
                       al pie del laberinto,
si otra quietud me aguarda,
qué distancia
no besarán los ríos de la ausencia.

Estás ahí,
al lado de mí mismo.
Sentirte así me anuncia ya el silencio. 
Corre la voz,
canción de la arboleda,
quiero abrazarte en música, jugarnos
la última sombra
en ocre y en caricia
para volver a tus enredaderas,
y no partir jamás:

ser hombre y tierra.

viernes, 7 de julio de 2017

Sin llaves y a oscuras - Fabián Casas - Argentina


Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.

Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.

miércoles, 5 de julio de 2017

Poesía para niños/ 13 - Historias de gatos y otros sonidos - Jesús Fernández Palacios - España


Para el pintor Juan Carlos Crespo Laínez
Dicen que la rana croa,
cuentan que gruye la grulla,
y mientras parpan los patos,
el cuervo gazna que gazna.

Miau, miau, miaaau…

La voz que vozna del ganso
molesta al grajo que croaja,
y al chirriar la chicharra
o al zurear la paloma,
si cuchichía la perdiz
y el grillo además chirría,
se monta una algarabía
que nadie puede dormir.

Miau, miau, miaaau…

Si trisa la golondrina
y el loro garre en la jaula,
si la cigüeña crotora
y el pollo pía que pía,
himpla la pantera himpla
cuando el jabalí rebudia,
y si el caballo relincha
el asno rozna o rebuzna.

Miau, miau, miaaau…

Se escucha el cerdo gruñir
y el ciervo bramar se escucha,
gamita el gamo y responde
los balidos que lo imitan,
mientras el toro remudia,
la pobre oveja balita,
mientras otilan los lobos
y ululan los mistolobos,
ladran la granja los perros
y el elefante barrita.

Miau, miau, miaaau…

El león ruge también
mientras la serpiente silba,
y si el gallo vigilante
ve que el cuclillo cucúa
o que titando está el pavo
para juntar su manada,
el gallo se flamenquea
y la gallina cloquea
sintiéndose enamorada.

Miau, miau, miaaau…

Y qué decir de los gatooos…,
de los gatos que maúllan,
esos gatos de colores
que unos crecen y otros menguan
de la retina que sueña,
del pintor que imaginando
nos perturba y maravilla.

Hay gatos que son sombreros,
otros que son como un libro
lleno de gatos y gatas,
donde parecen ovillos
y a veces pájaros bellos
que escriben libros y cantan
o ronronean sus viajes
y se convierten en jaulas,
que se enamoran y sueñan:
son gatos que nos encantan.

lunes, 3 de julio de 2017

Fragmento de Fausto - Johann Wolfgang von Goethe - Alemania


Prólogo en el cielo

EL SEÑOR. Los ejércitos celestiales.
Después, MEFISTÓFELES.1 Los tres arcángeles se adelantan.

SAN RAFAEL
    El sol retumba a la vieja usanza
en el melodioso concurso de las fraternales esferas,
y culmina su precioso itinerario
con la celeridad del rayo.
Su vista infunde fuerza a los ángeles,
aun cuando ninguno lo pueda penetrar;
las inconcebibles y sublimes obras
son magníficas como en su día primero.

SAN GABRIEL
    Y con celeridad, con increíble celeridad,
gira en torno suyo la tierra en su esplendor;
la claridad del paraíso
se alterna con las terribles tinieblas de la noche;
se encrespa el mar en anchos cauces
desde el lecho profundo de las rocas,
y rocas y mar son arrasadas
en el eterno y raudo curso de las esferas.

SAN MIGUEL
    Y tempestades rugen a porfía,
del mar a la tierra, de la tierra al mar,
y, furiosas, forman una cadena
de causas profundas en su derredor.
Y allí una devastación fulminante pone en llamas
el sendero que precede al trueno...,
mas, tus mensajeros, Señor, veneran2
el apacible cambio de tus días.

LOS TRES
    Su vista infunde fuerza a los ángeles,
aun cuando ninguno te pueda penetrar,
y todas tus sublimes obras
son magníficas como en su día primero.

MEFISTÓFELES
    Como quiera, ¡oh, Señor!, que te acercas de nuevo una vez                                                                                           [más
y preguntas cómo marcha todo entre nosotros,
y ya que de ordinario con agrado solías verme,
así también me ves entre el celestial cortejo.
    Disculpa, no sé expresarme de modo grandilocuente,
y aun cuando todo el séquito de mí haga mofa,
mi solemnidad te haría reír seguramente
si no hubieses perdido la costumbre de reír.
    Del sol y de los mundos no sé decir gran cosa,
yo sólo veo que los hombres se atormentan.
El diosecillo del mundo sigue siendo el de la misma laya,
y es tan extravagante como en su día primero.
Un poco mejor viviría
si tú no le hubieses dado la ilusión de la luz del cielo;
la llama razón y la emplea únicamente
para ser más bestia que todas las bestias.
Paréceme a mí, con perdón de Vuestra Señoría,
como una de esas cigarras de largas patas
que siempre vuela y que, volando, salta,
y que, en tocando la hierba, entona su vieja cantinela;
¡y si al menos se hubiese quedado para siempre en la hierba!;
que no hay pijotería en la que no meta su nariz.

EL SEÑOR
    ¿No tienes otra cosa que decirme?
¿Es que sólo has de venir a presentar queja?
¿No habrá jamás en la tierra nada que sea de tu agrado?

MEFISTÓFELES
    ¡Nada!, Señor, que todo me sigue pareciendo, como siempre,                                                                                [detestable.
Los hombres me dan lástima, en sus días de miseria,
y hasta a mí mismo me disgusta martirizar a esas pobres criaturas.

EL SEÑOR
    ¿Conoces a Fausto?

MEFISTÓFELES
                                ¿Al doctor?

EL SEÑOR
                                                  ¡A mi siervo!3

MEFISTÓFELES
    ¡Ciertamente!, os sirve de manera muy singular.
No son terrenas la bebida ni la comida de ese loco.
Le impulsa la agitación en la lejanía;
él mismo, de su demencia, a medias se da cuenta;
del cielo exige sus más bellas estrellas,
y de la tierra, todo placer sublime,
y ni lo próximo ni lo lejano
colman a ese pecho profundamente conmovido.

EL SEÑOR
    Aunque ahora me sirva sólo ofuscadamente,
pronto le llevaré a la claridad.
Pues sabe el jardinero, cuando el arbusto verdece,
que flor y frutos adornarán los años venideros.

MEFISTÓFELES
    ¿Qué os apostáis? ¡Pues todavía habréis de perder
si me dais permiso
para llevarlo con tiento a mi camino!

EL SEÑOR
    Mientras viva sobre la tierra,
no te será vedado;
que yerra el hombre en cuanto aspira.

MEFISTÓFELES
    Eso os lo agradezco, pues con los muertos
jamás me he sentido bien.
Me gustan sobre todo las mejillas llenas y lozanas.
Detesto los cadáveres;
me pasa a mí como el gato con el ratón.

EL SEÑOR
    Pues bien. ¡quédese a tu cargo!
Aparta a esa alma de su fuente primitiva
y arrástrala, si es que aprehenderla puedes,
por tus caminos en pendiente,
o avergüénzate si tienes que reconocer
que un hombre bueno, en su oscuro impulso,
es bien consciente del camino justo.

MEFISTÓFELES
    ¡Está bien!, no requerirá mucho tiempo.
No me asusto en modo alguno de mi apuesta.
Si llego a alcanzar mi meta,
permitidme el triunfo a voz en grito.
Polvo ha de comer, y con fruición,4
como mi avúncula, la famosa serpiente.

EL SEÑOR
    Libre eres de hacer como te plazca,
a los de tu condición nunca he odiado.
De todos los espíritus que niegan,
el pícaro es el que menos me importuna.
La actividad del hombre puede hacer demasiado fácilmente,
éste pronto se inclina al reposo ilimitado;
por eso le adjudico gustoso a un compañero
que azuza y actúa y ha de trabajar como un demonio.
Mas, vosotros, los verdaderos hijos de Dios,
¡regocijáos por las vistas y espléndidas bellezas!5
Lo que está en gestación, lo que actúa y vive eternamente,
os retiene en las excelsas barreras del amor,
y aquello que en vacilante aparición fluctúa,
¡afianzadlo en perdurables pensamientos!

(el cielo se cierra y los arcágeles se dispersan)

MEFISTÓFELES
(Solo)
    De tiempo en tiempo me gusta ver al viejo,
y buen cuidado pongo en no romper con él.
Es muy amable de un señor tan grande
que tan humanamente hasta con el demonio hable.
Traducción y notas de Pedro Gálvez
Johann Wolfgang von Goethe


1 Lucas, 2, 13: "Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial...". El prólogo, compuesto en 1800, se inspira en el libro de Job, I, 6 a 12: "El día en que los hijos de Dios venían ante Yahveh...".
2 Goethe emplea la traducción literal de la palabra ángel; en griego angelos = mensajero.
3 Job, I, 8: "¿No te has fijado en mi siervo Job?".
4 Génesis, 3, 14: "Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida".
5 Apocalipsis, 12, 12: "Por eso, regocijaos, cielos y los que en ellos habitáis..."

sábado, 1 de julio de 2017

Memoria - Carlos Montemayor - México



Estoy aquí, en la casa, a solas.
Aquí están los muebles, el aire, los ruidos.
Tengo un sentimiento tan transparente
como el vidrio de una ventana.
Es como la ventana en que miraba la nieve al amanecer,
hace muchos años, cuando era niño,
y pegaba la cara contra el cristal y comprendía toda la vida.
Es un deseo en calma, como la tarde.
Es estar como están todas las cosas.
Tener mi sitio como todo lo que está en la casa.
Perdurar el tiempo que sea, como las cosas.
No ser más ni mejor que ellas.
Sólo ser, en medio de mi vida,
parte del silencio de todas las cosas.