Zribhagavad-Gita, Brahmavidya Yogazastram Zrikrischnarjunasmvadas("Venerable poema sagrado, ciencia del Ser Supremo. Coloquio entre el venerable Krishna y Arjuna")
CAPÍTULO II
El muy venerable1 contestó:
[...] El apego a los objetos sensibles nace en el hombre mientras en ellos medita; del apego se origina el deseo; del deseo se engendra la pasión desordenada; la pasión desordenada es causa del error; el error perturba la memoria; perturbada la memoria, se destruye la razón; destruida la razón, perece el hombre. Pero quien bien dispuesto, dominados los sentidos por la razón y exentos de amor y odio, se dirige a los objetos de los sentidos, logra la paz de su espíritu. En esta paz está la ruina de todas sus desgracias, porque el entendimiento de aquel cuya razón está tranquila, pronto se adhiere firmemente a un solo objeto2. [...]
CAPÍTULO IX
El muy venerable prosiguió:
[...] Yo soy el poder del sacrificio, el mismo sacrificio, la ofrenda que se ofrece a los manes, la medicina, el himno, la manteca del sacrificio, el fuego, el incienso, el padre, la madre, el sostenedor y el abuelo de este mundo, la ciencia espiritual, el objeto que purifica, la sílaba ¡Om!3, el Rig4, el Sama5 y el Yajur-Veda6, el camino, el sostenedor, el señor, el testigo, la habitación, el refugio, el amigo, el origen, la disolución, el lugar, el receptáculo y la semilla indestructible. Yo doy el calor al mundo; yo contengo y esparzo la lluvia; soy la muerte y la inmortalidad, el ser y el no ser, oh Arjuna. Los que conocen los tres Vedas, los que beben el soma7, los que purgan sus pecados honrándome con sacrificios, imploran de mí la consecución del paraíso. [...]
CAPÍTULO XII
El muy venerable contestó:
[...] La ciencia es mejor que la asiduidad; la contemplación vale más que la ciencia; el desinterés en el fruto de la acción es superior a la contemplación; el resultado inmediato del desinterés es la emancipación final. Quien, exento de odio, amante y compasivo con todas las criaturas, humilde, desinteresado, de ánimo constante en el placer y el dolor, sufrido, contento, siempre devoto, teniendo dominio sobre sí y resuelto, ha depositado en mí su corazón y su pensamiento y me adora, es amado por mí. [...]
1 Krishna. Literalmente, el negro. El más conocido y popular de los dioses de la India. Se le considera como el 8º avatar de Vishnú. Es uno de los protagonistas del poema.
2 El Ser Supremo. 3 Om o Aum. Palabra sagrada hindú. Se compone de tres caracteres: A, U, M (el signo sánscrito transcrito en los idiomas occidentales por AU está compuesto por la letra A modificada por el signo de la O). Su rico simbolismo no es fácil de resumir, por lo que nos limitamos a indicar que se utiliza ampliamente como invocación, ayuda a la meditación, o para encabezar mantrams y oraciones. 4 Rig-Veda. Veda de las estrofas. Es el más antiguo de los cuatro vedas y el más importante de los samhitas o recopilaciones de mantrams. Está formado por 1.028 himnos, que comprenden unos 10.417 versos. 5 Sama-Veda. Trecero de los Vedas, formado de cantos solemnes destinados a acompañar el ritual sacrificial del Soma. Es totalmente métrico y comprende 1.549 versos. Los dioses que celebra son principalmente Soma, Agni e Indra. 6 Veda. Literalmente, cvonocimiento divino. Escrituras sagradas que se considera contienen el fundamento del hinduísmo. Los Vedas contienen himnos escritos en una forma muy antigua del sánscrito, son: Rig-Veda, Yajur-Veda, Sama-Veda y Atharva- Veda. Su conjunto forma el Veda. 7El soma es el narcótico divino de la antigua India. Diferente a la mayoría de los alucinógenos, considerados mediadores con lo divino, el soma fue reconocido como un dios por sí mismo. En este aspecto, el soma es similar a la ambrosía griega: es lo que los dioses beben, y es lo que los hace dioses. Se desconoce de dónde procede esta droga, pero podría ser de especies como la asclepia ácida, el cáñamo, la efedra o algún hongo psicodélico como la amanita muscaria.
Podemos traducir la Bhagavad-Gita por el Canto del Dios o por el Canto del Bienaventurado. Data del segundo o del tercer siglo antes de nuestra era. El nombre del autor es desconocido; los hindúes atribuyen sus obras a una divinidad, a una secta, a un personaje de la fábula o simplemente al Tiempo, hipótesis que parece atendible pero que alarma a los eruditos. El poema consta de setecientos versos y ha sido interpolado en el Mahabharata, que consta de doscientos doce mil. Se enfrentan dos ejércitos; Arjuna, el héroe, vacila antes de entrar en la batalla porque teme matar a sus parientes, a sus amigos y a sus maestros, que militan en el opuesto bando. El auriga de su carro le insta a cumplir con el deber que su casta le impone. Declara que el universo es ilusorio y que la guerra también lo es. El alma es inmortal; transmigra a otros seres muerta la carne. La derrota o la victoria no importan; lo esencial es cumplir con su deber y lograr el Nirvana. Se revela después como Krishna, que es uno de los mil nombres de Vishnu. Un pasaje de este poema que afirma la identidad de los contrarios ha sido imitado por Emerson y por Charles Baudelaire. Es curioso que una apología de la guerra nos llegue de la India. En la Bhagavad-Gita confluyen las seis escuelas de la filosofía hindú. (JORGE LUIS BORGES para la edición de Hyspamérica Ediciones, S. A., Ediciones Orbis, S. A., 1986)
Conocido sobre todo por "El collar de la paloma", considerado el libro de amor más bello de la literatura árabe, Ibn Hazm de Córdoba fue visir del califa Abderramán V, y a consecuencia de intrigas palaciegas estuvo en la cárcel en varias ocasiones y sufrió destierro. Abandonó la actividad política para dedicarse a sus estudios de teología y derecho. Tras la crisis del califato, hubo de exiliarse en diferentes taifas de Al Andalus: por ejemplo en Sevilla, invitado por Al Mutadid o en Mallorca. La quema pública de sus libros en Sevilla le inspiró este poema:
دعـوني من إحراقِ رَقٍّ وكـاغدٍ
وقولوا بعلمٍ كي يرى الناسُ من يدري
فإن تحرقوا القرطاسَ لا تحرقوا الذي
تضمّنه القرطاسُ، بـل هو في صدري
يـسيرُ معي حيث استقلّت ركائبي
وينـزل إن أنـزل ويُدفنُ فـي قبري
Dejad de prender fuego a pergaminos y papeles,
y mostrad vuestra ciencia para que se vea quién es el que sabe. Y es que aunque queméis el papel nunca quemaréis lo que contiene, puesto que en mi interior lo llevo, viaja siempre conmigo cuando cabalgo, conmigo duerme cuando descanso, y en mi tumba será enterrado luego.
Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de 'rosa' está la rosa
y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'.
Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.
Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.
Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.
No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.
Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,
la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.
El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.
Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.
(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)
El rabí le explicaba el universo
"esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga."
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.
Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.
Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.
Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)
Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.
El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. '¿Cómo' (se dijo)
'pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?'
'¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?'
En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?
Sobre El Golem, ese homúnculo judío creado a partir del nombre secreto de Dios, escribió Gustav Meyrink una novela. Veamos lo que dice Borges:
Los discípulos de Paracelso acometieron la creación de un homúnculo por obra de la alquimia; los cabalistas, por obra del secreto nombre de Dios, pronunciado con sabia lentitud sobre una figura de barro. Ese hijo de una palabra recibió el apodo de Golem, que vale por el polvo, que es la materia de que Adán fue creado. Arnim y Hoffmann conocieron esa leyenda. En el año 1915, el austriaco Gustav Meyrink la renovó para la escritura de una novela. Harta de sonoras noticias militares, Alemania acogió con gratitud sus fabulosas páginas, que le permitían olvidar el presente. Meyrink hizo del Golem una figura que aparece cada treinta y tres años en la inaccesible ventana de un cuarto circular que no tiene puertas, en el ghetto de Praga. Esa figura es a la vez el otro yo del narrador y un símbolo incorpóreo de las generaciones de la secular judería. [...] Como en el caso de Lewis Carroll, la ficción está hecha de sueños que encierran otros sueños. (del prólogo de JORGE LUIS BORGES para la edición de El Golem de Gustav Meyrink de Hyspamérica Ediciones, S. A. - Ediciones Orbis, S. A., 1986)
[...] Shujov jamás se había quedado dormido después del toque de diana; se levantaba siempre puntual. Hasta el momento de partir disponían de hora y media, tiempo que podían utilizar libremente, y quien conoce la vida del campo de concentración aprovecha todas las ocasiones para realizar alguna labor remunerativa: coser a alguien una funda para las manoplas utilizando un viejo forro; acercarle al jefe de la brigada las botas de fieltro secas al pie de la cama, para que no tenga que dar vueltas descalzo buscándolas entre el montón; o recorrer uno por uno los almacenes y mirar a quién se podía hacer un favor, como barrer el suelo o traerle cualquier cosa; o recoger en el comedor las escudillas apiladas sobre las mesas y llevarlas al fregadero, con la esperanza de encontrar alguna sobra. No obstante eran muchos los que deseaban realizar aquel trabajo y no te dejaban en paz; y si en la escudilla quedaba algún resto de comida, no te resistías a pasarle la lengua. Pero a Shujov se le habían quedado grabadas en la memoria las palabras de su primer brigada, Kuziomin, un viejo lobo de los campos de concentración que desde 1943 contaba ya con doce años de experiencia en ellos, y que en una ocasión, sentado en un claro del bosque al calor de una hoguera junto a un grupo de prisioneros traídos del frente para completar su brigada, dijo: "Aquí, muchachos, impera la ley de la taiga. Pero también aquí viven hombres. En el campo sucumben aquellos que lamen los platos, los que intentan triquiñuelas con la enfermedad y los soplones. [...]
O le controlaban a uno por las mañanas para ver si alguien lleva un traje de civil bajo las ropas de penado. Todas las ropas civiles se las quedan ellos cuando uno cae en este pozo, y prometen devolverlas después de la expiación de la pena. Es decir, nunca, porque en este campo nadie ha vivido lo bastante para verlo. [...]
Cuando hacía menos frío, en la columna hablaban todos, tanto si gustaba como si no. Pero hoy todos se habían replegado en sí mismos, todos se ocultaban tras la espalda del que iba delante y se sumergían en sus propios pensamientos.
Pero tampoco los pensamientos de los detenidos se movían libremente: ¿No hallará alguien, por casualidad, tu ración dentro del colchón? ¿Te darán de baja, por la tarde en la enfermería? ¿Arrestarán o no al capitán? ¿Y cómo había conseguido César su caliente ropa interior? Seguro que ha sobornado a alguien de los del guardarropa privado. Si no, ¿cómo...?
Como Shujov había desayunado sin la ración de pan y comido todo frío, no se sentía satisfecho y, para que el estómago no empezara a pellizcarle ni a pedirle comida, dejó de preocuparse del campo y empezó a pensar en la carta que pronto iba a escribir a casa. [...]
El nuevo año 1951 había empezado, y Shujov tenía derecho a escribir dos cartas. La última la había enviado en julio, y en octubre había recibido la contestación. En Ust-Ishma había empezado otra clase de orden, allí uno podía, al menos, escribir cada mes. Pero ¿qué podía escribir? En aquel entonces, Shujov tampoco escribía más a menudo que ahora... [...]
Escribir ahora es lo mismo que arrojar piedrecillas en un lago profundo y dormido. Lo que cayó quedó en el fondo sin que se obtenga ninguna respuesta. Al fin y al cabo, no puedes escribir en qué brigada trabajas ni la clase de brigadier que es Andrei Prokofievich Tiurin. Con Kilgas, el letón, tiene uno más de que hablar que con los de casa. [...]
Cuando había tormenta de nieve el temor no era de salir a trabajar, sino simplemente de traspasar la puerta del barracón. Pues si del barracón de los dormitorios al del comedor no han tendido un cable, uno se pierde. Si un preso se hiela en la nieve, mal rayo lo parta. Mas, ¿y si se escapa? Ya sucedió. Durante las tormentas, la nieve es como polvillo y se adensa durante la nevisca como si alguien la apisonara. Precisamente durante una de esas tormentas, al quedar la alambrada cubierta de nieve, se largaron algunos. Claro que no llegaron muy lejos... [...]
Shujov se sentía satisfecho cuando todos los dedos le señalaban: "A ése le falta poco para salir". Pero en su fuero interno no estaba muy seguro. Los que cumplían la condena durante la guerra fueron retenidos "en reserva" hasta 1946. El que estaba condenado a tres años, por ejemplo, se quedaba encerrado cinco años más. Es una ley muy elástica. Pasan los diez años, y pueden caerte otros diez, o el destierro. [...]
Según la acusación, Shujov estaba condenado por alta traición. Él había confesado y declaró que se dejó coger prisionero con intención de traicionar a su país, y que fue puesto en libertad para cumplir una misión del servicio secreto alemán. Cuál fuese esa misión, no pudo precisarlo Shujov ni el juez de instrucción. Una misión, pues, quedó en los papeles.
Los del servicio de contraespionaje le pegaron muchas veces. Shujov llegó a una sencilla conclusión: si no firmas te darán el pijama de madera; si firmas, al menos conseguirás vivir otro poco. Firmó. [...]
Desde diana hasta el toque de queda, así eran los días de su condena, en número de tres mil seiscientos cincuenta y tres.
Tres días de más: por los años bisiestos...
Traducción de J. A. Mercado, J. A. Bravo y M. A. Chao
Quien lea ahora, por vez primera, Un día en la vida de Iván Denisovich queda perplejo. ¿Es posible que este breve relato provocara al aparecer, en 1962, semejante conmoción? Un cuarto de siglo después nadie ignora la realidad del gulag y los genocidios de la era de Stalin, que el propio Nikita Jruschev denunció en el XXII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. Pero en 1962, innumerables progresistas del mundo entero se resistían todavía a aceptar aquel brutal desmentido a la quimera del paraíso socialista. El discurso de Jruschev era negado, atribuido a maniobras del imperialismo y sus agentes. En estas circunstancias, A. Tvardovski, con autorización del propio Jruschev, publicó en Novy Mir el texto que daría a conocer al mundo a Solzhenitsin y marcaría el inicio de su carrera literaria.
El efecto del libro fue explosivo. ¿Quién podía, ahora, negar la evidencia? El hombre que testimoniaba lo hacía en la propia Unión Soviética y a partir de la experiencia, pues el universo concentracionario que describía lo había padecido en persona y por causas tan crueles y estúpidas como las que sepultan en el gulag al oscuro campesino Iván Denisovich Shujov de la novela. El famoso deshielo jruscheviano duró poco pero sus efectos no se extinguirían, al menos en lo que se refiere a la destrucción de una cierta visión ingenua, mítica, del primer estado marxista-leninista de la historia. Y acaso ningún texto, ni siquiera el discurso de Jruschev en el XXII Congreso del PCUS, simboliza de manera tan vívida aquel violento trizarse del sueño comunista, como esta pequeña novela. MARIO VARGAS LLOSA
Nadie os preguntó, otros lo decidieron. Os amontonaron, sin que nadie dijera una palabra amable. Muchos de vosotros tratabais de encontrar un sentido, y entonces erais vosotros quienes queríais preguntar. Sin embargo, no había nadie que diera respuesta. "Pero ¿por qué? Un ratito aún... un día... unos años... Tenemos apego a la vida." Pero no había sino silencio, sólo hablaba el miedo, y ése era imposible oírlo. [...]
Quedaron prohibidos los caminos, acortaron el día y prolongaron la noche, pero también se prohibió la noche, y se prohibió asimismo el día. Se prohibieron las tiendas, los médicos, los hospitales, los vehículos y los lugares de descanso, prohibido, prohibido. Se prohibieron las lavanderías, se prohibieron las librerías. Se prohibió la música, se prohibió el baile. Los zapatos, prohibidos. Bañarse, prohibido. Y como aún quedaba dinero, lo prohibieron. Se prohibió lo que había y lo que podía llegar a haber. Se anunció lo siguiente: "¡Lo que puedes comprar está prohibido para ti, pero no puedes comprar nada!". Cuando las personas ya no podían comprar nada, querían vender, porque esperaban poder ir tirando con lo que sacaban de la venta de sus cosas, sin embargo les dijeron: "¡Lo que quieres vender está prohibido para ti, pero no puedes vender nada!". [...]
La dirección de Ruhenthal había dispuesto lo siguiente: mucho a los jóvenes, para que vivan; poco a los viejos, para que mueran. Así reina un orden sensato en Ruhenthal. La sabiduría humana viene en ayuda de las leyes de la naturaleza al acelerar la obra de ésta. ¡Muere, doctor, muere, no se te necesita! El pan es escaso, de la blanda masa sólo forman para los viejos unas píldoras pequeñas y duras, no hacen daño a la digestión. También la justicia, que actúa con excesiva lentitud, se ve protegida por sabias intervenciones, el monótono avance del acontecer ya no queda abandonado a sí mismo. El Estado estrecha en sus brazos al hombre y debilita las fatigadas piernas. ¡Muere, doctor, muere y acuéstate en la paja podrida! El género humano ha obtenido por doquier una victoria que ya casi nadie niega. La era de los inventos está consumada, muere, muere, el Estado te ha puesto el sinapismo. La destrucción y la conservación de la tierra ha sido puesta en manos de los hombres, la compresa está bien colocada, el Estado es tres veces santo, querido Leopold. Muere porque el fonendoscopio está roto y tu oído falla. [...]
Sobre la familia Lustig recae el mandamiento final, la sentencia definitiva y excluyente: "No habitarás". Ciudadanos sencillos, con sus temores, sus esperanzas, su apego a seguir viviendo, se ven abocados a disposiciones monstruosas en una sociedad que se pervierte hasta hacer imposible la vida. Son ya seres prohibidos. Ellos, los Lustig, como tantos y tantos otros, fueron amontonados y obligados a emprender un viaje a un horror innominado, inconmensurable, con siniestras paradas en Ruhenthal (trasunto del campo de exterminio de Theresienstadt). El mal había llegado sigilosamente para imponerse en un mundo ya sin derechos y en el que la bondad es sólo un recuerdo innombrable.
Escrita entre 1950 y 1951, y publicada por primera vez en 1962, Un viaje es el libro más estremecedor de H. G. Adler, su obra cumbre. El autor, víctima él mismo de la barbarie nazi, compuso una obra demoledora sobre el Holocausto, la primera novela que afrontó la despiadada verdad del exterminio.
En un mundo absurdo en el que ya nada sigue siendo como fue, la voz narradora elige "la imagen del viaje", el viaje como destino e imagen atemporal del camino de los prohibidos, de los proscritos por decreto a abandonar este mundo.
Elias Canetti fue el primero que reconoció el carácter innovador y modélico de esta obra: "Será el libro clásico de este género de 'viaje', de toda pérdida de raíces y de todo exterminio, quienquiera que sea la persona a quien eso le ocurra". (Contraportada de la edición de Círculo de Lectores, S. A., 2009 - Galaxia Gutemberg)
Esta serie se dio por finalizada hace mucho tiempo, pero a ver quién le dice a Dylan que se haga a un lado. Estos días va a andar por aquí, por cierto.
TALKIN' WORLD WAR III BLUES
Some time ago a crazy dream came to me,
I dreamt I was walkin' into World War Three,
I went to the doctor the very next day
To see what kinda words he could say.
He said it was a bad dream.
I wouldn't worry 'bout it none, though,
they were my own dreams and they're only in my head.
I said, "Hold it, Doc, a World War passed through my brain."
He said, "Nurse, get your pad, this boy's insane,"
He grabbed my arm, I said "Ouch!"
As I landed on the psychiatric couch,
He said, "Tell me about it.".
Well, the whole thing started at 3 o'clock fast,
It was all over by quarter past.
I was down in the sewer with some little lover
When I peeked out from a manhole cover
Wondering who turned the lights on
Well, I got up and walked around
And up and down the lonesome town.
I stood a-wondering which way to go,
I lit a cigarette on a parking meter
And walked on down the road.
It was a normal day.
Well, I rung the fallout shelter bell
And I leaned my head and I gave a yell,
"Give me a string bean, I'm a hungry man."
A shotgun fired and away I ran.
I don't blame them too much though,
I know I look funny.
Down at the corner by a hot-dog stand
I seen a man, I said, "Howdy friend,
I guess there's just us two."
He screamed a bit and away he flew.
Thought I was a Communist.
Well, I spied a girl and before she could leave,
"Let's go and play Adam and Eve."
I took her by the hand and my heart it was thumpin'
When she said, "Hey man, you crazy or sumpin',
You see what happened last tim they started."
Well, I seen a Cadillac window uptown
And there was nobody aroun',
I got into the driver's seat
And I drove 42nd Street
In my Cadillac.
Good car to drive after a war.
Well, I remember seein' some ad,
So I turned on my Conelrad.
But I didn't pay my Con Ed bill,
So the radio didn't work so well.
Turned on my player-
It was Rock-A-Day, Johnny singin',
"Tell Your Ma, Tell Your Pa,
Our Loves Are Gonna Grow Ooh-wah, Ooh-wah."
I was feelin' kinda lonesome and blue,
I needed somebody to talk to.
So I called up the operator of time
Just to hear a voice of some kind.
"When you hear the beep
It will be three o'clock,"
She said that for over an hour
And I hung it up.
Well, the doctor interrupted me just about then,
Sayin, "Hey I've been havin' the same old dreams,
But mine was a little different you see.
I dreamt that the only person left after the war was me.
I didn't see you around."
Well, now time passed and now it seems
Everybody's having them dreams.
Everybody sees themselves walkin' around with no one else.
Half of the people can be part right all of the time,
Some of the people can be all right part of the time.
But all the people can't be all right all the time
I think Abraham Lincoln said that.
"I'll let you be in my dreams if I can be in yours,"
I said that.
BLUES HABLADO DE LA TERCERA GUERRA MUNDIAL
Hace algún tiempo tuve un sueño demencial. Soñé que andaba metido en la Tercera Guerra Mundial. Al día siguiente fui al psiquiatra A ver qué podía decirme. Me dijo que había sido un mal sueño, que no debería preocuparme, porque No eran más que mis propios sueños y sólo estaban en mi cabeza. Le dije: "Oiga, doctor, una guerra mundial pasó por mi cabeza" Él dijo: "Enfermera, coja su libreta, este muchacho está loco". Me estrujó el brazo y grité: "¡ay!" Cuando me tumbé en el sillón psiquiátrico Me dijo: "Cuéntemelo". Todo empezó a las tres de la madrugada, Y terminó un cuarto de hora después. Me encontraba en el interior de una alcantarilla con una chica cualquiera Cuando miré disimuladamente por una boca de acceso Preguntándome quién habría dado las luces.
Salí de allí y eché a andar Por la solitaria ciudad. Paré un momento preguntándome que camino tomaría. Encendí un cigarrillo junto a un parquímetro Y eché a andar calle abajo. Era un día como otro cualquiera. Llamé al timbre de un refugio antiatómico, Incliné la cabeza y grité: "Denme unas judías verdes, estoy hambriento". Un fusil disparó, así que salí corriendo. Aunque no les culpo demasiado, Sé que tengo una pinta rara. En la esquina, junto a un puesto de perritos calientes, Vi a un hombre y dije: "Qué tal, amigo, Creo que estamos solos". Dio un pequeño grito y se alejó volando. Pensó que yo era un comunista. Vi a una muchacha, y antes de que se largara dije: "Juguemos a Adán y Eva". La cogí de la mano y mi corazón latía fuertemente Cuando ella dijo: "Oye, guapo, ¿estás loco o qué? Acuérdate de lo que ocurrió la última vez que jugaron a eso". Vi la ventanilla de un Cadillac en la parte norte de la ciudad Y no había nadie por allí. Me acomodé en el asiento del conductor Y conduje calle 42 abajo En mi Cadillac. Buen coche para conducir después de una guerra. Recuerdo que vi un aviso, De modo que conecté el Conelrad.1 Pero como no había pagado el recibo de la luz, Aquel aparato no funcionaba muy bien. Encendí el tocadiscos, Era Rock-A-Day, y Johnny cantaba: "Dile a tu mamá, dile a tu papá, que nuestro amor crecerá, du-dua". Me sentí solo y abatido, Necesitaba a alguien con quien hablar Así que llamé a la información horaria Por oir una voz cualquiera. "Al oir la tercera señal Serán las tres en punto." Ella estuvo diciendo eso una hora Y yo colgué. El doctor me interrumpió por entonces Diciendo: "Yo también he tenido esos mismos sueños, Aunque los míos fueron algo diferentes. En mi sueño yo era la única persona viva después de la guerra. Usted no aparecía por ningún lado." El tiempo ha pasado y ahora parece Que todo el mundo tiene los mismos sueños. Todos se ven caminando solos sin nadie a su lado. La mitad de la gente puede tener parte de razón todo el tiempo, Algunas personas pueden tener toda la razón algún tiempo, Pero todo el mundo no puede tener toda la razón todo el tiempo. Creo que eso lo dijo Abraham Lincoln. "Te dejaré estar en mis sueños si yo puedo estar en los tuyos." Esto lo he dicho yo.
1 CON-EL-RAD (Control of Electromagnetic Radiation). Sistema electrónico para modificar la longitud de onda de las estaciones de radio para evitar su posible uso por la aviación enemiga. USA (1951-1963).
Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.