Chet Baker - Like Someone In Love

domingo, 13 de abril de 2014

Literatura y ciencia/ 6 - Aula de Matemática - Antonio Carlos Jobim / Marino Pinto - Brasil


AULA DE MATEMÁTICA

Pra que dividir sem raciocinar
Na vida é sempre bom multiplicar
E por A mais B
Eu quero demonstrar
Que gosto imensamente de você

Por uma fração infinitesimal,
Você criou um caso de cálculo integral
E para resolver este problema
Eu tenho um teorema banal

Quando dois meios se encontram desaparece a fração
E se achamos a unidade
Está resolvida a questão

Prá finalizar, vamos recordar
Que menos por menos dá mais amor
Se vão as paralelas
Ao infinito se encontrar
Por que demoram tanto os corações a se integrar?
Se infinitamente, incomensuravelmente,
Eu estou perdidamente apaixonado por você.


AULA DE MATEMÁTICAS

¿Para qué dividir sin razonar?
En la vida es siempre bueno multiplicar
E por A más B. Yo quiero demostrar
Que me gustas inmensamente.

Por una fracción infinitesimal
Tú inventaste un caso de cálculo integral
y para resolver este problema yo tengo un teorema banal.

Cuando dos medios se encuentran desaparece la fracción
y si hallamos la unidad
está resuelta la cuestión.

Para finalizar, vamos a recordar
Que menos por menos da más amor.
Si van las paralelas al infinito a encontrarse,
¿por qué tardan tanto los corazones en integrarse?
Si infinitamente, inconmensurablemente,
estoy perdidamente enamorado de ti.

Aula de Matemática (T. Jobim/M.Pinto)
Claudia Marss y Effetto Musica Ensemble
Claudia Marss - Voz 
Gianluca Marino - Guitarra 
Giuseppe La Pusata - Batería
Aldo Vigorito - Contrabajo 
Stefano Saconne - Saxo - Flauta
Enzo Orefice - Piano
Robertinho Bastos - Percusión

viernes, 11 de abril de 2014

Fábulas/ 7 - Insuficiencia de las leyes (El reino de los beodos) - Ramón de Campoamor - España


INSUFICIENCIA DE LAS LEYES
EL REINO DE LOS BEODOS

    Tuvo un reino una vez tantos beodos,
que se puede decir que lo eran todos,
en el cual por ley justa se previno:
- Ninguno cate el vino.

    Con júbilo el más loco
aplaudióse la ley, por costar poco:
acatarla después, ya es otro paso;
pero en fin, es el caso
que la dieron un sesgo muy distinto,
creyendo que vedaba sólo el tinto,
y del modo más franco
se achisparon después con vino blanco.
Extrañado que el pueblo no la entienda,
el Senado a la ley pone una enmienda,
y a aquello de: Ninguno cate el vino,
añadió, blanco, al parecer, con tino.
Respetando la enmienda el populacho,
volvió con vino tinto a estar borracho,
creyendo por instinto ¡mas qué instinto!
que el privado en tal caso no era el tinto.

    Corrido ya el Senado,
en la segunda enmienda, de contado,
- Ninguno cate el vino,
sea blanco, sea tinto-, les previno;
y el pueblo, por salir del nuevo atranco,
con vino tinto entonces mezcló el blanco;
hallando otra evasión de esta manera,
pues ni blanco ni tinto entonces era.

    Tercera vez burlado.
- "No es eso, no señor", dijo el Senado;
"o el pueblo es muy zoquete, o muy ladino;
se prohíbe mezclar vino con vino".
Mas ¡cuánto un pueblo rebelado fragua!
¿Creeréis que luego lo mezcló con agua?
Dejando entonces el Senado el puesto,
de este modo al cesar dio un manifiesto:
La ley es red, en la que siempre se halla
descompuesta una malla,
por donde el ruin que en su razón no fía,
se evade suspicaz... ¡Qué bien decía!

    Y en lo demás colijo
que debiera decir, si no lo dijo:
Jamás la ley enfrena
al que a su infancia su malicia iguala:
si se ha de obedecer, la mala es buena;
mas si se ha de eludir, la buena es mala.

miércoles, 9 de abril de 2014

Literatura y jazz/ 24 - Fragmentos de Pero hermoso. Un libro de jazz - Geoff Dyer - Reino Unido


    Europa no era tanto un continente como una red ferroviaria que él trataba como si fuera un gran metro que lo trasladaba de una parte a otra de la ciudad, de un club a otro. Viajaba con trajes que a los pocos días estaban arrugados como pijamas; de igual modo, las corbatas que comenzaban ceñidas al cuello de la camisa terminaban colgando como una serpentina de una fiesta navideña. [...]
    Sí, nunca fue más feliz que cuando viajaba por Europa en tren, observando cómo el campo se transformaba en ciudad y viceversa, a los viajeros subiendo y bajando en las estaciones, los portazos y aquellos primeros instantes de movimiento apenas perceptible cuando el tren volvía a arrancar, el chasquido de las pesadas ruedas y los raíles al rozarse, todo aquel peso muerto en movimiento, venciendo a la inercia. En un tren le daba igual lo que pasara, incluso cuando atisbaba el caos garabateado de su diario y descubría, por lo que alcanzaba a interpretar, que estaba llegando dos horas tarde a su actuación de Nápoles, todavía a más de seiscientos kilómetros. [...]
    Cargaba su soledad a cuestas como el estuche de un instrumento. Nunca le abandonaba. Después de los bolos, después de hablar con los fans y quizá algunos amigos que estaban de paso, después de entrar en un bar y quedarse el último, después de volver dando tumbos a su habitación, después de buscar las llaves y oírlas arañar la cerradura silenciosa, después de abrir la puerta de un piso que estaba siempre exactamente igual que lo había dejado, después de tirar el estuche del saxo al sofá... después de todo eso, por tarde que fuera, siempre llegaba el momento en que le apetecía continuar hablando, escuchar el tintineo y el burbujeo de alguien preparando un café o una copa. Tras regresar al piso, abría una botella, pegaba algunos tragos y se sentaba en camiseta y calzoncillos a tocar el saxo lo más flojo posible. Mientras vivía en Amsterdam solía telefonear a los amigos de Estados Unidos a cualquier hora de la noche, pero ahora sólo tenía el saxofón y con él intentaba hablar con Duke o Bean o cualquier otro, alternando durante más de una hora la botella y el instrumento. [...]

Ben Webster - Los Angeles, 1961

    El sentimiento de sus baladas nacía de la nostalgia, siempre rememoraba la época de las jams en Kansas City, cuando tocaban toda la noche, superándose unos a otros, rodeados de aplausos y amigos. La época en que una muchedumbre aplaudía al final de un solo y él se despedía con la mano derecha, dando las gracias al público como si un viejo amigo acabara de entrar en el local con el estuche del saxo al hombro, dispuesto a participar. [...]
    -Si te gusta el jazz tiene que gustarte Ben. Podría gustarte el jazz y no gustarte Ornette, incluso podría no gustarte Duke, pero es imposible que te guste el jazz y no te guste Ben.
    Cargaba con la soledad a cuestas, pero también llevaba consigo su sonido, a modo de consuelo. El saxo era su hogar, el saxo y los sombreros, que más que ponerse, habitaba, los porkpies y los trilbies echados tan atrás que se le pegaban como casquetes. Despertarse por la mañana y alegrarse porque el indestructible sombrero seguía en su cabeza... era lo más parecido que conocía a esa cálida sensación de haber pasado fuera mucho tiempo y darte cuenta de pronto de que estás de nuevo en tu cama. Sombrero y saxo: la tradición, el hogar que nunca tendría que dejar. [...]
Traducción de Cruz Rodríguez Juiz
Over The Rainbow - Ben Webster con Stan Tracy al piano

Autumn Leaves
Ben Webster - Saxo tenor
Kenny Drew - Piano
Niels-Henning Ørsted Pedersen - Contrabajo
Alex Riel - Batería
Grabado en Metronome Studios (Copenhage, Septiembre 1965)

lunes, 7 de abril de 2014

Fragmentos de Esperando a Godot - Samuel Beckett - Irlanda


PRIMER ACTO
[...]
(Estragón se dirige al centro del escenario y mira al fondo)
ESTRAGÓN - ¡Hermoso lugar! (Se vuelve, avanza hasta la batería y mira hacia el público) Rostros sonrientes. (Se vuelve hacia Vladimiro) Vámonos.
VLADIMIRO - No podemos.
EST. - ¿Por qué?
VL. -  Esperamos a Godot.
EST. - Es verdad. (Pausa) ¿Estás seguro de que es aquí?
VL. - ¿El qué?
EST. - Donde hay que esperar.
VL. - Dijo delante del árbol. (Miran el árbol) ¿Ves algún otro?
EST. - ¿Qué es?
VL. - Yo diría que un sauce llorón.
EST. - ¿Dónde están las hojas?
VL. - Debe de estar muerto.
EST. - Se acabó su llanto.
VL. - A menos que no sea tiempo.
EST. - ¿Y no sería más bien un arbolillo?
VL. - Un arbusto.
EST. - Un arbolillo.
VL. - Un... (Se contiene) ¿Qué quieres insinuar? ¿Que nos hemos equivocado de sitio?
EST. - Ya tendría que estar aquí.
VL. - No aseguró que viniera.
EST. - ¿Y si no viene?
VL. - Volveremos mañana.
EST. - Y, después, pasado mañana.
VL. - Quizá.
EST. - Y así sucesivamente.
VL. - Es decir...
EST. - Hasta que venga.
VL. - Eres inhumano.
EST. - Ya vinimos ayer.
VL. - ¡Ah, no! en eso te equivocas.
EST. - ¿Qué hicimos ayer?
VL. - ¿Que qué hicimos ayer?
EST. - Sí.
VL. - Pues, pues...(Enojándose) Nadie como tú para no entenderse.
EST. - Yo creo que estuvimos aquí.
VL. - (Mirando alrededor) ¿Te resulta familiar el lugar?
EST. - Yo no he dicho eso.
VL. - ¿Entonces?
EST. - Eso no tiene nada que ver.
VL. - No obstante..., ese árbol..., (Al público) esa turbera...
EST. - ¿Estás seguro de que era esta noche?
VL. - ¿El qué?
EST. - Que debíamos esperarle.
VL. - Dijo el sábado. (Pausa) Según creo.
EST. - Después del trabajo.
VL. - Debí apuntarlo. (Revuelve en sus bolsillos, repletos de toda clase de porquerías)
EST. - Pero ¿qué sábado? ¿Es hoy sábado? ¿No será más bien domingo? ¿O lunes? ¿O viernes?
VL. - (Mirando enloquecido alrededor suyo como si la fecha estuviese escrita en el paisaje) No es posible.
EST. - O jueves.
VL. - ¿Qué hacemos?
EST. - Si anoche se molestó en balde, ya puedes estar seguro de que hoy no vendrá.
VL. - Pero dices tú que nosotros hemos venido anoche.
EST. - Puedo equivocarme. (Pausa) ¿Quieres que nos callemos un poco?
VL. - (Débilmente) Bueno. (Estragón se sienta en el suelo. Vladimiro recorre con pasos largos la escena agitadamente. De cuando en cuando se detiene para otear el horizonte. Estragón se duerme. Vladimiro se para ante Estragón) Gogo.. (Silencio) Gogo... (Silencio) ¡Gogo!... (Estragón se despierta sobresaltado)
[...]

MUCHACHO. - (De un tirón) El señor Godot me ha dicho que les diga que no vendrá esta noche, sino que seguramente mañana.
VLADIMIR. - ¿Eso es todo?
MU. - Sí, señor.
VL. - ¿Trabajas para el señor Godot?
MU. - Sí, señor.
VL. - ¿Qué haces?
MU. - Cuido las cabras, señor.
VL. - ¿Es amable contigo?
MU. - Sí, señor.
VL. - ¿No te pega?
MU. - No, señor, a mí no.
VL. - ¿A quién pega?
MU. - A mi hermano, señor.
VL. - ¡Ah! ¿tienes un hermano?
MU. - Sí, señor.
VL. - ¿Y qué hace?
MU. - Cuida las ovejas, señor.
VL. - ¿Y por qué a ti no te pega?
MU. - No lo sé, señor.
VL. - Debe de quererte.
MU. - No lo sé, señor.
VL. - ¿Te da bien de comer? (El muchacho duda) Que si te da bien de comer.
MU. - Muy bien, señor.
VL. - ¿No eres desgraciado? (El muchacho duda) ¿Me comprendes?
MU. - Sí, señor.
VL. - Pues, ¿entonces?
MU. - No sé, señor.
VL. - ¿No sabes si eres desgraciado o no?
MU. - No, señor.
VL. - Como yo. (Pausa) ¿Dónde duermes?
MU. - En el granero, señor.
VL. - ¿Con tu hermano?
MU. - Sí, señor.
VL. - ¿En el heno?
MU. - Sí, señor. (Pausa)
VL. - Bueno, vete.
MU. - ¿Qué tengo que decirle al señor Godot, señor?
VL. - Dile... (Vacila) Dile que nos has visto (Pausa) Nos has visto perfectamente, ¿no es verdad?
MU. - Sí, señor. (Retrocede, vacila, se vuelve, sale corriendo)
(La luz empieza a descender bruscamente. En un momento ha cerrado la noche. La luna se levanta, al fondo, sube al firmamento, se inmoviliza, inundando la escena de una plateada claridad)
[...]

SEGUNDO ACTO
[...]
(Silencio. Vladimiro da un repentino salto hacia delante y el Muchacho se escapa como una flecha. Silencio. El sol se pone; sale la Luna. Vladimiro inmóvil. Estragón se despierta, se descalza, se levanta con los zapatos en la mano y los pone ante la batería; va hacia Vladimiro y le mira)
EST. - ¿Qué te pasa?
VL. - No me pasa nada.
EST. - Me voy.
VL. - Yo también. (Silencio)
EST. - ¿Hace mucho tiempo que me he dormido?
VL. - No sé. (Silencio)
EST. - ¿Adónde iremos?
VL. - No muy lejos.
EST. - ¡No, no, vámonos lejos de aquí!
VL. - No podemos.
EST. - ¿Por qué?
VL. - Tenemos que volver mañana.
EST. - ¿Para qué?
VL. - Para esperar a Godot..
EST. - Es verdad. (Pausa) ¿No ha venido?
VL. - No.
EST. - Y ahora ya es tarde.
VL. - Sí, es de noche.
EST. - ¿Y si no le hiciéramos caso? (Pausa) ¿Si no le hiciéramos caso?
VL. - Nos castigaría. (Silencio. Mira el árbol) Sólo el árbol vive.
EST. - (Mirando el árbol) ¿Qué es?
VL. - El árbol.
EST. - Sí, pero ¿de qué clase?
VL. - No sé. Un sauce.
EST. - Vamos a ver. (Lleva a Vladimiro hacia el árbol y quedan ante él. Silencio) ¿Y si nos ahorcáramos?
VL. - ¿Con qué?
EST. - ¿No tienes un trozo de cuerda?
VL. - No.
EST. - Entonces no podemos.
VL. - Vámonos.
EST. - Espera, tenemos mi cinturón.
VL. - Es demasiado corto.
EST. - Tú me tiras de las piernas.
VL. - ¿Y quién tira de las mías?
EST. - Es verdad.
VL. - De todas formas, déjame ver. (Estragón se desata la cuerda que sujeta su pantalón. Éste, demasiado ancho, se le cae sobre los tobillos. Miran la cuerda) Yo creo que puede servir. Pero ¿será fuerte?
EST. - Vamos a ver. Toma.
(Tiran cada uno de la cuerda. La cuerda se rompe. Están a punto de caer)
VL. - No vale. (Silencio)
EST. - ¿Dices que tenemos que volver mañana?
VL. - Sí.
EST. - Entonces nos traemos una buena cuerda.
VL. - Eso es. (Silencio)
EST. - Didi.
VL. - ¿Qué?
EST. - No puedo continuar así.
VL. - Eso se dice fácilmente.
EST. - ¿Y si nos separásemos? Quizá nos fuera mejor.
VL. - Mañana nos ahorcaremos. (Pausa) A no ser que venga Godot.
EST. - ¿Y si viene?
VL. - Estaremos salvados. (Coge su sombrero -el de Lucky- mira en el interior, pasa la mano, lo sacude y se lo vuelve a poner)
EST. - Entonces, ¿nos vamos?
VL. - Súbete los pantalones.
EST. - ¿Que me quite los pantalones?
VL. - Que te los subas.
EST. - Es verdad. (Se sube los pantalones. Silencio)
VL. - Entonces ¿nos vamos?
EST. - Vámonos. (No se mueven. TELÓN)

sábado, 5 de abril de 2014

El Romancero/ 6 - Romance de Lanzarote - Anónimo - España


ROMANCE DE LANZAROTE
(ROMANCES DEL CICLO ARTÚRICO)

   Nunca fuera caballero      de damas tan bien servido,
como fuera Lanzarote      cuando de Bretaña vino,
que dueñas curaban dél,      doncellas del su rocino.
Esa dueña Quintañona,      ésa le escanciaba el vino,
la linda reina Ginebra      se lo acostaba consigo;
y estando al mejor sabor,      que sueño no había dormido,
la reina toda turbada      un pleito ha conmovido:
-Lanzarote, Lanzarote,      si antes hubieras venido
no hablara el orgulloso      las palabras que había dicho,
que a pesar de vos, señor,      se acostaría conmigo.-
Ya se arma Lanzarote      de gran pesar conmovido,
despídese de su amiga,      pregunta por el camino.
Topó con el orgulloso      debajo de un verde pino;
combátense de las lanzas,      a las hachas han venido.
Ya desmaya el orgulloso,      ya cae en tierra tendido,
cortárale la cabeza      sin haber ningún partido;
Vuélvese para su amiga,      donde fue bien recibido.

jueves, 3 de abril de 2014

Literatura y jazz/ 23 - Fragmento de The beginning of Bebop - Jack Kerouac - Estados Unidos


    En 1959, Jack Kerouac -representante de la Beat Generation junto a Neal Cassady, William Burroughs, Allen Ginsberg, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti, Peter Orlovsky...- escribió un ensayo con el título de The beginning of Bebop que apareció publicado en el mes de abril en la revista Escapade Magazine. En él se puede leer lo siguiente:

    Aquella noche Thelonious introdujo al piano una rígida nota fuera de tono para conmoción de todos, Minton’s Playhouse, las estrellas de la noche, las horas de zapadas más tarde, 10 p.m, bares coloridos con un hotel al lado, uno o dos visitantes blancos, algunos de Columbia, otros de Ningún Lugar, unos de los escombros, otros del Ejército, Marines de la Fuerza Aérea y Navales, algunos de Europa. La extraña nota hacía que el trompetista levantase una ceja. Dizzy se sorprendió por primera vez aquel día. Se puso la trompeta en los labios y sopló una húmeda imagen borrosa. "¡Hee ha ha!", reía Charley Parker, agachándose para rascarse el tobillo con disimulo. Se puso el alto en la boca y espetó: “¿No te lo había dicho?”. Jazz de notas, conversando elocuentes como grandes poetas de lenguajes diferentes en países diferentes con liras, por los mares, y nadie lo comprende porque es un lenguaje que aún no ha nacido en la tierra. El Bop es el lenguaje del África inevitable de América, al avanzar suena como un gong, África es el nombre del latido que fluye aguzado, listo para salir, el repentino crujido desinhibidor que aúlla sordo a cada momento de la trompeta de Dizzy Gillespie. Haz lo que quieras, encuentra el tono a un lado, en el puente de la improvisación de otro, con una desgarrada lágrima asomándose, ¿por qué ser sutil y falso?. [...]

My Melancholy Baby - 6 de junio de 1950 
Charlie Parker - Saxo alto 
Dizzy Gillespie - Trompeta 
Thelonious Monk - Piano 
Curly Russell - Contrabajo 
Buddy Rich - Batería

Kerouac (D. Gillespie) - Minton’s Playhouse Club, 1941
Dizzy Gillespie, Joe Guy - Trompeta 
Kenny Kersey - Piano 
Nick Fenton - Contrabajo 
Kenny Clark - Batería

martes, 1 de abril de 2014

Elegía primera - Miguel Hernández - España


A Federico García Lorca, poeta
Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas,
y en traje de cañón, las parameras
donde cultiva el hombre raíces y esperanzas,
y llueve sal, y esparce calaveras.

Verdura de las eras,
¿qué tiempo prevalece la alegría?
El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas
y hace brotar la sombra más sombría.

El dolor y su manto
vienen una vez más a nuestro encuentro.
Y una vez más al callejón del llanto
lluviosamente entro.

Siempre me veo dentro
de esta sombra de acíbar revocada,
amasado con ojos y bordones,
que un candil de agonía tiene puesto a la entrada
y un rabioso collar de corazones.

Llorar dentro de un pozo,
en la misma raíz desconsolada
del agua, del sollozo,
del corazón quisiera:
donde nadie me viera la voz ni la mirada,
ni restos de mis lágrimas me viera.

Entro despacio, se me cae la frente
despacio, el corazón se me desgarra
despacio, y despaciosa y negramente
vuelvo a llorar al pie de una guitarra.

Entre todos los muertos de elegía,
sin olvidar el eco de ninguno,
por haber resonado más en el alma mía,
la mano de mi llanto escoge uno.

Federico García
hasta ayer se llamó: polvo se llama.
Ayer tuvo un espacio bajo el día
que hoy el hoyo le da bajo la grama.

¡Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres!
Tu agitada alegría,
que agitaba columnas y alfileres,
de tus dientes arrancas y sacudes,
y ya te pones triste, y sólo quieres
ya el paraíso de los ataúdes.

Vestido de esqueleto,
durmiéndote de plomo,
de indiferencia armado y de respeto,
te veo entre tus cejas si me asomo.

Se ha llevado tu vida de palomo,
que ceñía de espuma
y de arrullos el cielo y las ventanas,
como un raudal de pluma
el viento que se lleva las semanas.

Primo de las manzanas,
no podrá con tu savia la carcoma,
no podrá con tu muerte la lengua del gusano,
y para dar salud fiera a su poma
elegirá tus huesos el manzano.

Cegado el manantial de tu saliva,
hijo de la paloma,
nieto del ruiseñor y de la oliva:
serás, mientras la tierra vaya y vuelva,
esposo siempre de la siempreviva,
estiércol padre de la madreselva.

¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada.

Tú, el más firme edificio, destruido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido,
callado, y más callado, y más callado.

Caiga tu alegre sangre de granado,
como un derrumbamiento de martillos feroces,
sobre quien te detuvo mortalmente.
Salivazos y hoces
caigan sobre la mancha de su frente.

Muere un poeta y la creación se siente
herida y moribunda en las entrañas.
Un cósmico temblor de escalofríos
mueve temiblemente las montañas,
un resplandor de muerte la matriz de los ríos.

Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos,
veo un bosque de ojos nunca enjutos,
avenidas de lágrimas y mantos:
y en torbellino de hojas y de vientos,
lutos tras otros lutos y otros lutos,
llantos tras otros llantos y otros llantos.

No aventarán, no arrastrarán tus huesos,
volcán de arrope, trueno de panales,
poeta entretejido, dulce, amargo,
que al calor de los besos
sentiste, entre dos largas hileras de puñales,
largo amor, muerte larga, fuego largo.

Por hacer a tu muerte compañía,
vienen poblando todos los rincones
del cielo y de la tierra bandadas de armonía,
relámpagos de azules vibraciones.
Crótalos granizados a montones,
batallones de flautas, panderos y gitanos,
ráfagas de abejorros y violines,
tormentas de guitarras y pianos,
irrupciones de trompas y clarines.

Pero el silencio puede más que tanto instrumento.

Silencioso, desierto, polvoriento
en la muerte desierta,
parece que tu lengua, que tu aliento,
los ha cerrado el golpe de una puerta.

Como si paseara con tu sombra,
paseo con la mía
por una tierra que el silencio alfombra,
que el ciprés apetece más sombría.

Rodea mi garganta tu agonía
como un hierro de horca
y pruebo una bebida funeraria.
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan una muerte diaria.
De Viento del pueblo, 1937