Chet Baker - Like Someone In Love

miércoles, 9 de enero de 2008

Las cosas - Jorge Luis Borges - Argentina

Jorge Luis Borges - Luis de Bairos Moura
El bastón, las monedas, el llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,

un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde

una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,
láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,

ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.

domingo, 6 de enero de 2008

El pueblo más cercano - Franz Kafka - Checoslovaquia

Un tiempo para el intento - Silvia Gattino
Mi abuelo solía decir: "La vida es asombrosamente corta. Se me ha comprimido tanto en la memoria que, por ejemplo, apenas comprendo cómo puede un joven decidirse a viajar a caballo al pueblo más cercano, sin el temor de que, dejando aparte los accidentes desgraciados que pueden sobrevenir, el tiempo de una vida común y corriente no baste, ni de lejos, para semejante empresa".

jueves, 3 de enero de 2008

A veces - Juan Ramón Jiménez - España

Juan Ramón Jiménez - Sorolla
A veces un gusto amargo,
Un olor malo, una rara
Luz, un tono desacorde,
Un contacto que desgana,
Como realidades fijas
Nuestros sentidos alcanzan
Y nos parecen que son
La verdad no sospechada

lunes, 31 de diciembre de 2007

Happy New Year - Julio Cortázar - Argentina

Manos
Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas. Entonces
la tramo en aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo, como
si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

domingo, 30 de diciembre de 2007

Ya no quedan esperanzas de - Julio Cortázar - Argentina

Unplugged
El living de casa es muy grande, pero de ahí a pensar que Roberto

Hay pocos muebles y eso deja mucho espacio para moverse cuando los parientes y los amigos vienen a tomar una

Yo en el sillón al lado de la lámpara y mi mujer casi siempre en la silla baja cerca de la

Mesas no hay más que una, larga y angosta, que usamos para

Se puede circular cómodamente, mirar los estantes de la biblioteca y sentarse en la banqueta adosada a la

Creo que Roberto iba precisamente a sentarse cuando en mitad del living

Serían las veintidós o las veintidós y diez, Pablo y los Mounier dicen una cosa y mi mujer

Serían las veintidós y cinco para no

Lo que importa es que precisamente en ese momento Roberto iba a decirle algo a la señora de Cinamomo, como si

Había sacado un cigarrillo y se lo estaba poniendo en la boca cuando encalló y

Todos oímos el golpe y mi mujer levantó la vista del tejido y miró a Roberto como si no pudiera

Los Mounier que estaban sentados en el suelo cerca de la chimenea

Yo que tenía en la mano la copa de

Un golpe sordo y Roberto encallado y mirándose los pies como si fuera algo tan

Mi mujer siempre había dicho que ahí en el medio del living podía

Pablo no, Pablo estaba seguro de que nunca

Por mi parte no me gusta meterme, aunque debo decir que Roberto hubiera podido muy bien

Reconozco con todo que sin previo aviso es comprensible que un hombre

Debía ser muy raro con el cigarrillo en la boca, porque se lo sacó y lo sostuvo entre dos dedos mientras

La señora de Cinamomo no parecía haber encontrado nada más inteligente que hacer señas con

Los Mounier desde el suelo podían ver mejor y cambiaban impresiones en voz

Parecía ser el pie izquierdo porque Roberto se echaba hacia atrás apoyándose en

-Habría que -dijo mi mujer después de

-Esperá un poco si -aconsejé yo que por principio

A veces todo parece tan grave y al final

-Quién sabe la profundidad que puede haber en esa parte del -dijo Pablo, como si todos nosotros no

A mí siempre me ha fascinado la palabra toesas, desde

-Tire el cigarrillo, porque -sugirieron los Mounier mostrando

Y también balizas, escollera, bajamar, galerna, mesana y

Probablemente por miedo a un incendio que no haría más que

No eran todavía las diez y media y Roberto podía confiar en

Pero a nadie se le iba a ocurrir acercársele con la bandeja del café, máxime cuando ya

-Fragor, como si -dijo Pablo, que de todos modos era el menos

Desde donde estaban, los Mounier podían juzgar el avance de

Yo creo que gritó una o dos veces, pero en esos casos es difícil

-Habría que echarle un cabo -dije yo que en esos casos- o tal vez si la alcanzáramos el mango de una

Parece tan simple, pero en un living

-Cualquier cosa para -dijo la señora de Cinamomo, mientras- porque lo importante es hacer algo a fin de que
Dijo eso, exactamente, como si nosotros

Ya para entonces los Mounier estaban seguros de que los dos pies

-No creo que funcionen, se ve que -dijo Pablo, que de todos nosotros era el más

Pensé que hablaba de las bombas de achicar, porque en efecto la

Al final se había decidido a tirar el cigarrillo, probablemente para poder

Se lo veía como un bastoncillo blanco que oscilaba y

En esos casos se piensa en una gaviota, nunca en el alción que es

-Si ha tenido tiempo de transmitir la latitud a -dijo Pablo, como si

Yo pensaba en dos palabras: mensaje inalámbrico, que en estos tiempos ya no

A mi mujer le parecía que las rodillas

A mí también, pero para qué alarmar cuando todavía

Tal vez telefoneando, pero si había que explicar que

A los Mounier se les había ocurrido alcanzarle una silla aunque debía parecerles un poco

Con los Mounier nos conocíamos, pero no había tanta confianza como para

-Le llega a la cintura, y eso que -dijo Pablo, con esa manera de

Mi mujer clavó las agujas en el ovillo y me miró, tal vez para que yo

No era tan fácil, en primer lugar había que comprender las

Todos disimulábamos para no afligir más a Roberto, aunque

Además no era cosa de que escuchara la sirvienta, porque ya se sabe que los de fuera no

Desgraciadamente los aullidos eran cada vez más

-Son los albatros, me acuerdo de una vez en -decía la señora de Cinamomo y señalaba hacia

Unos de los Mounier empezó a hacer movimientos natatorios sin darse cuenta de que

El otro, más consciente de

Yo aprecié el gesto, porque en una casa de gente educada

-Uno se pregunta si no valdría más que de una vez por todas -dijo mi mujer mirando a

Expresaba el sentimiento unánime de

Pablo fue a cerrar mejor la ventana y las puertas, porque si

Aunque se notaba que cada vez

La palabra sería borborigmo

No es una bella palabra, aunque la sinceridad obliga a una

-Se diría una medusa que empieza a -murmuró la señora de Cinamomo que siempre

Un poco, sí, porque el pelo

Como finísimos dedos abriéndose y cerrándose con

Mi mujer salió llevando la taza de café sobrante, y a todos nos pareció

Son esos gestos que uno agradece sin palabras, porque

Al fin y al cabo en una casa como la nuestra en que

Nadie podrá decir que no se hace lo posible para

El más difícil aún: un poema a base de sobreentendidos

lunes, 24 de diciembre de 2007

Borges y yo - Jorge Luis Borges - Argentina

Escher
Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

No sé cuál de los dos escribe esta página.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Quizá la más querida - Julio Cortázar - Argentina

Fiesta porteña - Fabrizia Braga Navarro
Me diste la intemperie,
la leve sombra de tu mano
pasando por mi cara.
Me diste el frío, la distancia,
el amargo café de medianoche
entre mesas vacías.

Siempre empezó a llover
en la mitad de la película,
la flor que te llevé tenía
una araña esperando entre los pétalos.

Creo que lo sabías
y que favoreciste la desgracia.
Siempre olvidé el paraguas
antes de ir a buscarte,
el restaurante estaba lleno
y voceaban la guerra en las esquinas.

Fui una letra de tango
para tu indiferente melodía.