defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría
Ojo, esto no tiene nada que ver con la asquerosa utilización propagandística que del poema de Benedetti hicieron en un su día el Gobierno y sus corifeos, entre los que por cierto se encontraba, ay, el amigo Joan Manuel. Contradicciones...
Una gran pérdida, Joan Manuel Serrat.
ResponderEliminar¿Qué quieres decir, Jose? ¿Estoy tan fuera de juego que no me he enterado de esa pérdida? ¿Cuándo? Dime que no, por favor.
ResponderEliminarTranquila, no se ha muerto si es lo que pensaste.
ResponderEliminarSí, eso es exactamente lo que había pensado, Jose. Gracias por tu respuesta. De todos modos, y entonces, ¿por qué pérdida?
ResponderEliminarEs que me acuerdo de Serrat cuando era un cantante que reivindicaba cosas... ahora se dedica a la sopa boba.
ResponderEliminarEso sí, sigue cantando muy bien.
No quiero extenderme más que esta no es mi 'casa'.
Gracias, Jose.
ResponderEliminarJuan, defender la alegría. Gracias.