Barbara Mendes - So Many Stars (2017)

lunes, 30 de noviembre de 2015

Literatura y jazz/ 58 - Fragmento de Latitud y tiempo - José María Moreno Carrascal - España


II
SKID ROW (NUEVA ORLEÁNS, 1973)
Yet the South felt like home
DEREK WALCOTT
En la ciudad criolla, entre los bayous1,
bajo una niebla que calaba los huesos,
una legión de hoboes2 y drifters3,
a cambio de medio salario -había que volver al día siguiente-,
limpiaba, aún de noche, barcazas en el puerto,
descargaba, en las vías muertas de los muelles, mercancías
procedentes de trenes venidos del norte y del Midwest
y soñaba con buques de inciertos derroteros,
viajes improbables a exuberantes tierras más al sur
donde encontrar raros hongos alucinógenos.

De todo aquello hace ya muchos años
y sin embargo aún recuerdas
los rostros de esos hombres
-algunos no tan jóvenes como tú entonces-,
las frías madrugadas,
el olor a cerveza pasada y marihuana,
el agrio sabor a café barato de oficina,
los vasos de plástico,
las callejuelas húmedas,
el sudor de noches mal dormidas,
y el traqueteo del viejo tranvía de St. Charles
-a esas horas solitario-
que, desde Audubon Park, te llevaba
a la infame agencia de trabajo
donde, bajo una luz mortecina, emprendías
otra jornada exploratoria, producto de ese afán
de aventurarte en la vida de los otros,
más allá de los libros y aquel deseo de libertad
que, pocos años antes,
te habían hecho salir -aún adolescente-
de una tierra aletargada y pobre.

"Hey, y'all, out there!, I need three guys to work today in the 
      river",
una voz firme -como de alguien que ha dormido en seguro
      lecho conyugal-
gritaba a los allí recién llegados, una pequeña multitud inquieta
a la espera de unas horas en trabajos que nadie quería
y un exiguo jornal con el que cubrir gastos de alcohol y cama.
"Me, me, brother" -contestaba siempre un tipo taciturno
en estado constante de embriaguez.

Eran los mismos hombres que, al caer la tarde,
desparramaban por las aceras de una plaza que allí llaman Lee 
      Circle
sus fatigados cuerpos de anglosajones, negros y latinos de
      edades imprecisas,
sombras de quienes fueron a plena luz del día,
ahora tan sólo protegidas por la mirada de bronce
del elegante héroe en uniforme que, cada atardecer,
como una cruel divinidad muda, atestiguaba desde su columna
el amargo destino de unos seres oscuros y lejanos.

El sueño de América te mostraba su otra cara,
como una réplica extraña del humillado país que te crió.
José María Moreno Carrascal
1 Bayou: arroyo o río pequeño.
2 Hobo: vagabundo, "homeless" (sin casa).
3 Drifter: vagabundo.

Música callejera en Nueva Orleáns

MORENO CARRASCAL,  José María (Ayerbe, Huesca, 1951). Doctor en Filología Inglesa con una tesis sobre la lírica de D. H. Lawrence, cuya poesía ha traducido, al igual que la de otros autores anglófonos como Vladimir Nabokov, John Updike, Charles Bukowski o Wallace Stevens. Ha residido en Gran Bretaña y actualmente vive en Estados Unidos. Hasta la fecha ha publicado dos poemarios, Los jardines de hielo (2010) y Los reinos diminutos (2013). En este último aparece Latitud y tiempo, poema cuya segunda sección, titulada Skid Row (Nueva Orleáns, 1973), ofrece alguno de los contados versos que la literatura española del último siglo ha dedicado a la cuna del jazz. [Semblanza de Juan Ignacio Guijarro, autor del libro Fruta extraña, editado por 'Vandalia' - Fundación José Manuel Lara]

sábado, 28 de noviembre de 2015

Construção - Chico Buarque de Hollanda - Brasil


Amou daquela vez como se fosse a última
Beijou sua mulher como se fosse a última
E cada filho seu como se fosse o único
E atravessou a rua com seu passo tímido
Subiu a construção como se fosse máquina
Ergueu no patamar quatro paredes sólidas
Tijolo com tijolo num desenho mágico
Seus olhos embotados de cimento e lágrima
Sentou pra descansar como se fosse sábado
Comeu feijão com arroz como se fosse um príncipe
Bebeu e soluçou como se fosse um náufrago
Dançou e gargalhou como se ouvisse música
E tropeçou no céu como se fosse um bêbado
E flutuou no ar como se fosse um pássaro
E se acabou no chão feito um pacote flácido
Agonizou no meio do passeio público
Morreu na contramão atrapalhando o tráfego

Amou daquela vez como se fosse o último
Beijou sua mulher como se fosse a única
E cada filho seu como se fosse o pródigo
E atravessou a rua com seu passo bêbado
Subiu a construção como se fosse sólido
Ergueu no patamar quatro paredes mágicas
Tijolo com tijolo num desenho lógico
Seus olhos embotados de cimento e tráfego
Sentou pra descansar como se fosse um príncipe
Comeu feijão com arroz como se fosse o máximo
Bebeu e soluçou como se fosse máquina
Dançou e gargalhou como se fosse o próximo
E tropeçou no céu como se ouvisse música
E flutuou no ar como se fosse sábado
E se acabou no chão feito um pacote tímido
Agonizou no meio do passeio náufrago
Morreu na contramão atrapalhando o público

Amou daquela vez como se fosse máquina
Beijou sua mulher como se fosse lógico
Ergueu no patamar quatro paredes flácidas
Sentou pra descansar como se fosse um pássaro
E flutuou no ar como se fosse um príncipe
E se acabou no chão feito um pacote bêbado
Morreu na contra-mão atrapalhando o sábado

Por esse pão pra comer, por esse chão prá dormir
A certidão pra nascer e a concessão pra sorrir
Por me deixar respirar, por me deixar existir,
Deus lhe pague

Pela cachaça de graça que a gente tem que engolir
Pela fumaça e a desgraça, que a gente tem que tossir
Pelos andaimes pingentes que a gente tem que cair,
Deus lhe pague

Pela mulher carpideira pra nos louvar e cuspir
E pelas moscas bicheiras a nos beijar e cobrir
E pela paz derradeira que enfim vai nos redimir,
Deus lhe pague
~~~~

Construcción

Amó aquella vez como si fuese la última
Besó a su mujer como si fuese la última
Y a cada hijo suyo como si fuese único
Y atravesó la calle con su paso tímido
Subió a la construcción como si fuese máquina
Levantó en el rellano cuatro paredes sólidas
Ladrillo tras ladrillo en un diseño mágico
Sus ojos embotados de cemento y lágrimas
Sentóse a descansar como si fuese sábado
Comió frijol y arroz como si fuese un príncipe
Bebió y sollozó como si fuese un náufrago
Bailó y se carcajeó como si oyese música
Y tropezó con el cielo como si fuese un ebrio
Y flotó en el aire como si fuese un pájaro
Y terminó en el suelo hecho un bulto flácido
Agonizó en medio de la vía pública
Murió en contrasentido estorbando al tráfico

Amó aquella vez como si fuese el último
Besó a su mujer como si fuese única
Y a cada hijo suyo como si fuese el pródigo
Y atravesó la calle con su paso ebrio
Subió a la construcción como si fuese sólido
Levantó en el rellano cuatro paredes mágicas
Ladrillo tras ladrillo en un diseño lógico
Sus ojos embotados de cemento y tráfico
Sentóse a descansar como si fuese un príncipe
Comió frijol y arroz como si fuese lo máximo
Bebió y sollozó como si fuese máquina
Bailó y se carcajeó como si fuese el próximo
Y tropezó con el cielo como si oyese música
Y flotó en el aire como si fuese sábado
Y terminó en el suelo hecho un bulto tímido
Agonizó en medio de la vía náufraga
Murió en contrasentido estorbando al público

Amó aquella vez como si fuese máquina
Besó a su mujer como si fuese lógico
Levantó en el rellano cuatro paredes flácidas
Sentóse a descansar como si fuese un pájaro
Y flotó en el aire como si fuese un príncipe
Y terminó en el suelo hecho un bulto ebrio
Murió en contrasentido estorbando al sábado

Por ese pan para comer, por ese suelo para dormir
El certificado para nacer y el permiso para sonreír
Por dejarme respirar, por dejarme existir
Que Dios le pague

Por la cachaza1 gratuita que uno se tiene que tragar
Por la fumada y desgracia que uno tiene que toser
Por los andamios colgantes de los que uno tiene que caer
Dios le pague

Por la mujer plañidera para alabarnos y escupirnos
Y por las moscas bicheras2 que nos besarán y cubrirán
Y por la paz útlima que, al fin, nos va a redimir
Dios le pague
Chico Buarque

1 Cachaza: aguardiente de melaza de caña. 
2 La mosca bichera, o mosca de la bichera, deposita sus huevos en las heridas de cualquier animal de sangre caliente (incluido el ser humano) y, cuando los huevos pasan a ser gusanos, éstos se alimentan de los líquidos de los tejidos.

Construção - Chico Buarque

jueves, 26 de noviembre de 2015

Fragmento de Avalovara - Osman Lins - Brasil


Imaginad un viaje fluvial.
El barquero, de la naciente al estuario,
sigue el flujo de las aguas. ¿Ese viaje
comienza? ¿Termina? El barquero 
encuentra que así es y así ve: y en
verdad hay una faz del viaje donde
el comienzo y el fin existen,
donde existe una lectura o ejecución
del viaje. Hay una faz del viaje donde
pasado y futuro son reales; y otra,
no menos real y más huidiza, donde
el viaje, el barco, el barquero, el río
y la extensión del río se confunden.
Los remos de la barca hienden
de una vez toda la longitud del río;
y el viajero, para siempre y desde
siempre, inicia, realiza y concluye
el viaje, de tal modo que la partida
en la cabecera del río no antecede
a la llegada a su desembocadura.

martes, 24 de noviembre de 2015

Alicia - Carlos Oroza - España


He venido a verme. Quiero salir y no puedo entrar.
Paso de lado simplemente y no me llaman.
Y veo a Cátin. La ciudad en sus números y la luz. La calma.

Era en un sexto de un seis de una calle que arrancaba del centro
Una distancia que sólo se conocía por teléfono
Y vino un desconcierto. La calma. Vino la calma.

La calma y mirarás. La mirarás decía
Y sus ojos tenían la precisión táctil de su boca
La calma. Vino la calma.

Y Alicia había declarado al mar calamidad sentimental
Y en el interior había vibraciones incrustadas
Manchas que se reproducían en latidos
Y se esparcían manifestantes y mu1titudinarios por los
          escaparates
Donde permanecían horas y días
Con la cabeza apoyada en los cristales.

Alicia tenía la sonrisa. La alegría del que pierde la respiración
Alicia era una mujer que se confundía en principio
Desde la primera escalera de un sexto izquierda
Un séptimo izquierda que arrancaba del centro
Una distancia que sólo se conocía por teléfono
O a través de sus gemidos en el estado íntimo de su soledad.

Y en la ciudad de cristal del arquitecto de Suiza
Alicia buscaba alivio
Alicia había quedado sola
Porque las lunas de los escaparates estaban todas ocupadas
Y no había ni un milímetro para apoyar su frente.

En los grandes edificios habían puesto andamios
Y en la parte de la ciudad alta
Todas las ventanas estaban ocupadas
Por los delirantes que tenían las frentes agujereadas.

Los hombres estaban suspendidos en el aire
Sobre los andamios con las frentes inclinadas en las ventanas.

Alicia fue a apoyar su frente a los stops
A los coches que habían quedado aparcados
Y los coches estaban también ocupados
Y las ventanas de los coches
Los cristales
Estaban pegados en los frentes que deliraban de dolor.

Alicia fue a refugiarse en la púrpura de los ángeles
Y la púrpura de los ángeles estaba pegada en la frente dolorida
de los místicos
Y fue a buscar la cera de los laboratorios eclesiásticos
Y no había solución

La ciudad de cristal del arquitecto de Suiza
Estaba totalmente ocupada.
Alicia anduvo recorriendo toda la ciudad
Y fue a los stops y a los anuncios publicitarios
Y todos los anuncios
Y los stops
Y la luz piloto de los coches
Estaban ocupados por las frentes que deliraban de dolor.

Alicia fue a ver los ojos abiertos de los animales muertos
Y los ojos abiertos de los animales muertos
Estaban ocupados por las golondrinas
Que se apoyaban contra el ojo derecho de los animales muertos
Del interior de la ciudad de cristal del arquitecto de Suiza.

Alicia fue a la estación
Donde estaban los coches de los ferrocarriles
A ver si había una posibilidad.

Mirar si había una rendija de luz
Que se introdujera por debajo de las puertas de los trenes
Para apoyar su frente
Pero no era posible
Porque aquella luz que bajaba por debajo de las puertas de los
          trenes
Estaba ocupada por las frentes de los animales

Que antes se habían nutrido de los enfermos neurálgicos de los
          trenes.
Que viajaban a la ciudad de cristal del arquitecto de Suiza.

Alicia andaba sola
Y se perdía buscando un espacio en las ventanas
En las lunas de los museos
En los escaparates
Y no había ni un minuto para apoyar sus latidos
No había llanto
Y no era posible inclinar la cabeza sobre la humedad de una
          lágrima.

No eran posibles los extraordinarios
Las horas fuera
En los relojes no había siquiera una hora
Que penetrase contra el punto neurálgico de la cabeza
Habían desaparecido los pinchazos exteriores
Para luchar contra el dominio interno de la cabeza.

Pero ahora ya no hay nadie en los andamios
Nadie está con las frentes en las lunas de los escaparates
Ya no hay más frentes acariciando la púrpura de los ángeles
Ya no hay más gente rociándose la frente
Con la cera derretida de los laboratorios eclesiásticos

Ya no hay más
Nadie
Nadie está mirando a los altares

Aproximando la frente a los monumentos
Nadie está suspendido en esta ciudad.

Nadie está de pie buscando el frío de los escaparates
Buscando el frío el viento de las alturas por el cráneo
Nadie
Absolutamente nadie.

Porque todos los que estaban suspendidos
En la ciudad de cristal del arquitecto de Suiza
Habían descendido
Se habían desplomado contra el suelo boca abajo
Y habían desocupado todas las estancias
Y sucedía entonces que por el suelo no se podía andar
Porque el suelo estaba repleto de bocas boca abajo
Y el espacio aéreo fue ocupado por otras formas de animales.

El poeta gallego Carlos Oroza acaba de fallecer en Vigo a los 92 años. Descanse.

Más conocido por sus performances y recitales que por su escasa obra poética, Oroza ha sido considerado por muchos el Allen Ginsberg español. Según Francisco Umbral era el poeta maldito del café Gijón, el bohemio de los sesenta.

Preguntado en una entrevista por su huida de Madrid y su vuelta a Galicia, respondió: 
-Lo abandoné todo. Decidí salir de ese mundo, de ese desierto emocional y penetrar en la esencia de las cosas, en busca del poema y la sinfonía. Así que regresé. Y el lugar más parecido a mi idea infantil de Galicia es Vigo, y aquí estoy. La poesía exige una renuncia total. Yo he dejado todo por esto, pero esto es mucho más placentero y digno. Decidí perder para ganar. Soy un romántico. Ya lo escribí: "Todas las tardes paseo mi derrota por las calles de Vigo, alguna vez me paro en la orilla y espero algún barco".

Vídeo-presentación de Évame, libro con la obra completa de Carlos Oroza, editado por Editorial Elvira

domingo, 22 de noviembre de 2015

Literatura y jazz/ 56 - Pájaros de luz negra (Tete Montoliu en Zeleste) - José Florencio Martínez - España


...luz no usada...
FRAY LUIS
Sacabas tu piano y de tu noche
la luz más negra para que bebiéramos
con el bitter amargo de la inocencia
los umbrales sin fin de tu agonía,
tú que eras el más negro de todos los músicos,
el de la luz más seria, más abisal y macerada.
Yo no sabía entonces que esa luz
era como oro tibio de luna
por las playas ebrias de tus escalas,
una heredad de sueños abiertos
con lluvia de bienvenida y palomas oscuras
que beben en los charcos de las amanecidas.
Y nos llevabas a tu noche.
Al cofre misterioso de tu noche
que abrías ante nuestros oídos absortos,
surcos abiertos de tierra negra,
pájaros de reclamo y aromas lejanísimos
de un oriente sin brújulas,
tú, el más adelantado de los teclados de la noche,
mago incesante de sus cuevas frías.
La noche, entonces, era un gran catafalco
y cuando tú ponías el oro de tu luna en el cielo,
la oscura rosa encendida de tu jazz en la noche,
las gárgolas y los pináculos de Santa María del Mar
se llenaban de búhos silenciosos
para verte caminar como un adelantado
de los caminos de la nieve
en medio de lo abstracto de la noche.
Tú tenías el oro de todos los otoños
y el secreto de la grieta más honda de la noche.
Tú sabías de la luz más que los olivos
y más que los almendros
y que los condenados a muerte.
Y esa noche que tú nos dabas a beber
sabía a leche de estrellas de la Vía Láctea,
a leche de la almendra de la nada,
a ginebra o a llamarada o a sangre seca
de un sembrador de centeno.
Sacabas de tus cedazos el oro de sus espigas
y lo esparcías con tus manos
por nuestros solanares yermos,
por los cenizales inefables del corazón
hasta que surgía la pregunta de siempre,
la de los cuatro bourbons en la sombra.
Porque nadie sabía cuántas verdades juntas
puede aguantar el hombre sin desmoronarse,
sin desgranarse como un racimo pianísimo de luz
ante el muro sin nombre de la madrugada.
Y esa luz que sacabas,
Tete, de tu piano y de tu noche
nos dejaba los ojos
igual que los relámpagos nocturnos
a los búhos heridos en la noche cerrada.
Tete Montoliu Trío interpreta If I Should Lose You (Ralph Rainger - Leo Robin) para la televisión alemana en 1990 
Tete Montoliu - Piano 
Herbie Lewis - Contrabajo 
Billy Higgins - Batería

viernes, 20 de noviembre de 2015

Cultura del palimpsesto / Exilios / Sumas - Ida Vitale - Uruguay


Cultura del palimpsesto

Todo aquí es palimpsesto,
pasión del palimpsesto:

a la deriva,
               borrar lo poco hecho,
empezar de la nada,
afirmar la deriva,
mirarse entre la nada acrecentada,
velar lo venenoso,
matar lo saludable,
escribir delirantes historias para náufragos.

Cuidado:
no se pierde sin castigo el pasado,
no se pisa en el aire.
De Nuevas arenas I, 2002


Exilios
... tras tanto acá y allá yendo y viniendo
Francisco de Aldana

Están aquí y allá: de paso,
en ningún lado.
Cada horizonte: donde un ascua atrae.
Podrían ir hacia cualquier fisura.
No hay brújula ni voces.

Cruzan desiertos que el bravo sol
o que la helada queman
y campos infinitos sin el límite
que los vuelve reales,
que los haría de solidez y pasto.

La mirada se acuesta como un perro,
sin siquiera el recurso de mover una cola.
La mirada se acuesta o retrocede,
se pulveriza por el aire
si nadie la devuelve.
No regresa a la sangre ni alcanza
a quien debiera.

Se disuelve, tan solo.
De De procura de lo imposible, 1998


Sumas
caballo y caballero son ya dos animales

Uno más uno, decimos. Y pensamos:
una manzana más una manzana,
un vaso más un vaso,
siempre cosas iguales.

Qué cambio cuando
uno más uno sea un puritano
más un gamelán,
un jazmín más un árabe,
una monja y un acantilado,
un canto y una máscara,
otra vez una guarnición y una doncella,
la esperanza de alguien
más el sueño de otro.
De Reducción del infinito, 2002

La poeta uruguaya Ida Vitale, una de las voces más importantes de la generación del 45 (Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti, Carlos Maggi, Idea Vilariño...), acaba de obtener a sus 92 años el XXIV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, concedido conjuntamente por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca, y considerado como el Cervantes de la poesía. El premio lo obtuvo por unanimidad del jurado, reunido en el Palacio Real. Enhorabuena.

Huyendo de la dictadura, Ida Vitale se exilió en 1974 en México, donde conoció a Octavio Paz, que la integró en el comité asesor de la revista Vuelta. Participó además en la fundación del semanario Uno más uno y se dedicó a la enseñanza y al ensayo y crítica literaria.
Desde 1989 vive en Austin (Tejas) junto a su segundo marido, el también poeta Enrique Fierro. Su primer marido, el ensayista Ángel Rama, había muerto en 1983 en el accidente aéreo del Vuelo 11 de Avianca, en el aeropuerto de Barajas.
Ha traducido, entre otros autores, a Simone de Beauvoir, Benjamin Péret, Gaston Bachelard, Jacques Lafaye, Jean Lacouture y Luigi Pirandello.

Sobre su iniciación en la poesía cuenta Vitale que una tarde una profesora en prácticas le hizo memorizar un poema de Gabriela Mistral que comenzaba: "La hora de la tarde, la que pone / su sangre en las montañas. / Alguien en esta hora está sufriendo; / una pierde, angustiada, / en este atardecer el solo pecho / contra el cual se estrechaba".
Me lo aprendí como un loro, no entendía nada. Pero en los primeros años de colegio, como aquello era tan raro, me volví hacia el poema y al final lo entendí. Fue un misterio, pero de esa curiosidad, de ese tratar de entender algo que me habían enseñado en la escuela, creo que nació cierto interés. Uno siempre empieza tropezando.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Balada de las cuatro estaciones del año - Li Po - China


Primavera

A la orilla azul del agua,
la doncella Lo Fu, del país Qin,
recoge moras.
Sus manos blancas brillan
entre las verdes hojas.
Bajo el fulgor del sol,
luce aún más radiante su ropa de grana.
"Tengo que irme -dice-,
mis gusanos de seda tienen hambre.
Y usted, con sus cinco caballos,
no demore en volver a casa".


Verano

En el extenso lago del Espejo,
los lotos florecen alegremente.
Es mayo. La bella Xi Shi los recoge.
En ambas orillas, se aglomera
una multitud para contemplarla.
Su barca regresa
sin esperar el claro de luna
y se desliza
hasta el palacio del rey de Yue.


Otoño

La ciudad de Changan se baña en luces de luna.
Se golpea la ropa en miles de casas.
La brisa otoñal no puede barrer
las añoranzas del Paso de Jade.
¡Ay! ¿Cuándo derrotarán a los invasores tártaros?
¿Cuándo tornará el amado del campo de batalla?


Invierno

Mañana partirá el correo a la frontera.
Ella cose toda la noche un abrigo de soldado.
Trabajando con la frígida aguja,
sus finos dedos están helados,
y apenas pueden manejar las tijeras.
¡Ay! ¿Cuándo llegará el envío a manos del amado?
Traducción de Guojian Chen

lunes, 16 de noviembre de 2015

Microrrelatos/ 17 - Literatura y ciencia/ 20 - Diálogo de dos extranjeros que toman café en un salón de Berkeley - William Ospina - Colombia


-¿Es verdad, señor Einstein, que ustedes, los científicos, creen en un mundo fuera de la conciencia humana?
-Hay una realidad más allá de nosotros. Toda verdad humana sólo deriva de ella.
-Ah, no diga usted eso. Yo sólo puedo hablar de lo que he percibido.
-Señor Tagore, escúcheme: la suma de los ángulos interiores de un triángulo sería igual a dos rectos aunque no hubiese humanos.
-¿Y quién puede probar semejante supuesto?
-La razón, pues sus leyes imperan para todos. Budistas, musulmanes, pielesrojas, albinos... nadie puede evadir los axiomas del mundo.
-Sólo porque aquí hay hombres son verdad esas cosas.
-¿Afirma usted entonces que si no hubiera humanos, el Apolo de Belvedere dejaría de ser bello?
-Sí señor, eso digo.
-Pues yo pienso otra cosa. Aunque todos muriéramos, y el sueño de la especie se borrara, fuera de nuestras mentes persistiría el mundo, y el mármol, ya invisible, guardaría su belleza.
-Entonces, señor Einstein, usted es mucho más religioso que yo.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Premio Cervantes 2015 - Fernando del Paso - México



Introducción de 'Palinuro de México'

Ésta no es una obra de ficción.
La razón por la cual algunos
de sus personajes prodrían parecerse
a personas de la vida real,
es la misma por la cual algunas
personas de la vida real parecen
personajes de novela.
Nadie, por lo tanto, tiene derecho
a sentirse incluido en este libro.
Nadie, tampoco, a sentirse excluido.


6. Sponsalia Plantarum y el cuarto de la Plaza de Santo Domingo (Fragmento)

[...]
Fue ésta la  tía Luisa -y ninguna otra tía Luisa del mundo- la responsable de haber tomado la primera fotografía de Estefanía bajo un árbol. Esto fue en Veracruz, cuando mi prima y yo coincidimos con el viaje que cada año hacía la tía Luisa para visitar el sepulcro de Jean Paul cuyo cuerpo por una razón o por otra ni se quedó en México ni llegó nunca a París. Desde entonces el destino de Estefanía -como el de las ninfas de los bosques- quedó unido al de un árbol. Es decir, al de cientos de árboles. De regreso a la ciudad de México, mi prima quiso que el tío Esteban la fotografiara debajo de un naranjo. Cuando fue a Berlin, muchos años  después, se retrató bajo los tilos. En Oaxaca, bajo el árbol de Santa María del Tule. Luego, bajo un abedul en Rusia, bajo una higuera de Bengala en Palm Beach y bajo el árbol de la Noche Triste en Popotla.  Soñó después con visitar un día el árbol de Woolsthorpe a cuya sombra Newton descubrió la ley de la gravitación universal, el plátano del Iliso que refrescaba las enseñanzas de Platón y los halodendros bajo los cuales murió el Buda. En un diccionario de mitología mi prima descubrió el Heom persa que brotó del cuerpo del primer hombre y el ciprés del que se ahorcó Helena, la esposa de Menelao. En las páginas de la Biblia, supo del cedro sagrado que corona la cima del  monte Líbano y el espino del que salió la madera para construir la cruz de Cristo y las columnas del templo de Salomón. Y me hizo jurar que algún día iba yo a retratarla, o cuando menos a dibujarla, bajo éstos y todos los otros árboles famosos de la historia y la literatura, incluyendo el árbol sagrado de La Rama Dorada y los baobabs de El Principito.

Entre todos estos retratos y dibujos de Estefanía, mi favorito era una fotografía que mi prima me mandó desde los Estados Unidos cuando tenía diecisiete años y donde estaba sentada bajo un roble americano que le provocó una fiebre alérgica recurrente que desde entonces le repetía cada año en la misma época. Fue esta fotografía el primer objeto que llevamos a nuestro cuarto de la Plaza de Santo Domingo, después de mandarle hacer un paspartú de color índigo y un marco de hoja de oro. Después, y siempre en relación con la fotografía, fuimos adquiriendo y llevando al cuarto todos los objetos que aun sin proponérselo hacían juego con ella: los ceniceros, los cubrecamas -en realidad, uno solo: la colcha de retazos que nos regaló la tía Luisa y que le inspiró a Walter la idea de hacerse el famoso chaleco de rombos-, los libros -entre los que no faltaban Las cartas de una Monja Portuguesa, el Homenaje a Sextus Propertius y Las aventuras de Tyl Ulenspiegel-, las faldas y las medias de Estefanía, mis calzones y calcetines, las cartas de los amigos, una caracola de la Isla Verde, un huevo de cristal puesto especialmente por Brancusi para nosotros y mil cosas más.

Con el tiempo, mandamos hacer una pared especial para colgar la fotografía y más adelante, cuando habíamos ahorrado lo suficiente, mandamos hacer tres paredes más. La de enfrente con una ventana de modo que todas las mañanas el sol de otoño iluminara las hojas doradas del árbol y el sol de primavera las hojas verdes. A esta ventana llegaba, también todos los días, la paloma de Palinuro que más de una vez se apareció cuando mi prima lloraba por todos sus antepasados. Y es que a Estefanía, desde que descubrió en el cuarto de la abuela Altagracia los retratos de los muertos, le dio por llorar a los abuelos húngaros que nunca conoció, a los bisabuelos mexicanos que habían muerto muchos años antes de que ella naciera, a una tía lejana de la que no se acordaba y a tantos otros familiares o casi familiares como el desventurado Jean Paul, hasta que al fin un día le expliqué con números que no era difícil que tuviéramos hasta sesenta y cuatro mil antepasados, o muchos más, y que no era justo que llorara por unos y no lo hiciera por todos, y que para llorar a tanto muerto no le alcanzaría la vida entera. Desde entonces no lloró a ninguno.

La pared del lado izquierdo de nuestro cuarto la diseñamos con dos puertas, de manera que el retrato de Estefanía tuviera un baño y una cocina que se llevaran con su blusa y sus ojos. Y en la pared de la derecha abrimos una puerta para que todos nuestros amigos pudieran entrar a ver la fotografía, para lo cual mandamos hacer una escalera luego de ordenar un edificio a la medida, cuidando que todos los detalles tanto de la fachada como del interior -o sea ventanas, instalaciones eléctricas y desagüe, corredores, cornisas, zaguán y arcadas-, armonizaran con el retrato de Estefanía. Por otra parte, nos pareció que lo más conveniente para la fotografía era que nuestro cuarto tuviera cuatro pisos abajo y arriba sólo el cielo que se transparentaba por un tragaluz que mandamos hacer especialmente a fin de que los pájaros, los gatos, los aviadores y sobre todo el pobre hombre que limpiaba el tragaluz, tuvieran oportunidad de ver el retrato.

No nos olvidamos de los habitantes del edificio: mandamos hacer una portera y unos vecinos -entre ellos el médico, el policía, la vecina loca y el burócrata-, que con el pretexto de espiarnos cuando hacíamos el amor o de pedirnos prestada una cebolla o media taza de harina, se extasiaban ante el retrato de Estefanía. A nosotros nos encantaba que nos espiaran, pero la portera comenzó a descuidar sus tareas hasta tal punto que un día, para ahuyentarla, le pedimos al general que nos prestara su ojo de vidrio y lo pegamos al ojo de la cerradura. Supimos después que la portera se había quejado con el policía de que la espiábamos cuando nos espiaba.

También mandamos hacer varios inquilinos indiferentes a nuestras vidas y al retrato mismo, que formaron parte de otros millones y millones de personas -tantas o más que todos nuestros antepasados y probables descendientes-, que mandamos hacer más adelante y que nos pareció adecuado que ignoraran nuestra existencia para que la fotografía no se sintiera agobiada por la curiosidad de tantos admiradores y comenzara a sospechar de sus propios atributos. Esta cifra, desde luego, cambiaba cada segundo según se morían o nacían miles de personas desconocidas, y cada semana, según mi prima caminaba por la ciudad haciéndose nuevos amigos y nuevos amantes.

Como es natural, mandamos hacer una ciudad alrededor de nuestro edificio y decidimos que fuera la ciudad de México por la simple y casi única razón que ya habíamos nacido en ella. Después mandamos hacer un país alrededor de la ciudad, un mundo alrededor del país, un universo alrededor del mundo, y una teoría alrededor del universo, cuidando que cada detalle: las iglesias, plazas, tiendas, calles y estaciones de bomberos de la ciudad de México y de todas la ciudades tentaculares que maldijo Verhaeren, y también el mal carácter de la abuela Altagracia, y la Guerra de los Bóers y los delirios a potu nimio y a potu suspenso del tío Austin y el terremoto de Lisboa, así como el estreno de Hernani, el nacimiento del psicoanálisis, la tragedia de Mayerling y el domingo de Pentecostés, cuidando que todos estos detalles, te decía, hicieran juego o contraste con el retrato de Estefanía.

En otras palabras, tuvimos que mandar hacer -también a la medida- un tiempo antes del retrato y un tiempo después. A Estefanía no le importó que la época de la creación se remontara millones y millones de años atrás y que el hombre tuviera seiscientos cincuenta mil de vivir, sufrir y morir sobre la Tierra. En otras palabras, le tuvo sin cuidado la edad del universo con la condición de que hubiera tenido un principio. Es decir, estuvo de acuerdo con el Doctor Seraphicus (San Buenaventura), en que cuando menos el tiempo antes no fuera infinito, porque al tener que transcurrir un infinito número de días antes de la aparición del retrato, nunca hubiera llegado el día de tal aparición y por lo mismo jamás hubiera existido un tiempo antes y un tiempo después. Esto nos habría hecho recurrir a un concepto distinto del tiempo y de la eternidad, y por lo tanto al Doctor Angelicus (Tomás de Aquino), por el cual el retrato de Estefanía nunca sintió mucha afición que digamos. [...]
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Inopia

He despilfarrado el arcoíris.
Las golondrinas que tenía destinadas a varios poemas
están en números rojos.
Mi cuenta de atardeceres está congelada.
Le debo al fisco tres mil quinientas mariposas.


Cuestión de identidad

La palabra no es vieja,
por fortuna.
Yo no soy la palabra,
por desgracia.

Cuando la palabra me dice,
la palabra me retrata.
Cuando digo a la palabra,
la palabra se espanta.

La palabra es un río cuando el río es un cometa.
Un cometa es la nube cuando la nube llueve,
la nube llueve cuando en mi cuaderno
escribo la palabra "lluvia" mil veces.

Yo no soy la palabra
pero quisiera serlo
para volar con ella
de tiempo en tiempo,
de boca en boca.


El viaje como imagen de la vida

El viaje como imagen de la vida y como aventura de la                                                                       [imaginación
han sido dos constantes de nuestro pensamiento.
La vida es un viaje de la luz a la oscuridad.
La vida es siempre el viaje del héroe de las mil caras,
del millón de caras, y cada día viajamos de la mañana a la                                                                             [noche;
de noche viajamos en nuestros sueños;
de día viajamos por los sueños que tenemos con los ojos                                                                           [abiertos.
Y no tenemos que ir muy lejos.
Viajamos en nuestros recuerdos y podemos viajar en los                                                                [recuerdos de otros,
en las memorias y las autobiografías de Zweig, Neruda,                                                                          [Casanova.
Leer a Balzac es viajar a la Francia del siglo XIX,
leer a William Faulkner es viajar al sur profundo de Estados                                                    [Unidos de los años treinta,
leer a Mariano Azuela es viajar a las entrañas de la Revolución.
Vámonos con Martín Luis Guzmán y Pancho Villa a la toma de                                                                          [Zacatecas.
Vámonos con Alejo Carpentier al siglo de las luces.
Vámonos con Rafael F. Muñoz a Bachimba.
Vámonos con Borges de ida y vuelta al infinito.
Vámonos con Alicia al otro lado del espejo.
¿Por qué no decirle a nuestros niños que cuando abrimos un libro,
sus páginas se transforman en velas, y con ellas desplegadas
podemos navegar a los rincones más lejanos de nuestro país,
a los recovecos más misteriosos de nuestra historia,
a las tierras más altas de la imaginación?
Fueron viajeros Robinson Crusoe y Arthur Gordon Pym.
Viajó Gulliver, viajó Simbad, viajó Tartarín y el capitán Ahab.
¿Por qué no decirle a nuestros niños y a nuestros jóvenes
que con los libros pueden viajar por el dolor y la alegría de los                                                                  [seres humanos,
y por sus esperanzas, por su soledad, su amor y sus pasiones?
¿Por qué no decirles que con los libros podrán viajar al centro de                                                                      [sí mismos,
por los mares de sus conciencias, por las profundidades de sus                                                                    [pensamientos?
Fernando del Paso

Audios:
Sonetos con lugares comunes, recitados por Fernando del Paso:
Es tan blanca, tu piel, como la nieve
La rosa es una rosa es una rosa
Como el oro, por rubio, es tu cabello
Tus ojos son azules como el cielo

El publicista, locutor de la BBC, diplomático, académico, pintor, poeta, novelista y ensayista mexicano Fernando del Paso acaba de ser galardonado con el Premio Cervantes en su XXX edición, por su aportación al desarrollo de la novela aunando tradición y modernidad, como hizo Cervantes en su momento. Sus novelas llenas de riesgos recrean episodios fundamentales de la historia de México, según el acta del jurado. Es el sexto escritor mexicano que consigue el premio, tras Octavio Paz (1981), Carlos Fuentes (1987), Sergio Pitol (2005), José Emilio Pacheco (2009) y Elena Poniatowska (2013). Como saben, el premio se entrega en la Universidad de Alcalá de Henares el 23 de Abril de 2016.
A Fernando del Paso, autor de novelas emblemáticas como José Trigo, Palinuro de México o Noticias del Imperio, se le puede encuadrar dentro del grupo del boom latinoamericano (Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez...), aunque él mismo diga: Soy parte de la cola del boom.
Entre sus influencias literarias cita a Joyce, Dos Passos, Faulkner, Sterne, Rabelais, Flaubert, Sófocles... Y entre los latinoamericanos se declara admirador de Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier y García Márquez; amigo de Carlos Fuentes y conocido de Cortázar.

Sobre su país, México, dice entre otras cosas:
México se ha vuelto un país peligroso y estamos consternados una enorme mayoría de personas. Además, me preocupa mucho la corrupción de mi país. 
Todavía hay una discriminación racial y social. Es un fenómeno, y una lucha por el poder que el blanco siempre ha ganado. Es una situación que se estaba superando, pero se ha acentuado en los últimos años. 
A los ochenta años de edad me da pena aprender los nombres de los pueblos mexicanos que nunca aprendí en la escuela y que hoy me sé sólo cuando en ellos ocurre una tremenda injusticia; sólo cuando en ellos corre la sangre: Chenalhó, Ayotzinapa, Tlatlaya, Petaquillas...¡Qué pena, sí, qué vergüenza que sólo aprendamos su nombre cuando pasan a nuestra historia como pueblos bañados por la tragedia!

Me casé con la literatura, pero mi amante es la historia. 
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Actualización: 23 de abril de 2016

Fragmentos del discurso de aceptación del Premio Cervantes

Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señor Ministro de Educación, Cultura y Deporte, Señor Rector de la Universidad de Alcalá, Señora Presidenta de la Comunidad de Madrid, Señor Alcalde de esta ciudad, autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, querida esposa –oíslo- e hijos, queridos parientes y amigos que me acompañan, queridos todos, Señoras y Señores:

La del alba sería, cuando timbró el teléfono de mi casa y yo pensé que si no era una tragedia la que me iban a anunciar, sería la malobra de un rufián que deseaba perturbar mis buenas relaciones con Morfeo, o quizás el mago Frestón. Pero no fue así, por ventura: era mi hija Paulina quien desde Los Cabos, Baja California, me anunciaba haberse enterado que me habían otorgado este premio, lo cual colmome de dicha pese a que desde ese instante las múltiples llamadas telefónicas que recibí por parte de amigos, parientes y periodistas, incluyendo los de España, para ratificar la gran nueva, no me dejaron volver a pegar el ojo. Yo, ni tardo ni perezoso acometí de inmediato la empresa de despertar a cuanto amigo y pariente tengo para informarles lo que me habían comunicado.

En marzo del año pasado, cuando tuve el honor de recibir en la ciudad mexicana de Mérida el Premio José Emilio Pacheco a la Excelencia Literaria, hice un discurso que causó cierto revuelo. Sé muy bien que esas palabras despertaron una gran expectativa en lo que se refiere a las palabras que hoy pronuncio en España. Las cosas no han cambiado en México sino para empeorar, continúan los atracos, las extorsiones, los secuestros, las desapariciones, los feminicidios, la discriminación, lo abusos de poder, la corrupción, la impunidad y el cinismo. Criticar a mi país en un país extranjero me da vergüenza. Pues bien, me trago esa vergüenza y aprovecho este foro internacional para denunciar a los cuatro vientos la aprobación en el Estado de México de la bautizada como Ley Atenco, una ley opresora que habilita a la policía a apresar e incluso a disparar en manifestaciones y reuniones públicas a quienes atenten, según su criterio, contra la seguridad, el orden público, la integridad, la vida y los bienes, tanto públicos como de las personas. Subrayo: es a criterio de la autoridad, no necesariamente presente, que se permite tal medida extrema. Esto pareciera tan solo el principio de un estado totalitario que no podemos permitir. No denunciarlo, eso sí que me daría aún más vergüenza.

Quizá debí haber comenzado este discurso de otra forma y decirles que yo nací en el ámbito de la lengua castellana el 1º de abril de 1935 en la ciudad de México. "Felicidades señora, es un niño", dicen que dijo el médico que estaba exhausto de maniobrar una y otra vez con los fórceps, antes de ponerme no de patitas sino de orejitas en el mundo y quien al ver por primera vez mis entonces diminutos órganos reproductores, coligió con gran perspicacia que yo era un varón, rollizo no, pero tampoco escuálido: yo no quería nacer y a veces todavía pienso que no quiero nacer.

Me cuentan que lloré un poco y ¡Oh, maravilla! lloré en castellano: y es que desde hace 81 años y 22 días, cuando lloro, lloro en castellano; cuando me río, incluso a carcajadas, me río en castellano y cuando bostezo, toso y estornudo, bostezo, toso y estornudo en castellano. Eso no es todo: también hablo, leo y escribo en castellano.

Pancho y Ramona, el Príncipe Valiente, Lorenzo y Pepita, Tarzán y Mandrake, fueron mis primeros personajes favoritos, y yo no podía esperar a que mi padre despertara para que me leyera las historietas dominicales a colores, de modo que me di priesa en aprender a leer en lapre-primariaen la que me inscribieron mis padres, dirigida por dos señoritas que no eran monjas pero sí muy católicas y tan malandrines que me daban con grandes bríos y denuedo reglazos en la mano izquierda –yo soy zurdo- cuando intentaba escribir con ella, sin obtener su objetivo: no soy ambidextro, soy ambisiniestro. Más tarde mi mano izquierda se dedicó a dibujar y fue así como se vengó de la derecha. Pero aprendí a leer con los dos ojos, y con los dos ojos y entre los rugidos de los leones me las vi con don Quijote de La Mancha. [...] 

Recuerdo que hace algunos años en una universidad francesa, cuando comencé a dar una lista de los escritores que según yo me habían influido, una persona del público señaló que yo no había mencionado a ningún escritor español y me dijo que cómo era posible. Yo le contesté: los españoles no me han influido, a los españoles los traigo en la sangre, y agregué a la enumeración aquellos latinoamericanos que son parte de mis lecturas más importantes y por lo tanto de mi vida como Borges, Onetti, Carpentier, Lezama Lima, Cortázar, Asturias, Vargas Llosa, García Márquez, Neruda, Huidobro, Gallegos, Guimarães Rosa y César Vallejo y entre los mexicanos Juan Rulfo, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán, sin olvidar a Fernández de Lizardi y a nuestra amada monja Sor Juana Inés de la Cruz.

Los maravillosos sonetos de Miguel Hernández me motivaron a escribir Sonetos de lo diario, publicados por Juan José Arreola en "Cuadernos del Unicornio" en 1958. Pero en realidad mi primera incursión en el mundo castellano tuvo lugar cuando era yo muy peque: "Nano Papo quiee cuca pan quiquía", que mi madre interpretaba fielmente: "Nano Papo" era: "Fernando del Paso", "quiee cuca pan quiquía" quería decir "quiere azúcar pan y mantequilla". Algunas tías malhumoradas, pronosticaron que yo no iba a dar pie con bola con el lenguaje. Se equivocaron de palmo a palmo. Poco después, al parecer insatisfecho con el eufemismo familiar que se le asignaba a los glúteos, los llamé "las guinguingas" y pronto este neologismo fue adoptado por toda la familia. La publicación de los Sonetos me sirvió para conocer a Arreola y a Juan Rulfo, quien sabía todo lo que había que saber sobre novela mexicana, española, rusa, inglesa, italiana, alemana, y, en fin, sobre novela mundial. Comencé entonces a escribir José Trigo, un libro reflejo de mi obsesión por el lenguaje, mi fascinación por la mitología náhuatl y que obedecía a tantos otros propósitos, que lo transformaron casi en un despropósito. Pero ahí está, tan campante, a sus 50 años de edad: fue publicado en 1966. Seguí después con Palinuro de México, una especie de autobiografía inventada, una recreación literaria de mi vida como niño y adolescente, conjugada en varios tiempos verbales: lo que fui, lo que yo creí que era, lo que no fui, lo que hubiera sido, lo que sería, etc. Y después vino Noticias del Imperio, la novela sobre los emperadores Maximiliano y Carlota en la que me propuse darle a la documentación el papel de la tortuga y a la imaginación el de Aquiles. Desde muy peque el melodrama de estos dos personajes, el saber que habíamos tenido en México un emperador austriaco de largas barbas rubias al que fusilamos en la ciudad de Querétaro y una emperatriz belga que vivió, loca, hasta 1927, cuando Lindbergh cruzó el Atlántico en avión, me había fascinado. Por supuesto, en cuanto ganó Aquiles la novela quedó terminada. He escrito también libros de poesía, libros para niños y dos obras de teatro. Una de ellas que he soñado que algún día se represente o se lleve a escena en este país: La muerte se va a Granada, sobre el asesinato de Federico García Lorca.

Toda mi vida ha continuado la riña entre mi mano izquierda y mi mano derecha. Ninguna de las dos ha triunfado y esto ha significado para mí un conflicto muy profundo. Sin embargo mi mano derecha se ha impuesto, no sé si soy escritor, pero sé que no soy pintor, nunca he dejado de escribir para dibujar y siempre he dejado de dibujar para escribir. [...]

Tan mal he estado en los últimos tiempos que cuando alguien me vio me dijo: "pero hombre, ¿así va usted a ir a España?" y yo le contesté: "yo a España voy así sea en camilla de propulsión a chorro o en avión de ruedas".

¿Dije antes que "todavía pienso que no quiero nacer"? ¡Pamplinas! Fue una bravuconada. La vida ha sido bastante cuata conmigo. Quise escribir y escribí. Nunca escribí para ganar premios, pero ya ven ustedes, aquí estoy. Quise casarme con Socorro y me casé con ella. Quisimos tener hijos y tuvimos hijos. Quisimos tener nietos y tuvimos nietos. Y desde hace unos dos años tenemos una bisnieta: Cora Kate McDougal del Paso. Espero que algún día sus padres le recuerden que su bisabuelo le deseó que ella agradezca haber venido al mundo a compartir la vida con todos nosotros, aunque no sé en que lengua lo hará, puesto que nació en la tierra de James Joyce, Irlanda, y parece destinada a vivir en ese país. También desde aquí le mando mil besos a nuestra otra casi bisnieta, Ximena, a quien le digo casi bisnieta porque es la nieta de un casi nuestro hijo, Arturo. Hay más, les voy a contar una historia. Seré breve, es la misma historia que conté en la Caja de las Letras: Hace mucho tiempo el joven poeta mexicano tabasqueño, José Carlos Becerra, obtuvo una beca Guggenheim y con ella se fue a Londres con el propósito de comprar un automóvil con el cual recorrer toda Europa. Una madrugada, camino a Bríndisi, en Italia, no se sabe qué sucedió: tal vez se quedó dormido al volante, el caso es que se desbarrancó y se mató. Yo llegué también con mi beca Guggenheim a Londres pocos meses después y me alojé en la casa del mismo amigo mutuo, Alberto Díaz Lastra, en donde él se había alojado. Allí, José Carlos olvidó una camisa que yo heredé. Desde entonces, cada vez que yo sentía pereza de escribir, desánimo o escepticismo, me ponía la camisa y comenzaba a trabajar. Consideré que yo tenía un deber hacia aquellos artistas, hombres y mujeres, cuya muerte prematura les impidió decir lo que tenían que decir. Por eso esa camisa tiene tanta importancia en mi vida. Depositarla en la Caja de las Letras no significa que no vuelva yo a escribir: la magnificencia e importancia del Premio de Literatura Española Cervantes, me obliga moralmente a hacerlo y así lo haré: me pondré la camisa, así sea metafóricamente, una y otra vez, hasta que se acabe (no la camisa sino mi vida). [...]

Por cierto, también sueño en español.

Vale.
Fernando del Paso

jueves, 12 de noviembre de 2015

Literatura y jazz/ 55 - Twilight - Juan Gómez Macías - España


A Scott Hightower
No sé si muy lejos. Quizá por donde la Gran Dama
alza su antorcha, pudo verse en el declive de este día,
el esplendor del púrpura, sus aleves trazos dorados
y el celaje malva sobre el cielo turbio de Manhattan.

Por el crepúsculo ahora renace y se desgrana desde
el corazón de Kenny Barron. Los prodigios brotan
de sus dedos que van deshaciendo un surtidor de trinos
que inundan cada rincón, y hasta el aire, de Birland.
Twilight song es toda la música de este mundo.

El barman sonríe a la camarera negra que se mueve
entre las mesas con la belleza de una reina de Benin.
Al otro lado del escaparate, bajo la culebra de neón,
nos observa un chino. Parpadean mudos los semáforos.

Regresa nuevamente la música y el piano evoca
aquellos sones de las sentinas de los barcos, las cadenas,
la memoria del látigo y el dolor en los anchos maizales.
¡All that jazz, Kenny! -exclamó alguien-. ¡All that jazz!
Luego, el silencio apagó definitivamente el tintineo de los vasos.

Llueve. La calle cuarenta y cuatro es un río de coches amarillos.
Twilight Song (Kenny Barron) - 1996 
Kenny Barron - Piano 
Charlie Haden - Bajo

martes, 10 de noviembre de 2015

Para leer en forma interrogativa - Julio Cortázar - Argentina


El siguiente poema pertenece al libro Presencia (1938). En 1984, reapareció en el libro póstumo Salvo el crepúsculo, que Cortázar había preparado sin mucha convicción antes de morir, ya que consideraba que los poemas y prosas incluídos eran excesivamente personales, marginales. Son tan sólo un herbario para los días de lluvia. Nunca creí en la necesidad de publicarlos. Sólo amigos insensatos quieren verlos impresos.

Escribe Cortázar al inicio de Salvo el crepúsculo:
Discurso del no método, método del no discurso, y así vamos. Lo mejor: no empezar, arrimarse por donde se pueda. Ninguna cronología, baraja tan mezclada que no vale la pena. Cuando haya fechas al pie, las pondré. O no. Lugares, nombres. O no. De todas maneras vos también decidirás lo que te dé la gana. La vida: hacer dedo, auto-stop, hitchhiking: se da o no se da, igual los libros que las carreteras. Ahí viene uno. ¿Nos lleva, nos deja plantados?

Para leer en forma interrogativa

Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caída la fuga
Has sabido
con cada poro de la pìel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.
De Presencia (1938)
Julio Cortázar

Salvo el crepúsculo nace de una emotiva operación aleatoria sobre lo acumulado durante cuatro décadas: calles de Buenos Aires, habitaciones de París, guiños de Clarice Lispector, auriculares y gatos, cuadernos de seda amarilla, delicadas telarañas de mujeres, Eliot y Bashō, Lionel Hampton, Armstrong, pájaros Roc, pameos y meopas; páginas rescatadas de todos los rincones de una vida que su protagonista amó desordenadamente, páginas escritas desde ese sentimiento de participación que a su vez participa de la tontería y de la ingenuidad con muy alta frecuencia, loadas sean las tres, sin el que Cortázar confiesa que jamás hubiera escrito nada; desde esa entrega al cotidiano descubrimiento de lo mismo que por eso es siempre nuevo y que tan estúpido parecerá a los estúpidos. [De la solapa de la edición de Ediciones Alfaguara, S. A., 1984]

domingo, 8 de noviembre de 2015

Poesía del vino/ 23 - Tempus fugit/ 19 - Carpe Diem/ 11 - De sí mismo - Anacreonte - Antigua Grecia


Sobre los verdes mirtos recostado
quiero brindar, y sobre tiernos lotos,
y que el Amor, al cuello
con una cinta el palio recogido,
escancie el vino en mi profunda copa.

La breve vida pasa dando vueltas
cual la rueda de un carro,
y cuando se deshagan nuestros huesos
yaceremos en polvo convertidos.

¿Para qué entonces derramar ungüentos
sobre la tierra helada? ¿De qué sirve
libar sobre la tierra que nos cubra?
Mejor úngeme ahora,
coróname de rosas perfumadas
y haz que se acerque la mujer que adoro...

Mientras llega el momento
de acudir a las danzas infernales,
quiero vivir ajeno de cuidados.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Quijotescas/ 29 - Soneto dialogado - Miguel Antonio Caro - Colombia


Yo
¿Quién eres, Dulcinea, alta señora
del Caballero de Figura Triste?
Si la que vio el villano, Aldonza fuiste,
¿dónde estás tú, la que el hidalgo adora?

Ella
En otra parte. Cuando el cielo llora,
Iris de galas fúlgidas se viste;
fugaz prodigio, que inmortal existe;
cual Noé lo admiró, lo ves tú ahora.

Así una y varia soy; mi nombre, incierto;
quién Hebe me llamó; quién, Galatea,
estrella, hija del mar, flor del desierto.

Al que a solas conmigo fantasea,
vivo le inspiro y le corono muerto:
Aldonza barro fue; yo soy la Idea.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Muralla - Ai Qing - China


Una muralla es como un cuchillo
corta por la mitad la ciudad
media en el este
y media en el oeste.

¿De qué altura es?
¿Qué grosor tiene?
¿Qué longitud?...
Incluso si fuera más alta, más gruesa y más larga
no sería ni mucho menos
tan alta, tan gruesa ni tan larga
como la Gran Muralla de China.
Cualquier muralla no es más
que un vestigio de la historia
que a nadie le interesa recordar.

Tres metros de altura no es nada
cincuenta centímetros de ancho tampoco
cuarenta y cinco kilómetros de largo, una minucia;
incluso si fuera mil veces
más alta, más ancha y más larga,
¿podría bloquear
las nubes, el viento, la lluvia o el crepúsculo?
o
¿cómo podría obstruir
las corrientes del agua y el aire?
y
¿Cómo cubrir
millones de paisanos?
¿Quién es más libre que el viento?
¿Quién está más cubierto que el firmamento?
¿Quién espera ser más infinito que el tiempo?
Bonn, 22 de mayo de 1979
Traducción de Alfredo Gómez Gil

Ai Qing, uno de los grandes poetas chinos del siglo XX, padre del artista y arquitecto disidente Ai Weiwei, fue miembro del Partido Comunista de China desde 1942. En 1957 se le acusó de "derechista", y fue exiliado a granjas del noreste de China y condenado a trabajos forzados durante cinco años, en los que acabó perdiendo la vista por malnutrición.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Fuga de la muerte - Paul Celan - Rumanía-Francia


Negra leche del alba la bebemos al atardecer
la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche
          bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus
          mastines
silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra
ordena tocad para la danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
          bebemos y bebemos
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita cavamos una tumba en el aire no
se yace estrechamente en él
Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad sonad
empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos son azules
cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la
          danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y la mañana y al atardecer
          bebemos y bebemos
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes
Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro
          venido de Alemania
grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como
          humo en el aire
y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de
          Alemania
te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules
te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido
          de Alemania
tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita
De Amapola y memoria, 1952
Versión de José Ángel Valente