Silvia Pérez Cruz

sábado, 31 de mayo de 2014

Enigmas - Rafael Lasso de la Vega - España


El tiempo que no ha pasado
La ventana que se abre de pronto
La lámpara que aumenta su brillo
El perro aullando en la noche
La llave que se ha perdido
El espejo que no estaba roto
La novia que llora sin motivo
El gato negro que se entró en casa
El vaso que se rompe solo
Los muebles que hacen ruido
La puerta siempre cerrada
El cuadro torcido en la pared
Los tacones que andan en el tejado
El reloj sonando otras horas
El hombre que vuelve a entrar
El desconocido que siempre encontramos
La voz del que no se ve
El can que nos sigue por la acera
El ausente a quien recordamos y no tarda en aparecer

jueves, 29 de mayo de 2014

Microrrelatos/ 2 - El drama del desencantado - Gabriel García Márquez - Colombia


... El drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida.

martes, 27 de mayo de 2014

Fragmento de El pájaro enjaulado (carta a su hermano Theo) - Vincent van Gogh - Holanda / Vincent - Don McLean - Estados Unidos

Ilustración de Javier Zabala para El pájaro enjaulado

Mi querido Theo: un pájaro enjaulado en primavera sabe muy bien que hay algo para lo que serviría. Siente con fuerza que debe hacer algo, pero no puede... Piensa: los demás pájaros construyen sus nidos, tienen hijos y los crían. Entonces, golpea su cabeza contra los barrotes de la jaula. Pero la jaula sigue allí y el pájaro enloquece de dolor.

Perdido en medio de una colorida gran ciudad, el pájaro contempla cómo otras aves en libertad tienen crías, se buscan la vida para alimentarse y emigran, mientras él cae permanentemente en la melancolía por vivir detrás de unas rejas.

Su mundo es oscuro, lleno de tonos fríos, mientras que los otros pájaros se mueven en medio del color del campo, de los árboles y de sus propios colores alegres, hasta que cae en la cuenta de que, aunque no le falta de nada, carece de libertad y anhela "¡ser un pájaro como los otros pájaros!"...
Vincent (Starry Starry Night) - Don McLean

Vincent
Estrellada, estrellada noche,
pinta de azul y gris tu paleta
escrutando un día de verano
con ojos que conocen la oscuridad de mi alma.

Sombras en las colinas,
esboza los árboles y los narcisos,
plasma la brisa y el helado viento
con los colores del nevado suelo de lino.

Ahora entiendo lo que tratabas de decirme,
y cómo sufriste por tu cordura,
y cómo trataste de liberarlos.
No te escucharon, no supieron cómo.
Tal vez te escuchen ahora.

Estrellada, estrellada noche,
Luminosas flores de brillante resplandor
Torbellinos de nubes en la niebla violácea
se reflejan en los claros ojos azulados de Vincent.

Colores cambiando de matiz,
campos matutinos de granos dorados,
rostros ensombrecidos por el sol, arrugados de dolor,
son suavizados por la amorosa mano del artista.

Ahora entiendo lo que tratabas de decirme,
y cómo sufriste por tu cordura,
y cómo trataste de liberarlos.
No te escucharon, no supieron cómo.
Tal vez te escuchen ahora.

Aunque no podían amarte,
tú los amabas sinceramente.
Y cuando no quedó esperanza
en esa estrellada, estrellada noche,
te quitaste la vida, tal como los amantes suelen hacerlo;
Pero pude haberte dicho, Vincent,
que este mundo nunca fue hecho para alguien tan hermoso como tú.

Estrellada, estrellada noche,
cuadros colgados en pasillos vacíos,
cabezas sin cuerpo en muros sin nombres,
con ojos que miran el mundo y no pueden olvidar.

Como el extraño que te has encontrado,
el harapiento hombre en harapientas ropas,
la espina de plata de la sangrienta rosa
yace aplastada y rota en la pulcra nieve.
Ahora entiendo lo que tratabas de decirme,
y cómo sufriste por tu cordura, 
y cómo trataste de liberarlos.
No te escucharon, todavía siguen sin escuchar.
Tal vez nunca lo harán.
Don McLean

domingo, 25 de mayo de 2014

Literatura y jazz/ 27 - Llueve y Benny Carter - Carlos Zanón - España


Es unánime la opinión unánime
de que nadie escribe arreglos
para una sección de saxofones
como Benny Carter.
Y afuera, mientras, va lloviendo
una música vieja, acaso triste,
de domingos de ricos y ancianos,
calmos sin ser aburridos,
de hogar, perro y ponche.
Llueve sobre piscinas y tejados,
sobre banderas, gatos y antenas,
sobre matrimonios desayunados
de señoras con permanente y pañales
y señores con próstata y chándal.
Todos ellos a la espera de hijos pródigos,
nietos rubios amantes de nidos y abuelas,
nietas chinas y nueras de dientes caninos
bajando de aquí unas horas,
de coches como ballenas,
altos, profundos, absurdos,
y aunque su estilo, es cierto,
no se ajustara al creado por los boppers
se unió en ocasiones a ellos
y es unánime la opinión unánime
que en el pueblo, los periódicos
han sido lanzados, maniatados
por simpáticos hampones desde lo alto
de furgones y ambulancias
y esperemos que no se nos mojen
todas aquellas malas noticias, goles,
actrices, montañas y estadísticas,
melancólicos cuchillos de regalo
para guardar en la cocina
junto a los besos no usados
y las cerillas de quemar mundos
pero es que llueve y aquí se está calentito:
                                                    ¿quién va a querer salir?

Almendros, abedules y otros tipos altos
agitan testas al ritmo de un viento
que enojado se ha cansado de susurrar
amenazas a los caballos y ahora
va a por todas, a derribar
las cien casas de los cien cerditos,
todos vecinos, gente de bien y anchoa,
pero todo eso no importa mucho
como de hecho no importa nada
porque el marco de la big band
es discreto y necesario el repertorio
escogido para la ocasión
con deliciosas composiciones del propio Carter
y hay tanta pasión en mi vida
como compasión dentro de una pistola,
un niño o un saxo tenor.
Benny Carter & Earl Hines Quartet - Palau de la Música de Barcelona, 1976 
Benny Carter - Saxo alto 
Earl Hines - Piano 
Harley White Jr. - Bajo 
Eddie Graham - Batería

viernes, 23 de mayo de 2014

Lecciones del Kamasutra - Mahmud Darwish - Palestina


Con la copa engastada de lapislázuli
la espero,
junto al estanque, el agua de colonia y la tarde
la espero,
con la paciencia del caballo preparado para los senderos de la montaña
la espero,
con la elegancia del príncipe refinado y bello
la espero,
con siete almohadas rellenas de nubes ligeras
la espero,
con el fuego del penetrante incienso femenino
la espero,
con el perfume masculino del sándalo en el lomo de los caballos
la espero.
No te impacientes. Si llega tarde
espérala
y si llega antes de tiempo
espérala,
y no asustes al pájaro posado en sus trenzas.
Espérala,
para que se sienta tranquila, como el jardín en plena floración.
Espérala
para que respire este aire extraño en su corazón.
Espérala
para que se suba la falda y aparezcan sus piernas nube a nube.
Espérala
y llévala a una ventana para que vea una luna bañada en leche.
Espérala
y ofrécele el agua antes que el vino, no mires el par de perdices dormidas en su pecho.
Espérala
y roza suavemente su mano cuando
poses la copa en el mármol,
como si le quitaras el peso del rocío.
Espérala
y habla con ella como la flauta
con la temerosa cuerda del violín,
como si fuérais dos testigos de lo que os reserva el mañana.
Espérala
y pule su noche anillo a anillo.
Espérala
hasta que la noche te diga:
no quedáis más que vosotros dos en el mundo.
Entonces llévala con dulzura a tu muerte deseada
y espérala...
Traducción de María Luisa Prieto

Lecciones del Kamasutra - Trío Joubran (hermanos Adnan, Wissam y Samir) - Laúd árabe

miércoles, 21 de mayo de 2014

Inventario de mis únicos bienes - Jorge Carrera Andrade - Ecuador


La nube donde palpita el vegetal futuro,
los pliegos en blanco que esparce el palomar,
el sol que cubre mi piel con sus hormigas de oro,
la oleografía de una calabaza pintada por los negros.
las fieras de los bosques del viento inexplorados,
las ostras con su lengua pegada al paladar,
el avión que deja caer sus hongos en el cielo,
los insectos como pequeñas guitarras volantes,
la mujer vista de pronto como un paisaje iluminado por un
                                                                  [relámpago,
la vida privada de la langosta verde,
la rana, el tambor y el cántaro del estómago,
el pueblecito maniatado con los cordeles flojos de la lluvia,
la patrulla perdida de los pájaros
-esos grumetes blancos que reman en el cielo-,
la polilla costurera que se fabrica un traje,
la ventana -mi propiedad mayor-,
los arbustos que se esponjan como gallinas,
el gozo prismático del aire,
el frío que entra a las habitaciones con su gabán mojado,
la ola de mar que se hincha y enrosca como el capricho de un
                                                                       [vidriero,
y ese maíz innumerable de los astros
que los gallos del alba picotean
hasta el último grano.

lunes, 19 de mayo de 2014

Fragmentos de El espejo del mar - Joseph Conrad - Polonia-Gran Bretaña


[...] Todos los barcos se gobiernan del mismo modo en lo que respecta a la teoría, exactamente igual que con todos los hombres se puede tratar según unos ciertos principios rígidos y generales. Pero si se desea en la vida ese éxito que resulta del afecto y la confianza de los semejantes, entonces no habrá dos hombres, por muy análogas que puedan parecer sus naturalezas, con los que uno trate del mismo modo. Puede haber normas de conducta; no existen normas de camaradería humana. Tratar con los hombres es un arte tan bello como tratar con barcos. Tanto los unos como los otros viven en un elemento inestable, se hallan sometidos a sutiles y poderosas influencias y prefieren ver sus méritos apreciados que sus defectos descubiertos. [...] 

A los hombres, sean profesores o carboneros, se les engaña con facilidad; incluso tienen una extraortdinaria tendencia a prestarse al engaño, una suerte de curiosa e inexplicable propensión a dejarse llevar por la nariz con los ojos bien abiertos. [...]

Un barco enfermo por debilidad propia carece del patetismo de un barco vencido en combate con los elementos, en lo que consiste el drama interior de su vida. Un marino no puede dejar de mirar con compasión a un barco inutilizado, pero mirar a un velero con sus elevados palos arrancados es estar contemplando a un derrotado pero indomable guerrero. [...]

¡Ver! ¡Ver! Ese es el anhelo del marinero, como lo es del resto de la ciega humanidad. Tener la senda despejada ante sí es la aspiración de todo ser humano a lo largo de nuestra encapotada y borrascosa existencia. [...]

El océano, la parte de la Naturaleza más alejada, en la inmutabilidad y majestad de su poderío, del espíritu de la humanidad, ha sido siempre amigo de las naciones más emprendedoras del globo. Y, de todos los elementos, es al que más propensos a confiarse han sido siempre los hombres, como si su inmensidad reservara una recompensa tan vasta como ella misma. [...]

Pero puede que, después de todo, a los barcos les venga bien atravesar períodos de reclusión y reposo, al igual que la constricción y el recogimiento propios de la inactividad pueden venirle bien a un alma indómita. [...]

Un barco en una dársena, rodeado de muelles y de los muros de los almacenes, tiene el aspecto de un preso meditando sobre la libertad con la tristeza propia de un espíritu libre en reclusión. [...]
El enjambre de renegados -capitanes de muelle, amarradores, escluseros y gente por el estilo- parece abrigar una desconfianza enorme hacia la resignación del barco cautivo. Nunca parece haber cadenas y estachas suficientes para satisfacer sus espíritus, preocupados por la segura sumisión de barcos libres a la resistente, cenagosa, esclavizada tierra. [...]

Como si fuera demasiado grande, demasiado poderoso para las virtudes comunes, el océano no tiene compasión, ni fe, ni ley, ni memoria. [...]

El amor que se profesa a los barcos es profundamente distinto del que los hombres sienten por cualquier otra obra salida de sus manos -del amor que, por ejemplo, tienen a sus casas-, porque no está manchado por el orgullo de la posesión. [... ] El mar -esa es una verdad que debe reconocerse- carece de toda generosidad. No se sabe de ningún alarde de cualidades viriles -valor, audacia, entereza, fidelidad- que haya conmovido jamás su irresponsable conciencia de poder. El océano tiene el temperamento falto de escrúpulos de un autócrata salvaje malcriado por la mucha adulación. No puede soportar el menor asomo de desafío, y no ha dejado de ser el enemigo irreconciliable de barcos y hombres desde que los barcos y los hombres tuvieron la inaudita osadía de echarse a navegar juntos pese a su ceño. Desde ese día no ha cesado de engullir flotas y hombres sin que su resentimiento se haya visto saciado por el número de víctimas, por tantos barcos naufragados y tantas vidas truncadas. Hoy, como siempre, está presto a seducir y traicionar, a destruir y a ahogar el incorregible optimismo de los hombres que, respaldados por la fidelidad de los barcos, intentan extaer de él la fortuna de sus casas, el dominio de sus mundos, o tan sólo unas migajas de comida para aplacar su hambre. Si no siempre está de humor tan encendido como para destruir, si está siempre, celadamente, listo para ahogar. El más asombroso prodigio de todo el piélago es su insondable crueldad. [...]

Ahora miraba el mar con otros ojos. Lo sabía capaz de traicionar el generoso ardor de la juventud tan implacablemente como, indiferente al bien y al mal, habría traicionado la más vil avaricia o el heroísmo más noble. Mi concepto de su magnánima grandeza había pasado a mejor vida. Y veía el verdadero mar, el mar que juega con los hombres hasta descorazonarlos y desgasta resistentes barcos hasta matarlos... Nada puede conmover la meditabunda amargura de su alma. Abierto a todos y a nadie fiel, ejerce su fascinación para perdición de los mejores. Amarlo no es buena cosa. No conoce vínculo de palabra dada, ni fidelidad a la desgracia, a la vieja camaradería, a la prolongada devoción. La oferta de su eterna promesa es espléndida; pero el solo secreto de su posesión es la fuerza, la fuerza: la celosa, insomne fuerza del hombre que guarda bajo su techo un tesoro codiciado. [...]

En virtud de una larga y desdichada experiencia de sufrimiento, injusticia, ignominia y agresión, las naciones de la tierra se rigen eminentemente por el miedo: miedo de un tipo que un poco de oratoria barata convierte fácilmente en furia, odio y violencia. [...] Una mente ahorrativa no puede impedir que le asalte una considerable amargura al pensar que en la Batalla de Actium (que se libró con nada menos que la dominación del mundo en juego) la flota de Octavio Augusto y la flota de Marco Antonio, incluyendo la división egipcia y la galera de Cleopatra con su velamen púrpura, probablemente costaron menos que dos modernos acorazados, o, en la actual jerga de los libros navales, que dos unidades blindadas. Pero no hay burda jerga libresca capaz de disimular un hecho que verosímilmente afligirá el alma de cualquier economista competente. Es improbable que el Mediterráneo vuelva a contemplar batalla de mayores consecuencias; pero cuando llegue la hora de otro combate histórico, su fondo se verá enriquecido como nunca por una ingente cantidad de chatarra agujereada que habrán pagado, a bien cerca de su peso en oro, las burladas poblaciones que habitan las islas y continentes de este planeta. [...]

A nadie se le ha presentado nunca una aventura por invocarla. El que deliberadamente emprende la búsqueda de la aventura no sale sino a recoger cáscaras vacías, a menos, en efecto, que sea un elegido de los dioses y grande entre los héroes, como aquel excelentísimo caballero Don Quijote de La Mancha. Nosotros, comunes mortales con un alma mediocre que no desea sino tomar a malvados gigantes por honrados molinos de viento, recibimos las aventuras como a ángeles visitantes. Pillan desprevenida a nuestra complacencia. Como suele ocurrir con los huéspedes inesperados, llegan con frecuencia en momentos inoportunos. Y nos alegramos de dejarlas pasar sin reconocerlas, sin el menor agradecimiento por tan alto favor. Después de muchos años, al volver la vista atrás desde la curva que hay en medio del camino de la vida, hacia los acontecimientos del pasado, que, como una muchedumbre amistosa, parecen mirar tristemente cómo nos apresuramos hacia la costa cimeria, logramos ver, aquí y allá, entre la gris multitud, alguna figura que destella con débil resplandor, como si hubiera acaparado toda la luz de nuestro cielo ya crepuscular. Y por este destello podemos reconocer los rostros de nuestras verdaderas aventuras, de los inesperados huéspedes recibidos un día imprevistamente en nuestra juventud. [...]

... alumbro estas pocas páginas en el crepúsculo, con la esperanza de encontrar en un valle interior la callada bienvenida de alguien paciente dispuesto a escuchar.
Traducción de Javier Marías

sábado, 17 de mayo de 2014

Literatura y ciencia/ 8 - Número imaginario - José Manuel Caballero Bonald - España


Lector que estás leyéndome en algún interino
declive de la noche, ¿qué sabes tú de mí?
¿En qué despeñadero de qué historia
podemos encontramos?

                          Quienquiera que tú seas
te exhorto a que me oigas, a que acudas
hasta estos rudimentos del recuerdo
donde me he convocado a duras penas
para poder al fin reconocerme.
Ven tú también si me oyes hasta aquí.

Lector, número imaginario, azar
copulativo, sustitúyeme
                                 y busca
por esos vericuetos
de la complicidad cuándo, en qué sitio
se hizo veraz la vida que a medias inventamos.

jueves, 15 de mayo de 2014

Microrrelatos/ 1 - El sueño de la mariposa - Chuang Tzu - China


Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.
Traducción de Herbert Allen Giles

martes, 13 de mayo de 2014

Rosa de escándalo - Ángel González - España


Cuando el hombre se extinga,
Cuando la estirpe humana al fin se acabe,
Todo lo que ha creado
Comenzará a agitarse,
A ser de nuevo,
A comportarse libremente
—Como
Los niños que se quedan
Solos en casa
Cuando sus padres salen por la noche.

Héctor conseguirá humillar a Aquiles,
Luzbel volverá a ser lo que era antes,
Fornicará Susana con los viejos,
Avanzará un gran monte hacia Mahoma.

Cuando el hombre se acabe
—Cualquier día—,
Un crepitar de polvo y de papeles
Proclamará al silencio
La frágil realidad de sus mentiras.

domingo, 11 de mayo de 2014

Amor - María Victoria Atencia - España


La poeta malagueña María Victoria Atencia obtuvo el lunes pasado el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en su XXIII edición. El premio, convocado conjuntamente por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca, reconoce "el conjunto de la obra poética de un autor vivo que, por su valor literario, constituya una aportación relevante al patrimonio cultural compartido por la comunidad iberoamericana".

Atencia, perteneciente a la Generación del 50 (Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, José Manuel Caballero Bonald, Claudio Rodríguez, Ángel González, José Ángel Valente...), tiene publicados una veintena de poemarios y entre los galardones que ha recibido se encuentra el Premio Federico García Lorca.

La escritora Soledad Puértolas, miembro del jurado, ha resaltado la capacidad de Atencia de convertir lo cotidiano en trascendente. Con su poesía cristaliza lo presente y lo llena de luz.

El jurado lo componían, además de Puértolas, el poeta y ensayista portugués Nuno Júdice, ganador de la edición anterior; el director de la Real Academia Española (RAE), José Manuel Blecua; el presidente de Patrimonio Nacional, José Rodríguez-Spiteri; la directora de la Biblioteca Nacional, Ana Santos y el rector de la Universidad de Salamanca, Daniel Hernández, entre otros.

Cuando todo se aquieta
en el silencio, vuelvo      
al borde de la cuna
en que mi niño duerme
con ojos tan cerrados
que apenas si podría
entrar hasta su sueño
la moneda de un ángel.
     
Dejados al abrigo
de su ternura asoman
por la colcha en desorden,
muy cerca de sus manos,
los juguetes que tuvo
junto a sí todo el día,
ensayando un afecto
al que ya soy extraña.
     
Quien a mí estuvo unido
como carne en mi carne,
un poco más se aparta
cada instante que vive;
pero esa es mi tristeza
y mi alegría a un tiempo,
porque se cierra el círculo
y él camina al amor.

viernes, 9 de mayo de 2014

Va, pensiero - Giuseppe Verdi / Temistocle Solera - Italia


  Giuseppe Verdi escribió Nabucco en 1842 con libreto de Temistocle Solera inspirándose en el Salmo 137, Super flumina Babylonis. La ópera canta la historia del exilio del pueblo hebreo en Babilonia tras la pérdida del Primer Templo de Jerusalén. El Coro del Tercer Acto, Va, pensiero -también conocido como Coro de los Esclavos-, se convirtió enseguida en un himno para los nacionalistas italianos que buscaban la unidad y la soberanía frente al Imperio Austro-Húngaro. Hay que recordar que en la primera mitad del siglo XIX Austria dominaba completamente el norte de Italia: a los patriotas italianos les costó muy poco identificarse con el sufrimiento de los hebreos bajo el yugo caldeo.
    Muchos años después, a punto de morir, Verdi dispuso que sus funerales fuesen privados y sin ostentación alguna. Pero el músico ya era una gloria nacional y no pudo evitar que una multitud acudiese a ellos. El gran director de orquesta Arturo Toscanini y un coro de 800 almas despidieron a Verdi entonando, justamente, su Va, Pensiero.

    Disfruten de una de las páginas musicales más sublimes que se hayan escrito nunca.

Va, pensiero, sull'ali dorate;
va, ti posa sui clivi, sui colli,
ove olezzano tepide e molli
l'aure dolci del suolo natal!
Del Giordano le rive saluta,
di Sionne le torri atterrate...
Oh mia patria sì bella e perduta!
Oh membranza sì cara e fatal!
Arpa d'or dei fatidici vati,
perché muta dal salice pendi?
Le memorie nel petto raccendi,
ci favella del tempo che fu!
O simile di Solima ai fati
traggi un suono di crudo lamento,
o t'ispiri il Signore un concento
che ne infonda al patire virtù.

***

¡Vuela, pensamiento, con alas doradas
pósate sobre las praderas y montañas,
donde derrama su fragancia
el suave aire de nuestra tierra natal!
¡Saluda a las riberas del Jordán
y a las torres estremecidas de Sión!
¡Oh, mi patria tan bella y perdida!
¡Oh, recuerdo tan querido y fatal!
Arpa dorada de los profetas,
¿por qué cuelgas silenciosa de los sauces?
Aviva nuestros recuerdos queridos
y háblanos del tiempo que fue.
Canta en dulces lamentos
el destino de Jerusalén,
o que te inspire el Señor una melodía 
que infunda valor a nuestro padecimiento.
Va, pensiero - Coro del Metropolitan Opera House de Nueva York, 2002

miércoles, 7 de mayo de 2014

Sy / Madre - Cristian David López - Paraguay


El poeta paraguayo Cristian David López, residente en Asturias desde hace unos años, acaba de ser galardonado con el I Premio Internacional de Poesía Jovellanos 'El Mejor Poema del Mundo' por este poema en guaraní:

Sy

Ahai nde resa
ha mitãnguéra oma'?
Ahaí nde juru
ha mitãnguéra opuka.
Ahai nde réra
ha mitãnguéra oñe'?


Madre

Dibujo tu ojo
y los niños miran.
Dibujo tu boca
y los niños sonríen.
Dibujo tu nombre
y los niños hablan.

lunes, 5 de mayo de 2014

Fragmento del Cantar de los cantares - ¿Salomón? - ¿Anónimo? - Reino de Judá


CAPÍTULO 2

Visita del Amado al llegar la primavera

Segundo canto
La Amada
2:8 ¡La voz de mi amado!
Ahí viene, saltando por las montañas,
brincando por las colinas.
2:9 Mi amado es como una gacela,
como un ciervo joven.
Ahí está: se detiene
detrás de nuestro muro;
mira por la ventana,
espía por el enrejado.
2:10 Habla mi amado, y me dice:
"¡Levántate, amada mía,
y ven, hermosa mía!
2:11 Porque ya pasó el invierno,
cesaron y se fueron las lluvias.
2:12 Aparecieron las flores sobre la tierra,
llegó el tiempo de las canciones,
y se oye en nuestra tierra
el arrullo de la tórtola.
2:13 La higuera dio sus primeros frutos
y las viñas en flor exhalan su perfume.
¡Levántate, amada mía,
y ven, hermosa mía!
2:14 Paloma mía, que anidas
en las grietas de las rocas,
en lugares escarpados,
muéstrame tu rostro,
déjame oír tu voz;
porque tu voz es suave
y es hermoso tu semblante".

viernes, 2 de mayo de 2014

Literatura y jazz/ 26 - Les feuilles mortes / Las hojas muertas / Autumn leaves - Jacques Prévert - Joseph Kosma - Francia - Hungría


Les feuilles mortes

Oh! je voudrais tant que tu te souviennes
Des jours heureux où nous étions amis.
En ce temps-là la vie était plus belle,
Et le soleil plus brûlant qu’aujourd’hui.
Les feuilles mortes se ramassent à la pelle.
Tu vois, je n’ai pas oublié…
Les feuilles mortes se ramassent à la pelle,
Les souvenirs et les regrets aussi

Et le vent du nord les emporte
Dans la nuit froide de l’oubli.
Tu vois, je n’ai pas oublié
La chanson que tu me chantais.

C’est une chanson qui nous ressemble.
Toi, tu m’aimais et je t’aimais
Et nous vivions tous deux ensemble,
Toi qui m’aimais, moi qui t’aimais.
Mais la vie sépare ceux qui s’aiment.
Tout doucement, sans faire de bruit
Et la mer efface sur le sable
Les pas des amants désunis.

Mais la vie sépare ceux qui s’aiment.
Tout doucement, sans faire de bruit
Et la mer efface sur le sable
Les pas des amants désunis.
Et la mer efface sur le sable
Les pas des amants désunis.

Les feuilles mortes se ramassent à la pelle,
Les souvenirs et les regrets aussi
Mais mon amour silencieux et fidèle
Sourit toujours et remercie la vie.
Je t’aimais tant, tu étais si jolie.
Comment veux-tu que je t’oublie ?
En ce temps-là, la vie était plus belle
Et le soleil plus brûlant qu’aujourd’hui.
Tu étais ma plus douce amie
Mais je n’ai que faire des regrets
Et la chanson que tu chantais,
Toujours, toujours je l’entendrai!


Las hojas muertas

¡Oh! me gustaría tanto que recordaras,
Los días felices cuando éramos amigos,
En aquel tiempo la vida era más hermosa,
Y el sol brillaba más que hoy.
Las hojas muertas se recogen con un rastrillo,
¿Ves? No lo he olvidado.
Las hojas muertas se recogen con un rastrillo,
Los recuerdos y las penas, también.

Y el viento del norte se las lleva,
En la noche fría del olvido.
¿Ves? No he olvidado
La canción que tú me cantabas…

Es una canción que nos acerca,
Tú me amabas y yo te amaba.
Vivíamos juntos,
Tú, que me amabas, y yo, que te amaba.
Pero la vida separa a aquellos que se aman,
Silenciosamente sin hacer ruido.
Y el mar borra sobre la arena,
El paso de los amantes que se separan.

Pero la vida separa a aquellos que se aman.
Poco a poco, en silencio
Y el mar borra en la arena
Los pasos de los amantes que se separan.
Y el mar borra en la arena
Los pasos de los amantes que se separan.

Las hojas muertas se recogen con un rastrillo,
Los recuerdos y las penas, también.
Pero mi amor, silencioso y fiel
Siempre sonríe y le agradece a la vida.
Yo te amaba, y eras tan linda.
¿Cómo crees que podría olvidarte?
En aquel tiempo la vida era más hermosa
Y el sol brillaba más que hoy.
Eras mi más dulce amiga,
Mas no tengo sino recuerdos
Y la canción que tú me cantabas,
¡Siempre, siempre la recordaré!



Autumn Leaves

The falling leaves
Drift by my window
The falling leaves
Of red and gold

I see your lips
The summer kisses
The sunburned hands
I used to hold

Since you went away
The days grow long
And soon I'll hear
Old winter's song

But I miss you most of all
My darling
When autumn leaves
Start to fall

Since you went away
The days grow long
And soon I'll hear
Old winter's song

But I miss you most of all
My darling
When autumn leaves
Start to fall



    Podemos decir que la versión "fundacional" de Les feuilles mortes es la grabada por Yves Montand en 1946, con música de Joseph Kosma y ese recitado inicial: Oh! je voudrais tant que tu te souviennes des jours heureux où nous étions amis... Desde entonces, las versiones se han ido sucediendo y hoy son incontables: desde Edith Piaf hasta Eric Clapton, pasando por los que ustedes quieran, todo el mundo ha querido dejar su impronta en la canción.
    El mundo del jazz la ha utilizado hasta la extenuación, generalmente en versión instrumental, aunque también cantada. Adaptada al inglés por Johnny Mercer, se la conoce habitualmente como Autumn Leaves.
    Aquí tienen varias versiones, para que ustedes comparen. Todas ellas, creo, extraordinarias.



Eric Clapton

Cannonball Adderley: Saxo;  Miles Davis: Trompeta;  Sam Jones: Bajo;  Hank Jones: Piano;  Art Blakey: Batería

Chet Baker: trompeta;  Paul Desmond: saxo alto;  Hubert Laws: flauta;  Bob James: teclados;  Ron Carter: contrabajo;  Steve Gadd: batería

Más versiones
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Este post llevaba casi tres años en Salvo el crepúsculo. Lo recuperamos para la serie.