Dulce Pontes - Caminhos (1997)

domingo, 28 de abril de 2013

Profecía del Tajo - Fray Luis de León - España


    Folgaba el Rey Rodrigo
con la hermosa Cava en la ribera
del Tajo, sin testigo;
el río sacó fuera
el pecho, y le habló desta manera:

    "En mal punto te goces,
injusto forzador; que ya el sonido
oyo, ya y las voces,
las armas y el bramido
de Marte, de furor y ardor ceñido.

    "¡Ay! esa tu alegría
qué llantos acarrea, y esa hermosa,
que vio el sol en mal día,
a España ¡ay cuán llorosa!,
y al cetro de los Godos ¡cuán costosa!

    "¡Llamas, dolores, guerras,
muertes, asolamiento, fieros males
entre tus brazos cierras;
trabajos inmortales
a ti y a tus vasallos naturales:

    "a los que en Constantina
rompen el fértil suelo, a los que baña
el Ebro, a la vecina
Sansueña, a Lusitania,
a toda la espaciosa y triste España.

    "Ya dende Cádiz llama
el injuriado Conde, a la venganza
atento y no a la fama,
la bárbara pujanza,
en quien para tu daño no hay tardanza.

    "Oye que al cielo toca
con temeroso son la trompa fiera,
que en África convoca
el Moro a la bandera,
que al aire desplegada va ligera.

    "La lanza ya blandea
el Árabe cruel, y hiere el viento,
llamando a la pelea;
innumerable cuento
de escuadras juntas veo en un momento.

    "Cubre la gente el suelo,
debajo de las velas desparece
la mar; la voz al cielo
confusa y varia crece;
el polvo roba el día y le escurece.

    "¡Ay!, que ya presurosas
suben las largas naves; ¡ay!, que tienden
los brazos vigorosos
a los remos, y encienden
las mares espumosas por do hienden.

    "El Éolo derecho
hincha la vela en popa, y larga entrada
por el Hercúleo Estrecho
con la punta acerada
el gran padre Neptuno da a la armada.

    "¡Ay, triste! ¿y aun te tiene
el mal dulce regazo? ¿ni llamado
al mal que sobreviene,
no acorres? ¿ocupado
no ves ya el puerto a Hércules sagrado?

    "Acude, acorre, vuela,
traspasa el alta sierra, ocupa el llano;
no perdones la espuela,
no des paz a la mano,
menea fulminando el hierro insano."

    ¡Ay, cuánto de fatiga,
ay, cuánto de sudor está presente
al que viste loriga,
al infante valiente,
a hombres y a caballos juntamente!

    Y tú, Betis divino,
de sangre ajena y tuya amancillado,
darás al mar vecino
¡cuánto yelmo quebrado,
cuánto cuerpo de nobles destrozado!

    El furibundo Marte
cinco luces las haces desordena,
igual a cada parte;
la sexta, ¡ay!, te condena,
¡oh cara patria!, a bárbara cadena.
Fray Luis de León

    El adulterio de don Rodrigo con la hermosa Cava y la traición del "injuriado Conde" don Julián adquieren dimensión más solemne por su correspondencia con el mito de Helena y Paris y la premonición de Nereo relatada por Horacio (Odas, I, XV). FRANCISCO RICO

    Si no contásemos con Garcilaso y con Juan de la Cruz (quizá también con Lope en sus versos más inspirados), podríamos asegurar que no existe en castellano musicalidad poética tan alta como la de Fray Luis.

jueves, 25 de abril de 2013

Literatura satírica y burlesca/ 24 - El timo considerado como una de las ciencias exactas (fragmento) - Edgar Allan Poe - Estados Unidos


Hey diddle diddle.
The cat and the fiddle.

    Desde que el mundo empezó ha habido dos Jeremías. Uno de ellos escribió una jeremiada sobre la usura, y se llama Jeremías Bentham. Fue sumamente admirado por Mr. John Neal, y era un gran hombre en pequeña escala. El otro dio nombre a la más importante de las ciencias exactas y era un gran hombre en gran escala; bien puedo agregar que en la mayor de las escalas.
    El timo -o la idea abstracta contenida en el verbo timar- es cosa bien conocida. El hecho, sin embargo, la cosa en sí, el timo, no se define fácilmente. Podemos llegar a tener, sin embargo, una concepción aceptable del asunto, si definimos, no la cosa en sí, el timo, sino al hombre como un animal que tima. Si Platón hubiera dado con esto, se hubiera ahorrado la afrenta del pollo desplumado.
    A Platón le preguntaron, muy pertinentemente, por qué un pollo desplumado, que respondía perfectamente a la condición de "bípedo implume", no entraba en su definición del hombre. Pero a mí no me vendrán a importunarme con preguntas parecidas. El hombre es un animal que tima y, fuera de él, no existe ningún animal que lo haga. Para invalidar esta afirmación haría falta todo un gallinero de pollos pelados.
    Aquello que constituye la esencia, el núcleo, el principio del timo, sólo se encuentra en esa clase de criaturas que visten chaquetas y pantalones. Un cuervo roba, un zorro engaña, una comadreja triunfa por el ingenio, un hombre tima. Su destino es el timo. "El hombre fue hecho para lamentarse", afirma el poeta. Pero no es así: fue hecho para timar. Tal es su ambición, su objetivo, su fin. Y por eso cuando a un hombre le han hecho un timo decimos que está "acabado".
    Bien considerado, el timo es un compuesto cuyos ingredientes consisten en la pequeñez, el interés, la perseverancia, el ingenio, la audacia, la nonchalance, la originalidad, la impertinencia y la risita socarrona.
    Pequeñez. Nuestro timador practica sus operaciones en pequeña escala. Su negocio reside en la venta al por menor en efectivo o con pagaré a la vista. Si alguna vez se deja tentar por especulaciones de gran vuelo, inmediatamente pierde sus rasgos distintivos y se convierte en lo que denominamos "financiero". Este último término contiene la noción del timo en todos sus aspectos mencionados, salvo la pequeñez. Por eso un timador puede ser considerado como un banquero en potencia, y una "operación financiera", como un timo en Brobdingnag1. El uno es al otro como Homero a "Flaccus", como un mastodonte a un ratón, como la cola de un cometa a la de un cerdo.
    Interés. Nuestro timador se guía por el interés.. No le atrae el timo por el timo mismo. Tiene una finalidad a la vista: su bolsillo... y el tuyo. Busca siempre la oportunidad mayor. Sólo vela por el Número Uno. Tú eres el Número Dos, y debes velar por tí mismo.
    Perseverancia. Nuestro timador persevera. No se descorazona fácilmente. Aunque quiebren los bancos, no se preocupa. Continúa tranquilamente con su negocio, y

Ut canis a corio numquam absterrebitur uncto,

y así procede él con lo suyo.
    Ingenio. Nuestro timador es audaz. Es hombre osado. Traslada la guerra al África. Todo lo conquista por asalto. No temería los puñales de Frey Herren. Con un poco más de prudencia, Dick Turpin hubiera sido un buen timador; Daniel O'Connell, con un poco menos de adulaciones, y Carlos XII, con una pizca más de cerebro.
    "Nonchalance". Nuestro timador es displicente. No se pone nunca nervioso. Nunca tuvo nervios. Imposible hacerle perder la calma. Jamás se lo sacará de sus casillas; lo más que puede hacerse es sacarlo de la casa. Es frío, frío como un pepino. Es tranquilo, "como una sonrisa de Lady Bury". Es blando y accesible, como un guante viejo o las damiselas de la antigua Baia.
    Originalidad. Nuestro timador es original, y lo es deliberadamente. Sus pensamientos le pertenecen. Le parecería despreciable hacer uso de los ajenos. Rechaza todo timo gastado. Estoy seguro de que devolvería una cartera si se diese cuenta de que la había obtenido mediante un timo sin originalidad.
    Impertinencia. Nuestro timador es impertinente. Fanfarronea. Pone los brazos en jarras. Mete las manos en los bolsillos del pantalón. Se ríe irónicamente en nuestra cara. Nos pisa los callos. Nos come la cena, se bebe nuestro vino, nos pide dinero prestado, nos tira de la nariz, da de puntapiés a nuestro perro y besa a nuestra mujer.
    Risita socarrona. Nuestro verdadero timador hace el balance final con una risita socarrona. Pero sólo él es testigo de ella. Sonríe cuando el trabajo cotidiano ha terminado, cuando las labores han llegado a su fin; de noche, en su despacho, y para su entretenimiento privado. Va a su casa. Cierra la puerta. Se desnuda. Sopla la vela. Se acuesta. Apoya la cabeza en la almohada. Y hecho esto, nuestro timador sonríe. No se trata de una hipótesis. Es así, es elemental. Razono a priori, y un timador no lo sería sin la risita socarrona.
    El origen del timo se remonta a la infancia de la raza humana. Quizá el primer timador fue Adán. De todos modos, podemos seguir la huellas hasta una antigüedad muy remota. Los modernos, empero, han llevado el timo a una imperfección que jamás soñaron los cabezaduras de nuestros progenitores. [...]
Traducción de Julio Cotázar

1 País imaginario de los Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, donde las cosas existen en una escala colosal. (N. del T.)

miércoles, 24 de abril de 2013

José Manuel Caballero Bonald, Premio Cervantes 2012


    Fragmentos del discurso pronunciado por Caballero Bonald en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, el 23 de abril de 2013:    

[...] Si las cuentas no me fallan, hace ahora justamente dos tercios de siglo que empecé a adiestrarme en el oficio de escritor, por lo que quizá merezca -eso sí- un premio a la constancia. Ya apenas si puedo evocar aquellas primeras sensaciones, tan remotas y difusas, de mi noviciado literario. Pero algo permanece imborrable: la certeza de que me hice escritor porque antes había leído a escritores que me abrieron una puerta, enriquecieron mi sensibilidad, me incitaron a usar la misma herramienta que ellos para interpretar la vida, para aprender a descifrarla. Sin esa enseñanza previa, nada habría sido lo mismo, claro. Tampoco yo estaría aquí ahora. Soy consciente de que mi biografía literaria depende tanto de los libros que he escrito como de los que he leído. Todos ellos constituyen como una especie de espejo múltiple donde me veo frecuentemente reflejado, y en todos ellos se alojan no pocos de mis descubrimientos de la vida precisamente porque también en esos libros descubrí otras vidas, experimenté la sensación de que algo había allí que me ofrecía la posibilidad de compartir un mundo ignorado y excitante.

    Es posible que encontrara en aquellas lecturas algo parecido a una contrapartida, una compensación frente a la falta de asideros o los desconciertos de la edad. ¿Quién duda que leer es reconocernos en los otros, desentrañar lo que somos, recuperar lo que hemos vivido, incluso lo que no hemos vivido, resarciéndonos de nuestras propias carencias? Recuérdese que todos aquellos que se han valido de la opresión (desde los terrores inquisitoriales a los de cualquier censura dictatorial) para programar el mantenimiento de sus poderes, han coartado la libre circulación de las ideas. Los enemigos históricos de la libertad han recurrido desde siempre a una suprema barbarie: la hoguera. O quemaban herejes o quemaban libros. En las ficciones futuristas de un mundo amorfo, despersonalizado, regido por computadoras, la quema de libros representa algo más que un mandamiento atroz: es una metáfora de la esclavitud. Bien sabemos que destruir, prohibir ciertas lecturas ha supuesto siempre prohibir, destruir ciertas libertades. Quien no leía, tampoco almacenaba conocimientos. Y quien no almacenaba conocimientos era apto para la sumisión. De lo que fácilmente se deduce que conocimiento y libertad vienen a ser nutrientes complementarios de toda aspiración a ser más plenamente humanos.

    [...] Entre las reflexiones que pone Cervantes en boca de don Quijote, destaca con singular notoriedad la defensa que hace de la poesía ante don Diego de Miranda, afirmando que “engloba todas las demás ciencias” (un juicio, por cierto, que vuelve a esgrimir el licenciado Vidriera –lo supe más tarde- con las mismas palabras. Por ahí empezaría yo a vislumbrar, me imagino, el sentido esencial de la poesía, esa germinación secreta que se propaga a lo largo de toda la prosa inmarchitable del Quijote. Como decía otro alcalaíno ilustre, Manuel Azaña, en esa prosa de poeta se estabiliza “la corriente maravillosa que Cervantes introduce en lo real para descomponerlo”. Cierto. Creo que ahí está expresada una de las más palmarias claves poéticas de la novela, ese paradigma creador que hizo las veces de anticipo fundacional de todas las posteriores literaturas.

    [...] Cervantes fue casi siempre un hombre de mala ventura y un poeta por lo común desdeñado. Ni siquiera hace falta añadir que la rutina o la ligereza postergaron injustamente esa vertiente de la obra cervantina. Más de una vez se ha dicho que quien escribió el Quijote no podía ser sino un gran poeta. Estoy de acuerdo. En el Quijote, en los aparejos de su espléndida prosa, se decantan los alimentos primordiales de la poesía, esa emoción verbal, esas palabras que van más allá de sus propios límites expresivos y abren o entornan los pasadizos que conducen a la iluminación, a esas “profundas cavernas del sentido” a que se refería San Juan de la Cruz. No es ajena a la seducción que emana del Quijote ese concepto de la poesía entendida como una construcción verbal, como un acto de lenguaje que alumbra las “cavernas del sentido”. Abundan además en la obra de Cervantes referencias a su perseverante amor por la poesía. Y, en efecto, así lo atestiguó a lo largo de su incierta vida, sin que esos empeños merecieran otro futuro que el de quedar oscurecidos ante la poderosa luminaria del Quijote.

    He pensado con frecuencia en esa parcela de la vida de Cervantes medio emborronada por la incertidumbre, los equívocos, las zonas de penumbra. No se olvide que Cervantes inicia la publicación del corpus fundamental de su obra cuando ya rondaba los 60 años, es decir, que es prácticamente en la última década de su vida cuando aparecen las dos partes del Quijote, las 12 Novelas ejemplares, el Viaje del Parnaso, las Ocho comedias y ocho entremeses y, al año de su muerte, el Persiles. No deja de ser llamativo ese desequilibrio, ese reparto desigual de la obra a lo largo de la vida. ¿Por qué Cervantes escribió o –mejor dicho- por qué publicó tan poco en su juventud, incluso en su edad madura, y dio a conocer, culminó el ejemplo universal de su obra ya a las puertas de la vejez, de regreso de todas sus anteriores alianzas con la adversidad? No se trata ya de trabas editoriales o desarreglos viajeros, sino de evidencias cronológicas. Recuérdese lo que Cervantes confiesa con desgana en el prólogo a Ocho comedias y ocho entremeses: “tuve otras cosas en qué ocuparme, dejé la pluma y las comedias…” Son muchos los años de abandono literario a partir de la Galatea: casi dos décadas difusamente ocupadas en esos quehaceres irregulares que, en cierto modo, aportan a la vida de Cervantes una de sus más literales sugestiones. Ese largo silencio literario no es el silencio de quien ha elegido no hablar,sino de quien ha hecho del soliloquio un método de maduración previa de la palabra. Es el mutismo del que lo observa todo para no olvidar nada.

    Ya me corregirá el profesor Francisco Rico si me equivoco, pero esas andanzas medio enigmáticas de Cervantes, esas huidas imprevistas, tantas vaguedades, zozobras, cautiverios, vienen a trazar como la síntesis biográfica de un perdedor, de un hombre de azarosos lances, casi de un aventurero que, como don Quijote, fue acumulando decepciones, fracasos, desdenes. Pero nunca, sin embargo, renunció a ir macerando en la memoria su más universal empeño creador: el que hizo de la libertad un fecundo condimento literario. Basta una simple ojeada al esplendor polifónico de su gran novela para entender que todo lo que tuvo de infortunada la vida de Cervantes, acabó encontrando una justiciera contrapartida en esa manifestación suprema de la propia libertad que es la palabra. “Libre nací y en libertad me fundo”, reza el último endecasílabo de un hermoso soneto de la Galatea.Una libertad que enarbola Cervantes como una lanza desempolvada -la del caballero de la Triste Figura- para protagonizar tantas y tan heroicas hazañas en defensa de los perseguidos, los oprimidos, los sojuzgados. Todos sabemos que abundan en el Quijote los episodios en que el andante caballero medita y actúa como un justiciero guardián de las libertades, como un emisario de la tolerancia, como un hombre decente -en suma- que procuró igualar con la vida el pensamiento. Decía Octavio Paz que “con Cervantes comienza la crítica de los absolutos: comienza la libertad”.

    Me importa insistir fugazmente en ese prolongado alejamiento de las letras a que alude Cervantes como de pasada, pero que constituye un atractivo foco de deducciones. Siempre me ha conmovido, y ahora más, imaginarme al autor del Quijote navegando sin brújula entre los boatos de la Italia renacentista o los intramuros argelinos del cautiverio, por la corte encumbrada de Felipe II o la babilónica Sevilla de finales del XVI y principios del XVII. Asiduo a los garitos y corrales de comedias, al trato de pícaros y cómicos, un Miguel de Cervantes solitario y meditabundo, apenas conocido por nadie, iría trasegando desde la vida a la memoria algunos de los hechos y personajes que pasarían a figurar en muchas de sus historias. La experiencia del escritor que no escribe, que malvive de oficios indeseados, comparece aquí como una contradicción in terminis. Más que la imagen del vencido por la vida, lo que ese Cervantes acaba sugiriendo es la del vencedor literario de todas las batallas por la libertad. Siempre nos ha dado respuestas el autor del Quijote, incluso antes de escribirlo. Y luego, en el mismo momento en que Cervantes saca de su casa a Alonso Quijano, Alonso Quijano otorga a Cervantes una nueva coyuntura para recorrer los caminos irrestrictos de la libertad.

    [...] Creo honestamente en la capacidad paliativa de la poesía, en su potencia consoladora frente a los trastornos y desánimos que pueda depararnos la historia. En un mundo como el que hoy padecemos, asediado de tribulaciones y menosprecios a los derechos humanos, en un mundo como éste, de tan deficitaria probidad, hay que reivindicar los nobles aparejos de la inteligencia, los métodos humanísticos de la razón, de los que esta Universidad -por cierto- fue foco prominente. Quizá se trate de una utopía, pero la utopía también es una esperanza consecutivamente aplazada, de modo que habrá que confiar en que esa esperanza también se nutra de las generosas fuentes de la inteligencia. Leer un libro, escuchar una sinfonía, contemplar un cuadro, son vehículos simples y fecundos para la salvaguardia de todo lo que impide nuestro acceso a la libertad y la felicidad. Tal vez se logre así que el pensamiento crítico prevalezca sobre todo lo que tiende a neutralizarlo. Tal vez una sociedad decepcionada, perpleja, zaherida por una renuente crisis de valores, tienda así a convertirse en una sociedad ennoblecida por su propio esfuerzo regenerador. Quiero creer -con la debida temeridad- que el arte también dispone de ese poder terapéutico y que los utensilios de la poesía son capaces de contribuir a la rehabilitación de un edificio social menoscabado. Si es cierto, como opinaba Aristóteles, que la “la historia cuenta lo que sucedió y la poesía lo que debía suceder”, habrá que aceptar que la poesía puede efectivamente corregir las erratas de la historia y que esa credulidad nos inmuniza contra la decepción. Que así sea.

martes, 23 de abril de 2013

Oda al libro (II) - Pablo Neruda - Chile


Libro
hermoso,
libro,
mínimo bosque,
hoja
tras hoja,
huele
tu papel
a elemento,
eres
matutino y nocturno,
cereal,
oceánico,
en tus antiguas páginas
cazadores de osos,
fogatas
cerca del Mississippi,
canoas
en las islas,
más tarde
caminos
y caminos,
revelaciones,
pueblos
insurgentes,
Rimbaud como un herido
pez sangriento
palpitando en el lodo,
y la hermosura
de la fraternidad,
piedra por piedra
sube el castillo humano,
dolores que entretejen
la firmeza,
acciones solidarias,
libro
oculto
de bolsillo
en bolsillo,
lámpara
clandestina,
estrella roja.

Nosotros
los poetas
caminantes
exploramos
el mundo,
en cada puerta
nos recibió la vida,
participamos
en la lucha terrestre.
Cuál fue nuestra victoria?
Un libro,
un libro lleno
de contactos humanos,
de camisas,
un libro
sin soledad, con hombres
y herramientas,
un libro
es la victoria.
Vive y cae
como todos los frutos,
no sólo tiene luz,
no sólo tiene
sombra,
se apaga,
se deshoja,
se pierde
entre las calles,
se desploma en la tierra.
Libro de poesía
de mañana,
otra vez
vuelve
a tener nieve o musgo
en tus páginas
para que las pisadas
o los ojos
vayan grabando
huellas:
de nuevo
descríbenos el mundo
los manantiales
entre la espesura,
las altas arboledas,
los planetas
polares,
y el hombre
en los caminos,
en los nuevos caminos,
avanzando
en la selva,
en el agua,
en el cielo,
en la desnuda soledad marina,
el hombre
descubriendo
los últimos secretos,
el hombre
regresando
con un libro,
el cazador de vuelta
con un libro,
el campesino arando
con un libro.
De Odas elementales

domingo, 21 de abril de 2013

Si consideramos - Charles Bukowski - Norteamericano nacido en Alemania


si consideramos lo que puede verse:
motores que nos vuelven locos,
amantes que acaban odiándose,
ese pescado que en el mercado
mira fijamente hacia atrás adentrándose en nuestras mentes,
flores podridas, moscas atrapadas en telarañas,
motines, rugidos de leones enjaulados,
payasos enamorados de billetes,
naciones que trasladan a la gente como peones de ajedrez,
ladrones a la luz del día con maravillosas
esposas y vinos por la noche,
las cárceles atestadas,
el tópico de los parados,
hierba moribunda, fuegos insignificantes,
hombres suficientemente viejos como para amar la tumba.

Estas y otras cosas
demuestran que la vida gira sobre un eje podrido.

Pero nos han dejado un poco de música
y un póster clavado en el rincón,
un vaso de whisky, una corbata azul,
un delgado volumen de poemas de Rimbaud,
un caballo que corre como si el diablo le estuviera
retorciendo la cola
sobre la hierba azul y el griterío
y después, de nuevo, el amor
como un coche que dobla la esquina
puntual,
la ciudad a la espera
el vino y las flores
el agua corriendo a través del lago
y verano e invierno y verano y verano
y de nuevo invierno.
Versión de Cecilia Ceriani y Txaro Santoro

jueves, 18 de abril de 2013

Tots jorns aprench e desaprench ensemps / Cançó d'opòsits - Jordi de Sant Jordi - España


TOTS JORNS APRENCH
E DESAPRENCH ENSEMPS

    Tots jorns aprench e desaprench ensemps,
e visch e muyr, e fau d'enuig plaser,
axi maseix fau de l'avol bon temps,
e vey sens ulls e say menys de saber,
e no estrench res e tot lo mon abras,
vol sobre·l cel e no·m movi de terra,
e ço que·m fuig incessantment acas
e·m fuig aço que·m segueix e m'afferra.

    Lo mal no·m plats e soven lo·m percas,
am sens amor e no crey so que se,
par que somiy tot quant vey pres ma faç,
hoy he de mi e vull altre gran be,
e parlant call, e·z auig menys de hoir,
del hoc cuyt no, lo ver me par falsia,
e mengs sens fam, e grat me sens pruir,
e sens mans palp, e fau de sen follia.

    Com vull muntar devall sens que no·m vir,
e devallan puig corren en aut loch,
e rizen plor e·l vetlar m'es dormir,
e cant suy frets pus calt me sent que foch,
e'z a dreyt seny eu fau ço que no vull,
e perden guany e·l temps cuxats me tarda,
e sens dolor mantes de vets me dull,
e·l simpl'anyell tench per falsa guinarda.

    Colgan me leu e vestin me despull,
e trop leuger tot fexuch e gran carch,
e quant me bany me pens que no·m remull,
e sucre dolç me sembla fel amarch,
lo jorn m'es nuyt e fau clar de l'escur,
lo temps passat més presen cascun ora,
e·l fort m'es flach, e·l blan tench molt per dur
e sens fallir me fall ço que·m demora.

    No·m part d'un loch e james no m'atur,
ço que no cerch ivaçosament trob,
del qui no·m fiu me tinch molt per segur,
e·l baix m'es alt e l'alt me sembla prop,
e vau cercan ço que no·s pot trobar,
e ferma vey la causa somoguda,
e lo fons gorch aygua sus port me par,
e ma virtud no·m te pro ne m'ajuda.

    Cant xant me par de que·m prench a'dular,
e lo molt bell me sembla fer a leig,
abans m'entorn qu'en loch no vull anar,
e no he pau e no tench qui·m guerreig.
Aço·m ve tot per tal com vey ences
de revers fayts aycest mon e netura,
e·z eu qui·m so en lurs fayts tan empes,
que m'es forçat de viure sens mesura.

Tornada
    Prenga xascu ço qui millor li es
de mon dit vers reversat d'escriptura:
e si·l mirats al dreyt e·z al revers,
traure porets de l'avol cas dretura.


APRENDO A DIARIO
Y DESAPRENDO A UN TIEMPO

    Aprendo a diario y desaprendo a un tiempo,
y vivo y muero, hago placer del tedio,
así del tiempo malo hago bonanza,
sin ojos veo y mi saber no sé,
y nada ciño y todo el mundo abrazo,
vuelo en el cielo y la tierra no dejo,
y a lo que huye sin cesar persigo
y me huye aquello que me agarra y sigue.

    Del mal no gusto y suelo ir en su busca,
sin amor amo y lo que sé no creo,
pienso en soñar lo que se halla a mi vera,
odio me tengo y a otros muchos quiero,
hablando callo, al oír oigo menos,
del sí hago no, lo cierto a falso suena,
como sin hambre, y sin picor me rasco,
sin manos palpo, mi cordura es loca.

    Quiero subir y sin virote caigo
y, en caer, subo al punto a otros lugares,
riendo lloro y es dormir mi vela,
cuando estoy frío ardo más que el fuego
y hago lo que no quiero cuando cuerdo,
gano perdiendo y tarda el tiempo raudo,
y sin dolerme alguna vez me quejo,
y a añojo tomo por fingida zorra.

    Me alzo al tumbarme y desnudo vistiéndome,
ligera encuentro muy pesada carga,
cuando me baño creo no mojarme
y amarga hiel se me hace el dulce azúcar,
me es noche el día y lo oscuro hago claro,
el tiempo atrás lo tengo a todas horas,
débil lo fuerte, duro asaz lo blando
y al no faltar, me falta lo que queda.

    Ni un paso doy y jamás me detengo,
lo que no busco avaramente encuentro,
en quien no fío siéntome a seguro
y alto es lo bajo y próximo lo alto,
buscando voy lo que no es dado hallar
y firme veo la cosa removida,
pozanco turbio se me hace agua en puerto,
y mi virtud no ayuda ni aprovecho.

    Puesto a cantar me parece que aúllo
y lo muy bello sabe a torvo y feo,
ya estoy de vuelta de adonde ir deseo,
ni encuentro paz y nadie hay que me ataque.
Todo ello a cuenta de cuán claro veo
al revés hechos mundo y la natura,
y en cuanto a mí, en sus hechos tan metido,
que me es forzoso el vivir sin mesura.

Vuelta
    Cada quien tome lo que más le cuadre
de este mi verso en revuelta escritura:
si lo miráis, al revés y al derecho,
sacar podréis rectitud del mal caso.
Traducción de Juan Ramón Masoliver
Jordi de Sant Jordi

    Canción de "opósitos" (así la denomina el Marqués de Santillana, contemporáneo y amigo suyo) en la que Jordi de Sant Jordi (muerto hacia 1424) testimonia no sólo la influencia que en su poesía ejerció la escuela trovadoresca, sino también el incipiente influjo de la lírica petrarquista en el ámbito poético de la Península. La secuencia de artificiosas antítesis (con un léxico plagado de vocablos de tinte provenzal, casi en pie de igualdad con los catalanes, lo que además presta al poema un tono arcaizante) refleja lo enrevesado de la naturaleza y del mundo y, consecuentemente, del ánimo del poeta. De ahí que, en la "tornada", se dirija al lector para que escoja lo que quiera de su poesía, cuyo conceptual lenguaje no puede ser más que, a su vez, un "vers reversat d'escriptura" sobre un mundo al revés (imagen que por sí misma constituye un tópico), a partir del cual averiguar qué está al derecho. FRANCISCO RICO

martes, 16 de abril de 2013

Bank Airlines - Andrés Neuman - Argentina-España


No sé por qué los bancos tienen
cierto gesto de aeródromo
a punto de vaciarse
señores pasajeros contribuyan
la vida no se puede ahorrar
atención atención es la última llamada
a dormir todos este país despega
el personal a bordo vende paracaídas

Poema publicado por Andrés Neuman el 13 de Julio de 2012 en su blog Microrréplicas.

domingo, 14 de abril de 2013

Los pícaros/ 9 - Fragmento de Rinconete y Cortadillo - Miguel de Cervantes Saavedra - España


    [...] Con esto se consoló algo el sacristán, y se despidió de Cortado, el cual se vino donde estaba Rincón, que todo lo había visto un poco apartado dél; y más abajo estaba otro mozo de la esportilla, que vio todo lo que había pasado y cómo Cortado daba el pañuelo a Rincón; y llegándose a ellos, les dijo:
    -Díganme, señores galanes: ¿voacedes son de mala entrada, o no?
    -No entendemos esa razón, señor galán -respondió Rincón.
    -¿Que no entrevan, señores murcios? -respondió el otro.
    -Ni somos de Teba ni de Murcia -dijo Cortado-; si otra cosa quiere, dígala; si no, váyase con Dios.
    -¿No lo entienden? -dijo el mozo-. Pues yo se lo daré a entender, y a beber, con una cuchara de plata: quiero decir, señores, si son vuesas mercedes ladrones. Mas no sé para qué les pregunto esto, pues sé ya que lo son. Mas díganme: ¿cómo no han ido a la aduana del señor Monipodio?
    -¿Págase en esta tierra almojarifazgo de ladrones, señor galán? -dijo Rincón.
    -Si no se paga -respondió el mozo-, a lo menos regístranse ante el señor Monipodio, que es su padre, su maestro y su amparo; y así, les aconsejo que vengan conmigo a darle la obediencia, o si no, no se atrevan a hurtar sin su señal, que les costará caro.
    -Yo pensé -dijo Cortado- que el hurtar era oficio libre, horro de pecho y alcabala; y que si se paga, es por junto, dando por fiadores a la garganta y a las espaldas; pero pues así es, y en cada tierra hay su uso, guardemos nosotros el désta, que por ser la más principal del mundo, será el más acertado de todo él; y así, puede vuesa merced guiarnos donde está ese caballero que dice, que ya yo tengo barruntos, según lo que he oído decir, que es muy calificado y generoso y además hábil en el oficio.
    -¡Y cómo que es calificado, hábil y suficiente! -respondió el mozo-. Eslo tanto, que en cuatro años que ha que tiene el cargo de ser nuestro mayor y padre no han padecido sino cuatro en el finibusterrae, y obra de treinta envesados, y de sesenta y dos en gurapas.
    -En verdad, señor -dijo Rincón-, que así entendemos esos nombres como volar.
    -Comencemos a andar, que yo los iré declarando por el camino -respondió el mozo-, con otros algunos, que así les conviene saberlos como el pan a la boca.
    Y así, les fue diciendo y declarando otros nombres de los que ellos llaman germanescos o de la germanía, en el discurso de su plática, que no fue corta, porque el camino era largo. En el cual dijo Rincón a su guía:
    -¿Es vuesa merced, por ventura, ladrón?
    -Sí -respondió él-, para servir a Dios y a las buenas gentes, aunque no de los muy cursados; que todavía estoy en el año del noviciado.
    A lo cual respondió Cortado:
    -Cosa nueva es para mí que haya ladrones en el mundo para servir a Dios y a la buena gente.
    A lo cual respondió el mozo:
    -Señor, yo no me meto en tologías; lo que sé es que cada uno en su oficio puede alabar a Dios, y más con la orden que tiene dada Monipodio a todos sus ahijados.
    -Sin duda -dijo Rincón-, debe de ser buena y santa, pues hace que los ladrones sirvan a Dios.
    -Es tan santa y buena -replicó el mozo-, que no sé yo si se podrá mejorar en nuestro arte. Él tiene ordenado que de lo que hurtáremos demos alguna cosa o limosna para el aceite de la lámpara de una imagen muy devota que está en esta ciudad, y en verdad que hemos visto grandes cosas por esta buena obra; porque los días pasados dieron tres ansias a un cuatrero que había murciado dos roznos, y con estar flaco y cuartanario, así lo sufrió sin cantar como si fueran nada; y esto atribuimos los del arte a su buena devoción, porque sus fuerzas no eran bastantes para sufrir el primer desconcierto del verdugo. Y porque sé que me han de preguntar algunos vocablos de los que he dicho, quiero curarme en salud y decírselo antes que me lo pregunten. Sepan voacedes que cuatrero es ladrón de bestias; ansia es el tormento; roznos, los asnos, hablando con perdón; primer desconcierto es las primeras vueltas de cordel que da el verdugo. Tenemos más: que rezamos nuestro rosario, repartido en toda la semana, y muchos de nosotros no hurtamos el día del viernes, ni tenemos conversación con mujer que se llame María el día del sábado.
    -De perlas me parece todo eso -dijo Cortado-; pero dígame vuesa merced: ¿hácese otra restitución o otra penitencia más de la dicha?
    -En eso de restituir no hay que hablar -respondió el mozo-, porque es cosa imposible, por las muchas partes en que se divide lo hurtado, llevando cada uno de los ministros y contrayentes la suya; y así, el primer hurtador no puede restituir nada; cuanto más que no hay quien nos mande hacer esta diligencia, a causa que nunca nos confesamos; y si sacan cartas de excomunión, jamás llegan a nuestra noticia, porque jamás vamos a la iglesia al tiempo que se leen, si no es los días de jubileo, por la ganancia que nos ofrece el concurso de la mucha gente.
    -Y ¿con sólo eso que hacen, dicen esos señores -dijo Cortado- que su vida es santa y buena?
    -Pues ¿qué tiene de malo? -replicó el mozo-. ¿No es peor ser hereje, o renegado, o matar a su padre y madre, o ser solomico?
    -Sodomita querrá decir vuesa merced -respondió Rincón.
    -Eso digo -dijo el mozo.
    -Todo es malo -replicó Cortado-. Pero pues nuestra suerte ha querido que entremos en esta cofradía, vuesa merced alargue el paso; que muero por verme con el señor Monipodio, de quien tantas virtudes se cuentan.
    -Presto se les cumplirá su deseo -dijo el mozo-, que ya desde aquí se descubre su casa. Vuesas mercedes se queden a la puerta, que yo entraré a ver si está desocupado, porque éstas son las horas cuando él suele dar audiencia.
    -En buena sea -dijo Rincón.
    Y, adelantándose un poco el mozo, entró en una casa no muy buena, sino de muy mala apariencia, y los dos se quedaron esperando a la puerta. Él salió luego y los llamó, y ellos entraron, y su guía les mandó esperar en un pequeño patio ladrillado, que de puro limpio y aljimifrado parecía que vertía carmín de lo más fino. A un lado estaba un banco de tres pies, y al otro un cántaro desbocado, con un jarrillo encima, no menos falto que el cántaro; a otra parte estaba una estera de enea, y en el medio, un tiesto, que en Sevilla llaman maceta, de albahaca.
    Miraban los mozos atentamente las alhajas de la casa, en tanto que bajaba el señor Monipodio; y viendo que tardaba, se atrevió Rincón a entrar en una sala baja, de dos pequeñas que en el patio estaban, y vio en ella dos espadas de esgrima y dos broqueles de corcho, pendientes de cuatro clavos, y una arca grande sin tapa ni cosa que la cubriese, y otras tres esteras de enea tendidas por el suelo. En la pared frontera estaba pegada a la pared una imagen de Nuestra Señora, destas de mala estampa, y más abajo pendía una esportilla de palma, y, encajada en la pared, una almofía blanca, por do coligió Rincón que la esportilla servía de cepo para limosna, y la almofía de tener agua bendita, y así era la verdad.
    Estando en esto, entraron en la casa dos mozos de hasta veinte años cada uno, vestidos de estudiantes; y de allí a poco, dos de la esportilla y un ciego; y, sin hablar palabra ninguno, se comenzaron a pasear por el patio. No tardó mucho, cuando entraron dos viejos de bayeta con anteojos, que los hacía graves y dignos de ser respectados, con sendos rosarios de sonadoras cuentas en las manos. Tras ellos entró una vieja halduda, y, sin decir nada, se fue a la sala, y habiendo tomado agua bendita, con grandísima devoción se puso de rodillas ante la imagen, y a cabo de una buena pieza, habiendo primero besado tres veces el suelo y levantados los brazos y los ojos al cielo otras tantas, se levantó y echó su limosna en la esportilla, y se salió con los demás al patio. En resolución, en poco espacio se juntaron en el patio hasta catorce personas de diferentes trajes y oficios. Llegaron también de los postreros dos bravos y bizarros mozos, de bigotes largos, sombreros de grande falda, cuellos a la valona, medias de color, ligas de gran balumba, espadas de más de marca, sendos pistoletes cada uno en lugar de dagas, y sus broqueles pendientes de la pretina; los cuales, así como entraron, pusieron los ojos de través en Rincón y Cortado, a modo de que los estrañaban y no conocían. Y llegándose a ellos, les preguntaron si eran de la cofradía. Rincón respondió que sí, y muy servidores de sus mercedes.
    Llegóse en esto la sazón y punto en que bajó el señor Monipodio, tan esperado como bien visto de toda aquella virtuosa compañía. Parecía de edad de cuarenta y cinco a cuarenta y seis años, alto de cuerpo, moreno de rostro, cejijunto, barbinegro y muy espeso; los ojos, hundidos. Venía en camisa, y por la abertura de delante descubría un bosque: tanto era el vello que tenía en el pecho. Traía cubierta una capa de bayeta casi hasta los pies, en los cuales traía unos zapatos enchancletados; cubríanle las piernas unos zaragüelles de lienzo, anchos y largos hasta los tobillos; el sombrero era de los de la hampa, campanudo de copa y tendido de falda; atravesábale un tahalí por espalda y pecho, a do colgaba una espada ancha y corta, a modo de las del perrillo; las manos eran cortas, pelosas, y los dedos gordos, y las uñas hembras y remachadas; las piernas no se le parecían, pero los pies eran descomunales de anchos y juanetudos. En efeto, él representaba el más rústico y disforme bárbaro del mundo. Bajó con él la guía de los dos, y trabándoles de las manos, los presentó ante Monipodio, diciéndole:
    -Éstos son los dos buenos mancebos que a vuesa merced dije, mi sor Monipodio: vuesa merced los desamine y verá como son dignos de entrar en nuestra congregación.
    -Eso haré yo de muy buena gana -respondió Monipodio.
    Olvidábaseme de decir que, así como Monipodio bajó, al punto todos los que aguardándole estaban le hicieron una profunda y larga reverencia, excepto los dos bravos, que a medio magate, como entre ellos se dice, le quitaron los capelos, y luego volvieron a su paseo por una parte del patio, y por la otra se paseaba Monipodio, el cual preguntó a los nuevos el ejercicio, la patria y padres.
    A lo cual Rincón respondió:
    -El ejercicio ya está dicho, pues venimos ante vuesa merced; la patria no me parece de mucha importancia decilla, ni los padres tampoco, pues no se ha de hacer información para recebir algún hábito honroso.
    A lo cual respondió Monipodio:
    -Vos, hijo mío, estáis en lo cierto, y es cosa muy acertada encubrir eso que decís; porque si la suerte no corriere como debe, no es bien que quede asentado debajo de signo de escribano, ni en el libro de las entradas: "Fulano, hijo de Fulano, vecino de tal parte, tal día le ahorcaron, o le azotaron", o otra cosa semejante, que, por lo menos, suena mal a los buenos oídos; y así, torno a decir que es provechoso documento callar la patria, encubrir los padres y mudar los propios nombres; aunque para entre nosotros no ha de haber nada encubierto, y sólo ahora quiero saber los nombres de los dos.
    Rincón dijo el suyo y Cortado también.
    -Pues de aquí adelante -respondió Monipodio-, quiero y es mi voluntad que vos, Rincón, os llaméis Rinconete, y vos, Cortado, Cortadillo, que son nombres que asientan como de molde a vuestra edad y a nuestras ordenanzas, debajo de las cuales cae tener necesidad de saber el nombre de los padres de nuestros cofrades, porque tenemos de costumbre de hacer decir cada año ciertas misas por las ánimas de nuestros difuntos y bienhechores, sacando el estupendo para la limosna de quien las dice de alguna parte de lo que se garbea; y estas tales misas, así dichas como pagadas, dicen que aprovechan a las tales ánimas por vía de naufragio; y caen debajo de nuestros bienhechores, el procurador que nos defiende, el guro que nos avisa, el verdugo que nos tiene lástima, el que, cuando uno de nosotros va huyendo por la calle y detrás le van dando voces: ''¡Al ladrón, al ladrón! ¡Deténganle, deténganle!'', se pone en medio y se opone al raudal de los que le siguen, diciendo: ''¡Déjenle al cuitado, que harta mala ventura lleva! ¡Allá se lo haya; castíguele su pecado!'' Son también bienhechoras nuestras las socorridas que de su sudor nos socorren, ansí en la trena como en las guras; y también lo son nuestros padres y madres, que nos echan al mundo, y el escribano, que si anda de buena, no hay delito que sea culpa ni culpa a quien se dé mucha pena; y por todos estos que he dicho hace nuestra hermandad cada año su adversario con la mayor popa y soledad que podemos.
    -Por cierto -dijo Rinconete, ya confirmado con este nombre-, que es obra digna del altísimo y profundísimo ingenio que hemos oído decir que vuesa merced, señor Monipodio, tiene. Pero nuestros padres aún gozan de la vida; si en ella les alcanzáremos, daremos luego noticia a esta felicísima y abogada confraternidad, para que por sus almas se les haga ese naufragio o tormenta, o ese adversario que vuesa merced dice, con la solenidad y pompa acostumbrada; si ya no es que se hace mejor con popa y soledad, como también apuntó vuesa merced en sus razones.
    -Así se hará, o no quedará de mí pedazo -replicó Monipodio.
    Y, llamando a la guía, le dijo:
    -Ven acá, Ganchuelo: ¿están puestas las postas?
    -Sí -dijo la guía, que Ganchuelo era su nombre-: tres centinelas quedan avizorando, y no hay que temer que nos cojan de sobresalto.
    -Volviendo, pues, a nuestro propósito -dijo Monipodio-, querría saber, hijos, lo que sabéis, para daros el oficio y ejercicio conforme a vuestra inclinación y habilidad.
    -Yo -respondió Rinconete- sé un poquito de floreo de Vilhán; entiéndeseme el retén; tengo buena vista para el humillo; juego bien de la sola, de las cuatro y de las ocho; no se me va por pies el raspadillo, verrugueta y el colmillo; éntrome por la boca de lobo como por mi casa, y atreveríame a hacer un tercio de chanza mejor que un tercio de Nápoles, y a dar un astillazo al más pintado mejor que dos reales prestados.
    -Principios son -dijo Monipodio-; pero todas ésas son flores de cantueso viejas, y tan usadas, que no hay principiante que no las sepa, y sólo sirven para alguno que sea tan blanco que se deje matar de media noche abajo; pero andará el tiempo y vernos hemos: que, asentando sobre ese fundamento media docena de liciones, yo espero en Dios que habéis de salir oficial famoso, y aun quizá maestro.
    -Todo será para servir a vuesa merced y a los señores cofrades -respondió Rinconete.
    -Y vos, Cortadillo, ¿qué sabéis? -preguntó Monipodio.
    -Yo -respondió Cortadillo- sé la treta que dicen mete dos y saca cinco, y sé dar tiento a una faldriquera con mucha puntualidad y destreza.
    -¿Sabéis más? -dijo Monipodio.
    -No, por mis grandes pecados -respondió Cortadillo.
    -No os aflijáis, hijo -replicó Monipodio-, que a puerto y a escuela habéis llegado donde ni os anegaréis ni dejaréis de salir muy bien aprovechado en todo aquello que más os conviniere. Y en esto del ánimo, ¿cómo os va, hijos?
    -¿Cómo nos ha de ir -respondió Rinconete- sino muy bien? Ánimo tenemos para acometer cualquiera empresa de las que tocaren a nuestro arte y ejercicio.
    -Está bien -replicó Monipodio-; pero querría yo que también le tuviésedes para sufrir, si fuese menester, media docena de ansias sin desplegar los labios y sin decir "esta boca es mía".
    -Ya sabemos aquí -dijo Cortadillo-, señor Monipodio, qué quiere decir ansias, y para todo tenemos ánimo; porque no somos tan ignorantes que no se nos alcance que lo que dice la lengua paga la gorja; y harta merced le hace el cielo al hombre atrevido, por no darle otro título, que le deja en su lengua su vida o su muerte: ¡como si tuviese más letras un no que un !
    -¡Alto, no es menester más! -dijo a esta sazón Monipodio-. Digo que sola esa razón me convence, me obliga, me persuade y me fuerza a que desde luego asentéis por cofrades mayores, y que se os sobrelleve el año del noviciado.
    -Yo soy dese parecer -dijo uno de los bravos.
    Y a una voz lo confirmaron todos los presentes, que toda la plática habían estado escuchando, y pidieron a Monipodio que desde luego les concediese y permitiese gozar de las inmunidades de su cofradía, porque su presencia agradable y su buena plática lo merecía todo. Él respondió que, por dalles contento a todos, desde aquel punto se las concedía, advirtiéndoles que las estimasen en mucho, porque eran no pagar media nata del primer hurto que hiciesen; no hacer oficios menores en todo aquel año, conviene a saber: no llevar recaudo de ningún hermano mayor a la cárcel, ni a la casa, de parte de sus contribuyentes; piar el turco puro; hacer banquete cuándo, cómo y adonde quisieren, sin pedir licencia a su mayoral; entrar a la parte, desde luego, con lo que estrujasen los hermanos mayores, como uno dellos, y otras cosas que ellos tuvieron por merced señaladísima, y los demás, con palabras muy comedidas, las agradecieron mucho. [...]

jueves, 11 de abril de 2013

El Romancero/ 2 - Romance de Abenámar - Anónimo - España


ROMANCE DE ABENÁMAR
(ROMANCES FRONTERIZOS)

    ¡Abenámar, Abenámar,      moro de la morería,
el día que tú naciste      grandes señales había!
Estaba la mar en calma,      la luna estaba crecida:
moro que en tal signo nace,      no debe decir mentira.
Allí respondiera el moro,      bien oiréis lo que decía:
-No te la diré, señor,      aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro      y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho      mi madre me lo decía:
que mentira no dijese,      que era grande villanía;
por tanto pregunta, rey,      que la verdad te diría.
-Yo te agradezco, Abenámar,      aquesta tu cortesía.
¿Qué castillos son aquellos?      ¡Altos son y relucían!
-El Alhambra era, señor,      y la otra la mezquita;
los otros los Alixares,      labrados a maravilla.
El moro que los labraba      cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra      otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,      huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,      castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,      bien oiréis lo que decía:
-Si tú quisieses, Granada,      contigo me casaría;
daréte en arras y dote      a Córdoba y a Sevilla.
-Casada soy, rey don Juan,      casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene      muy grande bien me quería.

    Uno de los romances fronterizos más conocidos y celebrados es éste dedicado a Abenámar, personaje identificado por algunos con Yusuf ibn al-Mawl, que intervino en uno de los tres destronamientos de Abú-Allah Muhammad VIII, el Izquierdo, uniendo sus fuerzas con el monarca castellano Juan II, con quien obtuvo el triunfo en la batalla de Higueruela. Reinó durante seis meses, falleciendo después. Otros piensan que Abenámar fue el capitán Abenalamit, quien, después de una temporada de paz en la que estuvo a sueldo de Juan II, pidió a éste licencia para dirigirse a Túnez, licencia que el rey le concedió, como atestiguan varias crónicas: la Crónica de Juan II, de Pérez de Guzmán, la Crónica del Halconero de Carrillo de Huete, y la refundición que de ésta hizo Lope de Barrientos.
    En el romance se aprecia la confrontación de culturas en el siglo XV. (Datos extraídos de una edición del Romancero a cargo de Francisco Rico)

martes, 9 de abril de 2013

La vieja sirena (fragmento) - José Luis Sampedro - España


    Si nunca despertaste en sobresalto
febril, precipitándote hacia el lado
vacío de tu lecho, tanteándolo
con manos que se obstinan vanamente
contra implacable ausencia.

    Si no sentiste entonces la muerte
desgarrándote en vida y agrandando
el vacío entre tus venas inflamado,
el vano apartamiento de tus muslos,
el ansia de tu sexo.

    Si no rompió tu voz ese gemido
que acuchilla la turbia madrugada...
es que en tu corazón no ardía la hoguera
que llamamos amor.

    En ella me consumo y es mi grito
tu nombre: a ti me abro en carne viva.
Mi piel muere en espera de la tuya,
mi sexo late con ansiosa boca
de pez en la agonía.

    Y al no llegar tus labios con tu bálsamo
ni el fuego sosegante de tu lengua
mi mano se fatiga inútilmente
en estéril caricia...

    Porque tan sólo tú tienes las alas
para el vuelo que mata y da la vida.
José Luis Sampedro

    El economista, escritor y humanista José Luis Sampedro falleció en la madrugada del lunes en su casa de la calle Cea Bermúdez de Madrid a los 96 años. Nos dijo que quería beberse un Campari, así que le hicimos un granizado de Campari. Me miró y me dijo: 'Ahora empiezo a sentirme mejor. Muchas gracias a todos'. Se durmió y al cabo de un rato se murió, ha relatado su viuda, Olga Lucas.
    Descanse José Luis Sampedro.

lunes, 8 de abril de 2013

Fábulas/ 3 - Los dos conejos - Tomás de Iriarte - España


    Por entre unas matas,
seguido de perros,
no diré corría,
volaba un conejo.

    De su madriguera
salió un compañero
y le dijo: «Tente,
amigo, ¿qué es esto?»

    «¿Qué ha de ser?», responde;
«sin aliento llego...;
dos pícaros galgos
me vienen siguiendo».

    «Sí», replica el otro,
«por allí los veo,
pero no son galgos».
«¿Pues qué son?» «Podencos.»

    «¿Qué? ¿podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo.»

    «Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso.»
«Son galgos, te digo.»
«Digo que podencos.»

    En esta disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.

    Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.

domingo, 7 de abril de 2013

Literatura y jazz/ 47 - Jazz Band - Felipe Benítez Reyes - España

Au cirque Fernando, l'écuyère' - Henri de Toulouse-Lautrec
el sonido delgado
como el iris
del lanzador de cuchillos de aquel circo barroco
que recorría mi niñez
de condición quimérica

el alfiler con óxido del saxo
tenor
hundido como un talismán de olvido y de infortunio
en el sexo civilizado
de la mulata melancólica
que aún sueña con los ojos de los búhos

qué es esto? Me dirá Y usted
qué hace con un tigre de charol
entre sus manos
en este siglo en que Rilke y los jazmines
son cadáveres finos?

El tacón de una golfa
se está hundiendo en la nieve
y el marqués fusilado
huye en una berlina

Maten ya de una vez a Louis Armstrong
con una escala mixolidia
afilada como un puñal
como un puñal

Maten ya POR FAVOR al negro emocionado
De Vidas improbables

West End Blues - Louis Armstrong, 1928

viernes, 5 de abril de 2013

Literatura satírica y burlesca/ 23 - Libro de todas las cosas y otras muchas más (fragmento) - Memorial pidiendo plaza en una academia - Francisco de Quevedo - España


LIBRO DE TODAS LAS COSAS Y OTRAS MUCHAS MÁS
COMPUESTO POR EL DOCTO Y EXPERIMENTADO EN TODAS MATERIAS
EL ÚNICO MAESTRO MALSABIDILLO
Dirigido a la curiosidad de los entremetidos,
a la turbamulta de los habladores
y a la sonsaca de las viejecitas
(1627)

P R I M E R    T R A T A D O
SECRETOS ESPANTOSOS Y FORMIDABLES, EXPERIMENTADOS, TAN CIERTOS Y TAN EVIDENTES QUE NO PUEDEN FALLAR JAMÁS

ADVERTENCIA AL LECTOR
    Curioso lector o desaliñado, que no importa más lo uno que lo otro para el efecto de mi obra: esta primera página contiene las admirables y estupendas proposiciones en que podrás escoger la maravilla que quisieres obrar, mirando el número que tiene delante y buscándole en la siguiente página, donde está el modo de hacerlo. Y no te espante el prodigio que ofrece la pregunta, que todo lo hallarás fácil en viendo la respuesta.

TABLA DE PROPOSICIONES
    1. Para que se anden tras ti todas las mujeres hermosas; y si fueres mujer, los hombres ricos y galanes.
    2. Para ser bien recibido dondequiera; y es infalible.
    3. Para que cualquier mujer o hombre que bien te pareciere, seas hombre o mujer, luego que te trate se muera por ti.
    4. Para que con sólo haber hablado a una mujer te siga a dondequiera que fueres.
    5. Para hacerte invisible, y que aunque entres entre mucha gente, ninguno te pueda ver. Y encomiéndote por el Sumo Señor, que te hizo, tan alto secreto, por el daño que puede resultar si se divulgase en ladrones y adúlteros y presos y enemigos.
    6. Para que hombres y mujeres te otorguen cuanto pidieras.
    7. Para ser rico y tener dineros.
    8. Para alcanzar cualquier mujer en un momento, y es certísimo.
    9. Para que no se te rompa ningún vestido que trujeres.
    10. Para que no se te vaya el halcón, aunque le sueltes; y es probado.
    11. Para no tener dolor de muelas jamás.
    12. Para no encanecer ni envejecer nunca.
    13. Para tener hijos la más estéril mujer del mundo.
    14. Para que no te hurten los sastres.
    15. Para no morirse jamás.
    16. Para no morir sin confesión.
    17. Si quieres que el caballo que tuvieres revuelva a todas manos.
    18. Para tener grandes cargos en la república.
    19. Para verte en altos puestos en breve tiempo.
    20. Para ser temido.
    21. Para no envejecer, seas mujer o hombre.
    22. Para que aunque seas calvo, no lo puedas parecer, sin cabellera ni casquete.
    23. Para que todos los pleitos salgan en tu favor.
    24. Para que te duren poco las enfermedades.
    25. Para que no te piquen las chinches de noche.
    26. Si quieres ser bienquisto.
    27. Para no confesar en el tormento; y es certísimo. No lo comuniques, por los ladrones y delincuentes.
    28. Para quitarte los grillos y las prisiones en la cárcel, por grandes que sean.

TABLA DE SOLUCIONES
    1. Ándate tú delante dellas.
    2. Da dondequieras que entrares, y serás tan bien recibido, que te pese.
    3. Sé el médico que la cures, y es probado, pues cada uno muere del médico que le da el tabardillo o mal que le dio.
    4. Húrtala lo que tuviere y te seguirá hasta el cabo del mundo, sin dejarte a sol ni a sombra.
    5. Sé entremetido, hablador, mentiroso, tramposo, miserable, y nadie te podrá ver más que al diablo.
    6. Pídeles a ellas que te quiten lo que tienes, y a ellos que no te den nada, y te lo otorgarán todo.
    7. Si los tienes, tenerlos; y si no, no desearlos, y serás rico.
    8. Aguija si anda, y corre si aguija, y vuela si corre, y la alcanzarás.
    9. Rásgale tú primero, y es cierto.
    10. Pélalo cañón a cañón, y lo verás claro.
    11. No las tengas, y es un ahorro que parece muy mal a las quijadas.
    12. Muérete cuando muchacho o recién nacido.
    13. Conciba, y para, y críelos, y nos los suelte; y los tendrá.
    14. No hagas de vestir con ellos, y no hay otro remedio.
    15. No seas necio, que éstos solos son los que se mueren; que a los desgraciados mátanlos las heridas, a los enfermos mátanlos los médicos; y los necios sólo se mueren a sí mismos.
    16. Haz delitos de muerte y confiésalos, y morirás confesado.
    17. Ponle dos días con un escribano, y revolverá a todas manos, y aun a todo el mundo.
    18. Fuerza doncellas, hurta casadas, mata clérigos, roba iglesias; que no hay mayores cargos.
    19. Ándate de cuesta en cuesta y de cerro en cerro.
    20. Déjate agarrar y asir.
    21. Ándate al sol en el verano y al sereno en el invierno; no tengas paz con tus güesos; púdrete de todo; come fiambre y bebe agua; no descanses de día ni de noche por andar en lo que no te va ni te viene; que como ésta no es vida para llegar a viejos, conseguirás el no serlo.
    22. Ten sombrero perdurable y de por vida, y no te le quites aun para dormir; y si otro te quitare el sombrero, remítete a la cabezada y a la reverencia; y si por esto te dijeren que eres descortés, di que más vale ser descortés que calvo; y si por descortés riñeren contigo y te mataren, también vale más ser muerto que calvo, y procura morir con tu sombrero como con tu habla.
    23. No pagues al abogado, ni al procurador, ni a los oficiales; que eso es lo que se pierde siempre sin remedio, y en eso vas condenado cada día y cada hora. Y si pagando a los susodichos tienes sentencia en tu favor, tienes dinero en contra; y si tienes sentencia en contra, también. Y advierte que antes que se contesten las demandas, son pleitos sobre si mi dinero es mío o del otro; y en empezándose, es sobre que no sea del otro ni mío, sino de los que nos ayudan a entrambos.
    24. Llama a tu médico cuando estás bueno, y dale dineros porque no estás malo; que si tú le das dinero cuando estás malo, ¿cómo quieres que te dé una salud que no le vale nada, y te quite un tabardillo que le da de comer?
    25. Acuéstate de día, y es probado.
    26. Presta y no cobres; da, convida, sufre, padece, sirve, calla y déjate engañar.
    27. Negar todo cuando te preguntaren.
    28. Pagáselo muy bien al alcaidie;  y es probado.

Don Francisco también sabía reírse de sí mismo:

MEMORIAL PIDIENDO PLAZA EN UNA ACADEMIA
(1606)

MEMORIAL
    Don Francisco de Quevedo, hijo de sus obras y padrastro de las ajenas, dice: Que habiendo llegado a su noticia las constituciones del Cabildo del Regodeo, como cofrade que ha sido y es de la Carcajada y Risa; atento a que es hombre de bien, nacido para mal, hijo de algo, pero no señor; hombre de muchas fuerzas y de otras tantas flaquezas; puesto en tal estado que, de no comer en alguno, se cae del suyo de hambre; persona que se hubiera echado a dormir, con la buena fama que tiene, si no le faltaran mantas, y que ha echado muchas veces el pecho al agua, por no tener vino; que es rico y tiene muchos juros de por vida de Dios; señor del Valle de lágrimas; que ha tenido y siempre tiene, así en la corte como fuera della, muy grandes cargos de conciencia; dando de todos muy buenas cuentas, pero no rezándolas; ordenado de corona, pero no de vida; que es de buen entendimiento y no de buena memoria; que es corto de vista, como de ventura; hombre dado al diablo, y prestado al mundo y encomendado a la carne; rasgado de ojos y de conciencia, negro de cabello y de dicha, largo de frente y de razones, quebrado de color y de piernas, blanco de cara y de todos, falto de pies y de juicio, mozo amostachado y diestro en jugar las armas, los naipes y otros juegos; y poeta sobre todo, hablando con perdón, descompuesto componedor de coplas, señalado de la mano de Dios. Por todo lo cual, y atento a sus buenos deseos, pide a vuestras mercedes (pudiéndolo hacer a la puerta de una iglesia, por cojo) le admitan en la dicha cofradía del Placer, dándole en ella alguna plaza muerta, aunque sea de hambre; que en ello recibirá merced y aun carmen, sin ser fraile.

martes, 2 de abril de 2013

El sueño - Gerardo Diego - España


    Apoya en mí la cabeza,
si tienes sueño.
apoya en mí la cabeza,
aquí, en mi pecho.
Descansa, duérmete, sueña,
no tengas miedo del mundo,
que yo te velo.
Levanta hacia mí tus ojos,
tus ojos lentos,
y ciérralos poco a poco
conmigo dentro;
ciérralos, aunque no quieras,
muertos de sueño.

    Ya estás dormida. Ya sube,
baja tu pecho,
y el mío al compás del tuyo
mide el silencio,
almohada de tu cabeza,
celeste peso.
Mi pecho de varón duro,
tabla de esfuerzo,
por ti se vuelve de plumas,
cojín de sueños.
Navega en dulce oleaje,
ritmo sereno,
ritmo de olas perezosas
el de tus pechos.
De cuando en cuando una grande,
espuma al viento,
suspiro que se te escapa
volando al cielo,
y otra vez navegas lenta
mares de sueño,
y soy yo quien te conduce
yo que te velo,
que para que te abandones
te abrí mi pecho.
¿Qué sueñas? ¿Sueñas? ¿Qué buscan
- palabras, besos -
tus labios que se te mueven,
dormido rezo?
Si sueñas que estás conmigo,
no es sólo sueño;
lo que te acuna y te mece
soy yo, es mi pecho.

    Despacio, brisas, despacio,
que tiene sueño.
Mundo sonoro que rondas,
hazte silencio,
que está durmiendo mi niña,
que está durmiendo
al compás que de los suyos
copia mi pecho.
Que cuando se me despierte
buscando el cielo
encuentre arriba mis ojos
limpios y abiertos.