Hace 50 años / The Beatles - Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967)

martes, 26 de febrero de 2013

Los pícaros/ 7 - La lozana andaluza (fragmentos) - Francisco Delicado - España


RETRATO DE
la Loçana andaluza: en lengua española:
muy claríssima. Compuesto en Roma.
El qual Retrato demuestra loque en Ro-
ma passaua y contiene munchas más
cosas que la Celestina.
(Portada del único ejemplar que se conserva de la edición "princeps" de Venecia, 1528 - Osterreich Nationalbibliothek de Viena)

ARGUMENTO EN EL QUAL SE CONTIENEN TODAS LAS PARTICULARIDADES QUE HA DE HABER EN LA PRESENTE OBRA

   Decirse ha primero la ciubdad, patria y linaje, ventura, desgraçia y fortuna, su modo, manera y conuersación, su trato, plática y fin, porque solamente gozará de este Retrato quien todo lo leyere.
    Protesta el autor que ninguno quite ni añada palabra ni razón ni lenguaje, porque aquí no compuse modo de hermoso decir, ni saqué de otros libros, ni hurté elocuencia porque: para decir la verdad poca elocuencia basta, como dice Séneca; ni quise nombre, salvo que quise retraer muchas cosas retrayendo una, y retraxe lo que vi que se debería retraer, y por esta comparación que se sigue verán que tengo razón.
    Todos los artífices que en este mundo trabajan desean que sus obras sean más perfectas que ningunas otras que jamás fuesen. Y vese mejor esto en los pintores que no en otros artífices, porque cuando hacen un retrato procuran sacarlo del natural, e a esto se esfuerzan, y no solamente se contentan de mirarlo e cotejarlo, mas quieren que sea mirado por los transeúntes e circunstantes, y cada uno dice su parecer, mas ninguno toma el pincel y enmienda, salvo el pintor que oye y ve la razón de cada uno, y así enmienda, cotejando también lo que ve más que lo que oye; lo que munchos artífices no pueden hacer, porque después de haber cortado la materia y dádole forma, no pueden sin pérdida enmendar. Y porque este retrato es tan natural, que no hay persona que haya conocido la señora Lozana en Roma o fuera de Roma, que no vea claro ser sacado de sus actos y meneos y palabras; y asimismo porque yo he trabajado de no escrebir cosa que primero no sacase en mi dechado la labor, mirando en ella o a ella. Y viendo vi muncho mejor que yo ni otro podrá escrebir, y diré lo que dijo Eschines, filósofo, leyendo una oración o proceso que Demóstenes había hecho contra él; no pudiendo expremir la muncha más elocuencia que había en el dicho Demóstenes, dixo: «¿Qué haría si oyérades a él?» (quod si ipsam audissetis bestiam?), y por eso verná en fábula muncho más sabía la Lozana que no mostraba, y viendo yo en ella munchas veces maneras y saber que bastaba para cazar sin red, y enfrenar a quien muncho pensaba saber, sacaba lo que podía, para reducir a memoria, que en otra parte más alta (que una picota) fuera mejor retraída que en la presente obra; y porque no le pude dar mejor matiz, no quiero que ninguno añada ni quite; que si miran en ello, lo que al principio falta se hallará al fin; de modo que por lo poco entiendan lo muncho más ser como dedución de canto llano, y quien al contrario hiciere, sea siempre enamorado y no querido. Amén.


PRIMERA PARTE

MAMOTRETO PRIMERO
COMIENZA LA HISTORIA O RETRATO SACADO DEL JURE CEVIL NATURAL DE LA SEÑORA LOZANA; COMPUESTO EL AÑO MILL Y QUINIENTOS Y VEINTE E CUATRO, A TREINTA DÍAS DEL MES DE JUNIO, EN ROMA, ALMA CIUBDAD, Y COMO HABÍA DE SER PARTIDO EN CAPÍTULOS, VA POR MAMOTRETOS, PORQUE EN SEMEJANTE OBRA MEJOR CONVIENE

    La señora Lozana fue natural compatriota de Séneca, y no menos en su inteligencia y resaber, la cual desde su niñez tuvo ingenio y memoria y vivez grande, y fue muy querida de sus padres por ser aguda en servillos e contentallos, e muerto su padre, fue necesario que acompañase a su madre fuera de su natural. Y ésta fue la causa que supo y vido munchas ciubdades, villas y lugares de España, que agora se le recuerdan de casi el todo; y teníe tanto intelecto, que casi escusaba a su madre procurador para sus negocios; siempre que su madre le mandaba ir o venir, era presta, y como pleiteaba su madre, ella fue en Granada mirada y tenida por solicitadora perfecta e prenosticada futura; acabado el pleito, e no queriendo tornar a su propia ciubdad, acordaron de morar en Xerez y pasar por Carmona; aquí la madre quiso mostrarle texer, el cual oficio no se le dio ansí como el hordir y tramar, que le quedaron tanto en la cabeza, que no se le han podido olvidar. Aquí conversó con personas que la amaban por su hermosura y gracia; asimismo, saltando una pared sin licencia de su madre, se le derramó la primera sangre que del natural tenía; y muerta su madre, y ella quedando huérfana, vino a Sevilla, a donde halló una su parienta, la cual le decía: «hija, sed buena, que ventura no os faltará»; y asimismo le demandaba de su niñez, en qué era estada criada, y qué sabía hacer, y de qué la podía loar a los que a ella conocían. Entonces respondíale desta manera: «señora tía, yo quiero que vuestra merced vea lo que sé hacer; que cuando era vivo mi señor padre yo le guisaba guisadicos que le placían, y no solamente a él mas a todo el parentado; que, como estábamos en prosperidad, teníamos las cosas necesarias, no como agora, que la pobreza hace comer sin guisar, y entonces las especias, y agora el apetito; entonces estaba ocupada en agradar a los míos, y agora a los extraños».


MAMOTRETO II
RESPONDE LA TÍA, Y PROSIGUE

    Tía.- Sobrina, más ha de los años treinta que yo no vi a vuestro padre, porque se fue niño, y después me dixeron que se casó por amores con vuestra madre, y en vos veo yo que vuestra madre era hermosa.
    Lozana.- ¿Yo, señora? Pues más parezco a mi agüela que a mi señora madre, y por amor de mi agüela me llamaron a mí Aldonza, y si esta mi agüela viviera, sabía yo más que no sé, que ella me mostró guisar, que en su poder deprendí hacer fideos, empanadillas, alcuscuzu con garbanzos, arroz entero, seco, graso, albondiguillas redondas y apretadas con culantro verde, que se conocían las que yo hacía entre ciento. Mirá, señora Tía, que el padre de mi padre decía: «¡Éstas son de mano de mi hija Aldonza!» ¿Pues adobado no hacía? Sobre que cuantos traperos había en la cal de la Heria querían proballo, y máxime cuando era un buen pecho de carnero, y ¡qué miel! pensá, señora, que la teníamos de Adamuz y zafrán de Peñafiel, y lo mejor de la Andalucía venía en casa de esta mi agüela. Sabía hacer hojuelas, pestiños, rosquillas de alfaxor, textones de cañamones y de ajonjolí, nuégados, xopaipas, hojaldres, hormigos torcidos con aceite, talvinas, zahínas y nabos sin tocino y con comino; col murciana con alcarabea, y olla reposada no la comía tal ninguna barba; pues boronía ¿no sabía hacer?, por maravilla, y cazuela de berengenas moxies en perfición; cazuela con su ajico y cominico, y saborcico de vinagre, esto hacía yo sin que lo vezasen. Rellenos, cuajarejos de cabritos, pepitorias y cabrito apedreado con limón ceutí, y cazuelas de pescado cecial con oruga, y cazuelas moriscas por maravilla, y de otros pescados que sería luengo de contar. Letuarios de arrope para en casa, y con miel para presentar, como eran de membrillos, de cantueso, de uvas, de berengenas, de nueces y de la flor del nogal, para tiempo de peste; de orégano y hierba buena, para quien pierde el apetito; pues ¿ollas en tiempo de ayuno?, estas y las otras ponía yo tanta hemencia en ellas, que sobrepujaba a Platina, De voluptatibus, y a Apicio Romano, De re coquinaria, y decía esta madre de mi madre: «Hija Aldonza, la olla sin cebolla es boda sin tamborín». Y si ella me viviera, por mi saber y limpieza (dexemos esta hermosura) me casaba, y no salía yo acá por tierras ajenas con mi madre, pues me quedé sin dote, que mi madre me dexó solamente una añora con su huerto, y saber tramar, y esta lanzadera para texer cuando tenga premideras.1
    Tía.- Sobrina, esto que vos tenéis y lo que sabéis será dote para vos, y vuestra hermosura hallará ajuar cosido y sorcido; que no os tiene Dios olvidada; que aquel mercader que vino aquí ayer me dixo que, cuando torne, que va a Cádiz, me dará remedio para que vos seáis casada y honrada; mas querría él que supiésedes labrar.
    Loz.- Señora Tía, yo aquí traigo el alfilelero, mas ni tengo aguja ni alfiler, que dedal no faltaría para apretar; y por eso, señora Tía, si vos queréis, yo le hablaré antes que se parta, porque no pierda mi ventura, siendo huérfana.


MAMOTRETO III
PROSIGUE LA LOZANA, Y PREGUNTA A LA TÍA

    Loz.- Señora Tía, ¿es aquel que está paseándose con aquel que suena los órganos? Por su vida, que lo llame. ¡Ay, cómo es dispuesto!, ¡y qué ojos tan lindos!, ¡qué ceja partida!, ¡qué pierna tan seca y enxuta! ¿Chinelas trae? ¡Qué pie para galochas y zapatilla ceyena! Querría que se quitase los guantes por verle qué mano tiene. Acá mira; ¿quiere vuestra merced que me asome?
    Tía.- No, hija; yo quiero ir abaxo, y él me verná a hablar, y cuando él estará abaxo vos vernéis; si os hablare, abaxá la cabeza y pasaos, y si yo os dixere que le habléis, vos llegá cortés y hacé una reverencia, y si os tomare la mano, retraeos hacia atrás, porque, como dicen, amuestra a tu marido el copo, mas no del todo; y desta manera él dará de sí, y veremos qué quiere hacer.
    Loz.- Veislo viene acá.
    Mercader.- Señora, ¿qué se hace?
    Tía.- Señor, serviros, y mirar en vuestra merced la lindeza de Diomedes el Ravegnano.
    Merc.- Señora, pues ansí me llamo yo. Madre mía, yo querría ver aquella vuestra sobrina. Y por mi vida que será su ventura, y vos no perderéis nada.
    Tía.- Señor, está revuelta y mal aliñada, mas porque vea vuestra merced cómo es dotada de hermosura, quiero que pase aquí abaxo su telar y verála cómo texe.
    Diomedes.- Señora mía, pues sea luego.
    Tía.- ¿Aldonza? ¿Sobrina? ¡Veníos acá, y veréis mejor!
    Loz.- Señora Tía, aquí veo muy bien, aunque tengo la vista cordobesa: salvo que no tengo premideras.
    Tía.- Decí sobrina que este gentilhombre quiere que le texáis un texillo, que proveeremos de premideras. Vení aquí, hacé una reverencia a este señor.
    Diomedes.- ¡Oh, qué gentil dama! Mi seora madre, no la dexe ir, y suplícole que la mande que me hable.
    Tía.- Sobrina, respondé a ese señor, que luego torno.
    Diom.- Señora, su nombre me diga.
    Loz.- Señor sea vuestra merced de quien mal lo quiere; yo me llamo Aldonza, a servicio y mandado de vuestra merced.
    Diom.- ¡Ay!, ¡ay!, ¡qué herida!, que de vuestra parte qualque vuestro servidor me ha dado en el corazón con una saeta dorada de amor.
    Loz.- No se maraville vuestra merced; que cuando me llamó que viniese abaxo, me parece que vi un mochacho, atado un paño por la frente, y me tiró no sé con qué; en la teta izquierda me tocó.
    Diom.- Señora, es tal ballestero, que de un mismo golpe nos hirió a los dos. Ecco adunque due anime í uno core. ¡Oh, Diana!, ¡oh, Cupido!, socorred el vuestro siervo. Señora, si no remediamos con socorro de médicos sabios, dudo la sanidad, y pues yo voy a Cádiz, suplico a vuestra merced se venga conmigo.
    Loz.- Yo, señor, verné a la fin del mundo; mas dexe subir a mi tía arriba, y pues quiso mi ventura, seré vuestra más que mía.
    Tía.- ¡Aldonza! ¡Sobrina!, ¿qué hacéis?, ¿dónde estáis? ¡Oh, pecadora de mí!, el hombre dexa el padre y la madre por la mujer, y la mujer olvida por el hombre su nido. ¡Ay, sobrina!, y si mirara bien en vos, viera que me habíades de burlar; mas no tenéis vos la culpa, sino yo, que teniendo la yesca busqué el eslabón; mirá qué pago, que si miro en ello, ella misma me hizo alcagüeta; va, va, que en tal pararás.
[...]
Francisco Delicado

1 Pedal de los telares manuales.

    Joaquín del Val, el más agudo estudioso -hasta hoy- de la Lozana afirma: "Históricamente constituye un documento vivo de la estancia de los españoles en Italia a comienzos del siglo XVI. La corrupción de Roma, que llegó al máximo libertinaje en tiempo de los papas Alejandro VI y León X, la refleja fielmente el clérigo Francisco Delgado (Delicado es italianización del apellido castellano Delgado), que no vacila en calificar a la gran ciudad de meretriz y concubina de forasteros... Triunfo de grandes señores, paraíso de putanas, purgatorio de jóvenes, infierno de todos, fatiga de bestias, engaño de pobres, peciguería de bellacos. Y añade: Es la mayor parte de Roma burdel, y le dicen Roma putana. Observa que Roma al revés es Amor... La Lozana tiene un gran valor documental, casi fotográfico... "
    [...] En la Lozana, ciento veinticinco personajes se mueven en torno a la protagonista, Aldonza, lozana andaluza cordobesa, quien "desde su niñez tuvo ingenio y memoria y viveza grandes".
    [...] Creo que la Lozana encierra muchos elementos folklóricos y frases y modismos españoles populares, muchos italianismos de baja estofa, una lascivia caliente, una gracia gorda, una indiscutible intención moralizadora, trozos y frases en castizo y familiar lenguaje, mucho color y brío, y un sentido picaresco netamente español, pese a cuajarse su acción en medios y costumbres de Roma. FEDERICO CARLOS SAINZ DE ROBLES

sábado, 23 de febrero de 2013

Literatura satírica y burlesca/ 21 - Ejemplo de lo que aconteció a don Pitas Payas, pintor de Bretaña (fragmento) - Arcipreste de Hita - España


    Del que olvida la mujer te diré la hazaña:
si creyeres que es burla, dime otra tamaña.
Era don Pitas Payas un pintor de Bretaña;
casó con mujer moza, pagábase1 de compaña.

    Antes del mes cumplido dijo él: "Nostra dona,
yo volo ir a Flandes, portaré muita dona2."
Ella dijo: "Monseñor, anda en hora buona;
no olvidéis vuestra casa ni mi persona."

    Díjole don Pitas Payas: "Doña de hermosura,
yo quiero hacer en vos una buena figura,
porque seáis guardada de toda otra locura."
Dijo ella: "Monseñor, haced vuestra mesura."

    Pintóle sobre el ombligo un pequeño cordero.
Fuese don Pitas Payas a ser nuevo mercadero.
Tardó allá dos años, mucho fue tardinero;
hacíasele a la dona un mes año entero.

    Como era la moza nuevamente casada,
había hecho con su marido poca morada;
tomó un amante e pobló la posada,
deshízose del cordero, de él no queda nada.

    Cuando ella oyó que venía el pintor,
muy deprisa envió por el entendedor3;
díjole que le pintase, como pudiese mejor,
en aquel lugar mismo un cordero menor.

    Pintóle con gran priesa un igualado carnero
cumplido de cabeza, con todo su apero;
luego en ese día vino el mensajero:
que ya don Pitas Payas de esta venía certero.

    Cuando fue el pintor ya de Flandes venido,
fue por su mujer con desdén recibido;
desque en el palacio ya con ella estido,
la señal que le hiciera no la echó en olvido.

    Dijo don Pitas Payas: "Madona, si a vos plaz
mostradme la figura e hayamos buen solaz."
Dijo la mujer: "Monseñor, vos mismo la catad:
haced con atrevimiento todo lo que vollaz."

    Cató don Pitas Payas el susodicho lugar,
e vio gran carnero con armas de prestar.
"¿Cómo, madona, es esto, cómo puede estar,
que yo pinté cordero, e hallo este manjar?"

    Como en este hecho es siempre la mujer
sutil e ingeniosa, dijo: "¿Cómo, monseñer,
pedís que en dos años un cordero no llegue a ser carner?
Veniéseis temprano: hallárais corder."
    [...]
Del Libro de Buen Amor
1 Pagábase: presumía.
2 Dona: significa tanto señora (dueña), como dones, regalos.
3 Entendedor: amante.  (N. de J. N.)

miércoles, 20 de febrero de 2013

Fragmentos de Laberinto de Fortuna - Juan de Mena - España


                         I
    Al muy prepotente don Juan el segundo,
aquel con quien Júpiter tuvo tal zelo
que tanta de parte le fizo del mundo
quanta a sí mesmo se fizo del çielo,
al gran rey de España, al Çésar novelo;
al que con Fortuna es bien fortunado,
aquel en quien caben virtud e reinado;
a él, la rodilla fincada por suelo.


                         II
    Tus casos falaçes, Fortuna, cantamos,
estados de gentes que giras e trocas,
tus grandes discordias, tus firmezas pocas,
y los que en tu rueda quexosos fallamos;
fasta que al tempo de agora vengamos
de fechos pasados cobdiçia mi pluma
y de los presentes fazer breve suma:
y dé fin Apolo, pues nos començamos.


                         VII
    Dame liçençia, mudable Fortuna,
por tal que blasme1 de ti como devo:
lo que a los sabios non deve ser nuevo
innoto a persona podrá ser alguna;
pues que tu fecho así contrapugna,
faz a tus casos como se concorden,
ca todas las cosas regidas por orden
son amigables de forma más una.


                         IX
    ¿Pues cómo, Fortuna, regir todas cosas
con ley absoluta, sin orden, te plaze?
¡Tú non farías lo qu'el çielo faze,
e fazen los tiempos, las plantas e rosas!
O muestra tus obras ser siempre dañosas,
o prósperas, buenas, durables, eternas:
non nos fatigues con vezes alternas,
alegres agora e agora enojosas.

               
                         X
    Mas bien acatada tu varia mudança,
por ley te goviernas, maguer2 discrepante:
ca tu firmeza es non ser constante,
tu temperamento es destemperança,
tu más çierta orden es desordenança,
es la tu regla ser muy enorme,
tu conformidat es non ser conforme,
tú desesperas a toda esperança.

1 Blasmar: hablar mal de alguien o de algo, reprobar, vituperar, imputar.
2 Maguer: aunque, a pesar de que. (N. de J. N. )

    Cordobés. Huérfano desde niño, no tuvo medios económicos para empezar sus estudios hasta los veintitrés años. En Córdoba estudió Humanidades. Estuvo en Salamanca y en Roma. Juan II le nombró su secretario de cartas latinas, Veinticuatro de Córdoba* y cronista real -aun cuando no llegó a escribir crónica alguna-. Permaneció invariablemente fiel a su rey y a don Álvaro de Luna, de quienes fue poeta predilecto. Falleció en Torrelaguna, a consecuencia de un "rabioso" dolor de costado: la genuina, la imponente pulmonía doble guadarrameña, que es como la estocada en las agujas, que deja para el arrastre.
    Mena forma, con Santillana y Jorge Manrique, el trío de los grandes poetas del siglo XV. Mena es un versificador fácil y un estilista muy personal. Acaso si no se hubiera dejado dominar por el simbolismo italiano hubiesen resaltado más sus indiscutibles calidades de poeta. Obras suyas importantes son: La CoronaciónCalamicleos, en honor de Santillana; Lo claroescuroLa Ilíada en romanceLas coplas contra los pecados mortales El Laberinto de Fortuna Las trescientas, llamado así por el número de estrofas que lo componen.
    Esta última, su obra más famosa -poema alegórico, inspirado en el Paraíso de Dante-, tiene el valor de ser una visión de la unidad nacional y demostrar un sentimiento patriótico reflexivo. FEDERICO CARLOS SAINZ DE ROBLES

* Veinticuatro: cargo equivalente al de regidor o concejal, propio de las corporaciones municipales de algunas ciudades de Andalucía durante el Antiguo Régimen, como Úbeda, Baeza, Jaén, Córdoba, Sevilla, Jerez de la Frontera o Granada. Estaba asociado a la nobleza y a la posición social de quien lo ostentaba. Al cargo u oficio de veinticuatro se le conocía como "veinticuatría". (Wiki)

domingo, 17 de febrero de 2013

Poetas de al-Andalus/Sefarad/ 13 - Poemas - Ibn Zaydun - Wallada Bint al-Mustakfi - al-Andalus

   
    En el Campo Santo de los Mártires de Córdoba hay un monumento formado por cuatro columnas sin basa, un tejadillo y un pedestal con dos manos a punto de entrelazarse. Ambas manos parecen masculinas, por lo que al monumento se le conoce popularmente como "Monumento a los homosexuales". Nada más lejos de la realidad: inaugurado en 1971, su auténtico nombre es Monumento a los amantes y rememora los amores del poeta cordobés Ibn Zaydun y la poetisa y princesa andalusí Wallada (siglo XI). En sus mármoles pueden leerse, en castellano y árabe, los siguientes versos:

¡Ay, qué cerca estuvimos y hoy qué lejos!
Nos separó la suerte, y no hay rocío
que humedezca, resecas de deseo,
mis ardientes entrañas; pero en cambio,
de llanto mis pupilas se saturan.

Tengo celos de mis ojos, de mí toda,
de ti mismo, de tu tiempo y tu lugar,
Aún grabado tú en mis pupilas,
Mis celos nunca cesarán.

jueves, 14 de febrero de 2013

Poetas de al-Andalus/Sefarad/ 12 - Poemas - Ibn Zaydun - al-Andalus


Acaso, cuando sabes la parte de mi amor que tomas ...

¿Acaso, cuando sabes la parte de mi amor que tomas
y no ignoras el lugar que en mi corazón ocupas,
y cómo el amor me guía y me dejo llevar con obediencia
y no soporto más cadenas que las tuyas,
te satisface que la enfermedad me revista como túnica al cuerpo?
He teñido de negro por su causa mis ojos con vigilias.
Pasa tus ojos sobre las líneas de mi escrito
y encontrarás mis lágrimas desposadas con la tinta.
¡Por Allah!, ¡que ya mi corazón se derrama
en su lamento por un corazón tan duro!

~~~~

Podría haber entre nosotros...

Podría haber entre nosotros,
si quisieras, algo que no se pierde,
un secreto jamás publicado,
aunque otros se divulguen. (...)
Te bastará saber que si cargaste mi corazón
con lo que ningún otro puede soportar, yo puedo.
Sé altanera, yo aguanto;
remisa, soy paciente;
orgullosa, yo humilde.
Retírate, te sigo;
habla, que yo te escucho;
manda, que yo obedezco.

~~~~

Me censuráis que él me suceda... 

Me censuráis que él me suceda
en los afectos de aquella a la que amo;
mas no hay en eso infamia:
era un manjar apetitoso
y la mejor parte me tocó a mí,
el resto se lo dejé a esa rata.

Del álbum Wallada & Ibn Zaydun - Una historia de amor y poesía
Eduardo Paniagua - El Arabí Serghini Ensemble

lunes, 11 de febrero de 2013

Poetas de al-Andalus/Sefarad/ 11 - Poemas - Wallada Bint al-Mustakfi - al-Andalus


Cuando caiga la tarde...

Cuando caiga la tarde, espera mi visita,
pues veo que la noche es
quien mejor encubre los secretos;
siento un amor por ti,
que si los astros lo sintiesen
no brillaría el sol,
ni la luna saldría y las estrellas
no emprenderían su viaje nocturno.

~~~~

Tras la separación...

Tras la separación, ¿habrá medio de unirnos?
¡Ay! Los amantes, todos de sus penas se quejan.
Paso las horas de la cita en el invierno
sobre las ascuas ardientes del deseo,
y cómo no, si estamos separados.
¡Qué pronto me ha traído mi destino lo que temía!
Mas las noches pasan y la separación no se termina,
ni la paciencia me libera de los grilletes de la añoranza.
¡Que Dios riegue la tierra que sea tu morada
con lluvias abundantes y copiosas!.

~~~~

Poema que Wallada hizo bordar en oro sobre su vestido

Yo ¡por Dios! merezco la grandeza
y sigo orgullosa mi camino.
Doy gustosa mi mejilla a mi enamorado
y doy mis besos a quien los quiera.

Del álbum Wallada & Ibn Zaydun - Una historia de amor y poesía
Eduardo Paniagua - El Arabí Ensemble
Voz de Wallada: Bouamar Aouatif
Voz de Ibn Zaydun: El Arabí Serghini
I.- Estoy hecha para la gloria - Dary al-istihlal
II.- Cuando caiga la tarde - Dary iraq al-ajam

viernes, 8 de febrero de 2013

Fragmentos de Los laberintos bizantinos. Un viaje con espectros - El Barón Corvo - Joan Perucho - España


Segunda parte
LOS PERFUMES DE ORIENTE

III. CÚPULA Y MONARQUÍA EN LA NUEVA ROMA

    Contemplo la ciudad que se llamó Bizancio, luego Constantinopla (con el apelativo exultante de "Nueva Roma"), y finalmente Estambul. Encima de la cúpula de Santa Sofía veo, un poco a la manera del ángel veleta de la parroquial de El Vendrell, la imagen giratoria del caballero bizantino Kosmas, luciendo armadura de oro dejada al descubierto por una corta y elegante clámide de color rojo, parecida a la del joven atleta del Museo Arqueológico. Luego le veo descender hacia el Hipódromo, cabalgando un corcel cuyas virtudes relatan los labios de Miguel Psellos en su Cronografía de dudosa credibilidad. Para éste, quedaban atrás los tiempos de Byzas, el fundador de la ciudad, y los de Constantino, el que la engrandeciera y, a la postre, rebautizara. El emperador Justiniano, que acaba de repasar "in mente" su Corpus iuris civilis, con la actitud meditabunda que le concediera posteriormente el siglo XI, examina la viabilidad de su Código, su DigestoPandectas, su Instituta y sus Novelas con ojo hipercrítico, en compañía de su mujer, la emperatriz Teodora.
    Unos pasos más atrás, el caballero Kosmas estudia en silencio las posibilidades de introducir autómatas en la recaudación general de las contribuciones del Imperio, método por él ensayado con éxito en las provincias de España, concretamente en su oficina de Cartagena. Justiniano acaricia con su mirada los perfiles de Santa Sofía que inaugurara el 27 de diciembre del año 537 ("¡Oh, Salomón, te he vencido!") y decide refrescar sus pies en las aguas siniestras de las sobrecogedoras cisternas subterráneas de Yerebatan, que modernamente han servido de escenario a las novelas (y consiguientemente a las películas) de James Bond. 
    [...] Justiniano salvó su piel (y la de Teodora, por supuesto) el día 8 de enero del año 532, exactamente, por "el canto de un duro", como antes solía decirse graciosamente, a consecuencia del empeño, valor y habilidad de Belisario, genio de la guerra. Todo esto es muy sabido. Producto de unas divergencias entre los "azules" y los "verdes", el bipartidismo del momento, estalló una sangrienta revuelta, según Procopio, que fue suprimida por el general Belisario. Los revoltosos se refugiaron en el Hipódromo. Belisario lo tomó por asalto y ordenó una completa degollación. Fueron treinta mil los degollados ante la figura impasible de Justiniano. En un artículo, Nestor Luján dijo que Justiniano "debió ser un tipo extraordinario, débil y soberbio, suntuoso e inteligente, arrebatado y sangriento como la misma historia de su pueblo".

    Belisario fue un héroe con ecos de leyenda y a quien fue dedicado un poema que lleva su nombre: Belisario. Este poema y el Digenis Akritas son, hasta el momento, las piezas más representativas de la poesía épica bizantina. Dice el poema:

Ordena el gran emperador que extiendan damascos,
sedas, alfombras y ricos paños, para que descienda Belisario,
para que pise su corcel, se dirija a palacio.
Tres mil oficiales de las naves desfilaron a caballo
y en medio Belisario con gran gloria.

    Como todos los grandes personajes históricos, cae en la desdicha, y la leyenda (no la verdad histórica) le convierte, al final de su vida, en mendigo invidente por obra de la envidia de Justiniano. Estos temas son aprovechados por diferentes autores. Dante, Jacob Bidermann, Mira de Amescua, Lope de Vega, Marmontel, Graves. Donizetti estrena en Venecia el año 1836 la ópera Belisario. La representación iconográfica más importante corre a cargo de David con el cuadro Date obolum Belisario (1781). Quevedo terminó un soneto a Belisario con el siguiente terceto:

Quisiéronte cegar tus enemigos,
sin advertir que mal puede ser ciego
quien tiene en tanta fama tales ojos.

    [...] Quien nos describe profusamente Constantinopla es nuestro embajador Clavijo, el cual, en su Viaje al gran Tamerlán (en 1403) nos hace saber que, tanto él como sus compañeros (Fray Alonso Páez de Santa María y Gómez de Salazar) se hospedaron en Pera, ciudad detentada por los genoveses con permiso del emperador, situada ante Constantinopla. Los genoveses la llamaban Pera y los griegos Gálata, que significa -dice Clavijo- "el corral de la leche".
    [...] Constantinopla fue tomada por los turcos el día 29 de mayo de 1453. Se la arrebató Mahomet II al último Paleólogo, el emperador Constantino XI, a quien las naves catalanas, años antes, habían llevado a Constantinopla para su coronación y sin que nadie ayudara en este nefasto día. Cuando los turcos entraban en la ciudad se produjo el milagro del convento de Blikli, justo en el momento en que moría por el hierro Constantino XI. Los peces rojos que iban a ser servidos a la mesa de los monjes, volvieron a la vida y escaparon, saltando y coleando, furiosamente, hacia el mar.
    El cocinero bizantino se quedó estupefacto; y los monjes, paralizados por el terror. Entonces, los movimientos de los hombres y animales quedaron detenidos en el tiempo, como fijados en las pinturas de los iconos. Pero se abrió una ventana de improviso. Apareció, asomándose por ella, la inevitable y siniestra sombra del barón Corvo.
    [... ]

    Joan Perucho, nacido en Barcelona en 1920, se licenció en Derecho y posteriormente ingresó en la carrera judicial, pero el centro de su vida siempre fue la creación literaria, convirtiéndose muy pronto en la figura más original y de mayor profundidad imaginativa de toda la literatura catalana.
    En Los laberintos bizantinos. Un viaje con espectros, un viajero imaginario cuenta en primera persona sus impresiones sobre los lugares que visita, pero en el relato se injertan continuamente maravillas y prodigios, circunstancias mágicas, citas insólitas, encuentros imposibles; personajes del pasado dialogan con los del presente, reaparece por doquier la inquietante sombra del Barón Corvo, y por sus páginas desfilan también una serie de "comisionados secretos", todos de identidad histórica bien establecida, a quienes se supone pertenecientes a la escuela catalana de espionaje. Sería interminable enumerar las bromas, referencias pintorescas, episodios de horror o de comicidad y guiños al lector, que abundan en el libro, convirtiéndolo, tras la inocente apariencia de unos relatos de viajes, en algo muy distinto e infinitamente más rico en poesía.


EL BARÓN CORVO

Ha escogido el gris caviar del Irán
y un Alex-Corton muy frío,
pues no es la miseria la que juzga
sino la venganza contra el impudor,
la seguridad ofensiva del sacerdocio.
En la naturaleza hay falsedad
según el adverado criterio de San Agustín.
«Jesus Christ n'a point voulu
du temoignage des démons»1, confirmó Pascal.

Londres está lejos y Venecia es triste.
El oro de Bizancio se fatiga en San Marcos;
pero murió en una triste pensión de familia
con el egoísmo del pez fuera del agua
escribiendo libros de decadente obscenidad.
De La Medusa (1987)
1 Jesucristo no deseaba el testimonio de los demonios. (Trad. de J. N.)

martes, 5 de febrero de 2013

Coplas - Jorge Manrique - España


ACORDAOS, POR DIOS, SEÑORA...

    Acordaos, por Dios, señora,
cuánto ha que comencé
       vuestro servicio,
cómo un día ni una hora
nunca dexo ni dexé
       de tal oficio;
acordaos de mis dolores,
acordaos de mis tormentos
       qu'he sentido;
acordaos de los temores
y males y pensamientos
       qu'he sufrido.

    Acordaos cómo, en presencia,
me hallasteis siempre firme
       y muy leal;
acordaos cómo, en ausencia,
nunca pude arrepentirme
       de mi mal;
acordaos cómo soy vuestro
sin jamás haber pensado
       ser ajeno;
acordaos cómo no muestro
el medio mal qu'he passado
       por ser bueno.

    Acordaos que no sentistes,
en mi vida, una mudança
       que hiziesse;
acordaos que no me distes,
en la vuestra, una esperança
       que viviesse;
acordaos de la tristura
que siento yo por la vuestra
       que mostráis;
acordaos ya, por mesura,
del dolor qu'en mí se muestra
       y vos negáis.

    Acordaos que fui sujeto,
y soy, a vuestra belleza,
       con razón;
acordaos que soy secreto,
acordaos de mi firmeza
       y afición;
acordaos de lo que siento
cuando parto y vos quedáis,
       o vos partís;
acordaos cómo no miento,
aunque vos no lo pensáis,
       según dezís.

    Acordaos de los enojos
que m'habés hecho passar,
       y los gemidos;
acordaos ya de mis ojos,
que de mis males llorar
       están perdidos;
acordaos de cuánto's quiero
acordaos de mi desseo
       y mis sospiros;
acordaos cómo, si muero,
de estos males que posseo,
       es por serviros.

    Acordaos que llevaréis
un tal cargo sobre vos
       si me matáis,
que nunca lo pagaréis
ante el mundo ni ante Dios,
       aunque queráis;
y aunque yo sufra paciente
la muerte, y de voluntad
       mucho lo hecho,
no faltará algún pariente
que dé quexa a la'rmandad1
       de tan mal hecho.

    Después que pedí justicia,
torno ya a pedir merced
       a la bondad,
no porque haya gran cobdicia
de vevir, mas vos habed
       ya piedad;
y creedme lo que os cuento,
pues que mi mote sabéis
       que dice assí:
ni miento ni me arrepiento,
ni jamás conosceréis
       ál2 en mí.

CABO
    Por fin de lo que dessea
mi servir y mi querer
       y firme fe,
consentid que vuestro sea,
pues que vuestro quiero ser,
       y lo seré;
y perded toda la dubda
que tomastes contra mí
       d'ayer acá,
que mi servir no se muda,
aunque vos pensáis que sí,
       ni mudará.


A SU MOTE QUE DICE: "NI MIENTO NI M'ARREPIENTO"

   Ni miento ni m'arrepiento,
ni digo ni me desdigo,
ni estoy triste ni contento,
ni reclamo ni consiento,
    ni fío ni desconfío;
ni bien vivo ni bien muero,
ni soy ajeno ni mío,
ni me venço ni porfío,
ni espero ni desespero.

FIN
    Conmigo solo contiendo
en una fuerte contienda,
y no hallo quién m'entienda
ni yo tampoco m'entiendo.
    Entiendo y sé lo que quiero,
mas no entiendo lo que quiera
quien quiere siempre que muera
sin querer creer que muero.
1 la'ermandad: la Hermandad. Se refiere a la institución, vieja en Castilla, que perseguía los crímenes cometidos en despoblado.
2 ál: otra cosa.

    Entre los numerosos escritores del siglo XV en lengua castellana sobresalen con especial relieve las figuras de tres poetas cultos: Íñigo López de Mendoza, más conocido por su cargo nobiliario de Marqués de Santillana (1398-1458), autor de dos importantes poemas alegórico-dantescos y de populares serranillas, canciones y decires; Juan de Mena (1411-1456), que dio cima al mayor poema alegórico de la literatura española de su tiempo en El laberinto de Fortuna, también llamado Las trescientas por ser éste el número de estrofas que lo componen; y Jorge Manrique (¿1440?-1479), el más célebre de todos por sus inmortales Coplas a la muerte de su padre, Rodrigo Manrique, el cual había sido un relevante político y militar muerto en 1476, después de haber participado activamente en favor de Isabel la Católica en la guerra civil que la enfrentó a Juana la Beltraneja por la sucesión en el trono de Castilla a la muerte del rey Enrique IV en 1474.
    Poco se sabe de la vida de Jorge Manrique. Nacido en la villa palentina de Paredes de Nava, intervino al lado de su padre en la vida política y militar de su tiempo. Apoyó siempre la causa de Isabel la Católica en sus aspiraciones al trono de Castilla. Y murió como consecuencia de una empresa guerrera en favor de la reina, herido de gravedad en el castillo de Garcimuñoz (provincia de Cuenca). La muerte le sobrevino poco después en el vecino pueblo de Santa María del Campo, cuando sólo contaba treinta y nueve años de edad.
    A caballo entre la Edad Media, que entra en su ocaso, y el Renacimiento, que descubre sus primeras tímidas manifestaciones, Jorge Manrique presenta la transición entre ambas formas de vida y sus respectivas realizaciones literarias. Como también el Marqués de Santillana, Manrique compaginó en su vida las armas y las letras, combinación que encontrará, en el siglo siguiente, su más perfecta representación en Garcilaso de la Vega. Y en su literatura, el autor de las Coplas a la muerte de su padre pudo integrar la gravedad medieval en el tratamiento de cuestiones e inquietudes de naturaleza religiosa y moral con el anticipo de significativos elementos renacentistas como, por ejemplo, la valoración de la fama.
    Su obra poética es bastante escasa en el número de textos conservados: unos cuarenta y nueve poemas con poco más de dos mil trescientos versos. Por los temas tratados, se han clasificado en tres grupos básicos. La mayoría se ocupa de temas amorosos, casi todos, menos tres poemas burlescos y dos composiciones de contenido moral, que son las Coplas y los veinticuatro versos de un poema inconcluso -de dudosa atribución- hallados entre las ropas del poeta cuando le sobrevino la muerte.
    Las cuarenta y cuatro composiciones líricas de asunto amoroso revelan a un poeta cortesano que se sitúa en la tradición literaria del amor cortés procedente de la literatura provenzal. Manrique sigue en estos poemas los tópicos perfectamente reglados según un código común concebido por los trovadores provenzales y difundido por las principales literaturas europeas. Según este código del amor cortés todo buen amante debía acomodar su conducta amorosa a unas convenciones que le imponían su misión ante la amada (considerada como dueñaseñora del caballero), divinización de la misma, discrección y servidumbre, aceptación del sufrimiento propio como consecuencia de una pasión irresistible y de logro inalcanzable.
    Para expresar tales contradicciones, provocadas por íntima contienda entre la dicha y el dolor del sentimiento amoroso, el poeta recurre a un lenguaje lleno de fórmulas de uso general que constituyen el llamado trovar clus o estilo cerrado, conceptista, caracterizado por abundantes sutilezas de ingenio expresadas en numerosos juegos de palabras. En este modelo ya fijado en la tradición literaria, con el añadido de frecuentes alegorías de la vida militar en la exposición del asedio del amante, compuso Manrique sus poemas amorosos. ÁNGEL BASANTA

sábado, 2 de febrero de 2013

Locus amoenus/ 1 - Fragmento de Milagros de Nuestra Señora - Gonzalo de Berceo - España

 
    Amigos e vassallos      de Dios omnipotent,
si vos me escuchássedes      por vuestro consiment1,
querríavos contar      un buen aveniment:
terrédeslo en cabo      por bueno verament.

    Yo maestro Gonçalvo      de Verceo nomnado,
yendo en romería      caecí2 en un prado,
verde e bien sencido3,      de flores bien poblado,
lugar cobdiciaduero      para omne cansado.

    Davan olor sovejo4      las flores bien olientes,
refrescavan en omne      las caras e las mientes;
manavan cada canto      fuentes claras corrientes,
en verano bien frías,      en ivierno calientes.

    Avié y5 grand abondo      de buenas arboledas,
milgranos6 e figueras,      peros e manzanedas,
e muchas otras fructas      de diversas monedas,
mas non avié ningunas      podridas nin azedas.

    La verdura del prado,      la color de las flores,
las sombras de los árboles      de tempranos savores,
resfrescáronme todo      e perdí los sudores:
podrié vevir el omne      con aquellos olores.

    Nunqa trobé7 en sieglo8      logar tan deleitoso,
nin sombra tan temprada      nin olor tan sabroso;
descargué mi ropiella      por yazer más vicioso9,
poséme a la sombra      de un árbol fermoso.

    Yaziendo a la sombra      perdí todos cuidados,
odí sonos de aves,      dulces e modulados;
nunqa udieron omnes      órganos más temprados,
nin que formar pudiessen      sones más acordados.

    Unas tenién la quinta10      e las otras doblavan,
otras tenién el punto,      errar no las dexavan,
al posar, al mover,      todas se esperavan,
aves torpes nin roncas      y non se acostavan.

    Non serié organista      nin serié violero11,
nin giga12 nin salterio13      nin mano de rotero14,
nin instrument nin lengua      nin tan claro vocero
cuyo canto valiesse      con esto un dinero.

    Peroque15 vos dissiemos      todas estas bondades,
non contamos las diezmas16,      esto bien lo creades,
que avié de noblezas      tantas diversidades
que no las contarién      priores nin abbades.

    El prado que vos digo      avié otra bondat:
por calor nin por frío      non perdié su beltat,
siempre estava verde      en su entegredat,
non perdié la verdura      por nulla17 tempestat.

    Manamano18 que fui      en tierra acostado,
de todo el lazerio19      sovi luego20 folgado21;
oblidé toda cuita,      el lazerio passado,
qui allí se morasse      serié bienventurado.

    Los omnes e las aves,      quantos acaecién,
levavan de las flores      quantas levar querién,
mas mengua en el prado      niguna non facién,
por una que levavan      tres o quatro nacién.

    Semeja esti prado      egual de Paraíso,
en qui Dios tan grand gracia,      tan grand bendición miso22;
él que crió tal cosa      maestro fue anviso23,
omne que y morase      nunqua perdrié el viso24.
[...]
1 consiment: favor, merced.
2 caecer: hallarse presente.
3 sencido: intacto, no arado.
4 sovejo: grande.
5 y: ahí.
6 milgranos: granadas.
7 trobé: encontré.
8 sieclo: mundo.
9 vicioso: cómodo, confortable.
10 En esta estrofa Berceo nos describe cómo se ejecutaba la música de la época. Las aves representan a los cantores y su forma de interpretar el organum de la escuela medieval que se denomina ars antiqua.
11 violero: tañedor de viola.
12 giga: pequeño instrumento musical en forma de pera con tres cuerdas y tañido con arco.
13 salterio: instrumento cuyas cuerdas, tendidas sobre un marco por lo general rectangular o trapezoidal, corren sobre la caja de resonancia, como en el címbalo contemporáneo.
14 mano de rotero: mano del que tañía la rota, otro instrumento, cuyas cuerdas saliendo de la parte inferior de la caja de resonancia se sujetaban por arriba a un yugo, como la cítara.
15 peroque: aunque.
16 diezmas: décimas partes.
17 nulla: ninguna.
18 manamano: en seguida.
19 lazerio: miseria, pobreza.
20 luego: en seguida.
21 folgado: descansado.
22 miso: puso.
23 anviso: sabio.
24 viso: vista.

    Con Gonzalo de Berceo aparece el primer poeta de nombre conocido en la historia castellana. Natural de Berceo (de donde toma el nombre), pueblecito de la Rioja situado a unos 15 kilómetros de Nájera, se cree que nació a finales del siglo XII (1198). Su niñez transcurre muy cerca del lugar de su nacimiento, en el monasterio de San Millán, según el propio poeta nos confiesa:

Gonzalo fue su nombre quien hizo este dictado,
en San Millán de Suso fue de niñez criado.

    En este monasterio benedictino1 ya entonces de gran tradición, pues su fundación data del siglo VI, fue donde vivió y murió San Millán, cuya vida cantaría después Berceo. Al arrimo de sus muros vivió nuestro poeta sus primeros años para llegar más tarde a ser clérigo. Así lo acreditan tres escrituras notariales de los años 1220, 1221 y 1222 en las que figura el nombre de Berceo como testigo de unas compras de heredades hechas por un tal Pedro de Olmos. Para estas fechas Berceo debía tener veintitrés años como mínimo, ya que en dos de las escrituras mencionadas figura como diácono y era esa edad mínima para desempeñar tal cargo eclesiástico.
    [...] La obra de Gonzalo de Berceo comprende nueve poemas todos ellos de carácter religioso. Para escribirlos, como atestigua en numerosas ocasiones, utilizó viejos manuscritos que debían de encontrarse en la biblioteca del monasterio de San Millán. A estos escritos les da una métrica regular en estrofas formadas por cuatro versos de catorce sílabas cada uno y divididos en dos hemistiquios de siete, y rima consonante. Es el llamado estilo del mester de clerecía que supone un perfeccionamiento más que una ruptura con las formas expresivas de la poesía juglaresca del siglo anterior. Por supuesto que la forma de medir las "sílabas contadas" de las que nos habla Berceo es distinta de la que se utiliza hoy. Las catorce sílabas que forman cada verso no son métricas, sino gramaticales y es obligado el hiato cuando al final de una palabra y al principio de la siguiente concurren dos vocales, haciendo, pues, caso omiso de la licencia métrica llamada sinalefa.
    Consciente de su misión divulgadora, Berceo no inventa nada de lo que dice; transcribe del latín vidas de santos y hechos de la Virgen con la fidelidad del que considera la tradición como la mejor cualidad de la creación literaria. Bien es verdad que tampoco debía de entrar en su propósito la invención de nuevos temas dado el alto concepto que el hombre medieval tenía de la tradición y tan distinto del que posee el hombre de nuestros días. El mérito de Berceo está en darnos viejas narraciones en un estilo nuevo e inconfundible lleno de matizaciones de tipo personal. En esto reside la mayor originalidad de nuestro poeta.
    [...] Conviene advertir que la lengua medieval tenía una serie de sonidos que hoy ya no existen. Así, distinguía una sorda que se escribía doble entre vocales (passar, escriviesse), y otra sonora que se escibía sencilla entre vocales (casa, cosa) La diferencia sería análoga de la que existe en francés entre poisson poison. También la lengua medieval distinguía la ç (casi un sonido ts) y la z sorda (casi ds); la x sorda de las j, g sonoras (dixe, hijo, coger). El sonido de la x y la j serían muy parecidos al de la ch y la j francesas, respectivamente (chambre, jour). También distinguía una b oclusiva de una v fricativa. La primera se pronunciará juntando fuertemente los labios y abriéndolos de golpe para dejar salir la columna de aire (¡basta!); la segunda, dejando los labios medio cerrados, como cuando pronunciamos saber, ave.
    Con el fin de facilitar la pronunciación, transcribimos lo que Menéndez Pidal dice al respecto sobre la lectura de textos medievales: "Si en la lectura no se acierta a producir o no se quiere hacer estas distinciones, pronúnciese la ss y la s como la s moderna; la ç y la z como la z moderna; la x y la j como la j moderna; la b y la v, como la b moderna. J. BENITO DE LUCAS

1 Se conoce en la región con el nombre de San Millán de Suso (Arriba) por estar situado en la parte alta de la ladera y distinguirlo del gran monasterio situado en la parte baja, san Millán de Yuso (Abajo), cuya fundación se debe a García Sánchez, rey de Navarra. En este último no quedan huellas de su construcción primitiva (siglo XI); hay restos de construcción gótica, y su amplia iglesia de tres naves es de estilo renacentista. En cuanto a San Millán de Suso tiene la iglesia de planta mozárabe, con dos naves, y fuertes arcadas de herradura.