Dulce Pontes - Caminhos (1997)

viernes, 27 de mayo de 2011

Literatura satírica y burlesca/8 - Premáticas del Desengaño contra los poetas güeros* - Francisco de Quevedo - España

La nave de los locos - El Bosco
Ni uno solo de los poetas que pueblan esta página merece estas premáticas del maestro Quevedo. Otros, quizá sí. Se las dedicaremos a ellos.

Nos, el Desengaño, etcétera. Por cuanto habemos sabido que la mayor parte del mundo, olvidada de nuestras verdades, ha dado en seguir la falsa seta¹ de los poetas chirles y hebenes², por último y eficaz remedio de nuestros reinos, nos plugo ordenar y ordenamos estas premáticas, y las mandamos guardar a todos, so las nuestras iras y penalidad de nuestra desgracia.
1. Por lo cual, atendiendo a que este género de sabandijas que llaman poetas son nuestros prójimos y cristianos, aunque malos, viendo que todo el año idolatran mujeres y hacen otros pecados más enormes, mandamos que la Semana Santa recojan a los poetas públicos y cantoneros, como a malas mujeres, y que los prediquen para convertirlos; y para esto señalamos casas de arrepentidos, que según es su dureza, no las estrenarán.
2. Ítem. Advirtiendo los grandes buchornos que hay en las caniculares coplas de los poetas del sol, como pasas, a fuerza de los soles que gastan en hacerlas, ponemos perpetuo silencio en las cosas del cielo, señalando meses vedados (como a la caza y pesca) a las musas, porque no se acaben con la priesa que las dan.
3. Ítem. Habiendo considerado que esta infernal seta de hombres condenados a perpetuo conceto, despedazadores y tahúres de vocablos, han pegado la dicha roña de poesía a las mujeres, declaramos que nos damos por desquitados con este mal que les han hecho del que nos hicieron en Adán.
4. Ítem. Por cuanto el siglo está pobre y necesitado de oro y plata, mandamos que se quemen las coplas de los poetas, como franjas viejas, para sacar el oro y plata que tienen, pues en sus versos hacen sus ninfas de todos metales como estatua de Nabuco.
5. Ítem. Advertimos que la mitad de lo que dicen lo deben a la pila del agua bendita, por mentiroso, y que sólo dicen verdad en decir mal unos de otros.
6. Ítem. Habiendo advertido que han remitido todos el juicio al valle de Josafat, mandamos que anden señalados en la república, y que a los furiosos los aten, concediéndolos los privilegios de los locos, para que en cualquier travesura, llamándose poetas, como prueben que lo son, no sólo no les castiguen por lo que hicieren, sino les agradezcan el no haber hecho más.
7. Ítem. Advirtiendo que, después que dejaron de ser moros (aunque guardan algunas reliquias), se metieron a pastores todos, por lo cual los ganados andan secos de beber sus lágrimas, la lana chamuscada del fuego de sus amores, y tan embebecidos en su música que no pacen, mandamos que dejen el tal oficio; y a los amigos de soledad les señalamos ermitas, y que los demás, por ser oficio alegre y de pullas, se acomoden en mozos de mulas.
8. Ítem. Por estorbar los insolentes hurtos que hacen, mandamos que no se puedan pasar coplas de Aragón a Castilla, ni de Italia a España, so pena de callar un mes el poeta que tal hiciere, y si reincidiere, de andar un día limpio.
9. Ítem. Declaramos y mandamos tener entre los desesperados que se ahorcan y despeñan, y como tales que no los entierren en sagrado, a las mujeres que se enamoran de poetas a secas. Demás de esto, advirtiendo la innumerable multitud de sonetos, redondillas, etcétera, que han manchado el papel, mandamos que, los que por sus deméritos escaparen de las especerías, vayan a las necesarias³ sin apelación.
10. Pero advirtiendo con ojos de piedad que hay tres géneros de gentes en esta república tan sumamente miserables que no pueden vivir sin los tales poetas, como son ciegos, farsantes y sacristanes, permitimos que haya algunos oficiales desta arte conocidos, los cuales tengan carta de examen del cacique que fuere en aquellas partes; limitando a los de las comedias a que no acaben en casamientos, ni hagan las trazas con papeles y bandos, y a los de ciegos, que no subcedan los casos en Tetuán, y que para decir la presente obra no digan zozobra; y a los de villancicos, que no jueguen del vocablo ni metan más en ellos a Gil, ni a Pascual, porque se quejan, ni hagan pensamientos de tornillo que, mudando el nombre, se vuelvan a todas las fiestas.
Y últimamente a todos los poetas en común les mandamos descartar de Apolo, Júpiter, Saturno y otros dioses, so pena que los ternán por abogados a la hora de su muerte.
Todas las cuales cosas mandamos guardar a nuestra justicia, inviolablemente, con el rigor acostumbrado.
__________
* Premáticas: pragmáticas, leyes. Güeros: hueros, vacíos
¹ Seta: secta
² Chirles, hebenes: insustanciales
³ Necesarias: letrinas

miércoles, 25 de mayo de 2011

Beatus ille/8 - Égloga primera de Las Bucólicas - Virgilio - Roma

Virgilio y las Musas. A su derecha, Clío, la musa de la Historia; a su izquierda, y sosteniendo una máscara, Melpómene, la musa del Teatro Trágico - Mosaico romano - Museo del Bardo, Túnez
ÉGLOGA PRIMERA
TÍTIRO Y MELIBEO


MEL. Tú, Títiro, a la sombra descansando
desta tendida haya, con la avena
el verso pastoril vas acordando.

Nosotros, desterrados; tú, sin pena,
cantas de tu pastora, alegre, ocioso,
y tu pastora el valle y monte suena.

TÍT. Pastor, este descanso tan dichoso
dios me le concedió, que reputado
será de mí por dios aquel piadoso,

y bañará con sangre su sagrado
altar muy muchas veces el cordero
tierno, de mis ganados degollado.

Que por su beneficio soy vaquero,
y canto, como ves, pastorilmente
lo que me da contento y lo que quiero.

MEL. No te envidio tu bien; mas grandemente
me maravillo haberte sucedido
en tanta turbación tan felizmente.

Todos de nuestro patrio y dulce nido
andamos alanzados; vesme agora
aquí cuál voy enfermo y dolorido,

y guío mis cabrillas. Y esta que hora
en medio aquellos árboles parida,
¡ay!, con lo que el rebaño se mejora,

dejó dos cabritillos, dolorida,
encima de una losa, fatigado,
de mí sobre los hombros es traída.

¡Ay triste!, que este mal y crudo hado,
a nuestro entendimiento no estar ciego,
mil veces nos estaba denunciado.

Los robles lo decían ya con fuego
tocados celestial, y lo decía
la siniestra corneja desde luego.

Mas tú, si no te ofende mi porfía,
declárame, pastor, abiertamente
quién es aqueste dios de tu alegría.

TÍT. Pensaba, Melibeo, neciamente,
pensaba yo que aquella que es llamada
Roma no era en nada diferente

de aquesta villa nuestra acostumbrada,
adonde las más veces los pastores
llevamos ya la cría destetada.

Así con los perrillos los mayores,
así con las ovejas los corderos,
y con las cosas grandes las menores

solía comparar; mas los primeros
lugares, con aquella comparados,
son como dos extremos verdaderos,

Que son de Roma ansí sobrepujados,
cual suelen del ciprés, alto y subido,
los bajos romerales ser sobrados.

MEL. Pues di: ¿cuál fue la causa que, movido,
a Roma te llevó? TÍT. Fue libertarme;
lo cual, aunque algo tarde, he conseguido.

Que, al fin, la libertad quiso mirarme
después de luengo tiempo, y, ya sembrado
de canas la cabeza, pudo hallarme;

Después que Galatea me ha dejado,
y soy de la Amarilis prisionero,
y vivo a su querer todo entregado.

Que en cuanto duró aquel imperio fiero
en mí de Galatea, yo confieso
que ni curé de mí ni del dinero.

Llevaba yo a la villa mucho queso;
vendía al sacrificio algún cordero,
mas no volvía rico yo por eso.

MEL. Y esto fue aquel semblante lastimero
que tanto en Galatea me espantaba;
esto por qué llamaba al cielo fiero.

Esto por qué tristísima dejaba
la fruta sin coger en su cercado,
pues Títiro, su bien, ausente estaba.

Tú, Títiro, te habías ausentado,
los pinos y las fuentes te llamaban,
las yerbas y las flores de este prado.

TÍT. ¿Qué pude? Que mil males me cercaban,
y allí para salir de servidumbre
los cielos más dispuestos se mostraban.

Que allí vi, Melibeo, aquella cumbre,
aquel divino mozo por quien uno
mi altar en cada mes enciende lumbre.

Allí primero dél que de otro alguno
oí: «Paced, vaqueros, libremente,
paced como solía cada uno».

MEL. Por manera que a ti perpetuamente
te queda tu heredad, ¡oh bienhadado!,
aunque pequeña, pero suficiente.

Bastante para ti demasiado,
aunque de pedregal y de pantano
lo más de toda ella está ocupado.

No dañará el vecino grey mal sano
con males pegadizos tu rebaño,
dejando tu esperanza rica en vano.

No causará dolencia el pasto extraño
en lo preñado dél, ni en lo parido
las nunca usadas yerbas harán daño.

Dichoso poseedor, aquí tendido
del fresco gozarás, junto a la fuente
a la margen del río do has nacido.

Las abejas aquí continamente,
deste cercado hartas de mil flores,
te adormirán sonando blandamente.

Debajo la alta peña sus amores
el leñador aquí, cantando al viento,
esparcirá, y la tórtola dolores.

La tórtola en el olmo haciendo asiento
repetirá su queja, y tus queridas
palomas sonarán con ronco acento.

TÍT. Primero los venados las tendidas
lagunas pacerán, y el mar primero
denegará a los peces sus manidas,

Y beberá el Germano y Parto fiero,
troncando sus lugares naturales,
el Albi aquéste, el Tigri aquél, ligero;

Primero, pues, que aquellas celestiales
figuras de aquel mozo, de mi pecho
borradas, desparezcan las señales.

MEL. Nosotros pero iremos con despecho,
unos, a los sedientos Africanos,
otros, a los de Scitia, campo estrecho,

Y otros a los montes y a los llanos
de la Creta, y del todo divididos
de nuestra redondez a los Britanos.

Después de muchos días ya corridos,
¡ay!, si avendrá que viendo mis majadas,
las pobres chozas, los paternos nidos;

Después de muchas mieses ya pasadas,
si viéndolas diré maravillado:
¡Ay, tierras, ay, dolor, mal empleadas!

¿Tan buenas posesiones un soldado
maldito, y tales mieses tendrá un fiero?
¡Ved para quién hubimos trabajado!

Ved a qué miserable y lastimero
estado a los cuitados ciudadanos
condujo el obstinado pecho entero.

Ve, pues, ¡oh Melibeo!, y con tus manos
en orden pon las vides, y curioso
enjiere los perales y manzanos.

Andad, ganado mío, ya dichoso;
dichosas ya en un tiempo, id, cabras mías,
que ya no cual solía, alegre, ocioso,

No estando ya tendido en las sombrías
cuevas, os veré lejos ir paciendo,
colgadas por las peñas altas, frías.

No cantaré; ni yéndoos yo paciendo,
vosotras ni del cítiso florido,
ni del amargo sauce iréis cogiendo.

TÍT. Podrías esta noche aquí tendido
en blanda y verde hoja dar reposo
al cuerpo flaco, al ánimo afligido.

Y cenaremos bien, que estoy copioso
de maduras manzanas, de castañas
enjertas, y de queso muy sabroso.

Y ya las sombras caen de las montañas
más largas, y convidan al sosiego;
y ya de las aldeas y cabañas

despide por los techos humo el fuego.

Versión de Fray Luis de León
Virgilo escribió Las Églogas en épocas complicadas para Roma.
Entre los años 42-40 a. C. se produce una guerra civil, consecuencia del asesinato del dictador César por los republicanos en 44 a. C. Éstos son derrotados por Marco Antonio y Octavio en la batalla de Filipos (42 a. C.), pero mientras tanto se dictan confiscaciones de tierras para satisfacer a los soldados del bando cesarista. Como es sabido, Octavio acabará siendo el primer emperador de Roma.
La égloga I se levanta sobre este trasfondo social y presenta dos situaciones antitéticas: por una parte, el pastor Títiro mantiene sus posesiones porque un ser poderoso, "un dios", le ha protegido; por otra, el pastor Melibeo ha sido desposeído de su patrimonio y está a punto de marchar al exilio. En Títiro se ha visto, velada, la figura de Virgilio (republicano convencido, como Cicerón), quien, sin duda, se benefició de la benevolencia de Octavio.

Fray Luis de León versionó en ciento cincuenta y siete versos, distribuidos en cincuenta y dos tercetos encadenados, el original de Virgilo de ochenta y tres versos.

sábado, 21 de mayo de 2011

Ya no sé nada - Pablo Neruda - Chile

Tristan TzaraEn el perímetro y la exactitud
de ciencias inexactas, aquí estoy, compañeros,
sin saber explicar estos vocablos
que se trasladan poco a poco al cielo
y que prueban robustas existencias.

De nada nos valió
enterrar el avestruz en la cabeza,
o hacernos agujeros en la tierra,
"No hay nada que saber, si sabe todo."
"No nos molesten con la geometría."

Lo cierto es que una abstracta incertidumbre
sale de cada caos que regresa
cada vez a ser orden,
y qué curioso, todo
comienza con palabras,
nuevas palabras que se sientan solas
a la mesa, sin previa invitación,
palabras detestables que tragamos
y que se meten en nuestros armarios,
en nuestras camas, en nuestros amores,
hasta que son, hasta que comienza
otra vez el comienzo por el verbo.

jueves, 19 de mayo de 2011

Fragmentos de Il Milione* - Marco Polo - República de Venecia

Marco Polo ante Kublai Khan - Tranquillo Cremona
LXIX
DE LA HECHURA DEL GRAN KAN

El Gran Señor de los señores, que se llama Kubilai Kan¹, es de hermosa talla: ni pequeño ni grande, sino de hechura mediana. Es de carnes bien puestas; sus miembros están bien proporcionados. Tiene la faz blanca y bermeja como rosa, los ojos negros y hermosos, la nariz bien hecha y bien le cuadra. Tiene siempre cuatro mujeres, a las que considera sus legítimas esposas. Y el hijo primogénito que de estas hubo ha de ser, por derecho, señor del imperio después de la muerte de su padre. Se las llama emperatriz y a cada una por su nombre. Y cada una de estas damas tiene su propia corte, sin que en ninguna haya menos de trescientas doncellas, tiene muchos criados y escuderos y muchos otros hombres y mujeres; de tal guisa que cada una de estas damas tiene holgadamente mil personas en su corte. Y cuando quiere yacer con alguna de ellas la manda acudir a sus aposentos y a veces él va a los suyos.
[...]

LXXI
DEL PALACIO DEL GRAN KAN

Tened por cierto que el Gran Kan permanece tres meses del año, es decir, diciembre, enero y febrero, en la ciudad principal llamada Cambaluc². En esta ciudad es donde tiene su gran palacio y os contaré cómo es:
El palacio tiene una muralla cuadrada, de una milla de largo por cada costado. Y en cada una de las esquinas de este palacio hay otro de gran belleza en el que se guardan los arneses del Gran Kan, es decir, los arcos, las aljabas, las sillas, los bocados, las cuerdas y las tiendas y todo lo que es menester para los ejércitos y la guerra. Y, aún más, entre estos palacios hay otros cuatro palacios en este recinto: así pues, a lo largo de esta muralla hay ocho palacios, todos ellos llenos de arneses, y en cada uno hay una sola clase de cosas.
Y en esta muralla, por el costado que da al Mediodía, hay cinco puertas y en medio una puerta grandísima que no se abre ni se cierra, salvo cuando pasa el Gran Kan, es decir, cuando entra y sale. Y a ambos lados de esa puerta hay dos pequeñas, por las que entra toda la demás gente. Por el otro lado hay otra grande, por la que entran habitualmente las demás personas, es decir, cualquier hombre. Y dentro de esta muralla hay otra muralla y a lo largo de ella hay ocho palacios, como en la primera, en los que también se guardan los arneses del Gran Kan. En el costado que da al Mediodía hay cinco puertas; por el otro lado, una. Y en el centro de esta muralla se halla el palacio del Gran Kan, que es como yo os contaré.
Es el mayor que jamás se haya visto; sólo tiene un alto, mas el pavimento se eleva diez pasos holgados por encima del suelo, el techo es muy altísimo. Los muros de las salas y de las estancias están enteramente cubiertos de oro y de plata y en ellos hay labradas historias de damas y caballeros, de pájaros y animales y de muchas otras cosas bellas y el techo es de tal guisa que sólo se puede ver en él oro y plata. La sala es tan larga y tan vasta que pueden comer en ella más de seis mil personas, y son tantos los aposentos que su número maravilla. La cubierta de arriba, es decir, la exterior, es bermeja y azul y verde y de muchos otros colores y está tan bien barnizada que brilla como oro o cristal, de suerte que el palacio resplandece desde muy lejos. La cubierta es muy resistente.
Entre esta muralla y la otra interior de la que os he hablado anteriormente hay praderas y árboles y muchas especies de salvajina, es decir, ciervos blancos, corzos y gamos, animales que producen almizcle, ardillas y armiños y otros hermosos animales. Las tierras que componen este jardín están llenas por entero de estos animales, menos el camino por el que entran las personas, y por la parte del Mistral hay un lago muy grande en el que hay muchas clases de peces. Y yo os digo que en él entra y de él sale un gran río³ y está dispuesto de tal forma que de él no puede hallar salida pez alguno: en este lago ha mandado echar muchas especies de peces.
[...]
También os digo que junto a este palacio hay otro similar a aquél en todo, donde habita el nieto del Gran Kan, que ha de reinar después de él. Es éste Temur, hijo de Chinchim, que era el primogénito del Gran Kan, y este Temur, que ha de reinar, se comporta de modo similar a su abuelo, y tiene ya bula de oro y el sello del imperio, pero no ha de ejercer el poder mientras su abuelo esté vivo.
[...]

* Il Milione es conocido en castellano como Los viajes de Marco Polo, Libro de las Maravillas o La descripción del mundo.
¹ Kubilai, hijo de Tolui y biznieto de Gengis, sucedió a su hermano Mongka (1259) como señor de la China septentrional (Cathay) y de las posesiones en Asia. Elegido Kagān el 4 de junio de 1260, fundó la dinastía Yuan y fue el soberano más poderoso de toda Asia, según cuenta el propio Marco Polo.
El titulo de Kagān significa rey de reyes, equivale a Gran Kan y sólo les correspondía a los sucesores de Gengis Kan. Todos los demás reyes eran Kan, excepto los de Persia, que eran Ilkanes.
² Traducción del turco Kanbaliq, "ciudad del señor". Estaba situada al norte de la actual Pekín.
³ El Yu-ho, afluente del Pei-ho; discurre en el interior de la China Prohibida.
Marco Polo era un mercader, pero en los tiempos medievales un mercader podía ser Simbad. Por el camino de la seda, por el arduo camino que fatigaron antiguas caravanas para que un paño con figuras llegara a manos de Virgilio y le sugiriera un hexámetro, Marco Polo, atravesando cordilleras y arenas, arribó a la China, a Cathay, y mereció la protección del Emperador, que le confió intrincadas misiones y lo nombró gobernador de Sung.
Fue docto en muchas escrituras y en muchas lenguas.
Marco Polo sabía que lo que imaginan los hombres no es menos real que lo que llaman la realidad. Su libro abunda en maravillas. Enumeremos, casi al azar, la muralla que Alejandro erigió para detener a los tártaros, el paraíso artificial del Viejo de la Montaña, Hassan ibn Sabbah, la región en la que se ve y no se ve el reino de la sombra, la torre de tesoros en la que un rey se muere de hambre, los demonios del desierto que asumen la voz y el rostro de un amigo para perder a los viajeros, el sepulcro de Adán en una cima, los tigres negros...
Son dos los héroes de este libro. Uno, el vasto Emperador de los mongoles, Kubilai Khan, el Kubla Khan del triple sueño de Coleridge. Otro, el que no se oculta pero que tampoco se muestra, el prudente y curioso veneciano que lo sirvió y cuya pluma lo ha hecho inmortal. JORGE LUIS BORGES (Del prólogo a La descripción del mundo - Hyspamérica Ediciones Argentina, S.A. - Ediciones Orbis, S.A. - Colección Jorge Luis Borges, Biblioteca Personal)

lunes, 16 de mayo de 2011

Kubla Khan - Samuel Taylor Coleridge - Gran Bretaña / Fragmentos de El sueño de Coleridge - Jorge Luis Borges - Argentina

Kublai Kan en una expedición de caza - Liu Guandao, c. 1280En Xanadú, Kubla Khan
mandó que levantaran su cúpula señera:
allí donde discurre Alfa, el río sagrado,
por cavernas que nunca ha sondeado el hombre,
hacia una mar que el sol no alcanza nunca.
Dos veces cinco millas de tierra muy feraz
ciñeron de altas torres y murallas:
y había allí jardines con brillo de arroyuelos,
donde, abundoso, el árbol de incienso florecía,
y bosques viejos como las colinas
cercando los rincones de verde soleado.

¡Oh sima de misterio, que se abría
bajo la verde loma, cruzando entre los cedros!
Era un lugar salvaje, tan sacro y hechizado
como el que frecuentara, bajo menguante luna,
una mujer, gimiendo de amor por un espíritu.
Y del abismo hirviente y con fragores
sin fin, cual si la tierra jadeara,
hízose que brotara un agua caudalosa,
entre cuyo manar veloz e intermitente
se enlazaban fragmentos enormes, a manera
de granizo o de mieses que el trillador separa:
y en medio de las rocas danzantes, para siempre,
lanzóse el sacro río.
Cinco millas de sierpe, como en un laberinto,
siguió el sagrado río por valles y collados,
hacia aquellas cavernas que no ha medido el hombre,
y hundióse con fragor en una mar sin vida:
y en medio del estruendo, oyó Kubla, lejanas,
las voces de otros tiempos, augurio de la guerra.

La sombra de la cúpula deliciosa flotaba
encima de las ondas,
y allí se oía aquel rumor mezclado
del agua y las cavernas.
¡Oh, singular, maravillosa fábrica:
sobre heladas cavernas la cúpula de sol!

Un día, en mis ensueños,
una joven con un salterio aparecía;
llegaba de Abisinia esa doncella
y pulsaba el salterio
cantando las montañas de Aboré.
Si revivir lograra en mis entrañas
su música y su canto,
tal fuera mi delicia
que con la melodía potente y sostenida
alzaría en el aire aquella cúpula,
la cúpula de sol y las cuevas de hielo.
Y cuantos me escucharan las verían
y todos clamarían: "¡Deteneos!
¡Ved sus ojos de llama y su cabello loco!
Tres círculos trazad en torno suyo
y los ojos cerrad con miedo sacro,
pues se nutrió con néctar de las flores
y la leche probó del Paraíso".
Versión de Màrie Montand

El fragmento lírico Kubla Khan (cincuenta y tantos versos rimados e irregulares, de prosodia exquisita) fue soñado por el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge, en uno de los días del verano de 1797. Coleridge escribe que se había retirado a una granja en el confín de Exmoor; una indisposición lo obligó a tomar un hipnótico; el sueño lo venció momentos después de la lectura de un pasaje de Purchas, que refiere la edificación de un palacio por Kublai Khan, el emperador cuya fama occidental labró Marco Polo. En el sueño de Coleridge, el texto casualmente leído procedió a germinar y a multiplicarse; el hombre que dormía intuyó una serie de imágenes visuales y, simplemente, de palabras que las manifestaban; al cabo de unas horas se despertó, con la certidumbre de haber compuesto, o recibido, un poema de unos trescientos versos. Los recordaba con singular claridad y pudo transcribir el fragmento que perdura en sus obras. Una visita inesperada lo interrumpió y le fue imposible, después, recordar el resto. "Descubrí, con no pequeña sorpresa y mortificación -cuenta Coleridge-, que si bien retenía de un modo vago la forma general de la visión, todo lo demás, salvo unas ocho o diez líneas sueltas, había desaparecido como las imágenes en la superficie de un río en el que se arroja una piedra, pero, ay de mí, sin la ulterior restauración de estas últimas."
Swinburne sintió que lo rescatado era el más alto ejemplo de la música del inglés y que el hombre capaz de analizarlo podría (la metáfora es de John Keats) destejer un arco iris. Las traducciones o resúmenes de poemas cuya virtud fundamental es la música son vanas y pueden ser perjudiciales; bástenos retener, por ahora, que a Coleridge le fue dada en un sueño una página de no discutido esplendor.

[...] El poeta soñó en 1797 (otros entienden que en 1798) y publicó su relación del sueño en 1816, a manera de glosa o justificación del poema inconcluso. Veinte años después, apareció en París, fragmentariamente, la primera versión occidental de una de esas historias universales en que la literatura persa es tan rica, el Compendio de Historias de Rashid ed-Din, que data del siglo XIV. En una página se lee: "Al este de Shang-tu, Kublai Khan erigió un palacio, según un plano que había visto en un sueño y que guardaba en la memoria." Quien esto escribió era visir de Ghazan Mahmud, que descendía de Kublai.
Un emperador mogol, en el siglo XIII, sueña un palacio y lo edifica conforme a la visión; en el siglo XVIII, un poeta inglés que no pudo saber que esa fábrica se derivó de un sueño, sueña un poema sobre el palacio. Confrontadas con esta simetría, que trabaja con almas de hombres que duermen y abarca continentes y siglos, nada o muy poco son, me parece, las levitaciones, resurrecciones y apariciones de los libros piadosos.

[...] El primer sueño agregó a la realidad un palacio; el segundo, que se produjo cinco siglos después, un poema (o principio de poema) sugerido por el palacio; la similitud de los sueños deja entrever un plan; el período enorme revela un ejecutor sobrehumano. Indagar el propósito de este inmortal o de este longevo sería, tal vez, no menos atrevido que inútil, pero es lícito sospechar que no lo ha logrado. En 1961, el P. Gerbillon, de la Compañía de Jesús, comprobó que del palacio de Kublai Khan sólo quedaban ruinas; del poema nos consta que apenas se rescataron cincuenta versos. Tales hechos permiten conjeturar que la serie de sueños y de trabajos no ha tocado a su fin. Al primer soñador le fue deparada en la noche la visión del palacio y lo construyó; al segundo, que no supo del sueño del anterior, el poema sobre el palacio. Si no marra el esquema, algún lector de Kubla Khan soñará, en una noche de la que nos separan los siglos, un mármol o una música. Este hombre no sabrá que otros dos soñaron, quizá la serie de los sueños no tenga fin, quizá la clave esté en el último.
Ya escrito lo anterior, entreveo o creo entrever otra explicación. Acaso un arquetipo no revelado aún a los hombres, un objeto eterno (para usar la nomenclatura de Whitehead), esté ingresando paulatinamente en el mundo; su primera manifestación fue el palacio; la segunda el poema. Quien los hubiera comparado habría visto que eran esencialmente iguales. JORGE LUIS BORGES (El sueño de Coleridge)

sábado, 14 de mayo de 2011

Tiempo del aire - Andrés Trapiello - España

Barcos en alta mar - Parnalú (pintora chilena)
Miro pasar los barcos
y oigo el ruido
de sus viejos motores
como tu corazón, lejano.
Oscilan las linternas de los mástiles,
son líneas en el agua
las rosas de los vientos.
Nada deseo sino ver la costa
que se pierde a lo lejos.
Nada sentir, sino sentir
los ácidos olores de este mar,
el amarillo yodo y el brillar de las algas
mezclados por la noche.
Nada amar,
cegar hasta cegarse
de oscuridad los ojos y de amor.

Pasan los viejos barcos,
brama el tiempo del aire
y las torres que pueden
ver desde el otro lado,
sombrías, solitarias, se asemejan
a las que vemos allí,
perdidas flores,
semillas de luz
aventadas en el mar.

Todos los puertos son el mismo,
uno y el mismo,
donde cantan las brumas
y una ciudad se apaga y un estrecho,
sin que nunca sepamos
si vamos, si venimos
o si estaremos siempre.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Literatura satírica y burlesca/ 7 - Fábulas/ 1 - Fragmento de Las ranas que demandaban un rey - Juan Ruiz, Arcipreste de Hita - España

La rana - Fernando Beorlegui BeguiristainLas ranas en un lago cantavan e jugavan,
cosa non les nuzía¹, bien solteras andavan,
creyeron al diablo, que de mal se pagavan;
pidieron rey a don Júpiter, mucho gelo rogaban.

Embióles don Júpiter una viga de lagar,
la mayor quel pudo: cayó en esse lugar.
El grand golpe del fuste fizo ranas callar,
mas vieron que non era rey para las castigar:

suben sobre la viga quantas podien sobir;
dixieron: "non es este rey para nos lo servir".
Pidieron rey a don Júpiter como lo solían pedir;
don Júpiter con saña óvolas de oír;

embióles por su rey cigüeña manzillera:
cercava todo el lago, assí faz² la ribera,
andando picoabierta; como era venternera³
de dos en dos las ranas comía bien ligera.

Querellando, a don Júpiter dieron bozes las ranas:
"Señor, señor, acórrenos, tú que matas e sanas:
el rey que tú nos diste, por nuestras bozes vanas,
danos muy malas tardes, e peores las mañanas;

su vientre nos sotierra, su pico nos estraga:
de dos en dos nos come, nos abarca e nos traga;
señor, tú nos defiende; señor, tú ya nos paga;
danos la tu ayuda, tira de nos tu plaga."

Respondióles don Júpiter: "Tened lo que pidistes:
el rey tan demandado por quantas bozes distes,
vengue vuestra locura; ca en poco tovistes
ser libres e sin premia4: reñit, pues lo quesistes."

Quien tiene lo que l'cumple, con ello sea pagado;
quien pudiere ser suyo non sea enajenado;
el que non toviere premia non quiera ser apremiado:
libertat e soltura non es por oro comprado. [...]

¹ cosa non les nuzía: nada les dañaba
² assí faz: así como
³ venternera: comilona
4 sin premia: sin apremio

Dedicado a los sufridos votantes del 22-M. En fin, dedicado a los votantes pretéritos, presentes y futuros.
- ¿Incluído usted?
- Tal vez...

lunes, 9 de mayo de 2011

Tempus fugit/5 - Heráclito - Jorge Luis Borges - Argentina

Heráclito - Hendrik ter Brugghen
El segundo crepúsculo.
La noche que se ahonda en el sueño.
La purificación y el olvido.
El primer crepúsculo.
La mañana que ha sido el alba.
El día que fue la mañana.
El día numeroso que será la tarde gastada.
El segundo crepúsculo.
Ese otro hábito del tiempo, la noche.
La purificación y el olvido.
El primer crepúsculo.
El alba sigilosa y en el alba
la zozobra del griego.
¿Qué trama es ésta
del será, del es y del fue?
¿Qué río es éste por el cual corre el Ganges?
¿Qué río es éste cuya fuente es inconcebible?
¿Qué río es éste
que arrastra mitologías y espadas?
Es inútil que duerma.
Corre en el sueño, en el desierto, en un sótano.
El río me arrebata y soy ese río.
De una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo.
Acaso el manantial está en mí.
Acaso de mi sombra surgen,
fatales e ilusorios, los días.

viernes, 6 de mayo de 2011

Quijotescas/20 - Curioso discurso de Don Quijote sobre las armas y las letras - Marco Martos - Perú

Descanso - Daniel ParadaCon armas se defienden las repúblicas,
se conservan los reinos y ciudades,
se aseguran caminos y los puentes,
se despejan los mares de corsarios.
Ser eminente en letras cuesta mucho,
el tiempo se nos gasta en las vigilias,
en hambre, desnudez o cefaleas
o fuertes calenturas del estomago.
Ser buen soldado da mucha congoja
a los humildes de esta fiera España
a pique de perder la vida entera
en la tierra o dominio de Neptuno.
En la guerra dejo necesidad,
si tuviera dineros no sería
temerario Quijote en los combates,
aunque guardo muy llena la talega
para comprar las islas Baratarias,
deleite de los Sanchos con su panza.
Sedas de Dulcinea del Toboso,
libros de mis hazañas que ya adornan
bibliotecas enteras en La Mancha,
espadazos de furia que reparto
a oscuros malandrines de los campos,
o bellacos fantasmas de gigantes,
salen de faltriquera que bien cuido
como algo muy precioso en mis hazañas.
¡Sueña, Sancho, no duermas, sueña, sueña
para ganar la fama castellana,
nuestro padre, que Dios tenga en la gloria,
don Miguel de Cervantes Saavedra,
la péndola que escribe sin descanso
cuando buenos lectores abren libros!

martes, 3 de mayo de 2011

Yo pensaba... - Victoria Ocampo - Argentina

América prehispánica - Diego RiveraYo pensaba que si América es joven, el mundo no lo es
y que nuestro continente se parece a esos niños
cuya infancia se marchita de vivir siempre entre adultos.
América no cree ya en los cuentos de hadas, pero lleva en sí
la eterna necesidad que los hizo nacer. Como necesita creer
en ellos acabará por inventarlos de nuevo. Y ése será su milagro.

Victoria Ocampo

domingo, 1 de mayo de 2011

Fragmentos - Ernesto Sábato - Argentina

Autorretrato - Ernesto Sábato
La noticia de que los físicos habían descubierto un misterioso principio de indeterminación fue recibida alegremente por ciertas escuelas teológicas y filosóficas, creyéndose que la propia ciencia proclamaba su bancarrota y que el libre-albedrismo tomaba nueva fuerza. Ignoro por qué razón el hecho de que el hombre pueda tener libre albedrío y ser responsable de todas las tonterías que comete constituye un motivo de satisfacción para muchos filósofos. Pero dejando de lado esta cuestión, creo que la alegría es precipitada, ya que ni los propios hombres de ciencia han logrado ponerse de acuerdo, todavía, sobre el contenido y el nombre del principio: los que proponen denominarlo Principio de Indeterminación creen que es la exteriorización de una indeterminación esencial de la Naturaleza; los otros opinan que debe interpretarse como una fórmula taxativa, quizá como una medida de impotencia humana o actual de alcanzar el mundo físico, y por eso proponen que se denomine Principio de Incerteza. Los malentendidos a que ha dado origen se deben a que deriva de la hipótesis cuántica, que tiene la desgracia de ser oscura cuando es rigurosa y de ser totalmente falsa cuando todo el mundo la comprende.
De Uno y el Universo

¿Cuándo empezó esto que ahora va a terminar con mi asesinato? Esta feroz lucidez que ahora tengo es como un faro y puedo aprovechar un intensísimo haz hacia vastas regiones de mi memoria: veo caras, ratas en un granero, calles de Buenos Aires o Argel, prostitutas y marineros; muevo el haz y veo cosas más lejanas: una fuente en la estancia, una bochornosa siesta, pájaros y ojos que pincho con un clavo. Tal vez ahí, pero quién sabe: puede ser mucho más atrás, en épocas que ahora no recuerdo, en períodos remotísimos de mi primera infancia. No sé. ¿Qué importa, además?
De Sobre héroes y tumbas

Uno dice 'silla' o 'ventana' o 'reloj', palabras que designan meros objetos de ese frígido e indiferente mundo que nos rodea, y sin embargo de pronto transmitimos con esas palabras algo misterioso e indefinible, algo que es como una clave como un patético mensaje de una profunda región de nuestro ser.
Decimos 'silla' pero no queremos decir 'silla', y nos entienden. O por lo menos nos entienden aquellos a quienes está secretamente destinado el mensaje críptico, pasando indemne, a través de las multitudes indiferentes u hostiles.
De El escritor y sus fantasmas

Tal vez a nuestra muerte el alma emigre:
a una hormiga,
a un árbol,
a un tigre de bengala;
mientras nuestro cuerpo se disgrega
entre gusanos
y se filtra en la tierra sin memoria,
para ascender luego por los tallos y las hojas,
y convertirse en heliotropo o yuyo,
y después en alimento del ganado,
y así en sangre anónima y zoológica,
en esqueleto,
en excremento.

Tal vez le toque un destino más horrendo
en el cuerpo de un niño
que un día hará poemas o novelas,
y que en sus oscuras angustias
(sin saberlo)
purgará sus antiguos pecados de guerrero o criminal,
o revivirá pavores,
el temor de una gacela,
la asquerosa fealdad de comadreja,
su turbia condición de feto, cíclope o lagarto,
su fama de prostituta o pitonisa,
sus remotas soledades,
sus olvidadas cobardías y traiciones.
De Sobre héroes y tumbas

- Siempre tuve miedo al futuro, porque en el futuro, entre otras cosas, está la muerte. (Diálogos con Jorge Luis Borges)
- Las modas son legítimas en las cosas menores, como el vestido. En el pensamiento y en el arte son abominables.
- Habrá siempre un hombre tal que, aunque su casa se derrumbe, estará preocupado por el Universo. Habrá siempre una mujer tal que, aunque el Universo se derrumbe, estará preocupada por su hogar. (Uno y el universo)
- El presente engendra el pasado. (Uno y el universo)
- Cada mañana, miles de personas reanudan la búsqueda inútil y desesperada de un trabajo. Son los excluidos, una categoría nueva que nos habla tanto de la explosión demográfica como de la incapacidad de esta economía para la que lo único que no cuenta es lo humano. (Antes del fin)
- Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa. (La Resistencia).
- La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, hay que morirse.

Ernesto Sábato comenzó su andadura profesional como físico en Zurich, pero rápidamente se pasó a la literatura, trabando amistad con el Grupo Sur, donde conoció a Victoria Ocampo y a Jorge Luis Borges, con quien mantuvo siempre una relación conflictiva que dio origen, en 1976, a un magnífico libro titulado Diálogos con Jorge Luis Borges.

De padre italiano y madre albanesa, Premio Cervantes 1984, sus tres obras de ficción (El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abbadón, el exterminador) bastan para considerarle uno de los más grandes escritores en lengua española. Para muchos, Sobre héroes y tumbas es la mejor novela del siglo XX.

Terminada la dictadura militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983, Sábato recibió el encargo del primer presidente democrático, el radical Raúl Alfonsín, de formar parte de la recién creada CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas). El equipo de investigación de la Comisión recogió el testimonio y documentó minuciosamente 8.960 desapariciones y la existencia de 340 centros de detención ilegal y tortura. El informe titulado "Nunca Más", conocido sencillamente como Informe Sábato, fue entregado a Alfonsín en septiembre de 1984, y dio origen al procesamiento y condena de los máximos responsables de las juntas militares de la dictadura, que fueron enviados a la cárcel. Sábato se opuso siempre a las leyes de Punto Final y a los posteriores indultos concedidos por el peronista Carlos Menem.

Anarco-cristiano, según propia definición, no quería ser encasillado en ninguna tendencia literaria: Tengo con la literatura la misma relación que puede tener un guerrillero con el ejército regular. Decía creer en el hombre, a pesar de ser el animal más siniestro.
En los últimos tiempos se dedicaba a la pintura.
Murió ayer en Argentina a punto de cumplir los 100 años. Descanse.